{"id":36530,"date":"2016-06-21T01:52:25","date_gmt":"2016-06-21T06:52:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/del-concilio-vaticano-ii-a-la-nueva-evangelizacion-por-eugenio-nasarre-en-paginas-digital-11-10-2012\/"},"modified":"2016-06-21T01:52:25","modified_gmt":"2016-06-21T06:52:25","slug":"del-concilio-vaticano-ii-a-la-nueva-evangelizacion-por-eugenio-nasarre-en-paginas-digital-11-10-2012","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/del-concilio-vaticano-ii-a-la-nueva-evangelizacion-por-eugenio-nasarre-en-paginas-digital-11-10-2012\/","title":{"rendered":"Del Concilio Vaticano II a la Nueva Evangelizaci\u00f3n, por Eugenio Nasarre en P\u00e1ginas Digital (11-10-2012)"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">He vuelto a leer, cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, el discurso con el que el Papa <strong>Juan XXIII<\/strong> abr\u00eda el Concilio Vaticano II en la solemne ceremonia de su inauguraci\u00f3n. Lo he le\u00eddo con un punto de emoci\u00f3n, pues pertenezco a una generaci\u00f3n que, en cuanto cristianos, ha estado profundamente marcada por el Concilio que vivimos de j\u00f3venes. Nuestra andadura -la de quienes <em>desde dentro <\/em>hemos seguido las vicisitudes de la Iglesia y de su presencia en el mundo en este medio siglo, pero tambi\u00e9n, aunque de otra manera, la de quienes, alej\u00e1ndose de ella, tomaron otros derroteros vitales- no podr\u00eda entenderse cabalmente sin la huella que dej\u00f3 en nosotros el Concilio.<\/p>\n<p align=\"justify\">Todav\u00eda recuerdo las im\u00e1genes, en aquellas incipientes televisiones en blanco y negro, de la bas\u00edlica de San Pedro convertida en aula conciliar, en la que se congregaban los dos mil quinientos prelados venidos de <em>casi <\/em>todo el mundo, porque todav\u00eda -persist\u00eda la guerra fr\u00eda- hab\u00eda reg\u00edmenes que aplastaban la libertad religiosa. El music\u00f3logo Federico Sope\u00f1a comentaba, en una cr\u00f3nica que le\u00edda hoy resulta deliciosa, la est\u00e9tica musical de la ceremonia religiosa. En la historia de la Iglesia el arte ha acompa\u00f1ado siempre a la buena liturgia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Juan XXIII expres\u00f3 en su discurso el aliento con que el pon\u00eda en marcha el Concilio. Me quedo con tres de sus planteamientos. El primero, casi al comienzo de su alocuci\u00f3n, es el severo enjuiciamiento de los &#8220;profetas de calamidades&#8221;, &#8220;que se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia&#8221;, que les conduce a una visi\u00f3n de simple condena y rechazo de los tiempos en los que les ha tocado vivir. Cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s me atrevo a decir que los &#8220;profetas de calamidades&#8221; no deben ser nuestra gu\u00eda; nos equivocar\u00edamos si lo fueran, aunque el realismo cristiano nos debe hacer estar con los pies en la tierra y saber escrutar los signos de nuestros tiempos.<\/p>\n<p align=\"justify\">El segundo, cuando se\u00f1ala que &#8220;el supremo inter\u00e9s del Concilio es que el sagrado dep\u00f3sito de la doctrina cristiana sea custodiado y ense\u00f1ado en forma cada vez m\u00e1s eficaz&#8221;, para a\u00f1adir que &#8220;constituye una riqueza abierta a todos los hombres de buena voluntad&#8221;. Conservar ese dep\u00f3sito &#8220;sin atenuaciones ni deformaciones&#8221; -recalca- y ofrecerlo y hacerlo comprender como riqueza humanizadora a los hombres de buena voluntad es la tarea que propon\u00eda el buen Papa Juan y que enlaza perfectamente, es la m\u00e9dula, de lo que ahora venimos llamando &#8220;nueva evangelizaci\u00f3n&#8221;. La clave de esta actitud es que el cristiano, alejado de los &#8220;profetas de calamidades&#8221;, sea capaz de convencerse \u00e9l mismo que la propuesta cristiana es una &#8220;riqueza&#8221; para el mundo y as\u00ed entablar un di\u00e1logo de apertura y oferta, a la manera en la que lo hizo el Maestro, con los dem\u00e1s hombres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p align=\"justify\">El tercero de los planteamientos es el que se refiere a la actitud ante los errores y las &#8220;doctrinas falaces&#8221;. Juan XXIII reconoce que estamos rodeados de ellos: el siglo XX no fue parco en elaborarlas y lograr la fascinaci\u00f3n de muchas gentes hacia ellas. Pero nos formula una indicaci\u00f3n. Lo dice as\u00ed: &#8220;la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia m\u00e1s que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina m\u00e1s bien que renovando condenas&#8221;. Hay en este planteamiento un razonable optimismo: la fuerza persuasiva de la verdad, capaz de abrirse paso por los frutos buenos que produce y que el ser humano acaba de desvelar.<\/p>\n<p align=\"justify\">A partir de hoy no estar\u00eda mal que nos propusi\u00e9ramos una lectura de los textos conciliares cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, con la perspectiva de las vicisitudes vividas por la Iglesia y el mundo en este medio siglo. \u00bfNo ser\u00eda enriquecedora? \u00bfNo nos proporcionar\u00eda claves de reflexi\u00f3n, a la luz de esta triple perspectiva, que me he permitido subrayar en el discurso de Juan XXIII aquel 11 de octubre de 1962?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He vuelto a leer, cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, el discurso con el que el Papa Juan XXIII abr\u00eda el Concilio Vaticano II en la solemne ceremonia de su inauguraci\u00f3n. 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