{"id":34163,"date":"2016-06-13T18:17:38","date_gmt":"2016-06-13T23:17:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/oracion-para-rezar-cuando-uno-esta-agobiado-2\/"},"modified":"2016-06-13T18:17:38","modified_gmt":"2016-06-13T23:17:38","slug":"oracion-para-rezar-cuando-uno-esta-agobiado-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/oracion-para-rezar-cuando-uno-esta-agobiado-2\/","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n para rezar cuando uno est\u00e1&nbsp;agobiado"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La paz de Jes&uacute;s tiene que ver con la misericordia, con un amor incondicional que se nos regala. El amor de Jes&uacute;s pacifica los corazones. Porque cuando somos amados no nos hace falta nada m&aacute;s para vivir.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El gran drama del hombre hoy es que no se sabe amado<\/strong>. <strong>No tiene un coraz&oacute;n en el que descansar. Ha perdido su hogar y sus ra&iacute;ces. Vive errante, sin rumbo. <\/strong>No sabe lo que tiene que hacer. No conoce su camino. Deambula y no camina hacia una meta. <strong>Esta experiencia de soledad crea tensi&oacute;n y desconcierto. No hay paz porque no hay un abrazo misericordioso<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Jes&uacute;s hoy llega hasta donde estamos escondidos para darnos su abrazo de amor. Nos dice que nos ama con locura. Que su vida ha tenido sentido a nuestro lado. Nos ha amado tanto, hasta el extremo. Quiere decirnos que nos necesita. Sabe que somos de barro y que moriremos siendo de barro, pero nos necesita como sus instrumentos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Viene a nosotros para que tengamos la certeza de la vida verdadera. Nos dice que confiemos en &Eacute;l para siempre. Que no dudemos, que no nos alejemos. Porque <strong>cuando m&aacute;s cerca estemos de &Eacute;l, m&aacute;s vida tendremos en nuestro coraz&oacute;n. M&aacute;s paz podremos entregar a otros. M&aacute;s alegr&iacute;a desprender&aacute;n nuestras palabras y nuestros gestos.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero <strong>no es tan f&aacute;cil reconocer a Jes&uacute;s. <\/strong>No es tan sencillo <strong>abrazar su amor misericordioso. Dudamos <\/strong>y nos alejamos. Vivimos la contradicci&oacute;n de sentirnos solos y querer tener a Jes&uacute;s para siempre en el alma.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Una persona rezaba:<\/p>\n<p align=\"justify\"> &quot;<em>Querr&iacute;a enterrar mi vida en tu coraz&oacute;n, Jes&uacute;s. Vivir escondido en ti. Soy de carne, de ansias, de vuelos, de sue&ntilde;os. Quiero y deseo. Espero y amo. Como los ni&ntilde;os. Quiero meterme en tu hendidura y descansar. Estoy cansado y agobiado. Quiero tu yugo, que es llevadero, porque no pesa. Vivir en ti, s&oacute;lo en ti. Descanso y callo. Me calmas. Se calma el alma. Una sonrisa. Unas l&aacute;grimas. Espero y empiezo de nuevo. Merece la pena luchar, descansar, volver a andar. S&oacute;lo en Ti. S&oacute;lo por Ti&quot;<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es el deseo del coraz&oacute;n. Pero luego no queremos dejar nuestros seguros, nuestra puerta cerrada, para volar alto. <strong>Nos cuesta reconocer a Jes&uacute;s<\/strong>. &iquest;Qui&eacute;n es? &iquest;C&oacute;mo lo reconocemos? <strong>&Eacute;l nos muestra sus heridas como se&ntilde;al<\/strong>. Para que lo reconozcamos nos muestra su lado m&aacute;s humano, su herida, su costado abierto, sus manos rotas.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El miedo&nbsp;desaparece y nos llenamos de alegr&iacute;a cuando sabemos que es &Eacute;l. La soledad desaparece. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces me pasa que en cuanto llega Jes&uacute;s mi miedo desaparece, y sin &Eacute;l, todo me parece inquietante!<\/p>\n<p align=\"justify\"> &iquest;En qu&eacute; lo reconozco yo en mi vida? &iquest;Qu&eacute; tengo yo que me hace &uacute;nico?<strong> &iquest;Hay algo m&iacute;o por el que cualquiera pueda reconocerme? <\/strong>He pensado mucho en eso. En mi forma de darme, de amar hasta lo m&aacute;s hondo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En el cielo, como Jes&uacute;s, seremos los mismos, y amaremos a los nuestros. <strong>Llevaremos nuestras heridas marcadas en la piel. Las heridas que reflejar&aacute;n cu&aacute;nto hemos amado en nuestra vida<\/strong>. Tambi&eacute;n las heridas que nos han hecho sufrir en el camino. Esas heridas, como las de Jes&uacute;s, se llenar&aacute;n de luz. Pero no perderemos nuestra identidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Seguiremos siendo los mismos junto a Dios.<\/strong> Un d&iacute;a un marido le dec&iacute;a a su mujer que si &eacute;l se muriese, no tuviera miedo, que la seguir&iacute;a cuidando desde el cielo. Ella le pregunt&oacute; c&oacute;mo lo sabr&iacute;a. Y &eacute;l le record&oacute; un gesto &uacute;nico entre ellos. En ese gesto sabr&iacute;a que la segu&iacute;a amando.<strong> &iquest;Cu&aacute;l es mi se&ntilde;al con aquellos a los que amo?<\/strong> &iquest;Me muestro en mi verdad a los que amo? &iquest;En qu&eacute; reconozco a Jes&uacute;s en mi vida?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban La paz de Jes&uacute;s tiene que ver con la misericordia, con un amor incondicional que se nos regala. El amor de Jes&uacute;s pacifica los corazones. Porque cuando somos amados no nos hace falta nada m&aacute;s para vivir. El gran drama del hombre hoy es que no se sabe amado. 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