{"id":3424,"date":"2015-12-01T01:14:25","date_gmt":"2015-12-01T06:14:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-el-servicio-deprime-parte-i\/"},"modified":"2015-12-01T01:14:25","modified_gmt":"2015-12-01T06:14:25","slug":"cuando-el-servicio-deprime-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-el-servicio-deprime-parte-i\/","title":{"rendered":"Cuando el servicio deprime  (Parte I)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Jorge Atiencia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Las sensaciones de des\u00e1nimo y frustraci\u00f3n en la obra son normales. La sinceridad es el primer paso hacia la restauraci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El ser humano vive una paradoja profunda: lo que m\u00e1s desea es ser conocido tal como es, pero, al mismo tiempo, eso es lo que m\u00e1s teme. \u00a1Qu\u00e9 contradicci\u00f3n! Anhelamos ser conocidos plenamente, y, por otro lado, sentimos miedo de quedar expuestos en nuestra verdadera intimidad.Si dejamos que la palabra de Dios nos examine, nos va a revelar lo que realmente somos. Es imprescindible mirarnos, al menos de vez en cuando, tal como somos; es importante compartir, quiz\u00e1s con un amigo o con nuestro c\u00f3nyuge, nuestros secretos m\u00e1s profundos. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de olvidar qui\u00e9nes somos en realidad: nos acostumbraremos poco a poco a aceptar como verdadera la versi\u00f3n que mostramos de nuestra persona en la vida p\u00fablica. La imagen que proyectamos es una versi\u00f3n \u00abeditada\u00bb, que mostramos al mundo con la esperanza de que la encuentren m\u00e1s aceptable que la versi\u00f3n real.  Bien, si nos resulta dif\u00edcil descubrirnos ante otros, por lo menos quit\u00e9monos la m\u00e1scara ante nosotros mismos y frente al Se\u00f1or. Si no nos despojamos de ella, no conseguiremos madurar. La historia de El\u00edas, y el modo en que lo trat\u00f3 el Se\u00f1or, nos ayudan a entender el amor y la tolerancia de Dios hacia nuestra humanidad tan inconsistente. Un hombre sujeto a pasiones \u00abEl\u00edas era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestra\u00bb (Stg 5.17). \u00a1Qu\u00e9 retrato tan expresivo! Notemos que el texto se\u00f1ala: \u00abEl\u00edas era un hombre\u00bb Las Escrituras registran las valientes acciones de El\u00edas, un profeta considerado entre los m\u00e1s destacados de la historia de Israel. Pero cuando Santiago hace una lectura de El\u00edas, lo que descubre es un hombre, no un s\u00faper-hombre. Ni siquiera lo define como un gigante espiritual o le concede el t\u00edtulo de \u00abvar\u00f3n de Dios\u00bb. Cuando la Biblia muestra a sus h\u00e9roes, no nos da una versi\u00f3n editada y adaptada: los expone tal como son.&#160; Si dejamos que la palabra de Dios nos examine, nos va a revelar lo que realmente somos. Nuestro Padre es un especialista en describirnos con precisi\u00f3n y en amarnos tal como somos. Dios quiere ministrar a nuestra persona real, no a una \u00abversi\u00f3n editada\u00bb de esta. Las Escrituras nos muestran la espiritualidad de El\u00edas en el contexto de su humanidad y de sus pasiones. El\u00edas era un hombre sujeto a pasiones y or\u00f3, invocando el poder de Dios. Sin embargo, \u00bfqu\u00e9 pasa con El\u00edas ahora que se encuentra frente a la amenaza de Jezabel? Con cara al peligro, el temperamental El\u00edas no mide, no eval\u00faa, no deja espacio para la fe: \u00a1huye!. En el Carmelo, El\u00edas desaf\u00eda con coraje a m\u00e1s de cuatrocientos profetas. Pero cuando llega a \u00e9l un mensajero de parte de una mujer perversa, se acobarda y decide huir. La perversa reina declara: \u00abAs\u00ed me hagan los dioses\u00bb&#160; los mismos dioses que no se presentaron en el monte, aquellos a los que El\u00edas acaba de exponer como falsos. De pronto, se siente urgido a huir ante esos mismos dioses. Entre contradicciones Esa es la paradoja, esa es nuestra realidad. Sentimos valor cuando estamos en la cumbre, pero nos acobardamos en el valle. Somos expertos mientras el \u00e9xito nos acompa\u00f1a, pero in\u00fatiles en la crisis. Deslumbrantes en la plataforma, quiz\u00e1s, pero nos desquiciamos en el hogar. Desde el p\u00falpito, causamos impacto con nuestros mensajes sobre el matrimonio y la familia; llegamos a casa, y un hijo adolescente nos pone en jaque o no sabemos escuchar con sensibilidad a nuestro c\u00f3nyuge. Combatimos con la oraci\u00f3n contra las potestades de Satan\u00e1s, pero lloriqueamos cuando no nos llega el cheque a tiempo. As\u00ed somos, esa es nuestra realidad. Esa es la paradoja humana.Nos hemos convencido de que no es posible que el l\u00edder, el siervo de Dios se puede deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. Los siervos del Se\u00f1or no mostraron al mundo una versi\u00f3n depurada de su espiritualidad. El\u00edas sinti\u00f3 deseos de morir y no lo escondi\u00f3. As\u00ed se expres\u00f3 tambi\u00e9n Jerem\u00edas: \u00abMaldito el d\u00eda en que nac\u00ed. Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo var\u00f3n te ha nacido\u00bb, exclama Jerem\u00edas ((Jer 20.14).  Es interesante que el Se\u00f1or se asegura de que esos versos no queden fuera de la Escritura. Todo lo contrario; queden all\u00ed, como un testimonio de c\u00f3mo dar espacio a nuestra humanidad. Dios quiso que quedaran escritas, para que no temamos ser humanos. Que podamos mostrarnos ante el Se\u00f1or tal como somos, en nuestra genuina humanidad. La cara de la depresi\u00f3n El\u00edas lleg\u00f3 al punto cr\u00edtico en que deseaba morirse. \u00abBasta ya, oh Jehov\u00e1, qu\u00edtame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres\u00bb La profunda depresi\u00f3n se manifiesta tanto en lo f\u00edsico como en lo emocional y espiritual. Nos neutraliza. Nos paraliza. Nos a\u00edsla de nuestra realidad. Empezamos a vegetar y perdemos conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Perdemos el norte. Sentimos como si nos estuvi\u00e9ramos hundiendo, sin que nada logre detenernos en esa ca\u00edda. El pantano nos traga y no encontramos nada a qu\u00e9 aferrarnos: las victorias gloriosas del pasado no resultan suficientes para sostenernos. El\u00edas tampoco hizo uso del pasado para encontrar socorro en su depresi\u00f3n actual. No confes\u00f3: \u00abAs\u00ed como ya me libraste en otra ocasi\u00f3n conf\u00edo en que igual me librar\u00e1s ahora\u00bb. La depresi\u00f3n nos a\u00edsla de los recursos espirituales a los que sol\u00edamos acceder. Es como un pantano que nos va tragando, igual que al personaje de Ernesto S\u00e1bato en su novela El t\u00fanel (1): va entrando en el t\u00fanel y se pierde en \u00e9l sin que nada lo detenga. No hay norte. No hay conciencia de lo inmediato. Regreso a la sinceridad Humanamente hablando, es imposible ministrar a otros cuando estamos sumidos en una situaci\u00f3n depresiva. Pero como somos expertos en \u00abeditarnos\u00bb a nosotros mismos, muchas veces, aun en medio de la depresi\u00f3n, tenemos el descaro de ministrar, ocultando nuestra realidad. Nos hemos convencido de que no es posible que el pastor, el l\u00edder, el siervo de Dios se puede deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. La depresi\u00f3n la pueden experimentar otros: los enfermos, los d\u00e9biles. Pero del pastor y del l\u00edder siempre esperamos equilibrio y sobriedad. De los \u00abfuertes\u00bb, esperamos una estabilidad temperamental que mantenga todo en orden. Por eso es que muchas veces ministramos aunque estemos pasando por una depresi\u00f3n. Sin embargo, la realidad se percibe. El pueblo de Dios advierte nuestro estado real porque el Esp\u00edritu de Dios le ayuda a discernir, y no se confunde con la imagen que proyectamos. Cuando pretendemos ministrar en medio de la depresi\u00f3n, no ministramos, actuamos. En lugar de hablar, gritamos. Al pastor deprimido se le han agotado las energ\u00edas para presentar un mensaje fresco. entonces recurre al archivo. En lugar de inspirar a otros, acusa. El l\u00edder deprimido no reconoce que el problema nace de su propia condici\u00f3n: para \u00e9l el problema son los otros, el problema es la congregaci\u00f3n. Nota al pie (1) Esta novela es la obra esencial del escritor argentino Ernesto S\u00e1bato, quien la public\u00f3 en 1958. Una historia sobre la conversi\u00f3n del amor en odio.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Se tom\u00f3 de Hombres de Dios, de Jorge Atiencia, Ediciones Certeza ABUA, 1995. Se usa con permiso. DesarrolloCristiano.com, derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Jorge Atiencia Las sensaciones de des\u00e1nimo y frustraci\u00f3n en la obra son normales. La sinceridad es el primer paso hacia la restauraci\u00f3n. El ser humano vive una paradoja profunda: lo que m\u00e1s desea es ser conocido tal como es, pero, al mismo tiempo, eso es lo que m\u00e1s teme. \u00a1Qu\u00e9 contradicci\u00f3n! 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