{"id":37391,"date":"2016-06-21T13:52:58","date_gmt":"2016-06-21T18:52:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/discurso-en-espanol-integro-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-con-ocasion-de-la-navidad-22-12-2014\/"},"modified":"2016-06-21T13:52:58","modified_gmt":"2016-06-21T18:52:58","slug":"discurso-en-espanol-integro-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-con-ocasion-de-la-navidad-22-12-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/discurso-en-espanol-integro-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-con-ocasion-de-la-navidad-22-12-2014\/","title":{"rendered":"Discurso en espa\u00f1ol \u00edntegro del Papa Francisco a la Curia Romana con ocasi\u00f3n de la Navidad (22-12-2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><strong>La Curia Romana y el Cuerpo de Cristo<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Discurso \u00edntegro del Papa Francisco a la Curia Romana con ocasi\u00f3n de la Navidad (22-12-2014)<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>\u00abT\u00fa est\u00e1s por encima de los querubines, t\u00fa que cambiaste la miserable condici\u00f3n del mundo cuando te hiciste como nosotros\u00bb (San Atanasio)<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Queridos hermanos:<\/p>\n<p align=\"justify\">Al final del Adviento nos reunimos para las tradicionales felicitaciones. Dentro de unos d\u00edas tendremos la gran alegr\u00eda de celebrar la Natividad del Se\u00f1or: el acontecimiento de Dios que se hace hombre para salvar a los hombres; la manifestaci\u00f3n del amor de Dios, que no se limita a darnos algo o a enviarnos alg\u00fan mensaje o a unos mensajeros, sino que se nos entrega a s\u00ed mismo; el misterio de Dios que carga con nuestra condici\u00f3n humana y con nuestros pecados para revelarnos su vida divina, su gracia inmensa y su perd\u00f3n gratuito. Es la cita con Dios, que nace en la pobreza de la cueva de Bel\u00e9n para ense\u00f1arnos el poder de la humildad. Y es que la Navidad es tambi\u00e9n la fiesta de la luz que no se ve acogida por la \u00abgente selecta\u00bb, sino por la \u00abgente pobre y sencilla\u00bb que esperaba la salvaci\u00f3n del Se\u00f1or.<br \/>\nAnte todo, quisiera desearos a todos vosotros \u2013colaboradores, hermanos y hermanas, representantes pontificios diseminados por el mundo\u2013y a todos vuestros seres queridos una santa Navidad y un feliz A\u00f1o Nuevo. Deseo agradeceros cordialmente vuestra labor diaria al servicio de la Santa Sede, de la Iglesia cat\u00f3lica, de las Iglesias particulares y del Sucesor de Pedro.<\/p>\n<p align=\"justify\">Al ser nosotros personas, y no n\u00fameros o meras denominaciones, recuerdo de especial manera a quienes, durante este a\u00f1o, han terminado su servicio por alcanzar la edad de la jubilaci\u00f3n, por haber asumido otras funciones o por haber sido llamados a la Casa del Padre. Tambi\u00e9n para todos ellos y para sus familiares van mi saludo y mi gratitud.<\/p>\n<p align=\"justify\">Junto con vosotros, deseo elevar al Se\u00f1or una acci\u00f3n de gracias viva y sincera por el a\u00f1o que nos est\u00e1 dejando, por los acontecimientos vividos y por todo el bien que \u00e9l ha querido realizar generosamente mediante el servicio de la Santa Sede, pidi\u00e9ndole humildemente perd\u00f3n por las faltas cometidas \u00abde pensamiento, palabra, obra y omisi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y, partiendo precisamente de esta petici\u00f3n de perd\u00f3n, quisiera que este encuentro nuestro y las reflexiones que con vosotros compartir\u00e9 se conviertan, para todos nosotros, en un apoyo y en un acicate para un aut\u00e9ntico examen de conciencia con vistas a preparar nuestro coraz\u00f3n para la santa Navidad.<br \/>\nAl reflexionar sobre este encuentro nuestro, me ha venido a la memoria la imagen de la Iglesia como \u00abel Cuerpo M\u00edstico de Jesucristo\u00bb. Se trata de una expresi\u00f3n que, como explic\u00f3 el Papa P\u00edo XII, \u00absurge y casi brota de lo que frecuentemente se expone en la Sagrada Escritura y en los santos Padres\u00bb (1). A este respecto, San Pablo escribi\u00f3: \u00abLo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, as\u00ed es tambi\u00e9n Cristo\u00bb (1 Cor 12, 12) (2).<br \/>\nEn este sentido, el Concilio Vaticano II nos recuerda que \u00aben la constituci\u00f3n del cuerpo de Cristo est\u00e1 vigente la diversidad de miembros y oficios. Uno solo es el Esp\u00edritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia seg\u00fan su riqueza y la diversidad de ministerios (1 Cor 12, 1-11)\u00bb (3). \u00abCristo y la Iglesia son, por tanto, el &#8220;Cristo total&#8221; [Christus totus]. La Iglesia es una con Cristo\u00bb (4).<br \/>\nEs bonito concebir la Curia Romana como un peque\u00f1o modelo de la Iglesia, es decir como un \u00abcuerpo\u00bb que intenta, seria y diariamente, ser m\u00e1s vivo, m\u00e1s santo, m\u00e1s armonioso y estar m\u00e1s unido en s\u00ed mismo y con Cristo.<br \/>\nEn realidad, la Curia Romana es un cuerpo complejo, formado por muchos dicasterios, consejos, oficinas, tribunales, comisiones y numerosos elementos que no tienen todos ellos el mismo cometido, sino que est\u00e1n coordinados con vistas a un funcionamiento eficaz, edificante, disciplinado y ejemplar, pese a las diferencias culturales, ling\u00fc\u00edsticas y nacionales de sus miembros (5).<br \/>\nCon todo, al tratarse de un cuerpo din\u00e1mico, la Curia no puede vivir sin alimentarse y sin cuidarse. Y es que la Curia, al igual que la Iglesia, no puede vivir sin mantener una relaci\u00f3n vital, personal, aut\u00e9ntica y s\u00f3lida con Cristo (6). Un miembro de la Curia que no se nutra a diario de ese alimento se convertir\u00e1 en un bur\u00f3crata (en un formalista, un funcionario, un \u00abempleadista\u00bb): en un sarmiento que se seca y poco a poco muere y es arrojado lejos. La oraci\u00f3n diaria, la participaci\u00f3n asidua en los sacramentos \u2013especialmente en la eucarist\u00eda y en la reconciliaci\u00f3n\u2013, el contacto diario con la Palabra de Dios y la espiritualidad que se traduce en caridad vivida, son el alimento vital para cada uno de nosotros. Quede claro a todos nosotros que sin \u00c9l no podremos hacer nada (cf. Jn 15, 5).<br \/>\nPor consiguiente, la relaci\u00f3n viva con Dios alimenta y refuerza tambi\u00e9n la comuni\u00f3n con los dem\u00e1s, es decir que cuanto m\u00e1s \u00edntimamente estemos unidos a Dios, m\u00e1s lo estaremos entre nosotros, porque el Esp\u00edritu de Dios une, mientras que el esp\u00edritu del maligno divide.<br \/>\nLa Curia est\u00e1 llamada a mejorar, a mejorar siempre y a crecer en comuni\u00f3n, santidad y sabidur\u00eda para realizar plenamente su misi\u00f3n (7). Pero ella, al igual que todo cuerpo, al igual que todo cuerpo humano, tambi\u00e9n se encuentra expuesta a enfermedades, a\u00a0 mal funcionamiento, a dolencias. Y quisiera mencionar aqu\u00ed algunas de estas enfermedades probables, de estas enfermedades curiales. Son enfermedades m\u00e1s habituales en nuestra vida como Curia. Son enfermedades y tentaciones que debilitan nuestro servicio al Se\u00f1or. Creo que nos ayudar\u00e1 el \u00abcat\u00e1logo\u00bb de las enfermedades \u2013siguiendo las huellas de los Padres del desierto, que hac\u00edan dichos cat\u00e1logos\u2013 de las que hablamos hoy; nos ayudar\u00e1 a prepararnos para el sacramento de la reconciliaci\u00f3n, que ser\u00e1 un buen paso para la preparaci\u00f3n de todos nosotros a la Navidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>1. La enfermedad de sentirse \u00abinmortal\u00bb, \u00abinmune\u00bb e incluso \u00abindispensable\u00bb<\/strong>, descuidando los necesarios y habituales controles. Una Curia que no se autocritique, que no se actualice, que no intente mejorar, es un cuerpo enfermo. \u00a1Una visita habitual a los cementerios podr\u00eda ayudarnos a ver los nombres de tantas personas, algunas de las cuales se pensaban tal vez que eran inmortales, inmunes e indispensables! Es la enfermedad del rico necio del Evangelio, que se pensaba que vivir\u00eda eternamente (cf. Lc 12, 13-21), y tambi\u00e9n la de quienes se convierten en los \u00abamos del cortijo\u00bb y se sienten superiores a todos y no al servicio de todos. A menudo tiene su origen en la patolog\u00eda del poder, en el \u00abcomplejo de los Elegidos\u00bb, en el narcisismo que contempla apasionadamente su propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en los rostros de los dem\u00e1s, especialmente en los de los m\u00e1s d\u00e9biles y necesitados (8). El ant\u00eddoto contra esta epidemia es la gracia de sentirnos pecadores y de decir de todo coraz\u00f3n: \u00abSomos siervos in\u00fatiles, hemos hecho lo que ten\u00edamos que hacer\u00bb (Lc 17, 10).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>2. Hay otra enfermedad: la del \u00abmartalismo\u00bb (que viene de Marta), la de la laboriosidad excesiva.<\/strong> Es la de quienes se sumergen en el trabajo, descuidando, inevitablemente, \u00abla parte mejor\u00bb: sentarse junto a los pies de Jes\u00fas (cf. Lc 10, 38-42). Por eso Jes\u00fas llam\u00f3 a sus disc\u00edpulos \u00aba descansar un poco\u00bb (cf. Mc 6, 31), porque descuidar el descanso necesario produce estr\u00e9s y agitaci\u00f3n. Para quien ha cumplido su propia misi\u00f3n, el tiempo del descanso es necesario, es algo debido, y ha de vivirse seriamente, pasando alg\u00fan tiempo con los propios familiares y respetando las vacaciones como momentos de recarga espiritual y f\u00edsica; hay que aprender lo que ense\u00f1a el Eclesiast\u00e9s: que \u00abcada cosa tiene su tiempo\u00bb (3, 1-15).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>3. Existe tambi\u00e9n la enfermedad de la \u00abpetrificaci\u00f3n\u00bb mental y espiritual:<\/strong> la de quienes tienen un coraz\u00f3n de piedra y una \u00abdura cerviz\u00bb (Hch 7, 51-60); la de quienes pierden por el camino la serenidad interior, la vivacidad y la audacia, y se esconden tras los papeles, convirti\u00e9ndose en \u00abm\u00e1quinas de hacer papeles\u00bb, y no en \u00abhombres de Dios\u00bb (cf. Heb 3, 12). \u00a1Corremos el peligro de perder la sensibilidad humana necesaria para llorar con los que lloran y alegrarnos con los que est\u00e1n alegres! Es la enfermedad de quienes pierden \u00ablos sentimientos propios de Cristo Jes\u00fas\u00bb (cf. Flp 2, 5-11) porque su coraz\u00f3n, con el paso del tiempo, se encallece y se vuelve incapaz de amar incondicionalmente al Padre y al pr\u00f3jimo (cf. Mt 22, 34-40). Y es que ser cristiano significa \u00abtener &#8220;los mismos sentimientos de Cristo Jes\u00fas&#8221;, sentimientos de humildad y donaci\u00f3n, desprendimiento y generosidad\u00bb (9).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>4. La enfermedad de la planificaci\u00f3n excesiva y del funcionalismo.\u00a0<\/strong> Cuando el ap\u00f3stol lo planifica todo minuciosamente y cree que, mediante una planificaci\u00f3n perfecta, las cosas progresan efectivamente, por lo que se convierte en un contable o en un asesor fiscal. Prepararlo todo bien es necesario, pero sin caer jam\u00e1s en la tentaci\u00f3n de querer encerrar y dirigir la libertad del Esp\u00edritu Santo, libertad\u00a0 que siempre ser\u00e1 m\u00e1s grande y m\u00e1s generosa que toda planificaci\u00f3n humana (cf. Jn 3, 8). Esta enfermedad se contrae porque \u00absiempre es m\u00e1s f\u00e1cil y c\u00f3modo instalarse en las propias posiciones est\u00e1ticas e inamovibles. En realidad, la Iglesia se muestra fiel al Esp\u00edritu Santo en la medida en que no pretende regularlo ni domesticarlo \u2013\u00a1domesticar al Esp\u00edritu Santo!\u2013. [&#8230;] \u00c9l es frescura, fantas\u00eda, novedad\u00bb (10).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>5. La enfermedad de la descoordinaci\u00f3n.<\/strong> Cuando los miembros pierden la comuni\u00f3n entre ellos y el cuerpo su funcionalidad armoniosa y su templanza, convirti\u00e9ndose en una orquesta que produce ruido, porque sus miembros no colaboran y no viven el esp\u00edritu de comuni\u00f3n y de equipo. Cuando el pie le dice al brazo: \u00abNo te necesito\u00bb, o la mano a la cabeza: \u00abAqu\u00ed mando yo\u00bb, causando as\u00ed malestar y esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>6. Existe tambi\u00e9n la enfermedad del alzh\u00e9imer espiritual,<\/strong> o sea la del olvido de la \u00abhistoria de la salvaci\u00f3n\u00bb, de la propia historia personal con el Se\u00f1or, del \u00abamor primero\u00bb (Ap 2, 4). Se trata de un declive progresivo de las facultades espirituales que, en un plazo m\u00e1s o menos largo de tiempo, causa graves disfunciones a la persona, incapacit\u00e1ndola para desempe\u00f1ar ninguna actividad aut\u00f3noma, por lo que vive en un estado de dependencia absoluta de sus visiones,\u00a0 a menudo imaginarias. La detectamos\u00a0 en quienes han perdido la memoria de su encuentro con el Se\u00f1or; en quienes no experimentan el sentido deuteron\u00f3mico de la vida; en quienes dependen completamente de su \u00abpresente\u00bb: de sus pasiones, caprichos y man\u00edas; en quienes se rodean de muros y de costumbres y se convierten cada vez m\u00e1s en esclavos de los \u00eddolos que con sus propias manos han esculpido.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>7. La enfermedad de la rivalidad y de la ostentaci\u00f3n (11).<\/strong> Cuando la apariencia, los colores de las vestiduras y las insignias honor\u00edficas se convierten en el objetivo principal de la vida, olvidando las palabras de San Pablo: \u00abNo obr\u00e9is por rivalidad ni por ostentaci\u00f3n, considerando por la humildad a los dem\u00e1s superiores a vosotros. No os encerr\u00e9is en vuestros intereses, sino buscad todos el inter\u00e9s de los dem\u00e1s\u00bb (Flp 2, 1-4). Es la enfermedad que nos induce a ser hombres y mujeres falsos y a vivir un falso \u00abmisticismo\u00bb y un falso \u00abquietismo\u00bb. El mismo San Pablo los define como \u00abenemigos de la cruz de Cristo\u00bb porque \u00absu Dios [es] el vientre; su gloria, sus verg\u00fcenzas; solo aspiran a cosas terrenas\u00bb (Flp 3, 19).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>8. La enfermedad de la esquizofrenia existencial.<\/strong> Es la enfermedad de quienes viven una doble vida, fruto de la hipocres\u00eda t\u00edpica del mediocre y del vac\u00edo espiritual progresivo que licenciaturas y t\u00edtulos acad\u00e9micos no pueden colmar. Se trata de una enfermedad que aflige con frecuencia a quienes, abandonando el servicio pastoral, se limitan a los asuntos burocr\u00e1ticos, perdiendo as\u00ed el contacto con la realidad, con las personas concretas. De esta manera, se crean un mundo paralelo, en el que ponen a un lado todo lo que ense\u00f1an con severidad a los dem\u00e1s y empiezan a vivir una vida oculta y a menudo disoluta. Para esta grav\u00edsima enfermedad, la conversi\u00f3n resulta tan urgente como indispensable (cf. Lc 15, 11-32).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>9. La enfermedad de las habladur\u00edas, de las murmuraciones y de los chismorreos.<\/strong> De esta enfermedad ya he hablado muchas veces, pero nunca lo suficiente. Se trata de una enfermedad grave, que empieza imperceptiblemente, acaso tan solo para charlar un rato, pero que se apodera de la persona, convirti\u00e9ndola en \u00absembradora de ciza\u00f1a\u00bb (como satan\u00e1s), y en muchos casos en \u00abhomicida a sangre fr\u00eda\u00bb de la fama de sus colegas y hermanos. Es la enfermedad de las personas cobardes que, al no tener el valor de hablar directamente, hablan a espaldas de uno. San Pablo nos amonesta: \u00abCualquier cosa que hag\u00e1is sea sin protestas ni discusiones, as\u00ed ser\u00e9is irreprochables y sencillos\u00bb (Flp 2, 14-18). Hermanos: \u00a1Guard\u00e9monos del terrorismo de las habladur\u00edas!<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>10. La enfermedad de divinizar a los jefes.<\/strong> Es la enfermedad de los que hacen la corte a sus superiores, esperando obtener su benevolencia. Son v\u00edctimas del arribismo y del oportunismo; honran a las personas, y no a Dios (cf. Mt 23, 8-12). Son personas que viven su servicio pensando \u00fanicamente en lo que deben obtener, y no en lo que deben dar. Personas mezquinas, desgraciadas e impulsadas tan solo por su fatal ego\u00edsmo (cf. Gal 5, 16-25). Esta enfermedad podr\u00eda aquejar tambi\u00e9n a aquellos superiores que hacen la corte a algunos de sus colaboradores para obtener su sumisi\u00f3n, lealtad y dependencia psicol\u00f3gica, aunque el resultado final es una aut\u00e9ntica complicidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>11. La enfermedad de la indiferencia hacia los dem\u00e1s.<\/strong> Cuando cada uno piensa solo en s\u00ed mismo y pierde la sinceridad y la calidez de las relaciones humanas. Cuando el m\u00e1s experto no pone su conocimiento al servicio de sus colegas menos experimentados. Cuando uno se entera de algo y se lo guarda para s\u00ed, en vez de compartirlo positivamente con los dem\u00e1s. Cuando, por envidia o por astucia, se siente alegr\u00eda al ver caer al otro, en vez de levantarlo y alentarlo.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>12. La enfermedad de la cara de funeral.<\/strong> O sea la de las personas ariscas y ce\u00f1udas, que creen que para ser serio hay que poner cara de melancol\u00eda, de severidad, y tratar a los dem\u00e1s \u2013sobre todo a los que juzgan inferiores\u2013 con rigidez, dureza y arrogancia. En realidad, la severidad teatral y el pesimismo est\u00e9ril (12) son, con frecuencia, s\u00edntomas de miedo y de inseguridad en uno mismo. El ap\u00f3stol debe esforzarse por ser una persona amable, apacible, entusiasta y alegre, que transmita alegr\u00eda dondequiera que est\u00e9. Un coraz\u00f3n lleno de Dios es un coraz\u00f3n feliz que irradia y contagia\u00a0\u00a0 alegr\u00eda a cuantos est\u00e1n a su alrededor: \u00a1se nota enseguida! No perdamos, pues, ese esp\u00edritu alegre, lleno de humor e incluso autoir\u00f3nico, que hace de nosotros unas personas amables, incluso en situaciones dif\u00edciles (13). \u00a1Cu\u00e1nto bien nos hace una buena dosis de humorismo sano! Nos vendr\u00e1 muy bien rezar a menudo la oraci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s Moro (14): yo la rezo todos los d\u00edas, y me viene bien.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>13. La enfermedad de la acumulaci\u00f3n.<\/strong> Cuando el ap\u00f3stol intenta colmar un vac\u00edo existencial de su coraz\u00f3n acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino solo para sentirse seguro. En realidad, no nos llevaremos nada material con nosotros, ya que \u00abel sudario no tiene bolsillos\u00bb, y todos nuestros tesoros terrenales \u2013aunque sean regalos\u2013 no podr\u00e1n colmar ese vac\u00edo; antes al contrario, lo har\u00e1n cada vez m\u00e1s acuciante y m\u00e1s profundo. A estas personas, el Se\u00f1or les repite: \u00abDices: \u201cYo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada\u201d; y no sabes que t\u00fa eres desgraciado, digno de l\u00e1stima, pobre, ciego y desnudo. [&#8230;] Ten, pues, celo y convi\u00e9rtete\u00bb\u00a0 (Ap 3, 17-19). \u00a1La acumulaci\u00f3n no hace m\u00e1s que sobrecargar, y ralentiza inexorablemente la marcha! Y me viene a la memoria una an\u00e9cdota: anta\u00f1o, los jesuitas espa\u00f1oles describ\u00edan a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas como la \u00abcaballer\u00eda ligera de la Iglesia\u00bb. Recuerdo la mudanza de un joven jesuita, el cual,\u00a0\u00a0 mientras cargaba en un cami\u00f3n sus muchas pertenencias \u2013maletas, libros, objetos y regalos\u2013, tuvo que escuchar de un viejo jesuita que lo estaba observando con sabia sonrisa: \u00ab\u00bfAs\u00ed que esta ser\u00eda la \u201ccaballer\u00eda ligera de la Iglesia\u201d?\u00bb. Nuestras mudanzas son un signo de esta enfermedad.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>14. La enfermedad de los c\u00edrculos cerrados.<\/strong> Donde la pertenencia al peque\u00f1o grupo cobra m\u00e1s fuerza que la pertenencia al Cuerpo e incluso, en algunas situaciones, que la pertenencia al propio Cristo. Tambi\u00e9n esta enfermedad empieza siempre con buenas intenciones, pero con el paso del tiempo esclaviza a los miembros, convirti\u00e9ndose en un \u00abc\u00e1ncer\u00bb que amenaza la armon\u00eda del Cuerpo y que\u00a0 causa mucho mal \u2013esc\u00e1ndalos\u2013, especialmente a nuestros hermanos m\u00e1s peque\u00f1os. La autodestrucci\u00f3n o el \u00abfuego amigo\u00bb de los propios compa\u00f1eros de armas son el peligro m\u00e1s solapado (15). Se trata del mal que golpea desde dentro (16), y, como dice Cristo, \u00abTodo reino dividido contra s\u00ed mismo va a la ruina\u00bb (Lc 11, 17).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>15. Y la \u00faltima: la enfermedad del beneficio mundano<\/strong>, de los exhibicionismos (17). Cuando el ap\u00f3stol transforma su servicio en poder, y su poder en mercanc\u00eda para obtener beneficios mundanos o m\u00e1s poderes. Es la enfermedad de las personas que\u00a0\u00a0 buscan insaciablemente multiplicar poderes, y que para ello son capaces de calumniar, de difamar y de desacreditar a los dem\u00e1s, incluso en peri\u00f3dicos y revistas \u2013naturalmente, para exhibirse y demostrarse m\u00e1s capaces que los dem\u00e1s\u2013. \u00a1Tambi\u00e9n esta enfermedad causa mucho da\u00f1o al Cuerpo, porque impulsa a las personas a justificar el empleo de cualquier medio con tal de alcanzar dicho objetivo, a menudo en nombre de la justicia y de la transparencia! Y aqu\u00ed me acude a la memoria el recuerdo de un sacerdote que convocaba a los periodistas para contarles \u2013y para inventar\u2013 cosas privadas propias y reservadas de sus hermanos y feligreses. Lo \u00fanico que le importaba era verse en las primeras planas, porque as\u00ed se sent\u00eda \u00abpoderoso e interesante\u00bb, causando con ello mucho da\u00f1o a los dem\u00e1s y a la Iglesia. \u00a1Desdichado!<\/p>\n<p align=\"justify\">Hermanos: Estas enfermedades y estas tentaciones constituyen, naturalmente, un peligro para todo cristiano y para toda curia, comunidad, congregaci\u00f3n, parroquia, movimiento eclesial, etc., y pueden afectar tanto individual como comunitariamente.<br \/>\nHay que aclarar que solo el Esp\u00edritu Santo \u2013el alma del Cuerpo M\u00edstico de Cristo, como afirma el S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano: \u00abCreo en el Esp\u00edritu Santo, Se\u00f1or y dador de vida\u00bb\u2013 cura toda enfermedad. Es el Esp\u00edritu el que secunda todo esfuerzo sincero de purificaci\u00f3n y toda buena voluntad de conversi\u00f3n. \u00c9l es quien nos da a entender que todo miembro participa en la santificaci\u00f3n del Cuerpo y en su debilitamiento. \u00c9l es el promotor de la armon\u00eda (18): \u00abIpse harmonia est\u00bb, dice San Basilio. San Agust\u00edn nos dice: \u00abMientras una parte quede adherida al cuerpo, cabe esperar en su curaci\u00f3n; lo que, por el contrario, fue cercenado, no puede curarse ni sanar\u00bb (19).<\/p>\n<p align=\"justify\">La curaci\u00f3n es fruto tambi\u00e9n de la toma de conciencia de la enfermedad y de la decisi\u00f3n personal y comunitaria de curarse, soportando con paciencia y perseverancia la cura (20).<br \/>\nEn este Tiempo de Navidad y durante todo el tiempo de nuestro servicio y de nuestra existencia, estamos llamados, pues, a vivir \u00abrealizando la verdad en el amor\u00bb, haciendo \u00abcrecer todas las cosas hacia \u00e9l, que es la cabeza, Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a trav\u00e9s de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcci\u00f3n de s\u00ed mismo en el amor\u00bb (Ef 4, 15-16).<\/p>\n<p align=\"justify\">Queridos hermanos: En una ocasi\u00f3n, le\u00ed que \u00ablos sacerdotes son como los aviones: solo son noticia cuando caen, pero hay muchos que vuelan. Son muchos los que los critican y pocos los que rezan por ellos\u00bb. Se trata de una frase muy simp\u00e1tica, pero tambi\u00e9n muy real, porque explica la importancia y la delicadeza de nuestro servicio sacerdotal y cu\u00e1nto mal puede causar, a todo el cuerpo de la Iglesia, un solo sacerdote que \u00abcaiga\u00bb.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por lo tanto, para no caer durante estos d\u00edas en los que nos preparamos para la confesi\u00f3n, pid\u00e1mosle a la Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, que cure las heridas del pecado que cada uno de nosotros llevamos en nuestro coraz\u00f3n, y que sostenga a la Iglesia y a la Curia para que sean sanas y sanadoras, santas y santificadoras, para gloria de su Hijo y por nuestra salvaci\u00f3n y la del mundo entero. Pid\u00e1mosle a ella que nos otorgue amar a la Iglesia como la am\u00f3 Cristo, su Hijo y nuestro Se\u00f1or, y que tengamos el valor de reconocernos pecadores y necesitados de su misericordia, sin temer abandonar nuestra mano entre sus manos maternales.<br \/>\nMis m\u00e1s vivos deseos de una Santa Navidad para todos vosotros, para vuestras familias y para vuestros colaboradores, y, por favor, \u00a1no olvid\u00e9is rezar por m\u00ed! \u00a1Gracias de coraz\u00f3n!<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">(1) \u00c9l afirma que la Iglesia, al ser \u00abMystici Corporis Christi\u00bb, \u00abrequiere tambi\u00e9n una multitud de miembros que est\u00e9n hasta tal punto unidos entre ellos que se ayuden rec\u00edprocamente. Y al igual que en nuestro organismo mortal, cuando un miembro sufre, los dem\u00e1s se resienten de su dolor y acuden en su ayuda, as\u00ed en la Iglesia cada uno de los miembros no vive para s\u00ed, sino que tambi\u00e9n presta ayuda a los dem\u00e1s, ofreci\u00e9ndose rec\u00edprocamente colaboraci\u00f3n, tanto para un consuelo mutuo como con vistas a un desarrollo cada vez mayor de todo el Cuerpo [&#8230;] un Cuerpo constituido no por una acumulaci\u00f3n cualquiera de miembros, sino que debe estar provisto de \u00f3rganos, es decir de miembros que no tengan todos ellos la misma funci\u00f3n, sino que est\u00e9n debidamente coordinados; especialmente por eso la Iglesia ha de llamarse cuerpo, porque es el resultado de una recta disposici\u00f3n y de una uni\u00f3n coherente de miembros diferentes unos de otros\u00bb; cf. \u00abMystici Corporis Christi, quod est Ecclesia\u00bb: AAS 35 (1943), 193-248.<br \/>\n(2) Cf. Carta a los Romanos, 12, 5: \u00abAs\u00ed nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relaci\u00f3n con los otros miembros\u00bb.<br \/>\n(3) Lumen gentium, n. 7.<br \/>\n(4) Cabe recordar que \u00abla comparaci\u00f3n de la Iglesia con el cuerpo arroja un rayo de luz sobre la relaci\u00f3n \u00edntima entre la Iglesia y Cristo. No est\u00e1 solamente reunida en torno a \u00c9l: siempre est\u00e1 unificada en \u00c9l, en su Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia &#8220;cuerpo de Cristo&#8221; se han de resaltar m\u00e1s espec\u00edficamente: la unidad de todos los miembros entre s\u00ed por su uni\u00f3n con Cristo; Cristo Cabeza del cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo\u00bb: cf. Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, nn. 789 y 795.<br \/>\n(5) Cf. Evangelii gaudium, nn. 130-131.<br \/>\n(6) En varias ocasiones, Jes\u00fas hab\u00eda dado a conocer la uni\u00f3n que los fieles han de tener con \u00e9l: \u00abComo el sarmiento no puede dar fruto por s\u00ed, si no permanece en la vid, as\u00ed tampoco vosotros, si no permanec\u00e9is en m\u00ed. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos\u00bb (Jn 15, 4-5).<br \/>\n(7) Cf. Pastor Bonus, art. 1, y CIC, can. 360.<br \/>\n(8) Cf. Evangelii gaudium, nn. 197-201.<br \/>\n(9) Benedicto XVI, Audiencia general, 1-6-2005.<br \/>\n(10) Papa Francisco, Homil\u00eda en la catedral cat\u00f3lica del Esp\u00edritu Santo de Estambul, 29-11-2014.<br \/>\n(11) Cf. Evangelii gaudium, nn. 95-96.<br \/>\n(12) Ib\u00edd., nn. 84-86.<br \/>\n(13) Ib\u00edd., n. 2.<br \/>\n(14) \u00abDame, Se\u00f1or, un poco de sol, algo de trabajo y un poco de alegr\u00eda. Dame el pan de cada d\u00eda, un poco de mantequilla, una buena digesti\u00f3n y algo para digerir. Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros. No permitas que me preocupe demasiado por esta cosa embarazosa que soy yo. Dame, Se\u00f1or, la dosis de humor suficiente como para encontrar la felicidad en esta vida y ser provechoso para los dem\u00e1s. Am\u00e9n\u00bb.<br \/>\n(15) Evangelii gaudium, n. 88.<br \/>\n(16) El beato Pablo VI, refiri\u00e9ndose a la situaci\u00f3n de la Iglesia, afirm\u00f3 tener la sensaci\u00f3n de que \u00abpor alg\u00fan resquicio ha entrado el humo de Satan\u00e1s en el templo de Dios\u00bb: Homil\u00eda en la solemnidad de los santos ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, 29-6-1972. Cf. Evangelii gaudium, nn. 98-101.<br \/>\n(17) Cf. Evangelii gaudium, \u00abNo a la mundanidad espiritual\u00bb, nn. 93-97.<br \/>\n(18) \u00abEl Esp\u00edritu Santo es el alma de la Iglesia. \u00c9l da la vida, suscita los diferentes carismas que enriquecen al Pueblo de Dios y, sobre todo, crea la unidad entre los creyentes: de muchos, hace un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. [&#8230;] El Esp\u00edritu Santo hace la unidad de la Iglesia: unidad en la fe, unidad en la caridad, unidad en la cohesi\u00f3n interior\u00bb: Papa Francisco, Homil\u00eda en la catedral cat\u00f3lica del Esp\u00edritu Santo de Estambul, 29-11-2014.<br \/>\n(19) San Agust\u00edn, Serm. CXXXVII, 1: Migne, PL, XXXVIII, 754.<br \/>\n(20) Cf. Evangelii gaudium, \u00abPastoral en conversi\u00f3n\u00bb, nn. 25-33.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>(Original italiano procedente del archivo inform\u00e1tico de la Santa Sede; traducci\u00f3n de ECCLESIA)<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Curia Romana y el Cuerpo de Cristo Discurso \u00edntegro del Papa Francisco a la Curia Romana con ocasi\u00f3n de la Navidad (22-12-2014) \u00abT\u00fa est\u00e1s por encima de los querubines, t\u00fa que cambiaste la miserable condici\u00f3n del mundo cuando te hiciste como nosotros\u00bb (San Atanasio) Queridos hermanos: Al final del Adviento nos reunimos para las &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/discurso-en-espanol-integro-del-papa-francisco-a-la-curia-romana-con-ocasion-de-la-navidad-22-12-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDiscurso en espa\u00f1ol \u00edntegro del Papa Francisco a la Curia Romana con ocasi\u00f3n de la Navidad (22-12-2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-37391","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37391","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37391"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37391\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37391"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37391"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37391"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}