{"id":36293,"date":"2016-06-21T01:33:41","date_gmt":"2016-06-21T06:33:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-papa-en-santa-marta\/"},"modified":"2016-06-21T01:33:41","modified_gmt":"2016-06-21T06:33:41","slug":"un-papa-en-santa-marta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-papa-en-santa-marta\/","title":{"rendered":"Un Papa en Santa Marta"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">Un Papa en Santa Marta<\/p>\n<p align=\"justify\">Por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital 04\/04\/2013<\/p>\n<p align=\"justify\">En\u00a0Las sandalias del pescador, la novela de Morris West que anunciaba la elecci\u00f3n de un papa llegado del Gulag sovi\u00e9tico, hay una escena que me ha venido a la memoria cuando contemplo perplejo estos d\u00edas las diatribas en torno a algunos gestos del Papa Francisco. Cirilo Lakota, ya vestido de blanco, habla a los cardenales que le han elegido mientras se acaricia la barba, tradicional entre los sacerdotes de rito oriental. Sabe que su aspecto ha despertado suspicacias aunque la iconograf\u00eda ha mostrado siempre a los ap\u00f3stoles con barba, y entonces dice a sus hermanos que esa reticencia podr\u00eda resolverse con una navaja de afeitar. West resuelve la escena diciendo que entonces todos sonrieron y lo amaron.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">La barba de Lakota podr\u00eda sustituirse por los zapatos negros, la ausencia de la muceta roja,\u00a0 la cruz de plata o la residencia en Santa Marta, aspectos todos ellos que responden a la biograf\u00eda del papa Bergoglio, a su temperamento y educaci\u00f3n asc\u00e9tica. Y seguramente tambi\u00e9n (\u00bfpor qu\u00e9 no?) al deseo de enviar un mensaje de que el pontificado se despoja de aditamentos, se hace m\u00e1s esencial en su expresi\u00f3n. A fin de cuentas la vestimenta de los papas ha experimentado cambios y adaptaciones continuas que no han hecho tambalearse a la sede romana. Si contemplamos los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os vemos que ese &#8220;despojamiento&#8221; ha sido m\u00e1s bien una constante que una anomal\u00eda. Se abandonaron aquellas capas largu\u00edsimas que arrastraba el pont\u00edfice por las estancias vaticanas; se aparc\u00f3 la silla gestatoria; se guard\u00f3 la tiara&#8230; y si a\u00fan quedaba su rastro en el escudo de Juan Pablo II, Benedicto XVI la hizo desparecer sustituy\u00e9ndola por una simple mitra de obispo. Personalmente opino que todo lo que signifique despojar la expresi\u00f3n del papado de las adherencias del poder temporal a lo largo de la historia va en la buena direcci\u00f3n. Y eso es lo que opinaba decididamente el Papa Ratzinger.<\/p>\n<p align=\"justify\">No s\u00e9 la suerte que correr\u00e1 la muceta roja (y la blanca, para el tiempo pascual), y siempre me pareci\u00f3 adecuado que la endosaran los papas que he conocido; pero tambi\u00e9n acepto sin convulsiones que el papa Francisco prefiera no lucirla. Y ahora hablamos de Santa Marta. No perder\u00eda tiempo en todo esto si no viese a mi alrededor c\u00f3mo se levanta por un lado, la vacua leyenda de un pontificado que por fin ser\u00eda evang\u00e9lico (lo que hacen unos zapatos y una confortable habitaci\u00f3n), y por otro la reticencia que se torna irritaci\u00f3n e incluso esc\u00e1ndalo por estos &#8220;gestos&#8221;. Y vaya por delante que muchos de los que ahora se recopilan son leyendas urbanas o expresi\u00f3n de pura ignorancia, como decir que &#8220;por fin el papa se deja tocar por la gente&#8221;, o que &#8220;por primera vez celebra Misa en una c\u00e1rcel&#8221;, o que ha realizado un gesto de clamorosa humildad al comenzar los oficios de Viernes Santo tumbado y rostro en tierra. Y es que la estupidez (a veces tambi\u00e9n la malicia) no conoce l\u00edmites.<\/p>\n<p align=\"justify\">Vayamos con Santa Marta. Tampoco los papas han tenido un \u00fanico apartamento a lo largo de la historia. Se ha ido encontrando la mejor soluci\u00f3n adapt\u00e1ndose a las necesidades de su ministerio, a los temperamentos y a las circunstancias hist\u00f3ricas. Sabemos que Bergoglio prefer\u00eda vivir en un piso antes que ocupar el palacio arzobispal de Buenos Aires. Y sabemos que le gusta el contacto cara a cara, incluso llevarse puesto ese &#8220;olor a oveja&#8221; que es el perfume que recomienda para sus curas. En este punto es muy interesante el testimonio ofrecido en la revista Huellas por el sacerdote milan\u00e9s Mario Peretti, afincado en Argentina desde 1993: &#8220;No es que Bergoglio ame la pobreza: ama a Cristo y por eso no necesita nada. Es una posici\u00f3n de fe, no de pauperismo. Y de hecho la vive sencillamente, sin ostentaciones, sin hacer de ella una bandera ideol\u00f3gica. Nunca le he o\u00eddo polemizar contra la &#8220;Iglesia rica&#8221;. Para \u00e9l es una cuesti\u00f3n de plenitud de vida&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">As\u00ed que de momento prefiere seguir ocupando una amplia habitaci\u00f3n con despacho en la casa Santa Marta, lo que le permite un acceso m\u00e1s directo a la gente que vive y trabaja dentro de los muros vaticanos. Se nos advierte que esto es temporal, mientras se ve c\u00f3mo funciona. Quiz\u00e1s el papa Francisco teme un exceso de aislamiento: quiere palpar, o\u00edr y hasta oler lo que sucede a su alrededor. \u00bfQu\u00e9 peligro hay en ensayar esta forma, tan contingente, tan mudable, y que en nada compromete la sustancia del pontificado&#8230;?<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">No preciso explicar lo que opino de la vida de Joseph Ratzinger (&#8220;demasiado puro, demasiado bueno, demasiado santo&#8221;, dec\u00eda un colega en Die Welt). Cuando el papa Francisco le visit\u00f3 le dijo fundamentalmente una palabra: &#8220;gracias por su humildad&#8221;. Y es que quien es a\u00fan uno de los grandes maestros de la cristiandad, ha despuntado por esa pureza evang\u00e9lica que podemos llamar sencillamente humildad. Benedicto XVI eligi\u00f3 su forma, sus gestos, hasta su propia est\u00e9tica. Era un hijo de la Baviera barroca&#8230; \u00a1y a m\u00ed me encanta! Ahora, desde casi el fin del mundo, ha llegado Francisco, con sabor porte\u00f1o y aromas del Nuevo Mundo. Tiene su propio estilo, y como el papa Cirilo de Morris West, tiene derecho a mostrarlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Me parecen pat\u00e9ticas y vacuas las construcciones virtuales que hacen algunos medios de un pontificado supuestamente pobre y espiritual (a lo &#8220;Joaqu\u00edn de Fiore&#8221;), que intentan contraponer al de los predecesores de Francisco. Curioso que los que ahora jalean los ba\u00f1os de multitudes de Francisco acusaran al papa Wojtyla de frivolidad y cesarismo, y a las buenas gentes que lo aclamaban de &#8220;papolatr\u00eda&#8221;. Las hemerotecas existen, por fortuna.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero tambi\u00e9n me asombra esa especie de \u00e1cido retint\u00edn con el que no pocos reciben unos gestos que, en todo caso, habr\u00e1 que leer insertados en el conjunto del magisterio, la predicaci\u00f3n y la gu\u00eda del nuevo papa. \u00a1Dios m\u00edo!, apenas han pasado tres semanas y parece que ha transcurrido un mundo. Dej\u00e9moslo andar, dejemos que se desarrolle su gobierno. Asistamos llenos de gratitud a esta historia que es como un gran r\u00edo, o como un \u00e1rbol que cambia de aspecto para seguir siendo \u00e9l mismo, porque lo gobierna el Esp\u00edritu Santo mediante los hombres que \u00e9l elige. Si no fuese as\u00ed, se habr\u00eda secado hace tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un Papa en Santa Marta Por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial de la Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital 04\/04\/2013 En\u00a0Las sandalias del pescador, la novela de Morris West que anunciaba la elecci\u00f3n de un papa llegado del Gulag sovi\u00e9tico, hay una escena que me ha venido a la memoria cuando contemplo perplejo estos d\u00edas las &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-papa-en-santa-marta\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abUn Papa en Santa Marta\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-36293","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36293","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36293"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36293\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36293"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36293"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36293"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}