{"id":34475,"date":"2016-06-20T13:24:31","date_gmt":"2016-06-20T18:24:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/marcos-41-20-oyen-la-palabra-la-acogen-y-dan-fruto\/"},"modified":"2016-06-20T13:24:31","modified_gmt":"2016-06-20T18:24:31","slug":"marcos-41-20-oyen-la-palabra-la-acogen-y-dan-fruto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/marcos-41-20-oyen-la-palabra-la-acogen-y-dan-fruto\/","title":{"rendered":"Marcos 4,1-20 \u2013 oyen la Palabra, la acogen y dan fruto"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">Texto del evangelio Mc 4,1-20 \u2013 oyen la Palabra, la acogen y dan fruto<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #333399;\"><em>1. Y otra vez se puso a ense\u00f1ar a orillas del mar. Y se reuni\u00f3 tanta gente junto a \u00e9l que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sent\u00f3; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>2. Les ense\u00f1aba muchas cosas por medio de par\u00e1bolas. Les dec\u00eda en su instrucci\u00f3n:<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>3. \u00abEscuchen. Una vez sali\u00f3 un sembrador a sembrar.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>4. Y sucedi\u00f3 que, al sembrar, una parte cay\u00f3 a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>5. Otra parte cay\u00f3 en terreno pedregoso, donde no ten\u00eda mucha tierra, y brot\u00f3 en seguida por no tener hondura de tierra;<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>6. pero cuando sali\u00f3 el sol se agost\u00f3 y, por no tener ra\u00edz, se sec\u00f3.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>7. Otra parte cay\u00f3 entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>8. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarroll\u00e1ndose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.\u00bb<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>9. Y dec\u00eda: \u00abQuien tenga o\u00eddos para o\u00edr, que oiga.\u00bb<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>10. Cuando qued\u00f3 a solas, los que le segu\u00edan a una con los Doce le preguntaban sobre las par\u00e1bolas.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>11. El les dijo: \u00abA ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que est\u00e1n fuera todo se les presenta en par\u00e1bolas,<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>12. para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.\u00bb<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>13. Y les dice: \u00ab\u00bfNo entienden esta par\u00e1bola? \u00bfC\u00f3mo, entonces, comprender\u00e1n todas las par\u00e1bolas?<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>14. El sembrador siembra la Palabra.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>15. Los que est\u00e1n a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satan\u00e1s y se lleva la Palabra sembrada en ellos.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>16. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al o\u00edr la Palabra, al punto la reciben con alegr\u00eda,<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>17. pero no tienen ra\u00edz en s\u00ed mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulaci\u00f3n o persecuci\u00f3n por causa de la Palabra, sucumben en seguida.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>18. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han o\u00eddo la Palabra,<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>19. pero las preocupaciones del mundo, la seducci\u00f3n de las riquezas y las dem\u00e1s concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto.<\/em><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #333399;\"><em>20. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.\u00bb<\/em><\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Reflexi\u00f3n: Mc 4,1-20<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al igual que la semilla que no sirve de nada si no permite que crezca una planta y finalmente de frutos, escuchar la Palabra de Dios e incluso hacer grandes reflexiones y escribir eruditos tratados acerca de ella, no sirve de nada, si esta no se trasmite y sirve para que otros a su vez se conviertan y convirti\u00e9ndose, tambi\u00e9n la transmitan. Es muy importante tener en cuenta que son los frutos los que interesan. Si no hay frutos, es lo mismo que nada. En todo orden de cosas, pero m\u00e1s a\u00fan en la vida cristiana, sin frutos, lo que se haga, no sirve de nada. As\u00ed que, podemos empezar a orar en este instante y no parar hasta el d\u00eda de nuestra muerte, si ello no ha servido para que cambiemos de vida y no puede evidenciarse en frutos tangibles, no subjetivos y ocultos, sino palpables y verificables, servir\u00e1 de muy poco todo ese caudal de oraciones y habr\u00e1 que esperar que el Se\u00f1or en Su Infinita Misericordia las acoja, porque tal como aqu\u00ed mismo nos lo revela, de lo que se trata es de dar fruto, tal como lo hace cualquier cultivo. Si solo nos alimentamos de los frutos, qu\u00e9 m\u00e1s da que tengamos y sembremos quintales de semillas, si las sembramos irresponsablemente en la orilla del mar, donde hay arena y agua salada, obviamente no cosecharemos nada. Habr\u00e1 que ver y evaluar si lo hicimos al prop\u00f3sito o por ignorancia o por descuido o por comodidad, pero eso ya es secundario; el hecho es que cuando tengamos que alimentarnos, no habr\u00e1 con qu\u00e9 y por m\u00e1s disquisiciones y excusas que elaboremos, con ellas no podremos llenar nuestros est\u00f3magos y los de los nuestros. Ese mismo criterio tiene el Se\u00f1or con nosotros y hemos de tener nosotros con los dem\u00e1s. No hay excusas. Tenemos que enfocarnos en los resultados, para eso debemos hacer las cosas bien, tal como el Se\u00f1or lo hace con nosotros. <strong><em>Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span id=\"more-76\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si hemos recibido la Palabra, es como la semilla, por lo tanto debemos ponerla a buen recaudo, primero procurando dar los mejores frutos en funci\u00f3n del Reino de Dios y luego asumiendo con responsabilidad nuestra labor de siembra, para que estos frutos se multipliquen. Esto que con tanto af\u00e1n procuramos hacerlo en una red de mercadeo, tenemos que hacerlo con mayor raz\u00f3n en la propagaci\u00f3n del Evangelio. Sin embargo sucede que la mayor\u00eda de las veces no lo asumimos con la responsabilidad y seriedad que requiere. \u00bfPor qu\u00e9? Porque no podemos cuantificarlo en dinero y sin embargo, resulta que cualquier cosa que hagamos por el Reino de Dios vale m\u00e1s que cualquier fortuna que pudi\u00e9ramos amasar, porque nada vale m\u00e1s que la Vida y en este caso, nos estamos jugando la Vida Eterna. Esta ha de ser la raz\u00f3n de sembrar, porque ninguna otra vale m\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo asegurar que conseguiremos estos frutos? La \u00fanica forma posible es dando todo lo que somos y tenemos, incluso la propia vida, para hacer posible que aquel en quien hemos sembrado la Palabra de Dios, de estos frutos de Vida Eterna. Es verdad que no est\u00e1 s\u00f3lo en nosotros lograrlo, es decir, que no podremos hacerlo sin la ayuda del Se\u00f1or, pero hemos de disponernos a salir y sembrar cuidadosamente, asegur\u00e1ndonos que cuanto dependa de nosotros est\u00e9 bien hecho, entre lo que no podemos obviar el orar insistentemente a Dios, pidiendo su Gracia para lograr los frutos que \u00c9l mismo espera. Ni la acci\u00f3n sola, ni la oraci\u00f3n sola nos ayudar\u00e1n a obtener la Gracia de los frutos anhelados, sino nuestra entrega total a ambas actividades, con el prop\u00f3sito de hacer la Voluntad de Dios, tal como lo pedimos en la oraci\u00f3n del \u201cPadre Nuestro\u201d. <strong><em>Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tengamos pues en cuenta, que no hemos recibido la Palabra de Dios para atesorarla en nuestros corazones, sino para sembrarla como la mejor semilla, aquella escogida por el mejor Agr\u00f3nomo, para asegurarnos que dar\u00e1 los mejores frutos que sean posibles en cada una de las parcelas que la acoge. Si nuestra tarea urgente es sembrar para producir la mayor cantidad de frutos, de una excelente pero escasa semilla, no perdamos nuestro tiempo distra\u00eddos en tonter\u00edas y aprovechemos de la mejor manera todo el tiempo que tenemos, que siempre ser\u00e1 escaso, si lo que queremos es obtener la mayor cantidad de frutos posibles. Tampoco cometamos la necedad de salir a sembrar sobre la roca, o sobre el camino. En tanto nos sea posible, busquemos la buena tierra y prepar\u00e9mosla, con los nutrientes y abonos adecuados, a fin de suplir todo aquello que pudiera ser necesario para asegurar la mejor cosecha posible de la tierra que recibimos. Por lo tanto, no se trata solo de cuanto nosotros podemos dar, sino cuanto podemos comprometernos en lograr una mejor cosecha en la parcela que se nos ha asignado, a la que a veces miramos con displicencia, tal vez ocupados en nuestras cosas o en asuntos mundanos, que no tienen nada que ver con el Reino de Dios, como si pudiera haber algo m\u00e1s importante. Entonces, no es solamente lo que damos, sino lo que otras \u201cplantas\u201d dejan de dar por nuestro descuido, por nuestro poco empe\u00f1o y cari\u00f1o. <strong><em>Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.<\/em><\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Oremos:<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Padre Santo, no permitas que nos ciegue la soberbia y que nos domine el desprecio por nuestros hermanos, de tal modo que les demos el tiempo y dedicaci\u00f3n que merecen, a fin de asegurar los mejores frutos de los que son capaces\u2026Te lo pedimos por nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Esp\u00edritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos\u2026Am\u00e9n.<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">Roguemos al Se\u00f1or\u2026<\/h1>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Te lo pedimos Se\u00f1or.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(A\u00f1ade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aqu\u00ed tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)<\/p>\n<p class=\"bawpvc-ajax-counter\" data-id=\"76\"> (0) vistas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Texto del evangelio Mc 4,1-20 \u2013 oyen la Palabra, la acogen y dan fruto 1. 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