{"id":36496,"date":"2016-06-21T01:49:44","date_gmt":"2016-06-21T06:49:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/espero-ir-a-casa-por-jose-luis-restan-director-editorial-cadena-cope-en-paginas-digital-06112012\/"},"modified":"2016-06-21T01:49:44","modified_gmt":"2016-06-21T06:49:44","slug":"espero-ir-a-casa-por-jose-luis-restan-director-editorial-cadena-cope-en-paginas-digital-06112012","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/espero-ir-a-casa-por-jose-luis-restan-director-editorial-cadena-cope-en-paginas-digital-06112012\/","title":{"rendered":"Espero ir a casa, por Jos\u00e9 Luis Rest\u00e1n, director editorial  Cadena Cope en P\u00e1ginas Digital 06\/11\/2012"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><strong>U<\/strong>na de las cosas que impresionan en la <strong>predicaci\u00f3n de Benedicto XVI es su modo de afrontar el tema de la muerte<\/strong>. Es cierto que el Papa nunca se queda &#8220;fuera&#8221; de aquello que dice o escribe, en ese sentido es un modelo de lo que significa ser testigo. Su propia experiencia humana est\u00e1 siempre implicada en aquello que propone o explica, como si nos acompa\u00f1ase materialmente en el recorrido que se\u00f1ala. Y cuando el asunto es la muerte y el m\u00e1s all\u00e1, esto resulta especialmente significativo.<\/p>\n<p align=\"justify\">En torno a la fiesta de los fieles difuntos el Papa preside siempre una Misa en sufragio por los cardenales y obispos fallecidos a lo largo del a\u00f1o, y en esta ocasi\u00f3n ha vuelto a sorprender hablando de los cementerios como lugares donde se desarrolla una especie de asamblea en la que los vivos encuentran a sus difuntos y reafirman con ellos unos v\u00ednculos que la muerte no puede interrumpir.<\/p>\n<p align=\"justify\">Frente a la dura realidad de la muerte &#8220;el hombre de cualquier \u00e9poca busca un rayo de luz que le permita esperar, que le hable a\u00fan de la vida&#8221;. Pero en una \u00e9poca como la nuestra en la que el miedo a la muerte lleva a muchas personas a la desesperaci\u00f3n y a la b\u00fasqueda de consuelos ilusorios, el cristiano se distingue por aquello en lo que pone su seguridad: en la muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Entonces todo cambia, &#8220;la muerte nos abre a la vida, a la vida eterna que no es una copia infinita del tiempo presente, sino algo completamente nuevo&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Para Joseph Ratzinger siempre ha sido decisivo acercarse a ese &#8220;algo completamente nuevo&#8221;, atisbarlo, hacerlo comprensible a la raz\u00f3n y el coraz\u00f3n de los hombres asfixiados por el dogma del cientifismo. Naturalmente para \u00e9l no se trata de ser creativo, de dejar volar la imaginaci\u00f3n o los sentimientos, sino de bucear en la Palabra de Dios y en la gran Tradici\u00f3n de la Iglesia para dialogar con el hombre de hoy en sus propias claves. Podemos entenderlo releyendo las preciosas p\u00e1ginas dedicadas a la Vida Eterna en su enc\u00edclica Spe Salvi. Ahora ha vuelto al mismo tema: &#8220;la verdadera inmortalidad a la que aspiramos no es una idea ni un concepto, sino una relaci\u00f3n de comuni\u00f3n plena con el Dios viviente: consiste en estar en sus manos, en su amor, y alcanzar en \u00c9l la plena unidad con los hermanos y hermanas que ha creado y redimido, con la creaci\u00f3n entera&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Estas palabras recientes de Benedicto XVI me han llevado a releer una impresionante homil\u00eda en las exequias de su compatriota el cardenal Paul Augustin Mayer, hace un par de a\u00f1os: &#8220;as\u00ed es el destino de la existencia humana: florece de la tierra, en un punto preciso del mundo, y est\u00e1 llamada al cielo, a la patria de la que proviene misteriosamente. \u00ab<em>Desiderat anima mea ad te, Deus<\/em>\u00bb (<em>Sal<\/em> 42, 2). En este verbo \u00ab<em>desiderat<\/em>\u00bb est\u00e1 todo el hombre, su ser carne y esp\u00edritu, tierra y cielo. Es el misterio originario de la imagen de Dios en el hombre&#8221;. \u00a1Desiderat!, aqu\u00ed est\u00e1 todo el misterio de lo humano, de esa extra\u00f1a flor nacida en el extremo \u00faltimo de la creaci\u00f3n. Es por eso que ante el muro opaco de la muerte todo hombre necesita buscar la rendija, el rayo de luz del que acaba de hablar nuevamente el Papa. Dios ha querido salir al encuentro de esa b\u00fasqueda colmando el vac\u00edo abierto por el pecado y restableciendo a trav\u00e9s de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas la victoria de la vida sobre la muerte. Y como dijo el Papa ante el cuerpo de su amigo, &#8220;cada hombre que muere en el Se\u00f1or participa por la fe en este acto de amor infinito, de alg\u00fan modo entrega el esp\u00edritu junto con Cristo, en la segura esperanza de que la mano del Padre lo resucitar\u00e1 de entre los muertos y lo introducir\u00e1 en el reino de la vida&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero \u00bfcu\u00e1l es el contenido de ese reino, al menos en lo que nuestra aspiraci\u00f3n profunda y la revelaci\u00f3n de Dios nos dejan entrever? Ser\u00e1 el cumplimiento de nuestro deseo &#8220;de vivir juntos en paz, ya sin la amenaza de la muerte, gozando de la plena comuni\u00f3n con Dios y entre nosotros&#8221; Mayer era benedictino y el Papa Ratzinger quiso indicar que &#8220;la Iglesia, y en particular la comunidad mon\u00e1stica, constituyen una prefiguraci\u00f3n en la tierra de esta meta final&#8221;. Es una anticipaci\u00f3n imperfecta, bien lo sabemos, marcada por l\u00edmites y pecados, necesitada siempre de purificaci\u00f3n. Y aun as\u00ed, insist\u00eda el Papa, &#8220;en la comunidad eucar\u00edstica se pregusta la victoria del amor de Cristo sobre aquello que divide y mortifica&#8221;.<\/p>\n<p align=\"justify\">As\u00ed que es leg\u00edtimo &#8220;imaginar&#8221; eso &#8220;completamente nuevo&#8221;, a la p\u00e1lida luz de lo que ya aqu\u00ed hemos podido experimentar como correspondencia incre\u00edble con el deseo de nuestro coraz\u00f3n: una fiesta que no termina, una paz sin sombra, una morada c\u00e1lida e iluminada en sus muchas estancias, una comida entre amigos en la que ya no hay temores ni repliegues. Es cierto que todo esto es tan s\u00f3lo lo que podemos entrever &#8220;como un cielo sereno a trav\u00e9s de la niebla&#8221;. Por eso Benedicto XVI pudo responder as\u00ed a uno de los j\u00f3venes que dialogaban con \u00e9l en el Encuentro de las Familias de Mil\u00e1n: &#8220;cuando trato de imaginar un poco c\u00f3mo ser\u00e1 en el Para\u00edso, se me parece siempre al tiempo de mi juventud, de mi infancia&#8230; en este sentido, espero ir \u00aba casa\u00bb, yendo hacia la \u00abotra parte del mundo\u00bb&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las cosas que impresionan en la predicaci\u00f3n de Benedicto XVI es su modo de afrontar el tema de la muerte. Es cierto que el Papa nunca se queda &#8220;fuera&#8221; de aquello que dice o escribe, en ese sentido es un modelo de lo que significa ser testigo. 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