{"id":36334,"date":"2016-06-21T01:36:58","date_gmt":"2016-06-21T06:36:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-el-corazon-de-la-iglesia-por-jose-luis-restan\/"},"modified":"2016-06-21T01:36:58","modified_gmt":"2016-06-21T06:36:58","slug":"en-el-corazon-de-la-iglesia-por-jose-luis-restan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-el-corazon-de-la-iglesia-por-jose-luis-restan\/","title":{"rendered":"En el coraz\u00f3n de la Iglesia, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">Una incalculable multitud se ha congregado en la Plaza de San Pedro y en las v\u00edas aleda\u00f1as para dar el pen\u00faltimo abrazo a su Papa. Un Papa tranquilo y confiado que incluso ha buscado abreviar su habitual comentario sobre el evangelio del domingo, quiz\u00e1s para evitar recrearse en una posible exaltaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Tras comentar la subida de Jes\u00fas al monte de la Transfiguraci\u00f3n, acompa\u00f1ado de Pedro, Santiago y Juan, Benedicto XVI ha dicho que siente la palabra de este Evangelio especialmente dirigida a su persona en este momento: &#8220;el Se\u00f1or me llama a subir al monte para dedicarme todav\u00eda m\u00e1s a la oraci\u00f3n y a la meditaci\u00f3n&#8221;. L\u00e1grimas y aplausos se han mezclado en San Pedro en un momento de especial emoci\u00f3n, que el Papa ha acortado suavemente con su sonrisa de ni\u00f1o, y un gracias tal vez algo m\u00e1s intenso de lo habitual. &#8220;El Se\u00f1or me llama&#8221;. Quiz\u00e1s sea la clave que nadie osa manejar estos d\u00edas, y es sin embargo la \u00fanica que sirve.<\/p>\n<p align=\"justify\">&#8220;Esto no significa abandonar la Iglesia&#8221;, a\u00f1adi\u00f3 Benedicto, esta vez con fuerza y con un gesto expresivo de su dedo \u00edndice, como saliendo al paso de tantas estupideces y perfidias de estas horas. Fue el momento m\u00e1s clamoroso, cuando su pueblo le abraz\u00f3 con m\u00e1s fuerza, cortando hasta tres veces su intento de proseguir. &#8220;Si Dios me pide esto es para que pueda seguir sirvi\u00e9ndola con la misma dedicaci\u00f3n y el mismo amor con el que he intentado hacerlo hasta ahora, pero de un modo m\u00e1s adecuado a mi edad y a mis fuerzas&#8221;. Con esta sencillez que desarma quiso hablar uno de los grandes te\u00f3logos de la historia, el hombre que por obediencia se calz\u00f3 a los 78 a\u00f1os las sandalias del pescador y que ahora, por obediencia y por amor, emprende la subida a este monte desde donde se bombea la savia al tejido de todo el cuerpo de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ese cuerpo que ha amado en cada uno de sus miembros, por el que se ha consumido, al que ha embellecido, curado y cuidado sin ahorrar tiempo, inteligencia, fama y salud. Un cuerpo del que en todo momento se ha sabido humilde obrero, y del que ha recibido cada instante el alimento, el calor y la paga que le ha reservado su Se\u00f1or.<\/p>\n<p align=\"justify\">En estos d\u00edas entiendo algunas cosas y otras me resultan opacas. Entiendo por encima de todo a Benedicto XVI, su palabra y sus gestos transparentes. Entiendo a tantos hombres y mujeres de buena voluntad que se sienten conmovidos y descolocados. Comprendo muy bien a los enemigos de la Iglesia, que con toda l\u00f3gica engrasan su artiller\u00eda en este momento. Pero no puedo entender a los cat\u00f3licos que siembran dudas absurdas, a los que para exaltar a Pedro denigran a la Iglesia por la que se ha entregado ni a los que afirmando sus propios prejuicios y esquemas se vuelven ciegos para comprender la grandeza de este instante.<\/p>\n<p align=\"justify\">Al terminar sus Ejercicios acompa\u00f1ado por la Curia, el Papa ha dicho unas palabras que necesitamos tener presentes los pr\u00f3ximos d\u00edas: que en este mundo nacido de la bondad y la inteligencia creadora de Dios, el maligno busca continuamente ensuciar la creaci\u00f3n para contradecir a Dios y hacer irreconocible su verdad y su belleza. Por eso en esta condici\u00f3n hist\u00f3rica el Hijo encarnado debe aparecer como &#8220;caput cruentatum&#8221;; \u00c9l y quienes lo representen en cada momento deben estar coronados de espinas. Y lo m\u00e1s tremendo es que esa batalla no se libra s\u00f3lo en el exterior sino tambi\u00e9n dentro del recinto de la Santa Iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Como dijo al despedirse de sus colaboradores: &#8220;gracias por todo, y sigamos caminando en este misterioso universo de la fe para que seamos cada vez m\u00e1s capaces de orar, de anunciar, de ser testigos de la Verdad que es bella, que es Amor&#8221;. \u00c9l no abandona, se introduce totalmente en el coraz\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\">(P\u00e1ginas Digital publica el\u00a0 lunes 25 de febrero)<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una incalculable multitud se ha congregado en la Plaza de San Pedro y en las v\u00edas aleda\u00f1as para dar el pen\u00faltimo abrazo a su Papa. Un Papa tranquilo y confiado que incluso ha buscado abreviar su habitual comentario sobre el evangelio del domingo, quiz\u00e1s para evitar recrearse en una posible exaltaci\u00f3n. Tras comentar la subida &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-el-corazon-de-la-iglesia-por-jose-luis-restan\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEn el coraz\u00f3n de la Iglesia, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-36334","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36334","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36334"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36334\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36334"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36334"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36334"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}