{"id":34189,"date":"2016-06-13T18:18:23","date_gmt":"2016-06-13T23:18:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-son-las-indulgencias\/"},"modified":"2016-06-13T18:18:23","modified_gmt":"2016-06-13T23:18:23","slug":"que-son-las-indulgencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-son-las-indulgencias\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 son las&nbsp;indulgencias?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Gaudium Press<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Imaginemos la siguiente escena, tan cotidiana en una casa de familia: uno de los hijos, aun conociendo una prohibici&oacute;n formal del padre, lo desobedece traviesamente. El padre, al saber de lo ocurrido, se ve en la contingencia de punir al infractor, aunque esto le sea m&aacute;s dilacerante que para el propio hijo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Mientras tanto, al ser informada, la madre pide clemencia por el peque&ntilde;o travieso. &iquest;Dadas las instancias maternas, no es verdad que con frecuencia el padre cede, en atenci&oacute;n al pedido de la esposa? En este caso, el padre de familia concede una indulgencia al hijo, por respeto a la intercesi&oacute;n maternal.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La indulgencia de Dios<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> La misma situaci&oacute;n podemos aplicarla al g&eacute;nero humano, que, en la persona de Ad&aacute;n, desobedeci&oacute; al Padre celestial. Por causa de esta transgresi&oacute;n, las puertas del Para&iacute;so nos fueron cerradas y nos tornamos reos de muerte; inmediatamente se adelant&oacute; Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad, y <strong>conquist&oacute; para nosotros, en la Cruz, la misericordia que no merec&iacute;amos<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ante tama&ntilde;a intercesi&oacute;n, Dios Padre se inclina amorosamente a la voluntad del Hijo, y libra al g&eacute;nero humano: <strong>Dios nos es indulgente, por el valor de la intercesi&oacute;n de Cristo.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Con todo, como es propio a Dios todo hacerlo con la m&aacute;s eximia y amorosa excelencia, se inmol&oacute; Dios Hijo en un sacrificio perfect&iacute;simo, consumido en el altar de la cruz, ofreciendo su sangre para rescatarnos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Incluso sabiendo que apenas una gota ser&iacute;a suficiente para redimir a toda la humanidad, Cristo bebi&oacute; hasta el final el c&aacute;liz amargo de la Pasi&oacute;n, y verti&oacute; toda su sangre, &quot;&eacute;l la derram&oacute; -nos ense&ntilde;a el Papa Clemente VI- no como peque&ntilde;a gota de sangre, que todav&iacute;a en virtud de la uni&oacute;n al Verbo habr&iacute;a sido suficiente para la redenci&oacute;n de todo el g&eacute;nero humano, sino de modo copioso&quot; [1], expiando as&iacute; en s&uacute;per abundancia los pecados de los hombres.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta exuberancia en el sacrificio de la cruz hizo transbordar el tesoro de los m&eacute;ritos de Cristo en favor de la humanidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal tesoro fue dado a la Iglesia para administrar, para consuelo de los pecadores, &quot;y, por razones piadosas y razonables, para <strong>ser administrado misericordiosamente a los penitentes y confesados, para total o parcial remisi&oacute;n de la pena temporal debida por los pecados<\/strong>&quot; [2].<br \/> &nbsp;<br \/> Notamos, de este modo, que <strong>hay un tesoro inexorable comprado por Cristo para ser distribuido a los pecadores<\/strong>, y a este tesoro debemos todav&iacute;a agregar los m&eacute;ritos de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a y de todos los justos. Precisamente, cuando nos es ofrecido, llamamos a este tesoro de indulgencia.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Indulgencias de la Iglesia<br \/> &nbsp;<\/strong><br \/> Como nos ense&ntilde;a el Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica (1471), por indulgencia se entiende la &quot;<strong>remisi&oacute;n, delante de Dios, de la pena temporal debida a los pecados, cuya culpa ya fue borrada; remisi&oacute;n que el fiel debidamente dispuesto obtiene con determinadas condiciones por la acci&oacute;n de la Iglesia<\/strong>, la cual, como dispensadora de la redenci&oacute;n, distribuye y aplica, por su autoridad, el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos&quot; [3].<br \/> &nbsp;<br \/> Notemos que es la Iglesia quien, en la persona de su pastor, el Papa, nos da este tesoro. Pues, en efecto, en el poder que Nuestro Se&ntilde;or confiri&oacute; a san Pedro &#8211; y a sus sucesores -de abrir o de cerrar las puertas del Cielo a los hombres (Mt 16,19)- est&aacute; contenido el poder de retirar todos los obst&aacute;culos que impidan el ingreso de un alma al Cielo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ahora, como sabemos, las penas temporales, que resta a un alma pagar despu&eacute;s de ver sus pecados perdonados, son un obst&aacute;culo para su ingreso en la morada celestial.<br \/> &nbsp;<br \/> De hecho, precisamos estar conscientes de que <strong>el pecado acarrea una doble consecuencia. Cuando es grave &quot;nos priva de la comuni&oacute;n con Dios y, por lo tanto, nos torna incapaces de vida eterna<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gaudium Press Imaginemos la siguiente escena, tan cotidiana en una casa de familia: uno de los hijos, aun conociendo una prohibici&oacute;n formal del padre, lo desobedece traviesamente. 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