{"id":34327,"date":"2016-06-13T18:22:14","date_gmt":"2016-06-13T23:22:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/tres-visiones-del-infierno-absolutamente-aterradoras\/"},"modified":"2016-06-13T18:22:14","modified_gmt":"2016-06-13T23:22:14","slug":"tres-visiones-del-infierno-absolutamente-aterradoras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/tres-visiones-del-infierno-absolutamente-aterradoras\/","title":{"rendered":"Tres visiones del infierno absolutamente&nbsp;aterradoras"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Brantly Millegan<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos Antonin Scalia afirma creer en el infierno y en el diablo y se han burlado de &eacute;l, pero los partidarios de Scalia son mucho m&aacute;s importantes que sus cr&iacute;ticos: aparte de la mayor&iacute;a de los norteamericanos, tanto Jes&uacute;s, el hijo de Dios, como su vicario, el Papa Francisco, hablan constantemente del infierno en sus ense&ntilde;anzas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl infierno es real y para los cat&oacute;licos su existencia es un dogma. El Concilio de Florencia estableci&oacute; en 1439 que &ldquo;las almas de los que mueren en pecado mortal actual, o solo en el pecado original, descienden r&aacute;pidamente al infierno&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ya que es un lugar en el est&aacute;n solo los que est&aacute;n muertos, no pueden tener acceso al infierno los que todav&iacute;a est&aacute;n vivos, al menos en circunstancias ordinarias. Sin embargo, muchos santos y no santos en el transcurso de la historia de la Iglesia afirmaron haber vivido experiencias m&iacute;sticas del infierno y las han descrito. A continuaci&oacute;n detallaremos tres de estas descripciones:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Catecismo afirma claramente que el papel de las revelaciones privadas &ldquo;no es el de &lsquo;mejorar&rsquo; o de &lsquo;completar&rsquo;&rdquo; el dep&oacute;sito de la fe, sino el de &ldquo;ayudar a vivirla m&aacute;s plenamente en una determinada &eacute;poca hist&oacute;rica&rdquo;. El relato de estas visiones sirven para ayudar a las personas a tomar m&aacute;s seriamente la realidad del reino eterno de los condenados: dos de las visiones que proponemos son del siglo XX.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&ldquo;Densa oscuridad&rdquo;:<\/strong> <strong>Santa Teresa de &Aacute;vila<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa gran santa del siglo XVI, Teresa de &Aacute;vila era una religiosa y te&oacute;loga carmelita. Es una de los 35 doctores de la Iglesia. Su libro &ldquo;El castillo interior&rdquo; est&aacute; considerado uno de los textos m&aacute;s importantes sobre la vida espiritual. En su autobiograf&iacute;a, la santa describe una visi&oacute;n del infierno que cre&iacute;a que Dios le hab&iacute;a concedido para ayudarla a alejarse de sus pecados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;La entrada me parec&iacute;a un callej&oacute;n largo y estrecho, como un horno muy bajo, oscuro y angosto; el suelo, un lodo de suciedad y de un olor a alcantarilla en la que hab&iacute;a una gran cantidad de reptiles repugnantes. En la pared del fondo hab&iacute;a una cavidad como de un armario peque&ntilde;o encastrado en el muro, donde me sent&iacute; encerrar en un espacio muy estrecho. Pero todo esto era un espect&aacute;culo agradable en comparaci&oacute;n con lo que tuve que sufrir&rdquo; [&hellip;].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Lo que estoy a punto de decir, sin embargo, me parece que no se pueda ni siquiera describirlo ni entenderlo: sent&iacute;a en el alma un fuego de tal violencia que no se como poderlo referir; el cuerpo estaba atormentado por intolerables dolores que, incluso habiendo sufrido en esta vida algunos graves [&hellip;] todo es incomparable con lo que sufr&iacute; all&iacute; entonces, sobre todo al pensar que estos tormentos no terminar&iacute;an nunca y no dar&iacute;an tregua&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;[&#8230;].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Estaba en un lugar pestilente, sin esperanza alguna de consuelo, sin la posibilidad de sentarme y extender los miembros, encerrada como estaba en esa especie de hueco en el muro. Las misas paredes, horribles a la vista, se me ven&iacute;an encima como sofoc&aacute;ndome. No hab&iacute;a luz, sino unas tinieblas dens&iacute;simas&rdquo; [&#8230;].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Pero a continuaci&oacute;n tuve una visi&oacute;n de cosas espantosas, entre ellas el castigo de algunos vicios. Al verlos, me parec&iacute;an mucho m&aacute;s terribles [&#8230;]. O&iacute;r hablar del infierno no es nada, como tampoco el hecho de que haya meditado algunas veces sobre los distintos tormentos que procura (aunque pocas veces, pues la v&iacute;a del temor no est&aacute; hecha para mi alma) y con las que los demonios torturan a los condenados y sobre otros que he le&iacute;do en los libros; no es nada, repito, frente a esta pena, es una cosa bien distinta. Es la misma diferencia que hay entre un retrato y la realidad; quemarse en nuestro fuego es bien poca cosa frente al tormento del fuego infernal. Me qued&eacute; espantada y lo sigo estando ahora mientras escribo, a pesar de que hayan pasado casi seis a&ntilde;os, hasta el punto de sentirme helar de terror aqu&iacute; mismo, donde estoy&rdquo; [&#8230;].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Esta visi&oacute;n me procur&oacute; tambi&eacute;n una grand&iacute;sima pena ante el pensamiento de las muchas almas que se condenan (especialmente las de los luteranos que por el bautismo eran ya miembros de la Iglesia) y un vivo impulso de serles &uacute;til, estando, creo, fuera de dudas de que, por liberar a una sola de aquellos tremendos tormentos, estar&iacute;a dispuesta a afrontar mil muertes de buen grado&rdquo; [&hellip;].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&ldquo;Horribles cavernas, vor&aacute;gines de tormentos&rdquo;: Santa Mar&iacute;a Faustina Kowalska<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSanta Mar&iacute;a Faustina Kowalska, conocida como Santa Faustina, era una monja polaca que afirmaba haber tenido una serie de visiones que inclu&iacute;an a Jes&uacute;s, la Eucarist&iacute;a, los &aacute;ngeles y varios santos. De sus visiones. Registradas en su Diario, la Iglesia recibi&oacute; la ya popular devoci&oacute;n a la coronilla de la Divina Misericordia. En un pasaje de finales de octubre de 1936, ella describe una visi&oacute;n del infierno:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Hoy, guiada por un &aacute;ngel, he estado en los abismos del Infierno. Es un lugar de grandes tormentos en toda su extensi&oacute;n espantosamente grande. Estas son las varias penas que he visto: la primera pena, la que constituye el infierno, es la p&eacute;rdida de Dios; la segunda, los continuos remordimientos de conciencia; la tercera, la conciencia de que esa suerte no cambiar&aacute; nunca; la cuarta pena es el fuego que penetra el alma, pero que no la aniquila; es una pena terrible: es un fuego puramente espiritual, encendido por la ira de Dios; la quinta pena es la oscuridad continua, un hedor horrible y sofocante, y aunque est&aacute; oscuro, los demonios y las almas condenadas se ven entre s&iacute; y ven todo el mal propio y de los dem&aacute;s; la sexta pena es la compa&ntilde;&iacute;a continua de Satan&aacute;s; la s&eacute;ptima pena es la tremenda desesperaci&oacute;n, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Estas son penas que todos los condenados sufren juntos, pero esto no es el final de los tormentos. Hay tormentos particulares para varias almas que son los tormentos de los sentidos. Cada alma, con lo que ha pecado, es atormentada de forma tremenda e indescriptible. Hay cavernas horribles, vor&aacute;gines de tormentos, donde cada suplicio es distinto del otro. Har&iacute;a muerto a la vista de esas horribles torturas si no me hubiese sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa que con el sentido con el que haya pecado ser&aacute; torturado por toda la eternidad. Escribo esto por orden de Dios, para que ning&uacute;n alma se justifique diciendo que el infierno no existe, o que nadie ha estado nunca y que nadie sabe c&oacute;mo es&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, he estado en los abismos del infierno, con el fin de contarlo a las almas y atestiguar que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de esto. Tengo la orden de Dios de dejarlo por escrito. Los demonios han demostrado un gran odio contra m&iacute;, pero por orden de Dios han tenido que obedecerme. Lo que he escrito es una d&eacute;bil sombra de las cosas que he visto. Una cosa he notado, y es que la mayor parte de las almas que hay all&iacute; son almas que no cre&iacute;an que exist&iacute;a el infierno. Cuando volv&iacute; en m&iacute;, no consegu&iacute;a recuperarme del espanto, pensando que las almas all&iacute; sufren tan tremendamente, por esto rezo con mayor fervor por la conversi&oacute;n de los pecadores, e invoco incesantemente la misericordia de Dios para ellos. Jes&uacute;s m&iacute;o, preferir&iacute;a agonizar hasta el fin del mundo, entre los peores sufrimientos, antes que ofenderte con el m&iacute;nimo pecado&rdquo; (Diario di Santa Faustina, 741).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&ldquo;Un gran mar de fuego&rdquo;: sor Luc&iacute;a de F&aacute;tima<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSor Lucia no es una santa, pero es una de las destinatarias de una de las revelaciones privadas m&aacute;s importantes del XX siglo, sucedida en F&aacute;tima (Portugal). En 1917 era uno de los tres ni&ntilde;os que afirmaba haber experimentado numerosas visiones de la Beata Virgen Mar&iacute;a. Declaraba que Mar&iacute;a les mostr&oacute; una visi&oacute;n del infierno que ella describi&oacute; as&iacute; en sus Memorias:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;[Mar&iacute;a] Ella abri&oacute; de nuevo Sus Manos, como hab&iacute;a hecho los dos meses anteriores. Los rayos [de luz] parec&iacute;a que penetrasen la tierra y nosotros vimos como un vasto mar de fuego y vimos a los demonios y las almas (de los condenados) inmersos en el&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Estaban como tizones ardientes transparentes, todos ennegrecidos y quemados, con forma humana, ellos se mov&iacute;an en esta gran conflagraci&oacute;n, a veces lanzados al aire por la llamas y absorbidos de nuevo, junto a grandes nubes de humo. Otras veces ca&iacute;an por todas partes como chispas en fuegos enormes, sin peso o equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperaci&oacute;n, que nos aterrorizaban y nos hac&iacute;an temblar de miedo (debe ser esta visi&oacute;n la que me hizo llorar, como dice la gente que me oy&oacute;)&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;Los demonios se distingu&iacute;an (de las almas de los condenados) por su aspecto aterrador y repelente parecidos a animales horrendos y desconocidos, negros y transparentes como tizones ardientes. Esta visi&oacute;n dur&oacute; solo un segundo, gracias a nuestra buena Madre Celeste, que en su primera aparici&oacute;n hab&iacute;a prometido llevarnos al Para&iacute;so. Sin esta promesa, creo que habr&iacute;amos muertos de terror y de espanto&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Alguna reacci&oacute;n? Podemos confiarnos a la misericordia de Dios en Cristo, y evitar as&iacute; cualquier cosa que se acerque a esta descripci&oacute;n, transcurriendo la eternidad en uni&oacute;n con Dios en el Cielo.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Brantly Millegan El juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos Antonin Scalia afirma creer en el infierno y en el diablo y se han burlado de &eacute;l, pero los partidarios de Scalia son mucho m&aacute;s importantes que sus cr&iacute;ticos: aparte de la mayor&iacute;a de los norteamericanos, tanto Jes&uacute;s, el hijo de Dios, como su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/tres-visiones-del-infierno-absolutamente-aterradoras\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTres visiones del infierno absolutamente&nbsp;aterradoras\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-34327","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34327","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34327"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34327\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34327"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34327"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34327"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}