{"id":34337,"date":"2016-06-13T18:22:36","date_gmt":"2016-06-13T23:22:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-que-llamamos-hombre-posmoderno\/"},"modified":"2016-06-13T18:22:36","modified_gmt":"2016-06-13T23:22:36","slug":"a-que-llamamos-hombre-posmoderno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-que-llamamos-hombre-posmoderno\/","title":{"rendered":"\u00bfA qu\u00e9 llamamos hombre&nbsp;posmoderno?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Marcelo L\u00f3pez Cambronero<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>1.-El hombre posmoderno est&aacute; des-encantado<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Si algo define al hombre posmoderno es su situaci&oacute;n de desencanto. El hombre posmoderno es el que ya no se cree, no puede creerse, la modernidad, y la considera en las entretelas de su pecho, en un rinc&oacute;n fr&iacute;o al que teme mirar, como la mayor de las mentiras.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Su decepci&oacute;n ha alcanzado as&iacute; a todo lo que ten&iacute;a por valioso o importante, a todos los &aacute;mbitos en los que cre&iacute;a contar con apoyos firmes, con pasos seguros por los que cruzar las monta&ntilde;as m&aacute;s escarpadas, los precipicios m&aacute;s abruptos: a la econom&iacute;a, a la pol&iacute;tica, al arte, a la moral, a la religi&oacute;n, etc. Ahora sabemos que las concepciones fundamentales de la modernidad estaban equivocadas\u2026 pero el hombre posmoderno carece de convicciones lo suficientemente confiables como para poder cimentar su vida sobre ellas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>2.-La posmodernidad es fundamentalmente el rechazo a la modernidad<\/strong><br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> La historia de la humanidad es, en esencia, la historia de la constituci&oacute;n y desarrollo de lo que las distintas generaciones han considerado vigente. El lecho del r&iacute;o por el que transcurre el devenir del hombre sobre la tierra est&aacute; formado por la decantaci&oacute;n de aquellas concepciones de la vida y del mundo que cada tiempo ha tenido por verdaderas.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Se podr&aacute; alegar que las ideas son materia demasiado sutil y heterog&eacute;nea como para producir un efecto tan notable, que m&aacute;s bien se trata de nociones vagas que se guardan y celebran en la intimidad de nuestro ser y que carecen de la fuerza necesaria para arrastrar y trastocar la realidad. Tal vez pensamos que solo los batallones, las tropas al abordaje, los tanques o las bombas o, tal vez, algunos descubrimientos cient&iacute;ficos, pueden convertirse en los ejes que giren el universo humano en una direcci&oacute;n o en otra. Es esta una idea, y en extremo peligrosa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ac&eacute;rquese usted a una batalla, a una revoluci&oacute;n, al germinar de un movimiento constitucional, y ver&aacute; que solo las ideas voladeras alcanzan, en primer y &uacute;ltimo t&eacute;rmino, a mover los esp&iacute;ritus a la lucha. Las miradas de los hombres y mujeres que pulsan los herrajes del mundo van siempre pre&ntilde;adas de ideales, de sue&ntilde;os y, un poco m&aacute;s abajo, en lo m&aacute;s profundo, de rigurosos pensamientos, de libros se&ntilde;eros.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La &eacute;poca del Terror de la Revoluci&oacute;n Francesa estuvo sin duda dominada, en lo patente, por el furibundo Robespierre, por el fiera de Billaud-Varenne, que modificaba a su capricho el nombre de los d&iacute;as y los meses para dotar a la rutina cotidiana de una atroz y arbitraria racionalidad; pero si miramos tras la niebla de los acontecimientos m&aacute;s evidentes podremos ver que tras aquella mujer que termina una bufanda frente a la guillotina, en la Plaza de la Concordia, se esconde jaranero el salvaje en el que pens&oacute; Rousseau bajo un &aacute;rbol ginebrino. No hemos de olvidar que la Asamblea Nacional francesa decidi&oacute; utilizar la guillotina como medio de fatalidad con el objetivo de igualar a las clases sociales, al menos en el momento postrero. Una forma de concebir la igualdad, n&oacute;tese, muy moderna.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Entender una &eacute;poca conlleva, por lo tanto, el nunca sencillo trabajo de comprender qu&eacute; ten&iacute;an por verdadero, por real, los hombres que la habitaban. Cabe entonces preguntarse: &iquest;en qu&eacute; creen los posmodernos? Solo tienen una idea clara: que la modernidad fue una falacia. Todav&iacute;a no encontramos ning&uacute;n tinte positivo que a&ntilde;adir al panorama, porque si el hombre posmoderno descubre que algo en lo que cre&iacute;a afecta fuertemente a su acci&oacute;n pronto se da cuenta de que se trata de un residuo de la modernidad. Un trasto de esos que aparecen en las casas y que nunca acabamos de tirar a la basura, por si alg&uacute;n d&iacute;a sirve para algo.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Javier Mart&iacute;nez. <em>M&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n secular<\/em>. Granada, Nuevo Inicio, 2008<br \/> &nbsp;<br \/> John Milbank. <em>Teolog&iacute;a y Teor&iacute;a Social. M&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n secular<\/em>. Barcelona, Herder, 2004.<br \/> &nbsp;<br \/> J&uuml;rgen Habermas, Jean Baudrillard y otros. <em>La posmodernidad<\/em>. Barcelona, Kair&oacute;s, 1985.<br \/> &nbsp;<br \/> Alberto Ruiz de Samaniego. <em>La inflexi&oacute;n posmoderna: los m&aacute;rgenes de la modernidad<\/em>. Barcelona, Akal, 2004.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>3.-Auschwitz es el s&iacute;mbolo del fin de la modernidad, y del inicio de la posmodernidad<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Descartes, el fundador de la modernidad, comenz&oacute; su libro program&aacute;tico afirmando que todos los hombres estaban dotados de la misma raz&oacute;n, o sentido com&uacute;n. Nos cuentan, sin embargo, que confesaba en secreto a sus amistades que esta aseveraci&oacute;n, que resultar&aacute; nuclear para la modernidad, era para &eacute;l no m&aacute;s que una iron&iacute;a. Sin embargo, todos aquellos egregios hombres del XVII y del XVIII, aquellos Kant, Lessing, Mendelssonh, Thomasius, Reimarus, etc., s&iacute; cre&iacute;an que todo hombre tiene una raz&oacute;n que puede funcionar de manera tal que la tradici&oacute;n a la que uno pertenece, la educaci&oacute;n que ha recibido, su patria y las costumbres que la conforman, etc., no tienen nada que ver con ella. La raz&oacute;n, entendamos, no como un nombre com&uacute;n, no como la raz&oacute;n real que todo ser humano tiene, sino la Raz&oacute;n, la de ellos, la &uacute;nica, la que concibieron como tal. Una Raz&oacute;n de fantas&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pues bien, esa Raz&oacute;n iba a ser capaz de dominar la naturaleza, organizar con precisi&oacute;n las estructuras econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas tras hacerse con las leyes eternas que las gobernaban, iba a determinar el contenido moral al que todos habr&iacute;amos de atenernos con plena convicci&oacute;n y as&iacute;, paso a paso, siguiendo un progreso imparable, lograr&iacute;a adaptar el mundo a los quereres y anhelos del hombre. La paz perpetua, la abolici&oacute;n de la lucha de clases, el fin de la historia, el Palacio de Cristal\u2026, en pocas palabras, el Para&iacute;so de los hombres construido por ellos mismos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &iexcl;Qui&eacute;n pod&iacute;a pensar, ante tales esperanzas y promesas, que la raz&oacute;n moderna, que tantas grandezas irrenunciables nos ha concedido, iba a tener como estaci&oacute;n t&eacute;rmino Auschwitz! Auschwitz: como en Armenia, en Rusia o en Hiroshima, la ingenier&iacute;a del genocidio, el dise&ntilde;o estrictamente racional, eficaz e impersonal de mecanismos de destrucci&oacute;n. &nbsp;Al cabo del tiempo nos hemos dado cuenta de que esa Raz&oacute;n abstracta, as&eacute;ptica, objetiva, atemporal y desprejuiciada escond&iacute;a en su rebotica una fiera voluntad, indomables sentimientos, oscuros prejuicios que ni ella misma conoc&iacute;a, intereses, tradiciones y, en definitiva, horizontes hermen&eacute;uticos de distintas esloras y calados. Tarde vemos que la Raz&oacute;n desinteresada era solo el cartel electoral de la voluntad de poder.<br \/> &nbsp;<br \/> Vasili Grossman. <em>Vida y destino<\/em>. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2007.<br \/> &nbsp;<br \/> Zigmunt Bauman. <em>Modernidad y Holocausto<\/em>. Madrid, Sequitur, 2010.<br \/> &nbsp;<br \/> Zigmunt Bauman, Keith Tester. <em>La ambivalencia de la modernidad y otras conversaciones<\/em>. Barcelona, Paidos, 2002.<br \/> &nbsp;<br \/> Jean-Fran&ccedil;ois Lyotard. <em>La condici&oacute;n posmoderna<\/em>. Madrid, C&aacute;tedra, 1989.<br \/> &nbsp;<br \/> Konrat Paud Liessman. <em>Thought after Auschwitz and Hiroshima<\/em>. <a href=\"http:\/\/ddd.uab.cat\/pub\/enrahonar\/0211402Xn46p123.pdf\" rel=\"nofollow\">http:\/\/ddd.uab.cat\/pub\/enrahonar\/0211402Xn46p123.pdf<\/a><br \/> &nbsp;<br \/><strong>4.-&iquest;En qu&eacute; cree el hombre posmoderno? B&aacute;sicamente, en nada<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Llamamos posmoderno al hombre que carece de certezas, que vive, pues, en el escepticismo, y que ve todav&iacute;a los &uacute;ltimos conatos de la agon&iacute;a moderna con un cinismo a menudo insoportable. Porque el drama del hombre posmoderno es que carece de certezas sobre el bien, sobre lo que merece la pena en la vida, sobre Dios, y tambi&eacute;n sobre todo lo dem&aacute;s. Su vida es un enorme hueco sobre el que camina poniendo los tablones de las ideas modernas, como los obreros en las zanjas de las ciudades.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Pero, &iquest;es que acaso se puede vivir as&iacute;? &iquest;C&oacute;mo hemos podido llegar a una situaci&oacute;n semejante? O, como dice el loco-l&uacute;cido de Nietzsche, \u201c&iquest;C&oacute;mo hemos podido bebernos el mar? &iquest;Qui&eacute;n nos prest&oacute; la esponja para borrar el horizonte?\u201d. Como las piedras de Stonehenge, seguimos en pie, monumentos a un tiempo que ya no es el nuestro, almas fuera de lugar, fantasmas de s&iacute; mismos que siguen mirando la bolsa, esperando que el estado les resuelva los problemas, llevando a sus hijos a que los eduquen (&iquest;qu&eacute; les van a ense&ntilde;ar?) en el colegio. Negociamos con instituciones que son barcos fantasmas, que contin&uacute;an haciendo su trabajo solo porque no hay una nueva energ&iacute;a, una esperanza que las sustituya. Seguimos viviendo porque, &iexcl;ea! hay que vivir\u2026 pero no sabemos para qu&eacute; vivimos, cu&aacute;l es el objetivo de nuestro cansancio. Somos naves ancladas a un puerto que est&aacute; ardiendo, pero &iquest;qui&eacute;n se aventurar&aacute; a un mar desconocido, ignorando la ubicaci&oacute;n de otro puerto en el que atracar? En nuestra ca&iacute;da por el precipicio nos hemos agarrado a la &uacute;ltima rama que nos quedaba, los &uacute;ltimos residuos modernos, que son fr&aacute;giles y quebradizos, pero &iquest;qui&eacute;n se soltar&aacute; mientras no vea bajo sus pies tierra firme y piso seguro?<\/p>\n<p align=\"justify\"> La negaci&oacute;n de una gran idea siempre deja un gran hueco, pero tambi&eacute;n trae una nueva esperanza, porque si nuestros primeros ladrillos para un mundo nuevo son el env&eacute;s de la modernidad, contienen en s&iacute; una fuerza poderosa. Tal vez carecemos de referentes para comenzar el camino, pero s&iacute; sabemos muchas cosas. Sabemos que explicar nuestras acciones bajo el &uacute;nico prisma del inter&eacute;s, piedra angular de la econom&iacute;a moderna, es una metonimia harto rid&iacute;cula y hasta injuriosa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Hemos descubierto que las democracias representativas, supuesto culmen, punto y final del progreso hist&oacute;rico de los sistemas pol&iacute;ticos, son estados de partidos en los que las &eacute;lites pueden competir por el poder en una guerra que no es sangrienta, sino fr&iacute;a. Vemos con temor y temblor que las declaraciones de derechos humanos, tan serias y rigurosas, adquieren el tono interpretativo que sustenta la ideolog&iacute;a dominante, cuando no est&aacute;n simplemente a su servicio.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Hemos ca&iacute;do en la cuenta de que los intelectuales modernos se parecen a aquellos viajeros que llegaban a las fondas de las aldeas y preguntaban \u201c&iquest;Qu&eacute; hay de comer?\u201d, a lo que el ama respond&iacute;a: &iexcl;lo que usted traiga!, y que de esta manera acaban por descubrir en sus investigaciones, con su presunta Raz&oacute;n desprejuiciada, justo lo que pensaban antes de empezar. No hacen otra cosa, humanistas, fil&oacute;sofos, te&oacute;logos de la ciencia hist&oacute;rico-cr&iacute;tica, incluso cient&iacute;ficos, que jugar a encontrar en un caj&oacute;n lo que escondieron en el d&iacute;a precedente.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Mas estos desencantos, con todo su dolor, nos han permitido entender que no tenemos esa Raz&oacute;n de individuos solitarios, sino otra m&aacute;s peque&ntilde;ita tal vez, m&aacute;s humilde, sin duda finita, hist&oacute;rica, que requiere de la comunidad, que se educa en una tradici&oacute;n, que necesita entenderse a s&iacute; misma y a sus presupuestos para tener una mirada equilibrada sobre la realidad. Esa raz&oacute;n como de entrem&eacute;s, pero que es verdadera y en la que, por lo tanto, cuando nos acostumbremos a su menudo tama&ntilde;o, podremos confiar.<br \/> &nbsp;<br \/> Alasdair MacIntyre. <em>Tras la virtud<\/em>. Barcelona, Cr&iacute;tica, 2001.<br \/> &nbsp;<br \/> Amartya Sen. \u201cLos tontos racionales. Una cr&iacute;tica de los fundamentos conductistas de la teor&iacute;a econ&oacute;mica\u201d:<br \/> <a href=\"http:\/\/odh.pnud.org.do\/sites\/odh.onu.org.do\/files\/Los20tontos20racionales.pdf\" rel=\"nofollow\">http:\/\/odh.pnud.org.do\/sites\/odh.onu.org.do\/files\/Los20tontos20racionales.pdf<\/a><br \/> &nbsp;<br \/> Gianni Vattimo y otros. <em>En torno a la posmodernidad<\/em>. Barcelona, Anthropos, 2003.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s Ballesteros. <em>Posmodernidad. Decadencia o resistencia.<\/em> Madrid, Tecnos, 2003.<br \/> &nbsp;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>5.-La Iglesia est&aacute; en la vanguardia de la posmodernidad y ella alborea una nueva &eacute;poca<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El Magisterio de Juan Pablo II y de Benedicto XVI han puesto a la Iglesia a la vanguardia de la posmodernidad. Cuando Vittorio Messori dijo que Benedicto XVI era \u201cun Papa posmoderno, y los modernos a&uacute;n no se han enterado\u201d, muchos se quedaron con los ojos entornados. Su afirmaci&oacute;n era precisa y acertada. No se trata solo de que los dos &uacute;ltimos Papas, siguiendo con habilidad indiscutible la senda que abri&oacute; el Concilio Vaticano II, nos hayan mostrado que la raz&oacute;n es hist&oacute;rica, que la tradici&oacute;n act&uacute;a en su interior, que la econom&iacute;a no est&aacute; determinada por el inter&eacute;s, que la pol&iacute;tica no es solo lucha de poder, etc., etc., es decir, no es solo que ellos mejor que nadie nos hayan mostrado los errores y las monstruosidades del mundo moderno, su mal uso de la raz&oacute;n o de los recursos, y al mismo tiempo hayan sabido destacar algunos de los mejores rasgos de la modernidad (como el ecologismo).<\/p>\n<p align=\"justify\"> No, no es solo eso. Ambos Papas han insistido en el hecho central que puede escribir una nueva historia: la comuni&oacute;n que, para un cristiano, nace de la centralidad de Cristo; pero que para cualquiera puede entenderse como el deseo del hombre por vivir en un mundo que no est&eacute; basado en el conflicto, en las relaciones de inter&eacute;s, en el predominio de unos sobre otros. No hablamos de un universo de angelitos, de un nuevo Para&iacute;so que nos hagamos en la buhardilla.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Nos referimos a las ideas, bien pr&aacute;cticas y eficaces, de que es mejor colaborar que competir, de que la educaci&oacute;n se produce en comunidades libres, de que el estado est&aacute; al servicio de los hombres y debe siempre ser subsidiario, de que el trabajo es la forma m&aacute;s inmediata en la que servimos a la sociedad y desarrollamos nuestras capacidades, de que la pol&iacute;tica no puede ser asunto de castas, sino que requiere la implicaci&oacute;n de todos y se realiza en muy distintos &aacute;mbitos de la vida. Hablamos tal vez de un nuevo sue&ntilde;o que viene a sustituir a otro precedente, quiz&aacute;s m&aacute;s humilde, pero en el que partimos de la conciencia, realista, de que nada hay m&aacute;s poderoso sobre la tierra que el amor que estamos llamados a tenernos los unos a los otros, y nada alcanza a llenar mejor de contenido nuestra esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/> Catherine Pickstock. <em>M&aacute;s all&aacute; de la escritura: la consumaci&oacute;n lit&uacute;rgica de la Filosof&iacute;a<\/em>. Barcelona, Herder, 2005.<br \/> &nbsp;<br \/> Tracey Rowland. <em>La Fe de Ratzinger. La teolog&iacute;a del Papa Benedicto XVI<\/em>. Granada, Nuevo Inicio, 2008.<br \/> &nbsp;<br \/> William Cavanaugh. <em>Imaginaci&oacute;n Teopol&iacute;tica. La liturgia como acto pol&iacute;tico en la &eacute;poca del consumismo global<\/em>. Granada, Nuevo Inicio, 2007.<br \/> &nbsp;<br \/> Entrevista a Vittorio Messori sobre Benedicto XVI: <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/hemeroteca.lavanguardia.com\/preview\/1994\/07\/15\/pagina-6\/39708789\/pdf.html?search=vittorio%20messori\">http:\/\/hemeroteca.lavanguardia.com\/preview\/1994\/07\/15\/pagina-6\/39708789\/pdf.html?search=vittorio%20messori<\/a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Marcelo L\u00f3pez Cambronero 1.-El hombre posmoderno est&aacute; des-encantado &nbsp; Si algo define al hombre posmoderno es su situaci&oacute;n de desencanto. 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