{"id":36003,"date":"2016-06-21T01:11:45","date_gmt":"2016-06-21T06:11:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sin-deseos-no-vamos-a-ninguna-parte-por-jose-luis-restan\/"},"modified":"2016-06-21T01:11:45","modified_gmt":"2016-06-21T06:11:45","slug":"sin-deseos-no-vamos-a-ninguna-parte-por-jose-luis-restan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sin-deseos-no-vamos-a-ninguna-parte-por-jose-luis-restan\/","title":{"rendered":"Sin deseos no vamos a ninguna parte, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\n<p class=\"heditorfirst\" style=\"text-align: justify;\">Sin deseos no vamos a ninguna parte, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital 4\/1\/2014<\/p>\n<p class=\"heditorfirst\" style=\"text-align: justify;\">El pasado 3 de enero, en pleno tiempo de Navidad, el<strong> Papa Francisco<\/strong> se traslad\u00f3 a la iglesia del Ges\u00fa en el centro de Roma para celebrar junto a la plana mayor de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas la reciente canonizaci\u00f3n del jesuita franc\u00e9s <strong>Pedro Fabro<\/strong>. Cada uno tenemos nuestra tecla, y a m\u00ed me ha parecido la m\u00e1s bella entre tantas homil\u00edas hermosas y robustas que nos ha regalado Francisco en su primer a\u00f1o de pontificado.<\/p>\n<p class=\"heditorfirst\" style=\"text-align: justify;\"> Pero m\u00e1s all\u00e1 de un gusto personal, descubro en ella una indicaci\u00f3n precisa para el camino de la Iglesia en este tiempo hosco y dif\u00edcil, tambi\u00e9n, quiz\u00e1s especialmente, para la Iglesia que camina en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En primer lugar porque el Papa se\u00f1ala la centralidad de la cuesti\u00f3n del deseo que constituye el coraz\u00f3n del hombre. Fabro era un hombre de grandes deseos, como el profeta Daniel, un esp\u00edritu inquieto, jam\u00e1s satisfecho, que s\u00f3lo bajo la gu\u00eda de san Ignacio aprendi\u00f3 a unir esta sensibilidad inquieta con la capacidad de tomar decisiones. Y as\u00ed se\u00f1ala c\u00f3mo la relaci\u00f3n con la autoridad (en este caso el carisma de Ignacio) no s\u00f3lo no frena ni castra el deseo, sino que le ayuda a encontrar su verdadero horizonte. En su estilo habitual Francisco abord\u00f3 a los participantes en la Misa con preguntas exigentes y apasionadas: \u201c\u00bftambi\u00e9n nosotros tenemos grandes visiones e impulsos?&#8230;, \u00bfvuela alto nuestro sue\u00f1o?, \u00bfnos devora el celo?&#8230; \u00bfO, en cambio, somos mediocres y nos conformamos con nuestras programaciones apost\u00f3licas de laboratorio?\u201d. Son preguntas que deben interpelarnos a todos: obispos, sacerdotes, padres de familia, intelectuales, periodistas\u2026 \u00bfDe qu\u00e9 sirven nuestras programaciones si no nacen de ese deseo sin el cual \u201cno se va a ninguna parte\u201d? No es dif\u00edcil descubrir si una persona o una comunidad viven de este deseo o se alimentan artificialmente en cualquier laboratorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Papa lo ha repetido hasta quedarse ronco: \u201cla fuerza de la Iglesia no est\u00e1 en ella misma y en su capacidad de organizaci\u00f3n, sino que se oculta en la aguas profundas de Dios. Y estas aguas agitan nuestros deseos, y los deseos ensanchan el coraz\u00f3n\u201d. Profunda correcci\u00f3n para muchos componedores de programas de reforma, de izquierda o de derecha. S\u00f3lo quienes est\u00e9n dispuestos a sumergirse en estas aguas con el coraz\u00f3n lleno de deseos podr\u00e1n aportar algo nuevo, podr\u00e1n abrir brecha, podr\u00e1n dibujar nuevos caminos en este momento en que la maleza del nihilismo parece anegarlo todo, al menos en nuestra vieja y cansada Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Pedro Fabro, casi un desconocido para el gran p\u00fablico espa\u00f1ol, le devoraba el intenso deseo de comunicar al Se\u00f1or. Su vida fue una constante aventura que le llev\u00f3 a recorrer casi siempre a pie, en esp\u00edritu de obediencia, todos los caminos de una Europa dividida y malherida, para \u201cdialogar con todos con dulzura y anunciar el Evangelio\u201d. Y aqu\u00ed Francisco repite otra de sus insistencias: \u201cel Evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor, no a base de bastonazos\u201d. Y no porque los interlocutores sean mansos y hospitalarios, los de Fabro con frecuencia no lo fueron. Simplemente porque Jes\u00fas lo ha hecho as\u00ed, porque no hay otro camino para \u201cganar\u201d el coraz\u00f3n humano, que pese a todas las terribles apariencias, espera y desea secretamente poner rostro y nombre a la \u201cx\u201d por la que suspira, o contra la que suicidamente blasfema.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si despu\u00e9s de todo nosotros, cat\u00f3licos de esta hora, sea cual sea nuestra responsabilidad y encargo, no tenemos aquel mismo deseo que embargaba a Pedro Fabro, mejor que paremos el carro. Como dice Francisco, entonces necesitamos detenernos en oraci\u00f3n y, con fervor silencioso, pedir al Se\u00f1or, por intercesi\u00f3n de nuestro hermano Pedro, que vuelva a fascinarnos: esa fascinaci\u00f3n por el Se\u00f1or que llevaba a Pedro a todas estas \u00ablocuras\u00bb apost\u00f3licas. Y no hay otro plan ni otra f\u00f3rmula, por m\u00e1s que nos empe\u00f1emos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin deseos no vamos a ninguna parte, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital 4\/1\/2014 El pasado 3 de enero, en pleno tiempo de Navidad, el Papa Francisco se traslad\u00f3 a la iglesia del Ges\u00fa en el centro de Roma para celebrar junto a la plana mayor de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sin-deseos-no-vamos-a-ninguna-parte-por-jose-luis-restan\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSin deseos no vamos a ninguna parte, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-36003","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36003","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36003"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36003\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36003"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36003"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36003"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}