{"id":35649,"date":"2016-06-21T00:44:54","date_gmt":"2016-06-21T05:44:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/al-hilo-de-paris-un-espiritu-de-valentia-amor-y-buen-juicio\/"},"modified":"2016-06-21T00:44:54","modified_gmt":"2016-06-21T05:44:54","slug":"al-hilo-de-paris-un-espiritu-de-valentia-amor-y-buen-juicio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/al-hilo-de-paris-un-espiritu-de-valentia-amor-y-buen-juicio\/","title":{"rendered":"Al hilo de Par\u00eds\u2026: un esp\u00edritu de valent\u00eda, amor y buen juicio"},"content":{"rendered":"<p class=\"heditor_first\"><strong>Al hilo de Par\u00eds\u2026: un esp\u00edritu de valent\u00eda, amor y buen juicio, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope en P\u00e1ginas Digital del 15\/1\/2015<\/strong><\/p>\n<p class=\"heditor_first\">Que nuestras sociedades europeas ya no reconocen a la tradici\u00f3n cristiana como el tejido \u00e9tico-cultural que sustenta la ciudad com\u00fan, que esa tradici\u00f3n ya no plasma sus leyes, y que \u00e9stas no s\u00f3lo no la custodian y valoran, sino que en ocasiones atentan directamente contra algunos de sus valores esenciales, es algo que dif\u00edcilmente se podr\u00e1 negar a estas alturas. Y eso que hay gente a la que le ha costado reconocerlo, y m\u00e1s a\u00fan, aceptarlo. Sin embargo deber\u00edamos acoger este dato con la serenidad que expresaba Benedicto XVI en el vuelo que le llevaba a su tierra natal, Alemania, cuando coment\u00f3 del siguiente modo las reacciones contrarias a su visita: \u201ces algo normal que en una sociedad libre y en un tiempo secularizado existan oposiciones a una visita del Papa. Es justo que se exprese, eso forma parte de nuestra libertad y debemos tomar nota de que el secularismo y la oposici\u00f3n al catolicismo son fuertes en nuestras sociedades. Cuando estas oposiciones se manifiestan de modo civil, no hay nada que objetar\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cierto, no siempre esa oposici\u00f3n se manifiesta de un modo respetuoso sino todo lo contrario, y entonces es justo que los cat\u00f3licos levantemos la voz y reivindiquemos nuestro derecho de ciudadan\u00eda. Pero la cuesti\u00f3n que deseo abordar es otra. Que la situaci\u00f3n sea como describ\u00eda al principio supone, en primer lugar, un desaf\u00edo para nuestra fe, que s\u00f3lo puede vivir en relaci\u00f3n y di\u00e1logo permanente con otros que no la comparten, y que tal vez incluso la combaten. Es un desaf\u00edo que puede producir v\u00e9rtigo, pero no deber\u00edamos perder de vista la historia (nuestra falta de memoria es proporcional a nuestra debilidad), en la que tantas veces los cristianos han vivido (y viven hoy) en condiciones semejantes, y eso no ha impedido un testimonio l\u00edmpido de fe, esperanza y caridad. Por otra parte, el comprensible v\u00e9rtigo se ve atemperado por la confianza en que es el Se\u00f1or quien conduce la historia, as\u00ed que mala gana de enfadarnos si nos hace pasar por esta circunstancia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Un caso pr\u00e1ctico lo encontramos en el acoso cultural que a veces sentimos por parte de medios de comunicaci\u00f3n, legislaciones, e incluso formas de ocio y cultura, que llegan a convertirse a veces en verdaderas agresiones morales. Empecemos por decir que en muchos casos estas expresiones nacen de una radical falta de familiaridad con el cristianismo como vida presente; se alimentan de estereotipos torpes o malvados, pero tambi\u00e9n de mitos y leyendas, y de experiencias negativas muy profundas de algunas personas. Y haremos bien en no rasgarnos las vestiduras ante todo ello, m\u00e1s bien, es bueno estar dispuestos a \u201cencajar\u201d, a pagar el precio de vivir en una sociedad plural, en la que nuestra fe no goza ya de la protecci\u00f3n de la ley ni de la opini\u00f3n com\u00fan, y en la que es normal que nuestros s\u00edmbolos no sean entendidos y nuestras convicciones sean tergiversadas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hay aqu\u00ed una gran provocaci\u00f3n para el di\u00e1logo misionero, aunque claro, eso exige algo m\u00e1s que atrincherarse y lanzar venablos. Hace falta salir de verdad al encuentro del otro, estando dispuestos a correr el riesgo, a pagar personalmente por la oportunidad de comunicar la belleza y la verdad del cristianismo, dentro de las relaciones que conforman la vida, en el tejido de la ciudad de la que formamos parte y de la que no estamos dispuestos a que nos excluyan, pero tampoco a autoexcluirnos. Esto no significa renunciar a defender el propio derecho a la fama, a la integridad moral o al respeto a personas, s\u00edmbolos y convicciones. Con la valent\u00eda y el buen juicio que aporta la experiencia cristiana (cuando no ha sido adulterada ni reducida) podemos y debemos reivindicar nuestro estatuto de ciudadan\u00eda, como hizo Pablo de Tarso ante el tribunal romano, o como hac\u00eda Karol Wojtyla frente a los comunistas polacos.<\/p>\n<p class=\"heditor_first\">Un caso reciente es el de las caricaturas de la revista sat\u00edrica Charlie Hebdo, que no se han ocupado s\u00f3lo del islam, sino tambi\u00e9n de los cristianos. Debemos estar dispuestos, como todos, a la cr\u00edtica p\u00fablica (a veces con raz\u00f3n, otras sin ella) e incluso a recibir la s\u00e1tira corrosiva que es un rasgo de la cultura deprimida de esta \u00e9poca, que es la nuestra. De ah\u00ed a aceptar sin m\u00e1s la agresi\u00f3n gratuita, incluso la blasfemia, va un trecho. Cuando as\u00ed sucede, los cat\u00f3licos debemos defender nuestro derecho con todos los recursos a nuestro alcance: con la palabra, la denuncia, el debate p\u00fablico y el recurso a las leyes. Puede suceder que nuestra palabra no sea escuchada y que las leyes no nos presten el amparo deseado. Entonces, \u00bfqu\u00e9 hacer?<\/p>\n<p align=\"justify\">Seguiremos diciendo en voz alta que no es justo, que provoca un da\u00f1o profundo, que es pernicioso para la convivencia. Lo haremos con escrupuloso respeto a los procedimientos democr\u00e1ticos y a la ley, incluso si sostenemos con br\u00edo que esa ley es injusta y debe ser cambiada. \u00a1Esto es verdadera laicidad! Pero adem\u00e1s lo diremos sin olvidar que quienes nos agraden son mucho m\u00e1s que el contenido de sus agresiones, est\u00e1n hechos del mismo deseo y de la misma sed que nosotros, y por tanto defenderemos su libertad y su seguridad como si fueran las nuestras, tal como han hecho los cat\u00f3licos franceses estos d\u00edas. Por otra parte, el modo en que comparecemos en la plaza dice qui\u00e9nes somos, de qu\u00e9 fuente bebemos y d\u00f3nde radica nuestra fuerza.<\/p>\n<p align=\"justify\">Reconocer esta condici\u00f3n no debe significar recluirse en los cuarteles de invierno y levantar un robusto muro de protecci\u00f3n. La fe necesita vivirse al aire libre, de lo contrario muere. As\u00ed que la primera tarea de esta hora es vivirla de modo que los hombres y mujeres de nuestra ciudad la puedan encontrar de nuevo en la plaza, en medio de sus quehaceres, de sus gozos, dolores y hasta diversiones. Y no porque gritemos mucho y tengamos influencias sino por su atractivo humano, por la promesa de vida que lleva consigo. Es preciso hacer esto \u201ccuerpo a cuerpo\u201d, como dec\u00eda pl\u00e1sticamente el papa Francisco, pero tambi\u00e9n con realismo y paciencia, con un punto de sana iron\u00eda, intentaremos comunicar esa promesa a trav\u00e9s de obras sociales de diverso tipo y dimensi\u00f3n. Donde se pueda y como se pueda.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por otra parte, seamos pocos o muchos, influyentes o poco relevantes, no podemos renunciar a aportar la sabidur\u00eda del Evangelio a la configuraci\u00f3n de una ciudad que sigue siendo nuestra, a pesar de las incomodidades y apreturas que podamos sentir en ella. Y eso significa intervenir en el debate p\u00fablico, dialogar, no encastillarnos, participar en los instrumentos sociales y pol\u00edticos que existen, naturalmente con nuestra propia identidad. Y no nos hagamos ilusiones, esa identidad no es una coraza ni un parapeto, es algo vivo que necesita alimentarse cada d\u00eda en la comuni\u00f3n de la Iglesia. Con frecuencia el r\u00e9dito pol\u00edtico-social de esta contribuci\u00f3n nos parecer\u00e1 nimio, pr\u00e1cticamente in\u00fatil. Y sin embargo no es verdad. A veces servir\u00e1 para poner un dique al mal, para suscitar una pregunta, para abrir un resquicio en el b\u00fanker al que se refer\u00eda Benedicto XVI en su discurso al Bundestag. Es curioso: tanto el papa Ratzinger entonces, como recientemente Francisco en Estrasburgo, han sabido hablar desde la fe sin actitudes defensivas, respetando las condiciones de esta hora. Y eso no ha significado perder ninguna eficacia misionera, todo lo contrario. Pues aprendamos de ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al hilo de Par\u00eds\u2026: un esp\u00edritu de valent\u00eda, amor y buen juicio, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope en P\u00e1ginas Digital del 15\/1\/2015 Que nuestras sociedades europeas ya no reconocen a la tradici\u00f3n cristiana como el tejido \u00e9tico-cultural que sustenta la ciudad com\u00fan, que esa tradici\u00f3n ya no plasma sus leyes, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/al-hilo-de-paris-un-espiritu-de-valentia-amor-y-buen-juicio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAl hilo de Par\u00eds\u2026: un esp\u00edritu de valent\u00eda, amor y buen juicio\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-35649","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35649","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=35649"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35649\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35649"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=35649"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=35649"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}