{"id":3419,"date":"2015-12-01T01:14:19","date_gmt":"2015-12-01T06:14:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-tenemos-que-hablar-parte-i\/"},"modified":"2015-12-01T01:14:19","modified_gmt":"2015-12-01T06:14:19","slug":"dios-tenemos-que-hablar-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-tenemos-que-hablar-parte-i\/","title":{"rendered":"Dios, tenemos que hablar (parte I)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Sandra P. Aldrich<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Yo termin\u00e9 la oraci\u00f3n con \u00abGracias, Dios, porque nos mostrar\u00e1s qu\u00e9 hacer\u00bb. Mientras me levantaba, mi hija Holly, quien en ese entonces ten\u00eda doce a\u00f1os, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n: \u00abMami, no dijiste \u201cAm\u00e9n\u201d\u00bb&#8230;.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Cierto d&iacute;a, poco tiempo despu&eacute;s de haber enviudado, mis hijos y yo or&aacute;bamos acerca de una posible mudanza. Yo termin&eacute; la oraci&oacute;n con &laquo;Gracias, Dios, porque nos mostrar&aacute;s qu&eacute; hacer&raquo;. Mientras me levantaba, mi hija Holly, quien en ese entonces ten&iacute;a doce a&ntilde;os, me llam&oacute; la atenci&oacute;n: &laquo;Mami, no dijiste &ldquo;Am&eacute;n&rdquo;&raquo;.Ore incluso cuando &mdash;y especialmente&mdash; siente que no quiere. Afirm&eacute; con mi cabeza. &laquo;Es porque el Se&ntilde;or y yo hablaremos de esto durante todo el d&iacute;a&raquo;.<br \/>\nY as&iacute; pas&oacute; &mdash;mientras manejaba, lavaba los platos, y esperaba en el consultorio del dentista. Con el tiempo, mis hijos y yo nos mudamos e inici&eacute; una nueva carrera. Pero, lo m&aacute;s importante, hab&iacute;a empezado una nueva aventura en mi forma de comunicarme con Dios.<br \/>\nA continuaci&oacute;n le comparto varias lecciones que he aprendido acerca de la oraci&oacute;n durante todo este tiempo.<br \/>\nNo le oramos al aire. Aqu&iacute; en Colorado Springs, una majestuosa monta&ntilde;a, llamada Pikes Peak, se eleva en la ciudad. En esos raros d&iacute;as nublados cuando no conseguimos ver la monta&ntilde;a, no andamos por las calles comentando: &laquo;Sab&iacute;a que era demasiado bueno para ser verdad. &iexcl;La monta&ntilde;a se ha ido!&raquo;. No. Sabemos que est&aacute; ah&iacute;, a pesar de que no podemos verla. Lo mismo ocurre con Dios. &Eacute;l es real y trabaja aun cuando no podemos ver su mano.<br \/>\nEche manos a la obra. Podemos leer todos los libros que abordan el tema de la oraci&oacute;n o escuchar a los m&aacute;s destacados intercesores del mundo, pero eso no significa nada si no ponemos &laquo;manos a la obra&raquo; y empezamos a hablar con Dios. Gracias al sacrificio de Jes&uacute;s en la cruz por nosotros, podemos hablar con nuestro Padre celestial tan naturalmente como conversamos con un buen amigo.<br \/>\nUna amiga recuerda que las oraciones de sus abuelos estaban llenas de t&iacute;tulos sagrados. Palabras como &laquo;Alt&iacute;simo&raquo; y &laquo;Todopoderoso&raquo; la incomodaban, y le resultaban un estorbo para acercarse &eacute;l. Un d&iacute;a, en ausencia de su esposo, una amiga intentaba infructuosamente encender su obstinada cortadora de c&eacute;sped . Mientras secaba el sudor de su frente, expres&oacute; una plegaria por compasi&oacute;n. Su sencilla oraci&oacute;n fue &laquo;Se&ntilde;or, realmente necesito de tu ayuda&raquo; &mdash;y en ese momento el motor encendi&oacute;&mdash; esto despert&oacute; en ella una nueva conciencia de la cercan&iacute;a de Dios.<br \/>\nNo existe una forma &laquo;correcta&raquo; para orar. Alguien que haya asistido a un seminario de oraci&oacute;n sin duda ha escuchado acerca de los cinco principios de la oraci&oacute;n: Estar diariamente en el mismo lugar, a la misma hora, con la misma actitud, para leer un pasaje de la Escritura y luego orar. Si bien estas son buenas sugerencias, algunas veces pueden provocar que nos concentremos m&aacute;s en el proceso en vez del privilegio de la oraci&oacute;n.<br \/>\nHace algunos a&ntilde;os, mientras le explicaba a un amigo de Nueva York un desaf&iacute;o laboral que enfrentaba, &eacute;l se recost&oacute; en su silla, puso sus manos detr&aacute;s de su cabeza y anunci&oacute;: &laquo;Vamos a entregarle esto al Se&ntilde;or en este mismo momento&raquo;. Luego empez&oacute; a orar &mdash;con los ojos bien abiertos.<br \/>\nSorprendida, inmediatamente inclin&eacute; mi cabeza, junt&eacute; mis manos, y cerr&eacute; mis ojos con fuerza. Pero incluso con mis ojos cerrados, sab&iacute;a que mi amigo continuaba mirando hacia la ventana, hablando con Aquel que hab&iacute;a creado toda esa belleza. Qued&eacute; sorprendida tanto por su valent&iacute;a f&iacute;sica como por su humildad espiritual, pero mi amigo me hab&iacute;a introducido a una nueva perspectiva de la oraci&oacute;n. Actualmente, dependiendo de las circunstancias, estoy lista para orar con mis ojos abiertos &mdash;mientras camino con una amiga o incluso por el tel&eacute;fono mientras intento animar a la persona afligida que est&aacute; del otro lado de la l&iacute;nea.<br \/>\nHaga de la oraci&oacute;n una parte natural de su d&iacute;a. Mi abuela hablaba con Dios en una forma tan casual que yo a menudo pensaba que ten&iacute;amos compa&ntilde;&iacute;a. Me dirig&iacute;a a la cocina esperando ver a una de nuestras vecinas, pero descubr&iacute;a que era tan solo mi abuela conversando el Se&ntilde;or acerca del d&iacute;a.Cuando el Se&ntilde;or invit&oacute;: &laquo;venid a m&iacute;&raquo; &mdash;&eacute;l no a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;venid con una sonrisa en vuestros rostros&raquo;, o &laquo;venid con una actitud correcta&raquo;. &Eacute;l solo invit&oacute; &laquo;&iexcl;Venid!&raquo;.  &laquo;Ahora, Se&ntilde;or&raquo; &mdash;dec&iacute;a mi abuela&mdash; &laquo;tienes que decidir algo al respecto con el pozo. Sabes que necesitamos agua y has afirmado que todo lo que tenemos que hacer es pedir, as&iacute; que gracias por la forma en que nos guiar&aacute;s para resolver este asunto. Mientras tanto, fortalece a los hombres y cu&iacute;dalos mientras cavan el pozo&raquo;.<br \/>\nMi abuelo y t&iacute;os hallaron agua a la ma&ntilde;ana siguiente.<br \/>\nPermita que sus emociones fluyan. Cuando mi hijo, Jay, ten&iacute;a unos cuatro a&ntilde;os, a menudo exclamaba: &laquo;&iexcl;Hey, mira!&raquo;. &iquest;Qu&eacute; tal si decimos eso a nuestro Padre celestial para agradecerle por un hermoso amanecer o por el roc&iacute;o de la ma&ntilde;ana que descansa en una hoja?<br \/>\nDe la misma forma, &iquest;qu&eacute; tal si somos sinceros con respecto a nuestro dolor? Como madre soltera, muchas de mis oraciones han empezado con &laquo;Se&ntilde;or, sabes que detesto los d&iacute;as como estos&raquo;, mientras enfrento alguna crisis. Cuando el Se&ntilde;or invit&oacute;: &laquo;venid a m&iacute;&raquo; &mdash;&eacute;l no a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;venid con una sonrisa en vuestros rostros&raquo;, o &laquo;venid con una actitud correcta&raquo;. &Eacute;l solo invit&oacute; &laquo;&iexcl;Venid!&raquo;.<br \/>\nOre incluso cuando &mdash;y especialmente&mdash; siente que no quiere. Una de mis amigas, Debi, es madre soltera. Una ma&ntilde;ana de verano su hijo de nueve a&ntilde;os, Shane, entr&oacute; a la casa dando gritos. Su mano izquierda agarraba fuertemente su mano derecha mientras la sangre flu&iacute;a entre sus dedos.<br \/>\n&laquo;&iexcl;Shane! &iquest;Qu&eacute; te ocurri&oacute;? &iexcl;D&eacute;jame ver!&raquo;<br \/>\nSu hijo retrocedi&oacute;: &laquo;&iexcl;No! &iexcl;Me lastimar&aacute;s!&raquo;<br \/>\n&laquo;Shane, mami no puede ayudarte al menos que le muestres tu mano&raquo;.<br \/>\n&laquo;&iexcl;No! &iexcl;Vete!&raquo;<br \/>\nFinalmente, Debi forceje&oacute; con &eacute;l y cuidadosamente abri&oacute; sus dedos, mientras esperaba ver expuestos el hueso y el tend&oacute;n. Sin embargo, la cortada era tan solo una de esas heridas peque&ntilde;as que sangran mucho. Despu&eacute;s de lavar y curar la herida, Debi dej&oacute; que Shane saliera a jugar pelota.<br \/>\nMientras guardaba el malet&iacute;n de primeros auxilios, se maravill&oacute; por el drama de su hijo. Luego se dio cuenta de que ella hab&iacute;a hecho exactamente lo mismo con Dios. El abandono de su esposo la hab&iacute;a conmocionado y herido a tal punto de que ya no oraba m&aacute;s. Era como si Dios le pidiera &laquo;D&eacute;jame verte&raquo;, mientras ella respond&iacute;a con los pu&ntilde;os de frente: &laquo;No, me lastimar&aacute;s&raquo;.<br \/>\nJusto ah&iacute; en la cocina, comparti&oacute; su dolor con el Se&ntilde;or. Le cont&oacute; todo lo que &eacute;l ya sab&iacute;a pero que ella necesitaba sacar. Hab&iacute;a iniciado el proceso de su propia sanidad.<br \/>\nNOTA<br \/>\nLa segunda parte de este art&iacute;culo se publicar&aacute; en la edici&oacute;n de mayo &ndash; junio de 2010 de Apuntes Pastorales.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">La autora es editora colaboradora de la revista Today&#8217;s Christian Woman. Tambi\u00e9n ha escrito varios libros como Men Read Newspapers, Not Minds [Los hombres leen el diario, no las mentes], y Kids Fight When the Phone Rings [Los ni\u00f1os pelean cuando el tel\u00e9fono suena]. Este art\u00edculo se public\u00f3 por primera vez en Today&#8217;s Christian Woman Magazine. Se usa con permiso. T\u00edtulo del original: Change the Way You Talk to God \u00a9 1997 por Christianity Today International\/Today&#8217;s Christian Woman Magazine.<br \/>\nLos derechos de traducci\u00f3n pertenecen a Desarrollo Cristiano Internacional, \u00a9 2004. Publicado en Apuntes Pastorales, Volumen XXVII, n\u00famero 4.\n<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Sandra P. Aldrich Yo termin\u00e9 la oraci\u00f3n con \u00abGracias, Dios, porque nos mostrar\u00e1s qu\u00e9 hacer\u00bb. Mientras me levantaba, mi hija Holly, quien en ese entonces ten\u00eda doce a\u00f1os, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n: \u00abMami, no dijiste \u201cAm\u00e9n\u201d\u00bb&#8230;. 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