{"id":35871,"date":"2016-06-21T01:01:32","date_gmt":"2016-06-21T06:01:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/aquel-1989-que-no-queremos-olvidar-por-jose-luis-restan\/"},"modified":"2016-06-21T01:01:32","modified_gmt":"2016-06-21T06:01:32","slug":"aquel-1989-que-no-queremos-olvidar-por-jose-luis-restan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/aquel-1989-que-no-queremos-olvidar-por-jose-luis-restan\/","title":{"rendered":"Aquel 1989 que no queremos olvidar, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">Aquel 89 que no queremos olvidar: de los astilleros Lenin a la plaza de San Wenceslao, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital del 4\/6\/2014<\/p>\n<p align=\"justify\">Varsovia, 4 de junio de 1989, domingo melanc\u00f3lico, con un cielo cargado de nubes pero radiante para los polacos, que est\u00e1n a punto de hacer realidad lo que parec\u00eda imposible. Ese d\u00eda, en las urnas fruto de un acuerdo amasado contra toda esperanza entre el general Jaruzelski y Lech Walesa, va a desmoronarse por primera vez un r\u00e9gimen comunista del otro lado del Tel\u00f3n de acero. El at\u00edpico electricista de Gdansk y el primer Papa eslavo de la historia, que sigue atentamente los acontecimientos desde Roma, son quiz\u00e1s los \u00fanicos en el mundo que han cre\u00eddo que esta historia pod\u00eda acabar bien.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hace ahora exactamente veinticinco a\u00f1os. Recordar aquellas jornadas me parece como repasar en un zoom vertiginoso la historia de toda una generaci\u00f3n, la m\u00eda. Recuerdo aquellos meses incre\u00edbles de 1989, cuando volv\u00edamos a casa ansiosos por encender el humilde televisor y contemplar las im\u00e1genes que nos llegaban desde Varsovia, Praga, Budapest, o Berl\u00edn Oriental. Recuerdo nuestra audacia, cuando un grupo de jovencitos de CL y de varias parroquias madrile\u00f1as conseguimos, en el invierno de 1981, que el entonces arzobispo de Madrid, cardenal Taranc\u00f3n, presidiese una Misa por los l\u00edderes del sindicato Solidarnos\u00e7 encarcelados tras el golpe militar de Jaruzelski.<\/p>\n<p align=\"justify\">Desde entonces nunca dejamos de sentir como nuestra aquella lucha. Escrib\u00edamos, public\u00e1bamos manifiestos, algunos tuvieron la dicha (y el riesgo) de viajar al coraz\u00f3n del r\u00e9gimen comunista para alentar a los amigos que, sostenidos y alentados por su fe, luchaban por la libertad y por la dignidad entonces aplastada.<\/p>\n<p align=\"justify\">En estos d\u00edas, un cuarto de siglo despu\u00e9s, me ayuda la lectura del libro \u201cLa Atl\u00e1ntida Roja\u201d, del periodista italiano Luigi Geninazzi, publicado en Espa\u00f1a por RIALP. Conozco personalmente la pasi\u00f3n de Geninazzi pero tambi\u00e9n su precisi\u00f3n en el detalle a la hora de revivir estos acontecimientos. De sus p\u00e1ginas brotan los testimonios de hombres como Walesa, Mazowiecki, Michnik, Havel, el cardenal Tomaseck, los verdaderos protagonistas de una historia que pasaba como un r\u00edo tumultuoso delante de nuestros ojos y en el que no pod\u00edamos dejar de zambullirnos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los j\u00f3venes espa\u00f1oles que ahora tienen la edad que yo bland\u00eda entonces alegremente (entre 23 y 30 a\u00f1os) apenas saben nada de estos nombres y de esta historia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero desperdiciar este legado, dar la espalda a esta memoria, no es solo un absurdo desperdicio sino que hace m\u00e1s fr\u00e1gil, superficial y vulnerable a toda una generaci\u00f3n. Es una amarga coincidencia (no por ello menos instructiva) que estas bodas de plata de la libertad en Polonia coincidan con la eclosi\u00f3n del extremismo destructivo en tantos rincones de Europa, y aqu\u00ed, en Espa\u00f1a, con el triunfo de una formaci\u00f3n como \u201cPodemos\u201d, cuyo imaginario colectivo acaricia los reg\u00edmenes contra los que aquellos valientes se jugaron la vida. Deber\u00edan conocer la historia de estos hombres, enfundados en su mono azul, que desafiaron a los tanques del poder socialista.<\/p>\n<p align=\"justify\">Las p\u00e1ginas de \u201cLa Atl\u00e1ntida Roja\u201d se abren con una ciudad del B\u00e1ltico en la que \u201cla historia se puso en movimiento\u201d. Fue en los astilleros Lenin, en Gdansk, donde unos obreros muy extra\u00f1os para el espectador occidental se atrevieron a desafiar al poder de la mentira en agosto de 1980.<\/p>\n<p align=\"justify\">Aparentemente nada jugaba a su favor\u2026 nada salvo una historia de fe, esperanza y caridad, que como un campo fecundo dio a luz la planta inerme de una humanidad que amaba la verdad y la libertad. Anotemos que por entonces no hab\u00eda comenzado la famosa Perestroika de Gorbachov y que las canciller\u00edas occidentales no daban un real por aquellos obreros que celebraban Misa diariamente en el patio de la f\u00e1brica.<\/p>\n<p align=\"justify\">El \u00fanico signo al que pod\u00edan asirse era un hombre vestido de blanco, el Papa que Polonia hab\u00eda regalado inesperadamente al mundo. No era peque\u00f1o signo para un pueblo acostumbrado a cantar, a lo largo de su tormentosa historia: \u201cDios viene, tiembla el poder\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los nueve a\u00f1os que van desde la primera huelga en Gdansk a las elecciones que marcan el triunfo de Solidarnos\u00e7 no fueron un camino de rosas. Constituyen uno de los periodos m\u00e1s hermosos de la historia contempor\u00e1nea, y nadie en Europa deber\u00eda permitirse el lujo de desconocerlo u olvidarlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Recorrer (devorar, dir\u00eda yo m\u00e1s bien) los cap\u00edtulos que se suceden en \u201cLa Atl\u00e1ntida Roja\u201d nos permite casi sentir f\u00edsicamente la estrechez, el fr\u00edo y el miedo que se masticaban en las ciudades del otro lado del Tel\u00f3n de acero. Pero tambi\u00e9n la luz de la dignidad, el sentido de comunidad, el horizonte de bien y de belleza que mov\u00eda a aquellos hombres y mujeres que la prensa occidental comenz\u00f3 mirando casi con desprecio.<\/p>\n<p align=\"justify\">Si algo no es esta historia, es el fruto de un proceso mec\u00e1nico. Esta historia re\u00fane tambi\u00e9n mucho dolor y no pocas traiciones. Cada d\u00eda, cada semana, cada a\u00f1o, pudo precipitarse en el abismo. De hecho varias veces se anunci\u00f3 su cancelaci\u00f3n por parte de un r\u00e9gimen ciego de soberbia y de una inteligentsia occidental esc\u00e9ptica.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por el contrario esta aventura renac\u00eda siempre de la fe amiga de la raz\u00f3n y de la libertad, de un pueblo que sab\u00eda por qu\u00e9 merece la pena luchar y sufrir. \u201cSolidaridad vive, Solidaridad resiste\u201d, segu\u00edan rezando las octavillas clandestinas cuando los jefes del sindicato parec\u00edan pudrirse en los a\u00f1os oscuros tras el golpe. \u201cMi Dios es un maestro de la espera\u201d, dir\u00eda Vaclav Havel, futuro presidente checo, el m\u00e1s religioso de los agn\u00f3sticos declarados que conozco. De d\u00f3nde, si no, pod\u00eda nacer la fuerza de aquellos miles, apretados en julio del 85 en la bas\u00edlica de Velehrad, para interrumpir al ministro de Cultura del m\u00e1s opresivo de los reg\u00edmenes de la zona con silbidos y gritos tan ingenuos como \u201c\u00a1Libertad para la Iglesia, queremos al Papa aqu\u00ed!\u201d\u2026<\/p>\n<p align=\"justify\">S\u00f3lo cinco a\u00f1os despu\u00e9s, tras la visita de Juan Pablo II a Praga, Geninazzi cuenta que el viejo cardenal Tomaseck, el roble de Bohemia, le confi\u00f3 entre l\u00e1grimas en la Plaza de San Wenceslao las mismas palabras del anciano Sime\u00f3n: \u201cahora Se\u00f1or, seg\u00fan tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto tu salvaci\u00f3n\u2026\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">La historia no termina con aquellos hermosos d\u00edas del 89 que algunos tuvimos la dicha de vivir. La historia nunca termina. Los bienes que un d\u00eda son conseguidos a un alto precio no permanecen porque s\u00ed. Es necesario volver a aprehenderlos nuevamente, creativamente.<\/p>\n<p align=\"justify\">La l\u00ednea del bien en la historia no es un continuo crecimiento sino un dram\u00e1tico zigzag. Despu\u00e9s del dorado 89 vimos el clamoroso enfrentamiento de Walesa y Mazowiecki, la desmembraci\u00f3n de Checoslovaquia, la difusi\u00f3n del nihilismo, el surgir de nacionalismos de v\u00eda estrecha, la tentaci\u00f3n de ajustar las cuentas, las dificultades de la Iglesia para situarse en la nueva estaci\u00f3n pluralista\u2026 tantas cosas. Y con todo, ha merecido la pena y tenemos mucho que aprender de aquellos d\u00edas, que no se repetir\u00e1n, pero s\u00ed nos ofrecen un patrimonio precioso para afrontar los retos de este momento.<\/p>\n<p align=\"justify\">Como dijo Juan Pablo II al Cuerpo Diplom\u00e1tico en enero de 1990, \u201clo m\u00e1s admirable es que pueblos enteros han tomado la palabra: mujeres, j\u00f3venes, hombres, han vencido al miedo, la persona humana ha mostrado las reservas inagotables de dignidad, de valor y de libertad que lleva en su interior\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel 89 que no queremos olvidar: de los astilleros Lenin a la plaza de San Wenceslao, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital del 4\/6\/2014 Varsovia, 4 de junio de 1989, domingo melanc\u00f3lico, con un cielo cargado de nubes pero radiante para los polacos, que est\u00e1n a punto de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/aquel-1989-que-no-queremos-olvidar-por-jose-luis-restan\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAquel 1989 que no queremos olvidar, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-35871","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35871","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=35871"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35871\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35871"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=35871"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=35871"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}