{"id":37386,"date":"2016-06-21T13:52:28","date_gmt":"2016-06-21T18:52:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mensaje-de-la-xxiii-jornada-mundial-del-enfermo-2015\/"},"modified":"2016-06-21T13:52:28","modified_gmt":"2016-06-21T18:52:28","slug":"mensaje-de-la-xxiii-jornada-mundial-del-enfermo-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mensaje-de-la-xxiii-jornada-mundial-del-enfermo-2015\/","title":{"rendered":"Mensaje de la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015"},"content":{"rendered":"<p><b>Sabidur\u00eda del coraz\u00f3n para reconocer en los enfermos la imagen de Dios<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p>El Mensaje del Santo Padre para la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015 parte de una cita del libro de Job: &#8221; Era yo los ojos del ciego, y del cojo los pies&#8221;, explicada desde la perspectiva de la &#8221;sapientia cordis&#8221;, la sabidur\u00eda del coraz\u00f3n que &#8221;no es un conocimiento te\u00f3rico, abstracto o fruto de razonamientos&#8221;, como precisa Francisco, sino una &#8221;actitud infundida por el Esp\u00edritu Santo en la mente y en el coraz\u00f3n de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios&#8221;.<br \/>\nLa Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II en 1992, se celebra el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes.<\/p>\n<p><strong>Publicamos a continuaci\u00f3n el texto \u00edntegro del Mensaje :<\/strong><\/p>\n<p>&#8221;Queridos hermanos y hermanas:\u00a0Con ocasi\u00f3n de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que llev\u00e1is el peso de la enfermedad y de diferentes modos est\u00e1is unidos a la carne de Cristo sufriente; as\u00ed como tambi\u00e9n a vosotros, profesionales y voluntarios en el \u00e1mbito sanitario.<br \/>\nEl tema de este a\u00f1o nos invita a meditar una expresi\u00f3n del Libro de Job: &#8221;Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies&#8221;. Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabidur\u00eda del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta sabidur\u00eda no es un conocimiento te\u00f3rico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es &#8221;pura, adem\u00e1s pac\u00edfica, complaciente, d\u00f3cil, llena de compasi\u00f3n y buenos frutos, imparcial, sin hipocres\u00eda&#8221;. Por tanto, es una actitud infundida por el Esp\u00edritu Santo en la mente y en el coraz\u00f3n de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocaci\u00f3n del Salmo: &#8221;\u00a1A contar nuestros d\u00edas ens\u00e9\u00f1anos \/ para que entre la sabidur\u00eda en nuestro coraz\u00f3n!&#8221; . En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.<\/p>\n<p>Sabidur\u00eda del coraz\u00f3n es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras &#8221;Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies&#8221;, se pone en evidencia la dimensi\u00f3n de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, as\u00ed como tambi\u00e9n en el ocuparse del hu\u00e9rfano y de la viuda.<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntos cristianos dan testimonio tambi\u00e9n hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son &#8221;ojos del ciego&#8221; y &#8221;del cojo los pies&#8221;. Personas que est\u00e1n junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente f\u00e1cil servir por algunos d\u00edas, pero es dif\u00edcil cuidar de una persona durante meses o incluso durante a\u00f1os, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, \u00a1qu\u00e9 gran camino de santificaci\u00f3n es \u00e9ste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercan\u00eda del Se\u00f1or, y se es tambi\u00e9n un apoyo especial para la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sabidur\u00eda del coraz\u00f3n es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual &#8221;no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos&#8221;. Jes\u00fas mismo ha dicho: &#8221;Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve&#8221;.<br \/>\nPidamos con fe viva al Esp\u00edritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompa\u00f1amiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercan\u00eda y a nuestro afecto, se sienten m\u00e1s amados y consolados. En cambio, qu\u00e9 gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la &#8221;calidad de vida&#8221;, para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no ser\u00edan dignas de ser vividas.<br \/>\nSabidur\u00eda del coraz\u00f3n es salir de s\u00ed hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenes\u00ed del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensi\u00f3n de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detr\u00e1s de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Se\u00f1or, que dice: &#8221;A m\u00ed me lo hicisteis&#8221;.<\/p>\n<p>Por esto, quisiera recordar una vez m\u00e1s &#8221;la absoluta prioridad de la ?salida de s\u00ed hacia el otro? como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo m\u00e1s claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donaci\u00f3n absolutamente gratuita de Dios&#8221;. De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan &#8221;la caridad efectiva con el pr\u00f3jimo, la compasi\u00f3n que comprende, asiste y promueve&#8221;.<\/p>\n<p>Sabidur\u00eda del coraz\u00f3n es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: &#8221;Luego se sentaron en el suelo junto a \u00e9l, durante siete d\u00edas y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque ve\u00edan que el dolor era muy grande&#8221;. Pero los amigos de Job escond\u00edan dentro de s\u00ed un juicio negativo sobre \u00e9l: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participaci\u00f3n que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobaci\u00f3n y se complace del bien hecho.<\/p>\n<p>La experiencia de Job encuentra su respuesta aut\u00e9ntica s\u00f3lo en la Cruz de Jes\u00fas, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son esc\u00e1ndalo para la fe pero tambi\u00e9n son verificaci\u00f3n de la fe .<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donaci\u00f3n, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisi\u00f3n de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende as\u00ed c\u00f3mo Job, al final de su experiencia, dirigi\u00e9ndose a Dios puede afirmar: &#8221;Yo te conoc\u00eda s\u00f3lo de o\u00eddas, mas ahora te han visto mis ojos&#8221;. De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.<br \/>\nConf\u00edo esta Jornada Mundial del Enfermo a la protecci\u00f3n materna de Mar\u00eda, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabidur\u00eda encarnada, Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<br \/>\nOh Mar\u00eda, Sede de la Sabidur\u00eda, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al pr\u00f3jimo que sufre y a trav\u00e9s de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabidur\u00eda del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1o esta s\u00faplica por todos vosotros con la Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica&#8221;.<\/p>\n<p>Ciudad del Vaticano, 30 diciembre 2014 (VIS).-<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sabidur\u00eda del coraz\u00f3n para reconocer en los enfermos la imagen de Dios El Mensaje del Santo Padre para la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015 parte de una cita del libro de Job: &#8221; Era yo los ojos del ciego, y del cojo los pies&#8221;, explicada desde la perspectiva de la &#8221;sapientia cordis&#8221;, la sabidur\u00eda &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mensaje-de-la-xxiii-jornada-mundial-del-enfermo-2015\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMensaje de la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-37386","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37386","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37386"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37386\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37386"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}