{"id":34166,"date":"2016-06-13T18:17:43","date_gmt":"2016-06-13T23:17:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-jesus-nos-quita-las-dudas-y-los-miedos-2\/"},"modified":"2016-06-13T18:17:43","modified_gmt":"2016-06-13T23:17:43","slug":"%e2%80%8bcomo-jesus-nos-quita-las-dudas-y-los-miedos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-jesus-nos-quita-las-dudas-y-los-miedos-2\/","title":{"rendered":"\u200bC\u00f3mo Jes\u00fas nos quita las dudas y los&nbsp;miedos"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El evangelio de este domingo comienza con el miedo de los disc&iacute;pulos: \u201c<em>Al anochecer de aquel d&iacute;a, el primero de la semana, estaban los disc&iacute;pulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los jud&iacute;os<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> No estuvieron al pie de la cruz. No lograron salvar al Maestro. Ahora temen por sus vidas. Cierran las puertas de su casa. Est&aacute;n seguros. <strong>El miedo nos encierra<\/strong> en nuestra vida. El coraz&oacute;n se cubre de seguros para impedir que alguien pueda entrar. No queremos abrir nuestras puertas.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s rompe las barreras y entra en la casa en la que se esconden. Entra y les da su paz: \u201c<em>Y en esto entr&oacute; Jes&uacute;s, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros. Y, diciendo esto, les ense&ntilde;&oacute; las manos y el costado. Y los disc&iacute;pulos se llenaron de alegr&iacute;a al ver al Se&ntilde;or. Jes&uacute;s repiti&oacute;: &#8211; Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o Yo. Y, dicho esto, exhal&oacute; su aliento sobre ellos y les dijo: &#8211; Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a quienes les perdon&eacute;is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng&aacute;is, les quedan retenidos<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Les da su esp&iacute;ritu, les regala su paz. Me impresiona ese momento de transformaci&oacute;n. Porque eso es lo que fue la entrada de Jes&uacute;s. Vino, se puso en medio de ellos y se volvi&oacute; a partir por amor. Les entreg&oacute; su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dice el Padre Jos&eacute; Kentenich: \u201cDebemos ser transformados. Que se hagan feliz realidad aquellas palabras de san Pablo: &#8211; Ya no vivo yo sino que Cristo vive en m&iacute;. Y si Cristo vive en m&iacute;, vivir&aacute; tambi&eacute;n su esp&iacute;ritu en m&iacute;; ser&aacute; pues el Esp&iacute;ritu Santo quien viva en m&iacute;\u201d<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14ca5361fd7ccd77__ftn3\" title=\"\">[3]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La llegada de Jes&uacute;s vivo transforma sus vidas. Ya no importan tanto sus miedos ni sus angustias. Desaparece el temor <\/strong>a la muerte y al futuro. Son de Cristo para siempre. Jes&uacute;s vive en sus corazones.<br \/> &nbsp;<br \/> Esa experiencia salvadora que hab&iacute;an experimentado en su vida terrena, la tocan ahora de una forma totalmente nueva. <strong>Jes&uacute;s va a actuar en ellos<\/strong>. Se va a hacer presente en sus vidas. Sus palabras ya no ser&aacute;n sus palabras.<br \/> &nbsp;<br \/> Todo en ellos ser&aacute; de Jes&uacute;s. Todo en ellos ser&aacute; obra del Esp&iacute;ritu. Siempre y cuando se mantengan unidos a Cristo en el coraz&oacute;n. <strong>Si se alejan de &Eacute;l, perder&aacute;n su fuerza, faltar&aacute; la fe, regresar&aacute; el miedo. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Esta es la paz que les regala en sus corazones. No es una paz de bienestar. Es el convencimiento de que su vida merece la pena.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Bendita duda!<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Tom&aacute;s no estaba aquel d&iacute;a: \u201c<em>Tom&aacute;s, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jes&uacute;s. Y los otros disc&iacute;pulos le dec&iacute;an: &#8211; Hemos visto al Se&ntilde;or. Pero &eacute;l les contest&oacute;: &#8211; Si no veo en sus manos la se&ntilde;al de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Es impresionante el amor de Jes&uacute;s por Tom&aacute;s. Parece que es al que menos quiere. Seguro que en esos ocho d&iacute;as se sentir&iacute;a inseguro. Pero despu&eacute;s le regala la certeza de que viene por &eacute;l, s&oacute;lo por &eacute;l. Hasta se somete a esa petici&oacute;n absurda en su falta de fe.<br \/> &nbsp;<br \/> Tom&aacute;s era, igual que nosotros, un hombre roto. <strong>En su herida m&aacute;s honda, en esa herida de amor que le hac&iacute;a sufrir, no se siente amado por Dios.<\/strong> Es como un ni&ntilde;o y expresa su frustraci&oacute;n, su rabia, su desenga&ntilde;o. No se reprime. Estalla.<br \/> &nbsp;<br \/> No cree en los suyos, en sus amigos. Siente el dolor del abandono y del rechazo. Est&aacute; roto por dentro. Lo ha dado todo y se siente abandonado.<br \/> &nbsp;<br \/> Sigui&oacute; a Jes&uacute;s por los caminos y ahora Jes&uacute;s no le busca a &eacute;l. Ese Jes&uacute;s al que &eacute;l tanto ama no ha venido a verle cuando estaba con los suyos. Ha aparecido justo aquella noche.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta perdonar a Dios tantas veces! Pensamos que no es justo, que no nos ama con locura<\/strong>, que no quiere nuestro bien. Pensamos que prefiere a otros, que otros son sus elegidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El evangelio de este domingo comienza con el miedo de los disc&iacute;pulos: \u201cAl anochecer de aquel d&iacute;a, el primero de la semana, estaban los disc&iacute;pulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los jud&iacute;os\u201d. &nbsp; No estuvieron al pie de la cruz. No lograron salvar al Maestro. 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