{"id":3750,"date":"2015-12-01T01:21:17","date_gmt":"2015-12-01T06:21:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pecados-y-pecados\/"},"modified":"2015-12-01T01:21:17","modified_gmt":"2015-12-01T06:21:17","slug":"pecados-y-pecados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pecados-y-pecados\/","title":{"rendered":"Pecados y pecados"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Ricardo Gondim<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Los pecados que nos escandalizan no son siempre los m\u00e1s serios<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    &#160;Percibo que existe un fastidio generalizado con ciertos pecados. \u00abEl mundo va de mal en peor; estamos cerca del fin\u00bb, alertan. \u00ab\u00bfPero, cu\u00e1les son los pecados que aceleran el fin del mundo?\u00bb, pregunto yo. \u00abLa promiscuidad sexual\u00bb, responden. \u00abSi no llega un avivamiento puritano similar al que vivi\u00f3 Inglaterra durante el tiempo de la reina Victoria, llover\u00e1 fuego y azufre\u00bb. Yo persisto; mi inquietud es intensa: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 tanto \u00e9nfasis en el pecado sexual?\u00bb<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">\u00bfNo vamos a hablar de un pecado que Dios odia o, para ser m\u00e1s precisos, abomina? El libro de Proverbios es categ\u00f3rico: \u00abSeis cosas hay que el Se\u00f1or odia, y siete son abominaci\u00f3n para \u00e9l: ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, un coraz\u00f3n que trama planes perversos, pies que corren r\u00e1pidamente hacia el mal, un testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos\u00bb (Pr 6.16\u201319 \u2013it\u00e1licas a\u00f1adidas). <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Dios odia toda maldad que genera muerte, pero detesta, abomina la maledicencia, la calumnia, el chisme. El Se\u00f1or abomina con vehemencia la difamaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no se combate espec\u00edficamente este mal que despierta la ira divina? El noveno mandamiento no dejaba dudas al respecto. Jehov\u00e1 no tolera al que siembra sospechas: \u00abNo dar\u00e1s falso testimonio contra tu pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">\u00bfPor qu\u00e9 aborrece Dios, con tanta fuerza, la maledicencia? <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el que maldice solamente se deleita cuando, insatisfecho con arruinar una reputaci\u00f3n, busca destruir una historia. El calumniador clava las u\u00f1as en la vida de la persona que admira, con el deseo de matarla.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador hurga en la intimidad ajena para proporcionar lo que no comparte. Para eso le gustan los ambientes mal olientes. Es una hiena con hambre de carro\u00f1a. El calumniador se alimenta de noticias estancadas. Sabe revolver las fosas del pasado \u2014fosas podridas. El mundo del calumniador abunda en frases retaceadas de eventos que deber\u00edan yacer en el mar del olvido. Cuando divide conversaciones, se sirve de revelaciones \u00edntimas; y juega al viento con la intensi\u00f3n de arrasar.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque al calumniador le gusta susurrar medias verdades. \u00c9l agranda; nunca inventa. Su especialidad es imaginar. Evita el riesgo de difamar apelando a vagas insinuaciones. Esparce como hecho la fantas\u00eda, o la sospecha. El difamador no deja de ser una rata. Se mueve con agilidad por las alcantarillas de la duda. Su mundo requiere penumbras; sus alucinaciones no resisten la luz. Prefiere la luz tenue para que todos se vean oscuros. <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador es escurridizo. Ama el discurso conservador para protegerse de los actos fallidos, de los resbalones. Es ortodoxo. Le gusta discutir lo literal; detesta su propia subjetividad. Armado de argumentos irrefutables, evita que otros perciban la incomodidad que siente consigo mismo. Los chismes desparramados sirven para esconder el alma mezquina del detractor. Como se\u00f1ala Jos\u00e9 Ingenieros, busca empa\u00f1ar \u00abla refutaci\u00f3n del otro para disminuir el contraste con la propia\u00bb. Cuando surge la duda cree que su imprudencia reducir\u00e1 el discernimiento de las personas.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador necesita de c\u00f3mplices. \u00c9l solo obra en grupo. Amparado por gente de corazones diminutos, desparrama el virus de la noticia imprecisa. Procura no aparecer. Le basta con que la informaci\u00f3n sospechosa corra por la boca rencorosa de los simplones. Se limita a supervisar la maquinaci\u00f3n de la maldad. Y tampoco falta la gente baja. Sobran los que se deleitan en asistir al espect\u00e1culo de una biograf\u00eda atascada en la cuneta. Se deleita en saber que otros terminaron el servicio que \u00e9l solo comenz\u00f3. Trata con desd\u00e9n la Biblia, que tanto repite: \u00abno te regocijes cuando caiga tu enemigo, y no se alegre tu coraz\u00f3n cuando tropiece\u00bb.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador se lame los labios ante la inminente ca\u00edda de quien, en el fondo, admira. Despu\u00e9s de que se entera de la desgracia, revive. Su sonrisa delata una satisfacci\u00f3n sat\u00e1nica. Desea lo que el otro disfrutaba. Su odio es proporcional a su admiraci\u00f3n. Ahora, cree que no existe nadie m\u00e1s por encima de \u00e9l. La lengua es un fuego, muchas veces inflamada por el infierno. La lengua produce un mundo de iniquidades y solamente se requiere una chispa para incendiar el curso de una reputaci\u00f3n. Para acabar con alguien, no hace falta m\u00e1s que una peque\u00f1a insinuaci\u00f3n, con ce\u00f1o fruncido, un gesto de vacilaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador es due\u00f1o de una perfidia maldita. Es experto en las preguntas capciosas. Su intenci\u00f3n es escuchar el secreto y dejar, en el aire, signos de interrogaci\u00f3n: \u00ab\u00bfSer\u00e1?\u00bb \u00ab\u00bfTe parece que as\u00ed fue?\u00bb Para eso, oscila miserablemente entre la piedad y la difamaci\u00f3n. Con la misma lengua bendice a Dios y maldice la historia de alguien creado a imagen y semejanza del Dios que jura adorar. Si no logra destruir la biograf\u00eda, la historia observada objetivamente, el calumniador cuestiona las intenciones. Le gusta juzgar los valores porque la subjetividad es fr\u00e1gil. Se vale de sus cloacas interiores para juzgar y sentenciar. David pec\u00f3, pero recibi\u00f3 la gracia de escoger la clase de castigo que sufrir\u00eda: \u00abTe ruego que nos dejes <b>caer<\/b> en manos del SE\u00d1OR porque grandes son Sus misericordias, pero no caiga yo en manos de hombre\u00bb. El Padre Antonio Vieira comenta sobre este pasaje: \u00abEl juicio de los hombres es m\u00e1s terrible que el juicio de Dios, porque Dios juzga con entendimiento, pero los hombres juzgan con la voluntad\u00bb.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador nunca quiere ser justo. Su verdad nace de su antipat\u00eda. Mal dispuesto, ejerce un juicio manchado de envidia. No discierne que la sospecha, la duda y el juicio vienen contaminados por la hostilidad. El acusador no quiere saber lo que encarna la peligrosa serpiente de Apocalipsis o que tendr\u00e1 el mismo destino.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Porque el calumniador, antes de se\u00f1alar con el dedo, olvida el proverbio: \u00abLas palabras del chismoso son como bocados deliciosos, y penetran hasta el fondo de las entra\u00f1as. Como vasija de barro revestida de escoria de plata, as\u00ed son los labios ardientes y el coraz\u00f3n perverso. El que odia, disimula con sus labios, pero en su coraz\u00f3n acumula enga\u00f1o. Cuando su voz sea agradable, no lo creas, pues hay siete abominaciones en su coraz\u00f3n. Aunque su odio se cubra con enga\u00f1o, su perversidad ser\u00e1 descubierta en la asamblea. El que cava un hoyo caer\u00e1 en \u00e9l, y el que hace rodar una piedra, sobre \u00e9l volver\u00e1\u00bb (Pr 26.22\u201327).<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Soli Deo Gloria<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align:justify;text-justify:inter-ideograph\">\n<p class=\"MsoNormal\">&#160;<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">El autor es pastor de la Iglesia Betesda en San Pablo, Brasil. Es autor de varios libros \u2014a\u00fan no disponibles en espa\u00f1ol\u2014 y un reconocido conferenciante. Est\u00e1 casado con Silvia. Dios los ha bendecido con tres hijos y tres nietos.<\/p>\n<p>Se tom\u00f3 de ricardogondim.com.br Se publica con permiso del autor. Todos los derechos reservados por el autor. Los derechos de la traducci\u00f3n al espa\u00f1ol pertenecen a Desarrollo Cristiano Internacional.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Ricardo Gondim Los pecados que nos escandalizan no son siempre los m\u00e1s serios &#160;Percibo que existe un fastidio generalizado con ciertos pecados. \u00abEl mundo va de mal en peor; estamos cerca del fin\u00bb, alertan. \u00ab\u00bfPero, cu\u00e1les son los pecados que aceleran el fin del mundo?\u00bb, pregunto yo. \u00abLa promiscuidad sexual\u00bb, responden. \u00abSi no llega &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pecados-y-pecados\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPecados y pecados\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3750","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3750","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3750"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3750\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3750"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3750"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3750"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}