{"id":36317,"date":"2016-06-21T01:35:35","date_gmt":"2016-06-21T06:35:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/proxima-parada-el-cielo-a-los-nueve-anos-del-11-m\/"},"modified":"2016-06-21T01:35:35","modified_gmt":"2016-06-21T06:35:35","slug":"proxima-parada-el-cielo-a-los-nueve-anos-del-11-m","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/proxima-parada-el-cielo-a-los-nueve-anos-del-11-m\/","title":{"rendered":"Pr\u00f3xima parada: el cielo (A los nueve a\u00f1os del 11 M)"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">Pr\u00f3xima parada: el cielo (A los nueve a\u00f1os del 11 M), art\u00edculo de Carlos Gonz\u00e1lez Garc\u00eda<b><\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Pensando que aquel 11-M yo pude estar en Atocha, como lo hac\u00eda cada ma\u00f1ana, a esa misma hora, salvo ese d\u00eda que una huelga me impidi\u00f3 ir a la universidad&#8230; sinceramente, no me quedan palabras para expresar el amargo sentimiento que inunda mi coraz\u00f3n en estos momentos. Hoy, mientras miro al pasado con un atisbo de miedo y detengo el reloj de mi vida, el segundero me recuerda que desgastamos demasiado tiempo de nuestra vida lament\u00e1ndonos por nimiedades que no van m\u00e1s all\u00e1 de nuestras apetencias. As\u00ed, mientras los minutos siguen amontonando los escombros de nuestras pobrezas, no nos damos cuenta que muchas personas sufren y mueren sumergidos en la peor de las soledades. Es complicado, a ra\u00edz de lo que sucedi\u00f3 el 11-M en Madrid, encontrarle el trasfondo espiritual a aquella pel\u00edcula y apreciar el verdadero significado que encierra esta cruel, sangrienta y mortal masacre humana.<\/p>\n<p align=\"justify\">Tal vez, en estos tiempos de crisis y cuando el calendario se ti\u00f1e de negro al recordar esta fat\u00eddica fecha, sea el momento de empezar a preocuparnos por los dem\u00e1s y de saber que no estamos solos en el mundo. Debemos ahora, m\u00e1s que nunca, estar unidos y permanecer firmes en nuestra fe. No es sencillo, pero la realidad nos ha ense\u00f1ado que los imposibles solo existen para los que perdieron las ganas de vivir\u2026 No dejemos que el demonio \u2013henchido de impiedad y camuflado entre caretas de munici\u00f3n inmisericorde- se haga con el poder y reine en el mundo; aunemos nuestros sacrificios y comencemos a pedir perd\u00f3n con las mismas manos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y, apenas sin querer, conjugo en un mismo sentimiento a un tal Jes\u00fas de Nazaret y a 191 vidas que partieron con la cruz de la salvaci\u00f3n acariciando la punta de sus dedos. La misma sobre la que Jes\u00fas grit\u00f3 hasta quedarse sin aliento, llor\u00f3 hasta que sus ojos se quedaron sin l\u00e1grimas y muri\u00f3 como el m\u00e1s humillado de los hombres. Aquella en la que clam\u00f3 piedad para aquellos &#8220;que no saben lo que hacen&#8221;. A\u00fan as\u00ed, desconfiamos de su amor desmedido y susurramos palabras de desconfianza ante este horizonte de guerras, lascivias e incomprensi\u00f3n. Y me pregunto, una y otra vez, qu\u00e9 puede haber en los corazones de esas personas que matan sin clemencia mientras rezan a un Dios bueno y hablan de Cielo con una bomba entre sus manos&#8230;<\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy, un d\u00eda m\u00e1s, he vuelto a hacerlo. Y, de nuevo, entre los latidos intranquilos que acompa\u00f1aban mis pasos, he sentido ese angustioso escalofr\u00edo de caras sin rostro, de miradas sin color y de miedos sin calma. El ambiente volv\u00eda a apagarse, tal y como las nubes que se vuelven grises y ap\u00e1ticas en un d\u00eda de tormenta. Y escribo desde aqu\u00ed, al calor de un rojizo caf\u00e9 y a la sombra de una verde palmera, desde un banco donde el aire que se respira es diferente y desde donde las sonrisas de las personas que por aqu\u00ed deambulan han perdido alg\u00fan a\u00f1ico de sus vidas. La muerte es el \u00fanico camino que tiene la \u00faltima parada de esta vida, y aquel martes qued\u00f3 escrito para siempre.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando, en un soplo de ego\u00edsmo, me paro a pensar en m\u00ed y en d\u00f3nde estar\u00eda ahora si Dios hubiese querido que, una de las bombas, me hubiera hecho partir&#8230; Cuando dibujo en mi memoria las velas encendidas que rememoran una a una las v\u00edctimas de la tragedia y pienso que, en una de esas velas, podr\u00eda estar inscrito mi nombre&#8230; Yo pude estar en esa estaci\u00f3n, ese mismo d\u00eda y a esa misma hora, pero no era mi momento. Dios no quer\u00eda que, en aquel libro que hoy reposa en los albores del Cielo, estuviera escrito mi nombre. Fueron casi 200 los que se marcharon, sin pena pero con gloria, para dejarnos a nosotros, con pena pero sin gloria.<\/p>\n<p align=\"justify\">Recuerdo c\u00f3mo, al d\u00eda siguiente de lo sucedido, mientras miles y miles de personas nos manifest\u00e1bamos en contra del terrorismo, ellos nos miraban con ternura y nos empapaban con sus l\u00e1grimas. Las nubes sollozaban por lo ocurrido y, aunque nos calamos por completo, s\u00f3lo cab\u00eda sitio para el emocionado recuerdo. &#8220;En ese tren \u00edbamos todos&#8221;&#8230; s\u00ed, verdaderamente qued\u00f3 reflejado que era as\u00ed.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy, nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde, la vida sigue, y es inmensamente maravillosa. El recuerdo y la nostalgia por las v\u00edctimas y sus familiares estremecen mi coraz\u00f3n, eso es evidente, a la vez que pasea por mi alma alguna l\u00e1grima despistada de desolaci\u00f3n, pero que el amor siga siendo el motor que mueve este mundo deja patente que cabe sitio para la esperanza. Quiz\u00e1, los verdugos ya se han parado a pensar que ellos tambi\u00e9n tienen madres, y madre no hay m\u00e1s que una&#8230; aunque muchos hijos ya no podr\u00e1n besar a ninguna. Pienso en los padres que ya no podr\u00e1n llegar a casa y que su hijo les cuente c\u00f3mo le fue el d\u00eda en el colegio, imagino las manos que no volver\u00e1n a escribir, las piernas que no volver\u00e1n a correr, los ojos que no volver\u00e1n a ver&#8230; los corazones que no volver\u00e1n a latir. Por ellos, tal vez, es el momento de perdonar y de pedir perd\u00f3n, de frenar en seco y comenzar a correr, de borrar y de empezar a escribir\u2026 porque, en cada una de las v\u00edctimas, hay algo de nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y, entre el fr\u00edo de un d\u00eda tan deslucido, os suplico que, teng\u00e1is o no la necesidad, no perd\u00e1is la oportunidad de abrazar a vuestros seres queridos y de decirlos que los quer\u00e9is con todas vuestras fuerzas. Aunque os acechen la debilidad, la pereza o el tiempo perdido; visto lo visto, ma\u00f1ana puede ser demasiado tarde.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"right\"><b>Carlos Gonz\u00e1lez Garc\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3xima parada: el cielo (A los nueve a\u00f1os del 11 M), art\u00edculo de Carlos Gonz\u00e1lez Garc\u00eda Pensando que aquel 11-M yo pude estar en Atocha, como lo hac\u00eda cada ma\u00f1ana, a esa misma hora, salvo ese d\u00eda que una huelga me impidi\u00f3 ir a la universidad&#8230; sinceramente, no me quedan palabras para expresar el amargo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/proxima-parada-el-cielo-a-los-nueve-anos-del-11-m\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPr\u00f3xima parada: el cielo (A los nueve a\u00f1os del 11 M)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-36317","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36317","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36317"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36317\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36317"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36317"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36317"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}