{"id":36444,"date":"2016-06-21T01:45:29","date_gmt":"2016-06-21T06:45:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-esperanza-secreta-apenas-murmurada-por-jose-luis-restan-director-editorial-cadena-cope-en-paginas-digital-5122012\/"},"modified":"2016-06-21T01:45:29","modified_gmt":"2016-06-21T06:45:29","slug":"una-esperanza-secreta-apenas-murmurada-por-jose-luis-restan-director-editorial-cadena-cope-en-paginas-digital-5122012","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-esperanza-secreta-apenas-murmurada-por-jose-luis-restan-director-editorial-cadena-cope-en-paginas-digital-5122012\/","title":{"rendered":"Una esperanza secreta, apenas murmurada, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial Cadena Cope, en P\u00e1ginas Digital 5\/12\/2012"},"content":{"rendered":"<h3><em><strong>&#8220;Aunque la salvaci\u00f3n no llegue, quiero ser digno de ella en cada momento&#8221;. Parece una frase escrita para el Adviento, ese tiempo extra\u00f1o (extra\u00f1o como la Cuaresma y la Pascua) en un mundo occidental que ha dilapidado su herencia cristiana. Pero quiz\u00e1s no haya otro tiempo de la Iglesia m\u00e1s adecuado al momento hist\u00f3rico que vivimos que este del Adviento.<\/strong><\/em><\/h3>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">El gran escritor hebreo Franz Kafka, autor de la frase con la que comenzamos, expresa lo mejor de una cultura que en un momento dado ha extraviado su camino pero que no renuncia al coraz\u00f3n humano, al coraz\u00f3n hecho fundamentalmente de deseo y espera.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Evidentemente en Kafka resuena toda la memoria del pueblo de Israel, pero precisamente por eso sus palabras no pueden ser completamente ajenas a la sustancia de esta Europa nuestra, por m\u00e1s que se empe\u00f1e en el suicidio. Es curiosa la indignaci\u00f3n que manifiestan estos d\u00edas actores y escritores de distinto pelaje. Hablan de un t\u00fanel tremendo, denuncian una conjunci\u00f3n de poderes malvados que pretenden destruirlo todo&#8230; \u00bfPero qu\u00e9 todo? Si escarbamos se refieren a los recortes (siempre discutibles) en el Estado del Bienestar, pero ni una palabra de autocr\u00edtica por una cultura que ha puesto la imagen del hombre a los pies de los caballos, que lo ha convertido en producto de la casualidad, que lo ha precipitado al nihilismo, antes tr\u00e1gico pero ahora tranquilo. \u00bfD\u00f3nde estaban ellos cuando cuajaba en lo profundo esta lenta destrucci\u00f3n? Casi siempre bien servidos en las mesas del poder cultural y medi\u00e1tico, mientras los hombres y mujeres educados por los malos maestros desfallec\u00edan sin esperanza en sus peque\u00f1os habit\u00e1culos, porque como dec\u00eda el gran T.S. Eliot, &#8220;donde no hay templo no habr\u00e1 hogares&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a1Y sin embargo el hombre espera! Espera a despecho de la corrosi\u00f3n de las series del costumbrismo nihilista que nos sirve cada noche la televisi\u00f3n, espera m\u00e1s all\u00e1 de las falsas promesas de consumo o de la soberbia de un cientifismo endiosado. Espera porque esa es su naturaleza, que no pueden reescribir (por m\u00e1s que lo intenten) los dise\u00f1adores del hombre nuevo, ya no el socialista, sino el perge\u00f1ado en los laboratorios de los nuevos derechos de cuarta generaci\u00f3n. Como bien dec\u00eda Pavese, &#8220;\u00bfes que alguien nos ha prometido algo?&#8230; y si no, \u00bfpor qu\u00e9 esperamos?&#8221;<\/p>\n<p align=\"justify\">Es verdad el agud\u00edsimo apunte del joven <strong>Joseph Ratzinger<\/strong> que advierte que &#8220;memoria y esperanza forman una unidad indisoluble, y quien ha envenado el pasado destruye las bases an\u00edmicas de la esperanza&#8221;. Ciertamente eso ha sucedido en nuestras sociedades europeas&#8230;. Y sin embargo no est\u00e1 perdida la partida porque el coraz\u00f3n del hombre (hecho a Su imagen y semejanza, nos dice el G\u00e9nesis) es indestructible. <strong>Benedicto XVI<\/strong> recuerda a <strong>San Buenaventura<\/strong> cuando sostiene que &#8220;en la profundidad de nuestro ser est\u00e1 inscrita la memoria del Creador, y precisamente por eso podemos acordarnos de \u00c9l, ver las huellas que \u00c9l ha dejado en el cosmos que ha creado&#8221;. Esta memoria no se refiere s\u00f3lo al pasado, porque su origen est\u00e1 presente, y por tanto es memoria de la presencia del Se\u00f1or; y tambi\u00e9n es memoria del futuro (esperanza).<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero el gran maestro franciscano no era ingenuo en absoluto, y advert\u00eda que &#8220;nuestra memoria, como toda nuestra existencia, est\u00e1 herida por el pecado: as\u00ed la memoria se oculta, se oscurece, se ve ocultada por otras memorias superficiales y no logramos traspasarlas, ir m\u00e1s al fondo, llegar a la verdadera memoria que sostiene nuestro ser&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">El hombre contempor\u00e1neo, a pesar de las capas de alquitr\u00e1n sedimentadas sobre su coraz\u00f3n, a\u00fan sabe (presiente, intuye) que ha sido creado para la alegr\u00eda, pero ya no sabe d\u00f3nde se encuentra y la busca muchas veces por senderos tortuosos, alejados de su verdadera fuente. Senderos l\u00f3bregos como los que recorri\u00f3 el novelista Ernesto S\u00e1bato, quien confesaba: &#8220;siento nostalgia, casi ansiedad de un Infinito, pero humano, a nuestra medida&#8221;. Ignoro si el gran escritor argentino sab\u00eda de Qui\u00e9n estaba hablando, por Qui\u00e9n suspiraba, cu\u00e1l era el rostro que ansiaba reconocer. Aquel joven Ratzinger que antes escuchamos parece salir al paso de S\u00e1bato, de Kafka y de Pavese: &#8220;algo decisivo acontece ya en el hecho de no pisotear el anhelo de liberaci\u00f3n&#8230; tal disposici\u00f3n a exponerse a una presencia misteriosa, a aceptar lentamente esa presencia, a dejarla entrar en uno mismo, es lo que hace que se d\u00e9 el Adviento: una primera luz en la noche, por oscura que sea&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Otro gran testigo de esa modernidad inquieta y sedienta, <strong>Albert Camus<\/strong>, anunciaba para perplejidad de muchos de sus lectores que &#8220;la salvaci\u00f3n llega, por gracia de Dios, como el amanecer de un bello d\u00eda&#8221;. En su libro &#8220;La infancia de Jes\u00fas&#8221;, Benedicto XVI llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que el \u00e1ngel saludara a Mar\u00eda en la Anunciaci\u00f3n con la palabra griega\u00a0<em>&#8220;chaire&#8221;<\/em>(\u00a1al\u00e9grate!) en lugar de con el tradicional saludo jud\u00edo\u00a0<em>shalom,<\/em><em>\u00a0<\/em>y a\u00f1ade que en el relato de Lucas se explicita la conexi\u00f3n entre alegr\u00eda y gracia, que siempre caminan juntas. Un hecho imprevisto, que no se deduce de las din\u00e1micas de la historia, que no entraba en los c\u00e1lculos de los poderosos, que no cede a la desaz\u00f3n de los extraviados. Un acontecimiento como un rel\u00e1mpago claro en la noche, que sale al encuentro de una esperanza secreta, censurada, apenas murmurada. A fin de cuentas podr\u00eda resumirse el cristianismo como el testimonio presente de que aquel bello d\u00eda anhelado por Camus despunta ya en cada ma\u00f1ana del mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Aunque la salvaci\u00f3n no llegue, quiero ser digno de ella en cada momento&#8221;. Parece una frase escrita para el Adviento, ese tiempo extra\u00f1o (extra\u00f1o como la Cuaresma y la Pascua) en un mundo occidental que ha dilapidado su herencia cristiana. 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