{"id":3417,"date":"2015-12-01T01:14:16","date_gmt":"2015-12-01T06:14:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-semana-definitiva-parte-ii\/"},"modified":"2015-12-01T01:14:16","modified_gmt":"2015-12-01T06:14:16","slug":"la-semana-definitiva-parte-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-semana-definitiva-parte-ii\/","title":{"rendered":"La semana definitiva, parte II"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Philip Yancey<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">El amor, por ser susceptible, lo absorbe. En un punto de convergencia en una colina llamada Calvario, Dios renunci\u00f3 a uno por el bien del otro.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Los juicios<br \/>\nEn nuestro tiempo los programas de televisi&oacute;n y las novelas de gran &eacute;xito nos han familiarizado con el mundo, antes tan secreto de los procesos legales. Para quienes desean un mayor realismo, un canal por cable transmite en vivo los juicios criminales m&aacute;s horrendos y los casos de acoso sexual m&aacute;s sugerentes. Una y otra vez el p&uacute;blico norteamericano ha seguido fascinado a los abogados que elaboran inteligentes defensas que consiguen que declaren inocentes a personas famosas aunque quienes lo ven por televisi&oacute;n saben que los acusados son tan culpables como el pecado.S&oacute;lo lo podemos imaginar. El Hijo se convirti&oacute; en &laquo;hecho por nosotros maldici&oacute;n&raquo;, dijo Pablo en G&aacute;latas, y &laquo;al que no conoci&oacute; pecado, por nosotros lo hizo pecado&raquo;, escribi&oacute; a los corintios. En un espacio de menos de veinticuatro horas, Jes&uacute;s tuvo que enfrentarse con hasta seis interrogatorios, uno de parte de los jud&iacute;os y otros de los romanos. Al final, un irritado gobernador emiti&oacute; el veredicto m&aacute;s fuerte que permit&iacute;a la ley romana. Cuando uno lee las transcripciones de los juicios, lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n es la poca defensa de Jes&uacute;s. Ni un solo testigo sali&oacute; en su defensa. Ning&uacute;n l&iacute;der tuvo la valent&iacute;a de denunciar la injusticia que se estaba cometiendo. Ni siquiera Jes&uacute;s trat&oacute; de defenderse. Y en ning&uacute;n momento Dios el Padre dijo ni una sola palabra.<br \/>\nLa secuencia de los juicios parece como un ejercicio de pasarse la pelota. Nadie parece querer asumir la plena responsabilidad de hacer ejecutar a Jes&uacute;s, aunque todos desean hacerlo. Los estudiosos han escrito millares de palabras para definir con exactitud qu&eacute; parte de la responsabilidad por la muerte de Jes&uacute;s recae sobre Roma y qu&eacute; parte sobre los jud&iacute;os. (1) En realidad, ambos grupos participaron en la decisi&oacute;n. Si se buscan s&oacute;lo las irregularidades en los procesos, se corre el riesgo de pasar por alto el punto m&aacute;s importante: Jes&uacute;s significaba una verdadera amenaza para los poderes establecidos en Jerusal&eacute;n.<br \/>\nComo l&iacute;der cautivante con muchos seguidores, Jes&uacute;s hab&iacute;a despertado desde hac&iacute;a tiempo las sospechas de Herodes en Galilea y del Sanedr&iacute;n en Jerusal&eacute;n. No comprendieron la naturaleza de su reino, es cierto, pero poco antes de su arresto Jes&uacute;s hab&iacute;a de hecho utilizado la fuerza para expulsar del templo a los cambistas. Para un gobierno t&iacute;tere como el Sanedr&iacute;n, que quer&iacute;a la &laquo;paz a toda costa&raquo; para sus amos romanos, un suceso como &eacute;se les caus&oacute; alarma. Adem&aacute;s, se hab&iacute;a difundido el rumor de que Jes&uacute;s afirmaba que pod&iacute;a destruir el templo y reedificarlo en tres d&iacute;as. Los l&iacute;deres jud&iacute;os no lograban conseguir testigos que estuvieran de acuerdo en las palabras exactas que Jes&uacute;s hab&iacute;a dicho, pero era comprensible que se alarmaran. Imag&iacute;nense la reacci&oacute;n hoy si un &aacute;rabe fuera por las calles de la ciudad de Nueva York gritando: &laquo;Volar&eacute; en pedazos el World Trade Center y lo reconstruir&eacute; en tres d&iacute;as.&raquo;<br \/>\nPara los sacerdotes y la gente piadosa, estas amenazas pol&iacute;ticas palidec&iacute;an ante los informes de las pretensiones religiosas de Jes&uacute;s. Los fariseos hab&iacute;an palidecido ante el atrevimiento de Jes&uacute;s de perdonar unilateralmente los pecados y de llamar a Dios su propio Padre. Su aparente falta de consideraci&oacute;n por el s&aacute;bado era una ofensa capital. Jes&uacute;s significaba una amenaza para la ley, para el sistema de sacrificios, para el templo, para las normas de alimentaci&oacute;n y para las muchas distinciones entre puros e impuros.<br \/>\nPor &uacute;ltimo, en el juicio el sumo sacerdote hab&iacute;a apelado al solemne juramento del testimonio &laquo;Te conjuro por el Dios viviente&raquo; para hacer una pregunta que Jes&uacute;s, como acusado, deb&iacute;a contestar por ley. &laquo;Que nos digas si eres t&uacute; el Cristo [el Mes&iacute;as], el Hijo de Dios.&raquo; Por fin Jes&uacute;s rompi&oacute; su silencio: &laquo;T&uacute; lo has dicho.&raquo;<br \/>\nEl acusado pas&oacute; a hablar en t&eacute;rminos elevados del Hijo del Hombre que ven&iacute;a en las nubes del cielo. Fue demasiado. Para un jud&iacute;o fiel, por poco que se quisiera ser justo, las palabras de Jes&uacute;s resultaban blasfemas. &laquo;&iquest;Qu&eacute; mas necesidad tenemos de testigos?&raquo; dijo el sumo sacerdote, rasg&aacute;ndose las vestiduras.<br \/>\nS&oacute;lo quedaba una opci&oacute;n a la blasfemia y a la pena de muerte que conllevaba: que las palabras de Jes&uacute;s fueran verdaderas y que en realidad fuera el Mes&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a ser? Atado, rodeado de guardas armados, la imagen misma de la impotencia, Jes&uacute;s parec&iacute;a la figura menos mesi&aacute;nica de todo Israel.<br \/>\nLa blasfemia, sin embargo, no ten&iacute;a ninguna importancia para los romanos, quienes prefirieron mantenerse al margen de las disputas religiosas locales. De camino hacia los jueces romanos, las consecuencias de la pretensi&oacute;n mesi&aacute;nica cambiaron de blasfemia a sedici&oacute;n. Despu&eacute;s de todo, la palabra Mes&iacute;as significaba rey y Roma no toleraba a ning&uacute;n agitador que dijera poseer ese t&iacute;tulo.<br \/>\nAnte Herodes, el mismo gobernante que hab&iacute;a hecho decapitar a Juan el Bautista y que hab&iacute;a deseado desde hac&iacute;a tiempo examinar a Jes&uacute;s en persona, Jes&uacute;s mantuvo un silencio tranquilo. S&oacute;lo Pilato consigui&oacute; que confesara. &laquo;&iquest;Eres t&uacute; el Rey de los jud&iacute;os?&raquo; pregunt&oacute; Pilato. Una vez m&aacute;s Jes&uacute;s, con las manos atadas a la espalda, el rostro hinchado por la falta de descanso, con las huellas de las manos de los soldados en las mejillas, respondi&oacute; sencillamente: &laquo;T&uacute; lo dices.&raquo;<br \/>\nMuchas veces antes Jes&uacute;s hab&iacute;a desaprovechado la ocasi&oacute;n de decir qui&eacute;n era. Cuando personas que eran sanadas, disc&iacute;pulos e incluso demonios lo hab&iacute;an reconocido como Mes&iacute;as, los hab&iacute;a hecho callar. En su &eacute;poca de popularidad, cuando las multitudes lo persegu&iacute;an por el lago como fan&aacute;ticos que acosan a un personaje famoso, hab&iacute;a huido. Cuando estos perseguidores lo alcanzaron, ansiosos de coronarlo de inmediato, les predic&oacute; un serm&oacute;n tan perturbador que casi todos lo abandonaron.<br \/>\nS&oacute;lo ese d&iacute;a, primero ante las autoridades religiosas y luego ante las pol&iacute;ticas, s&oacute;lo cuando su pretensi&oacute;n iba a parecer el colmo de lo absurdo, admiti&oacute; qui&eacute;n era. &laquo;El Hijo de Dios&raquo;, dijo a los poderes religiosos que lo ten&iacute;an en sus manos. &laquo;Rey&raquo;, dijo al gobernador romano, quien debe haberse re&iacute;do mucho. Un ejemplar lamentable, que probablemente le recordaba a Pilato a un loco romano que hab&iacute;a declarado ser C&eacute;sar.<br \/>\nFr&aacute;gil, rechazado, condenado, totalmente solo; entonces pens&oacute; Jes&uacute;s que era seguro revelarse y aceptar el t&iacute;tulo de &laquo;Cristo&raquo;. Como comenta Karl Barth: &laquo;No confiesa su mesianidad sino en el momento en que ya ha sido superado el peligro de fundar una religi&oacute;n.&raquo;<br \/>\nEsa idea era una ofensa, dir&iacute;a m&aacute;s tarde Pablo. Piedra de tropiezo, la clase de piedra que se descarta por inservible, un fastidio en el lugar donde se construye. Pero esa piedra puede significar, con la clase de poder que Dios tiene, la piedra angular de un nuevo reino.<br \/>\nCalvario\u2028\u2028 En una autobiograf&iacute;a de los a&ntilde;os anteriores a la Segunda Guerra Mundial, Pierre Van Paassen nos habla de un acto de humillaci&oacute;n que realizaron las tropas de choque nazis que hab&iacute;an detenido a un anciano rabino jud&iacute;o y lo hab&iacute;an llevado al cuartel general. En un extremo de la misma sala, dos colegas estaban golpeando a muerte a otro jud&iacute;o, cuando los que hab&iacute;an detenido al rabino decidieron divertirse a su costa. Lo desnudaron y le dijeron que predicara el serm&oacute;n que hab&iacute;a preparado para el s&aacute;bado siguiente en la sinagoga. El rabino pidi&oacute; que le dejaran ponerse su casquete, a lo que los nazis, burlones, accedieron. Hac&iacute;a la broma m&aacute;s c&oacute;mica. El tembloroso rabino comenz&oacute; a predicar el serm&oacute;n con voz ronca acerca del qu&eacute; significa caminar en humildad delante de Dios, mientras los ululantes nazis lo atizaban y acicateaban, y mientras se o&iacute;an en el otro rinc&oacute;n de la sala los gritos ag&oacute;nicos de su colega.<br \/>\nCuando leo los relatos evang&eacute;licos del arresto, tortura y ejecuci&oacute;n de Jes&uacute;s, pienso en el rabino desnudo, humillado, en una comisar&iacute;a de polic&iacute;a. Incluso despu&eacute;s de haber visto docenas de pel&iacute;culas acerca del tema, y de leer los evangelios repetidas veces, no puedo llegar a imaginarme la indignidad, la verg&uuml;enza por la que pas&oacute; el Hijo de Dios en la tierra, desnudo, flagelado, escupido, golpeado en el rostro, coronado de espinas.<br \/>\nTanto los l&iacute;deres jud&iacute;os como los romanos quer&iacute;an la burla que iba a producir la parodia del delito por el que se hab&iacute;a condenado a la v&iacute;ctima. Mes&iacute;as, &iquest;eh? Estupendo, oigamos una profec&iacute;a. Zas. &iquest;Qui&eacute;n te ha golpeado? Zas. Vamos, d&iacute;noslo, se&ntilde;or profeta. Para ser Mes&iacute;as, no sabes mucho &iquest;verdad?<br \/>\n&iquest;Dices que eres rey? Bueno, entonces, arrodill&eacute;monos ante semejante majestad. Pero &iquest;qu&eacute; es esto? &iquest;Un rey sin corona? Oh, esto no sirve. Ven ac&aacute;, se&ntilde;or Rey, te vamos a poner una corona, claro. Crujidos. &iquest;Qu&eacute; tal esto? &iquest;Un poco torcida? Te la voy a arreglar. Oye, &iexcl;est&aacute;te quieto! Vaya, mira qu&eacute; modestos somos. Bueno, &iquest;qu&eacute; tal una t&uacute;nica, algo para cubrir esa carnicer&iacute;a que tienes en la espalda? &iquest;Que sucedi&oacute;, tuvo su majestad una peque&ntilde;a ca&iacute;da?Se pasaron el d&iacute;a as&iacute;, desde el juego violento de adivina qui&eacute;n te peg&oacute; en el patio de la mansi&oacute;n del sumo sacerdote, hasta los matones profesionales de los guardas de Pilato y de Herodes, hasta las burlas de los espectadores que acud&iacute;an a insultar a los delincuentes que avanzaban tambale&aacute;ndose camino al Calvario, y por fin hasta la cruz misma donde Jes&uacute;s escuch&oacute; un torrente de burlas de los que estaban abajo e incluso de uno crucificado junto a &Eacute;l. &iquest;Te llamas a ti mismo Mes&iacute;as? Entonces, baja de la cruz. &iquest;C&oacute;mo vas a salvarnos a nosotros si ni siquiera te puedes salvar a ti mismo?Me he maravillado, ya veces cuestionado, el dominio de s&iacute; mismo que Dios ha demostrado a lo largo de la historia, permitiendo que los Genghis Khans, los Hitlers y los Stalins se salieran con la suya. Pero nada, absolutamente nada, se puede comparar con el dominio de s&iacute; mismo que demostr&oacute; en ese tenebroso viernes en Jerusal&eacute;n. Con cada latigazo, con cada contacto violento de los pu&ntilde;os contra su rostro, Jes&uacute;s debe de haber recordado la tentaci&oacute;n en el desierto y en Getseman&iacute;. Legiones de &aacute;ngeles estaban a la espera de que les diera la orden. Con una sola palabra suya hubiera terminado la prueba.<br \/>\n&laquo;La idea de la cruz nunca debiera acercarse a los cuerpos de los ciudadanos romanos&raquo;, escribi&oacute; Cicer&oacute;n, &laquo;nunca debiera cruzar su mente, ni llegar a sus ojos u o&iacute;dos.&raquo; Para los romanos, la crucifixi&oacute;n era la forma m&aacute;s cruel de pena m&aacute;xima que se reservaba para asesinos, esclavos revoltosos y otros cr&iacute;menes odiosos en las colonias. A los ciudadanos romanos se los decapitaba, no crucificaba. Jes&uacute;s experiment&oacute; su repugnancia, &laquo;maldito por Dios es el colgado&raquo;, dec&iacute;a Deuteronomio, y prefer&iacute;an la lapidaci&oacute;n cuando ten&iacute;an autoridad para llevar a cabo las ejecuciones.<br \/>\nLos evangelistas, los arque&oacute;logos y los expertos en medicina han descrito los detalles macabros de la crucifixi&oacute;n en forma tan minuciosa que no me parece necesario repetirlos. Adem&aacute;s, si las &laquo;&uacute;ltimas siete palabras de Cristo&raquo; sugieren algo es que Jes&uacute;s mismo tuvo en esos momentos otras cosas en qu&eacute; pensar aparte del dolor. Lo que m&aacute;s se aproxim&oacute; a una queja f&iacute;sica fue su exclamaci&oacute;n: &laquo;Tengo sed&raquo; e incluso entonces rechaz&oacute; el vino avinagrado que le ofrecieron como anestesia. (La iron&iacute;a de alguien que hab&iacute;a ofrecido litros de vino en una fiesta de bodas, que hab&iacute;a hablado de agua viva que iba a calmar la sed para siempre, y que muere con la lengua hinchada y el olor agrio de vinagre que le humedece la barba.)<br \/>\nComo siempre, Jes&uacute;s estaba pensando en otros. Perdon&oacute; a quienes hab&iacute;an llevado a cabo la acci&oacute;n. Tom&oacute; medidas para que su madre fuera atendida. Dio la bienvenida al para&iacute;so a un ladr&oacute;n arrepentido.<br \/>\nLos evangelios refieren diferentes fragmentos de conversaci&oacute;n en el Calvario y s&oacute;lo dos de ellos concuerdan en cuanto a sus &uacute;ltimas palabras. Lucas pone en su boca: &laquo;Padre, en tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&raquo;, un acto final de confianza antes de morir. Juan contiene el resumen conciso de toda su misi&oacute;n en la tierra: &laquo;Consumado es.&raquo; En cambio, Mateo y Marcos contienen las palabras m&aacute;s misteriosas de todas, la lamentable cita: &laquo;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o &iquest;por qu&eacute; me has desamparado?&raquo; (2)<br \/>\nS&oacute;lo esta vez, de entre sus todas sus oraciones en los evangelios, utiliza Jes&uacute;s la palabra distante y formal &laquo;Dios&raquo; en vez de &laquo;Abba&raquo; o &laquo;Padre&raquo;. Citaba a un salmo, desde luego, aunque tambi&eacute;n estaba expresando un profundo sentido de enajenaci&oacute;n. Se hab&iacute;a abierto una grieta inconcebible en la Deidad. El Hijo se sent&iacute;a abandonado por el Padre.<br \/>\n&laquo;El ocultarse Dios quiz&aacute; resulta much&iacute;simo m&aacute;s doloroso en quienes por lo dem&aacute;s est&aacute;n mucho m&aacute;s cerca de &Eacute;l, y por tanto Dios mismo, hecho hombre, se sentir&iacute;a el m&aacute;s abandonado de todos los hombres&raquo;, escribi&oacute; C. S. Lewis. Sin duda que tiene raz&oacute;n. No importa mucho si me desaira la cajera del supermercado o el vecino que vive a dos cuadras de distancia. Pero si mi esposa con quien he vivido toda mi vida de adulto, de repente corta toda comunicaci&oacute;n conmigo, eso s&iacute; importa.<br \/>\nNing&uacute;n te&oacute;logo puede explicar adecuadamente la naturaleza de lo que sucedi&oacute; dentro de la Trinidad ese d&iacute;a en el Calvario. Todo lo que tenemos es un grito de dolor de un hijo que se siente abandonado. &iquest;Ayud&oacute; que Jes&uacute;s hubiera previsto que su misi&oacute;n en la tierra iba a incluir una muerte as&iacute;? &iquest;Le ayud&oacute; a Isaac saber que su padre Abraham se limitaba a cumplir &oacute;rdenes cuando lo at&oacute; sobre el altar? &iquest;Qu&eacute; hubiera sucedido si no hubiera aparecido ning&uacute;n &aacute;ngel y Abraham hubiera atravesado con el cuchillo el coraz&oacute;n de su hijo? &iquest;Qu&eacute; hubiera ocurrido entonces? Esto es lo que sucedi&oacute; en el Calvario y el Hijo lo sinti&oacute; como abandono.<br \/>\nNo se nos dice lo que Dios el Padre exclam&oacute; en ese momento. S&oacute;lo lo podemos imaginar. El Hijo se convirti&oacute; en &laquo;hecho por nosotros maldici&oacute;n&raquo;, dijo Pablo en G&aacute;latas, y &laquo;al que no conoci&oacute; pecado, por nosotros lo hizo pecado&raquo;, escribi&oacute; a los corintios. Sabemos qu&eacute; siente Dios acerca del pecado; el sentido de abandono es probable que se experimentara en ambas direcciones.<br \/>\nDorothy Syers escribe: &laquo;Es el &uacute;nico Dios que tiene una cita con la historia\u0085 No hay una ubicaci&oacute;n m&aacute;s sorprendente de frases que la que, en el Credo de Nicea, coloca estas dos afirmaciones simplemente una junto a otra: Dios de Dios\u0085 Padeci&oacute; bajo Poncio Pilato. En todo el mundo, miles de veces al d&iacute;a, los cristianos recitan el nombre de un relativamente insignificante proc&oacute;nsul romano\u0085 simplemente porque ese nombre deja establecida, dentro de un margen de pocos a&ntilde;os, la fecha de la muerte de Dios.&raquo;<br \/>\nA pesar de la verg&uuml;enza y de la tristeza que todo esto produce, de alguna forma lo que ocurri&oacute; en una colina llamada Calvario se pude conjeturar que se convirti&oacute; en el hecho m&aacute;s importante de la vida de Jes&uacute;s, para los autores de los Evangelios y de las Ep&iacute;stolas, para la Iglesia y si es posible la especulaci&oacute;n en asuntos como &eacute;stos, tambi&eacute;n para Dios.<br \/>\nLe tom&oacute; tiempo a la Iglesia reconciliarse con la ignominia de la cruz. Los padres de la Iglesia prohibieron representarla en ninguna forma art&iacute;stica, hasta el reinado del emperador Constantino, quien tuvo una visi&oacute;n de la cruz y quien tambi&eacute;n la prohibi&oacute; como forma de ejecuci&oacute;n. (3)<br \/>\nAs&iacute; pues, no fue sino hasta el siglo cuarto en que la cruz se convirti&oacute; en s&iacute;mbolo de la fe. (Como se&ntilde;ala C. S. Lewis, la crucifixi&oacute;n no se volvi&oacute; com&uacute;n en el arte hasta que no hubieron muerto todos los que la hab&iacute;an visto en la realidad.)<br \/>\nAhora, sin embargo, el s&iacute;mbolo est&aacute; en todas partes: los artistas moldean oro para darle la forma del instrumento romano de ejecuci&oacute;n, los jugadores de b&eacute;isbol se hacen la se&ntilde;al de la cruz antes da salir a batear y los fabricantes de dulces incluso hacen cruces de chocolate para que los fieles se las coman en Semana Santa. Por raro que parezca, el cristianismo se ha convertido en una religi&oacute;n de la cruz; la horca, la silla el&eacute;ctrica y la c&aacute;mara de gas, en t&eacute;rminos modernos.<br \/>\nNormalmente pensamos que alguien que muere como un delincuente es un fracasado. Sin embargo, el ap&oacute;stol Pablo reflexionar&iacute;a luego acerca de Jes&uacute;s: &laquo;Despojando a los principados y a las potestades, los exhibi&oacute; p&uacute;blicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.&raquo; &iquest;Qu&eacute; quiso decir?<br \/>\nEn un nivel, pienso en personas de nuestro tiempo que despojan a las potestades. Los comisarios de polic&iacute;a racistas que encerraron a Martin Luther King Jr. en sus celdas, los sovi&eacute;ticos que deportaron a Solzhenitsyn, los checos que metieron en la c&aacute;rcel a V&aacute;clav Havel, los filipinos que asesinaron a Benigno Aquino, las autoridades de Sud&aacute;frica que encarcelaron a Nelson Mandela; todos ellos pensaron que resolv&iacute;an un problema, pero en lugar de eso, todo concluy&oacute; con el desenmascaramiento de su propia violencia e injusticia. El poder moral puede tener un efecto que desarma.<br \/>\nCuando Jes&uacute;s muri&oacute;, incluso un torpe soldado romano se sinti&oacute; movido a exclamar: &laquo;Verdaderamente este hombre era justo&raquo;. Vio con demasiada claridad el contraste entre sus violentos colegas y su v&iacute;ctima, que los perdon&oacute; cuando ya expiraba. La p&aacute;lida figura clavada a un madero pon&iacute;a de manifiesto que los poderes que mandaban en el mundo era dioses falsos que violaban sus propias elevadas promesas de compasi&oacute;n y justicia. La religi&oacute;n, no la falta de religi&oacute;n, acus&oacute; a Jes&uacute;s; la ley, no la ilegalidad, lo hizo ejecutar. Con sus juicios tendenciosos, sus azotes, su violenta oposici&oacute;n a Jes&uacute;s, las autoridades pol&iacute;ticas y religiosas de ese tiempo pusieron de relieve lo que realmente eran: mantenedores del sistema establecido, defensores s&oacute;lo de su propio poder. Cada uno de sus ataques a Jes&uacute;s pon&iacute;a de manifiesto cu&aacute;n ileg&iacute;timos eran.<br \/>\nLos ladrones que fueron crucificados a sendos lados de Jes&uacute;s mostraron dos respuestas posibles. Uno se burl&oacute; de la impotencia del Mes&iacute;as: &iquest;Un Mes&iacute;as que ni siquiera se puede salvar a s&iacute; mismo? El otro reconoci&oacute; una clase diferente de poder. Acept&oacute; el riesgo de la fe para pedirle a Jes&uacute;s: &laquo;acu&eacute;rdate de m&iacute; cuando vengas en tu reino.&raquo; Nadie m&aacute;s, a no ser en son de burla, se hab&iacute;a dirigido a Jes&uacute;s como rey. El ladr&oacute;n en trance de muerte vio con m&aacute;s claridad que ning&uacute;n otro la naturaleza del reino de Jes&uacute;s.<br \/>\nEn un sentido, los dos ladrones presentan la elecci&oacute;n que la historia toda ha tenido que hacer acerca de la cruz. &iquest;Vemos en la impotencia de Jes&uacute;s el ejemplo de la impotencia de Dios o la prueba del amor de Dios? Los romanos, formados con el pensamiento del poder de deidades como J&uacute;piter, pudieron reconocer muy poca semejanza a Dios en un cad&aacute;ver maltratado que colgaba de un madero. Los jud&iacute;os devotos, alimentados con relatos de un Jehov&aacute; poderoso, vieron muy poco digno de admiraci&oacute;n en este Dios que mor&iacute;a d&eacute;bil y lleno de verg&uuml;enza. Como Justino M&aacute;rtir muestra en su &laquo;Di&aacute;logo con el jud&iacute;o Trif&oacute;n&raquo;, la muerte de Jes&uacute;s en la cruz fue para los jud&iacute;os un argumento decisivo en contra de su condici&oacute;n de Mes&iacute;as; la crucifixi&oacute;n hab&iacute;a colmado la maldici&oacute;n de la ley.<br \/>\nIncluso as&iacute;, con el paso del tiempo fue la cruz en la colina la que cambi&oacute; el panorama moral del mundo. Escribe M. Scott Peck: No puedo ser m&aacute;s espec&iacute;fico acerca de la metodolog&iacute;a del amor que citar estas palabras de un anciano sacerdote que pas&oacute; muchos a&ntilde;os en la l&iacute;nea de combate: &laquo;Hay docenas de maneras de ocuparse del mal y varias formas de vencerlo. Todas ellas son facetas de la verdad que la &uacute;nica forma definitiva de vencer el mal es dejar que se consuma dentro de un ser humano vivo y dispuesto. Cuando se absorbe como sangre en una esponja o una lanza en el coraz&oacute;n de uno, pierde su poder y ya no puede continuar.&raquo;<br \/>\nS&oacute;lo se puede curar el mal, cient&iacute;ficamente o de cualquier otro modo, con el amor de las personas. Se requiere un sacrificio voluntario\u0085 No s&eacute; c&oacute;mo se produce esto. Pero s&iacute; s&eacute; que lo hace\u0085 Cuantas veces ocurre, se produce un ligero cambio en el equilibrio de poderes en el mundo.<br \/>\nEl equilibrio de poderes cambi&oacute; m&aacute;s que ligeramente ese d&iacute;a en el Calvario por causa de aquel que absorbi&oacute; el mal. Si Jes&uacute;s de Nazareth hubiera sido una v&iacute;ctima inocente m&aacute;s, como King, Mandela, Havel y Solzhenitsyn, hubiera dejado una huella en la historia para luego desaparecer. Ninguna religi&oacute;n hubiera podido surgir a su alrededor. Lo que cambi&oacute; la historia fue la conciencia que se fue despertando en los disc&iacute;pulos (fue necesaria la resurrecci&oacute;n para convencerlos) de que Dios mismo hab&iacute;a escogido el camino de la debilidad. La cruz redefine a Dios como el que estuvo dispuesto a abandonar el poder por amor. Jes&uacute;s se convirti&oacute;, en frase de Dorothy S&ouml;lle, en &laquo;el desarme unilateral de Dios.&raquo;<br \/>\nEl poder, por bien intencionado que sea, tiende a causar sufrimiento. El amor, por ser susceptible, lo absorbe. En un punto de convergencia en una colina llamada Calvario, Dios renunci&oacute; a uno por el bien del otro.<br \/>\nNotas al pie<br \/>\n(1) Una de las grandes difamaciones de la historia ha sido la de acusar al pueblo jud&iacute;o de ser totalmente responsable de la muerte de Jes&uacute;s. Nadie ni siquiera piensa en acusar a los italianos actuales por lo que sus antepasados hicieron hace diecinueve siglos. Joseph Klausner escribe: &laquo;Los jud&iacute;os, como naci&oacute;n, fueron mucho menos culpables por la muerte de Jes&uacute;s de lo que fueron los griegos, como naci&oacute;n, por la muerte de S&oacute;crates; pero &iquest;a qui&eacute;n se le ocurrir&iacute;a en la actualidad pensar en pedir cuentas a sus compatriotas, el pueblo griego actual, por la sangre de S&oacute;crates el griego? Sin embargo, en estos diecinueve siglos, el mundo ha seguido pidiendo cuentas a los jud&iacute;os por la sangre de Jes&uacute;s el jud&iacute;o; los jud&iacute;os ya han pagado el castigo, y lo siguen pagando en r&iacute;os y torrentes de sangre.&raquo; Esto a pesar de que Jes&uacute;s dijo que hab&iacute;a venido para &laquo;las ovejas perdidas de la casa de Israel&raquo;, y a pesar de que casi todos los primeros cristianos fueron jud&iacute;os.<br \/>\n(2) Los comentarios han observado que el relato de Mateo y Marcos es una de las pruebas m&aacute;s s&oacute;lidas de que disponemos de un relato aut&eacute;ntico de lo que sucedi&oacute; en el Calvario. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n pondr&iacute;an los fundadores de una nueva religi&oacute;n semejantes palabras de desesperaci&oacute;n en los labios de su h&eacute;roe moribundo a no ser que fuera esto precisamente lo que dijo?<br \/>\n(3) Seg&uacute;n el historiador Michael Grant, Constantino tuvo poco inter&eacute;s en la persona misma de Jes&uacute;s y encontraba desconcertante la crucifixi&oacute;n. En una iron&iacute;a notable, vio &laquo;la cruz no tanto como un emblema de sufrimiento sino como un t&oacute;tem m&aacute;gico que confirmaba su propio triunfo. Constantino transform&oacute; la cruz de s&iacute;mbolo de amor y humillaci&oacute;n por sacrificio en un s&iacute;mbolo de triunfo: la hizo pintar en los escudos de sus soldados.<br \/>\nLEA&nbsp;TAMBI&Eacute;N<br \/>\n&#8211; La semana definitiva, parte I<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Tomado del libro El Jes\u00fas que nunca conoc\u00ed, de Philip Yancey, Editorial VIDA, 1996, pp. 189-208. Usado con permiso.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Philip Yancey El amor, por ser susceptible, lo absorbe. En un punto de convergencia en una colina llamada Calvario, Dios renunci\u00f3 a uno por el bien del otro. Los juicios En nuestro tiempo los programas de televisi&oacute;n y las novelas de gran &eacute;xito nos han familiarizado con el mundo, antes tan secreto de los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-semana-definitiva-parte-ii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa semana definitiva, parte II\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3417","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3417","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3417"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3417\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3417"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3417"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3417"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}