{"id":38531,"date":"2016-06-21T18:01:20","date_gmt":"2016-06-21T23:01:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-verdad-del-matrimonio-y-de-la-familia-centra-el-discurso-del-papa-de-balance-del-ano-eclesial-2012\/"},"modified":"2016-06-21T18:01:20","modified_gmt":"2016-06-21T23:01:20","slug":"la-verdad-del-matrimonio-y-de-la-familia-centra-el-discurso-del-papa-de-balance-del-ano-eclesial-2012","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-verdad-del-matrimonio-y-de-la-familia-centra-el-discurso-del-papa-de-balance-del-ano-eclesial-2012\/","title":{"rendered":"La verdad del matrimonio y de la familia centra el discurso del Papa de balance del a\u00f1o eclesial 2012"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><em>Discurso del Papa Benedicto XVI a los miembros de la Curia Romana con ocasi\u00f3n de las fiestas de Navidad y ante el fin del a\u00f1o (21-12-2012) \u00a0 <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con gran alegr\u00eda me encuentro hoy con vosotros, queridos miembros del Colegio de Cardenales, representantes de la Curia Romana y de la Gobernaci\u00f3n, en este momento tradicional antes de la Santa Navidad. Os saludo cordialmente a todos, comenzando por el cardenal Angelo Sodano, al que agradezco las amables palabras y la efusiva felicitaci\u00f3n que me ha dirigido tambi\u00e9n en vuestro nombre. El Cardenal Decano nos ha recordado una expresi\u00f3n que se repite a menudo estos d\u00edas en la liturgia latina: Prope est iam Dominus, venite adoremus. El Se\u00f1or est\u00e1 cerca, venid, ador\u00e9mosle. Tambi\u00e9n nosotros, como una sola familia, nos preparamos para adorar en la gruta de Bel\u00e9n a ese Ni\u00f1o, que es Dios mismo que se ha acercado hasta el punto de hacerse hombre como nosotros. Correspondo con gusto a las felicitaciones y doy las gracias a todos, incluidos los Representantes Pontificios repartidos por todo el mundo, por la generosa colaboraci\u00f3n que cada uno de vosotros presta a mi Ministerio. Estamos terminando un a\u00f1o que, una vez m\u00e1s, se ha caracterizado en la Iglesia y en el mundo por muchas situaciones dif\u00edciles, de grandes cuestiones y desaf\u00edos, pero tambi\u00e9n de signos de esperanza. Menciono s\u00f3lo algunos puntos destacados en la vida de la Iglesia y de mi ministerio petrino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante todo, han tenido lugar los viajes a M\u00e9xico y Cuba. Han sido encuentros inolvidables, con la fuerza de la fe, profundamente arraigada en los corazones de los hombres, y con la alegr\u00eda por la vida que surge de la fe. Recuerdo que, tras llegar a M\u00e9xico, se agolpaban al borde del largo trecho que se deb\u00eda recorrer interminables filas de personas, que saludaban agitando pa\u00f1uelos y banderas. Recuerdo c\u00f3mo, durante el trayecto hacia Guanajuato, la pintoresca capital del hom\u00f3nimo Estado, hab\u00eda j\u00f3venes a los lados de la carretera, devotamente arrodillados para recibir la bendici\u00f3n del Sucesor de Pedro. Recuerdo c\u00f3mo la gran liturgia en las cercan\u00edas de la estatua de Cristo Rey se convirti\u00f3 en un acto que hac\u00eda presente la realeza de Cristo, su paz, su justicia, su verdad. Todo esto en el contexto de los problemas de un pa\u00eds que sufre m\u00faltiples formas de violencia y las dificultades de dependencias econ\u00f3micas. Ciertamente, estos problemas no se pueden resolver simplemente mediante la religiosidad, pero menos a\u00fan se solucionar\u00e1n sin esa purificaci\u00f3n interior del coraz\u00f3n que proviene de la fuerza de la fe, del encuentro con Jesucristo. Y despu\u00e9s vino la experiencia de Cuba. Tambi\u00e9n aqu\u00ed hubo grandes liturgias, en cuyos cantos, oraciones y silencios se pod\u00eda percibir la presencia de Aquel, al que durante mucho tiempo se hab\u00eda querido negar cabida en el Pa\u00eds. La b\u00fasqueda en este Pa\u00eds de un justo planteamiento de la relaci\u00f3n entre vinculaciones y libertad, ciertamente no puede tener \u00e9xito sin una referencia a esos criterios de fondo que se han manifestado a la humanidad en el encuentro con el Dios de Jesucristo. Otras etapas del a\u00f1o que se acerca a su fin, y que quisiera mencionar, son la gran Fiesta de la Familia en Mil\u00e1n, as\u00ed como la visita al L\u00edbano, con la entrega de la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica postsinodal, que ahora deber\u00e1 constituir en la vida de la Iglesia y de la sociedad en Medio Oriente una orientaci\u00f3n sobre los dif\u00edciles caminos de la unidad y de la paz. El \u00faltimo acontecimiento importante de este a\u00f1o, ya en su ocaso, ha sido el S\u00ednodo sobre la Nueva Evangelizaci\u00f3n, que ha marcado al mismo tiempo el comienzo del A\u00f1o de la Fe, con el cual conmemoramos la inauguraci\u00f3n del Concilio Vaticano II, hace cincuenta a\u00f1os, para comprenderlo y asimilarlo de nuevo en esta situaci\u00f3n que ha cambiado. Entre todas estas ocasiones, se han tocado temas fundamentales de nuestro momento hist\u00f3rico: la familia (Mil\u00e1n), el servicio a la paz en el mundo y el di\u00e1logo interreligioso (L\u00edbano), as\u00ed como el anuncio del mensaje de Jesucristo en nuestro tiempo a quienes a\u00fan no lo han encontrado, y a tantos que lo conocen s\u00f3lo desde fuera y precisamente por eso, no lo re-conocen. De entre estas grandes tem\u00e1ticas, quisiera reflexionar un poco m\u00e1s en detalle especialmente sobre el tema de la familia y sobre la naturaleza del di\u00e1logo, a\u00f1adiendo despu\u00e9s tambi\u00e9n una breve observaci\u00f3n sobre el tema de la Nueva Evangelizaci\u00f3n. La gran alegr\u00eda con la que se han reunido en Mil\u00e1n familias de todo el mundo ha puesto de manifiesto que, a pesar de las impresiones contrarias, la familia es fuerte y viva tambi\u00e9n hoy. Sin embargo, es innegable la crisis que la amenaza en sus fundamentos, especialmente en el mundo occidental. Me ha llamado la atenci\u00f3n que en el S\u00ednodo se haya subrayado repetidamente la importancia de la familia como lugar aut\u00e9ntico en el que se transmiten las formas fundamentales del ser persona humana. Se aprenden vivi\u00e9ndolas y tambi\u00e9n sufri\u00e9ndolas juntos. As\u00ed se ha hecho patente que en el tema de la familia no se trata \u00fanicamente de una determinada forma social, sino de la cuesti\u00f3n del hombre mismo; de la cuesti\u00f3n sobre qu\u00e9 es el hombre y sobre lo que es preciso hacer para ser hombres del modo justo. Los desaf\u00edos en este contexto son complejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Tenemos en primer lugar la cuesti\u00f3n sobre la capacidad del hombre de comprometerse, o bien de su carencia de compromisos. \u00bfPuede el hombre comprometerse para toda la vida? \u00bfCorresponde esto a su naturaleza? \u00bfAcaso no contrasta con su libertad y las dimensiones de su autorrealizaci\u00f3n? El hombre, \u00bfllega a ser s\u00ed mismo permaneciendo aut\u00f3nomo y entrando en contacto con el otro solamente a trav\u00e9s de relaciones que puede interrumpir en cualquier momento? Un v\u00ednculo para toda la vida \u00bfest\u00e1 en conflicto con la libertad? El compromiso, \u00bfmerece tambi\u00e9n que se sufra por \u00e9l? El rechazo de la vinculaci\u00f3n humana, que se difunde cada vez m\u00e1s a causa de una err\u00f3nea comprensi\u00f3n de la libertad y la autorrealizaci\u00f3n, y tambi\u00e9n por eludir el soportar pacientemente el sufrimiento, significa que el hombre permanece encerrado en s\u00ed mismo y, en \u00faltima instancia, conserva el propio \u00abyo\u00bb para s\u00ed mismo, no lo supera verdaderamente. Pero el hombre s\u00f3lo logra ser \u00e9l mismo en la entrega de s\u00ed mismo, y s\u00f3lo abri\u00e9ndose al otro, a los otros, a los hijos, a la familia; s\u00f3lo dej\u00e1ndose plasmar en el sufrimiento, descubre la amplitud de ser persona humana. Con el rechazo de estos lazos desaparecen tambi\u00e9n las figuras fundamentales de la existencia humana: el padre, la madre, el hijo; decaen dimensiones esenciales de la experiencia de ser persona humana. El gran rabino de Francia, Gilles Bernheim, en un tratado cuidadosamente documentado y profundamente conmovedor, ha mostrado que el atentado, al que hoy estamos expuestos, a la aut\u00e9ntica forma de la familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensi\u00f3n a\u00fan m\u00e1s profunda. Si hasta ahora hab\u00edamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aqu\u00ed est\u00e1 en juego la visi\u00f3n del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Cita una afirmaci\u00f3n que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir: \u00abMujer no se nace, se hace\u00bb (\u201cOn ne na\u00eet pas femme, on le devient\u201d). En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema \u00abgender\u00bb como una nueva filosof\u00eda de la sexualidad. Seg\u00fan esta filosof\u00eda, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide aut\u00f3nomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decid\u00eda. La falacia profunda de esta teor\u00eda y de la revoluci\u00f3n antropol\u00f3gica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que \u00e9sta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es \u00e9l mismo quien se la debe crear. Seg\u00fan el relato b\u00edblico de la creaci\u00f3n, el haber sido creada por Dios como var\u00f3n y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es v\u00e1lido lo que leemos en el relato de la creaci\u00f3n: \u00abHombre y mujer los cre\u00f3\u00bb (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido \u00c9l quien los cre\u00f3 var\u00f3n o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creaci\u00f3n, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora \u00e9l es s\u00f3lo esp\u00edritu y voluntad. La manipulaci\u00f3n de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aqu\u00ed en la opci\u00f3n de fondo del hombre respecto a s\u00ed mismo. En la actualidad, existe s\u00f3lo el hombre en abstracto, que despu\u00e9s elije para s\u00ed mismo, aut\u00f3nomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente. Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creaci\u00f3n, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creaci\u00f3n. Pero, en este caso, tambi\u00e9n la prole ha perdido el puesto que hasta ahora le correspond\u00eda y la particular dignidad que le es propia. Bernheim muestra c\u00f3mo \u00e9sta, de sujeto jur\u00eddico de por s\u00ed, se convierte ahora necesariamente en objeto, al cual se tiene derecho y que, como objeto de un derecho, se puede adquirir. All\u00ed donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, tambi\u00e9n el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. En la lucha por la familia est\u00e1 en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve tambi\u00e9n la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre. Con esto quisiera llegar al segundo gran tema que, desde As\u00eds hasta el S\u00ednodo sobre la Nueva Evangelizaci\u00f3n, ha impregnado todo el a\u00f1o que termina, es decir, la cuesti\u00f3n del di\u00e1logo y del anuncio. Hablemos primero del di\u00e1logo. Veo sobre todo tres campos de di\u00e1logo para la Iglesia en nuestro tiempo, en los cuales ella debe estar presente en la lucha por el hombre y por lo que significa ser persona humana: el di\u00e1logo con los Estados, el di\u00e1logo con la sociedad \u2013 incluyendo en \u00e9l el di\u00e1logo con las culturas y la ciencia \u2013 y el di\u00e1logo con las religiones. En todos estos di\u00e1logos, la Iglesia habla desde la luz que le ofrece la fe. Pero encarna al mismo tiempo la memoria de la humanidad, que desde los comienzos y en el transcurso de los tiempos es memoria de las experiencias y sufrimientos de la humanidad, en los que la Iglesia ha aprendido lo que significa ser hombres, experimentando su l\u00edmite y su grandeza, sus posibilidades y limitaciones. La cultura de lo humano, de la que ella se hace valedora, ha nacido y se ha desarrollado a partir del encuentro entre la revelaci\u00f3n de Dios y la existencia humana. La Iglesia representa la memoria de ser hombres ante una cultura del olvido, que ya s\u00f3lo conoce a s\u00ed misma y su propio criterio de medida. Pero, as\u00ed como una persona sin memoria ha perdido su propia identidad, tambi\u00e9n una humanidad sin memoria perder\u00eda su identidad. Lo que se ha manifestado a la Iglesia en el encuentro entre la revelaci\u00f3n y la experiencia humana va ciertamente m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito de la raz\u00f3n, pero no constituye un mundo especial, que no tendr\u00eda inter\u00e9s alguno para el no creyente. Si el hombre reflexiona sobre ello y se adentra en su comprensi\u00f3n, se ampl\u00eda el horizonte de la raz\u00f3n, y esto concierne tambi\u00e9n a quienes no alcanzan a compartir la fe en la Iglesia. En el di\u00e1logo con el Estado y la sociedad, la Iglesia no tiene ciertamente soluciones ya hechas para cada uno de los problemas. Se esforzar\u00e1 junto con otras fuerzas sociales para las respuestas que se adapten mejor a la medida correcta del ser humano. Lo que ella ha reconocido como valores fundamentales, constitutivos y no negociables de la existencia humana, lo debe defender con la m\u00e1xima claridad. Ha de hacer todo lo posible para crear una convicci\u00f3n que se pueda concretar despu\u00e9s en acci\u00f3n pol\u00edtica. En la situaci\u00f3n actual de la humanidad, el di\u00e1logo de las religiones es una condici\u00f3n necesaria para la paz en el mundo y, por tanto, es un deber para los cristianos, y tambi\u00e9n para las otras comunidades religiosas. Este di\u00e1logo de las religiones tiene diversas dimensiones. Ser\u00e1 en primer lugar un simple di\u00e1logo de la vida, un di\u00e1logo sobre el compartir pr\u00e1ctico. En \u00e9l no se hablar\u00e1 de los grandes temas de la fe: si Dios es trinitario, o c\u00f3mo ha de entenderse la inspiraci\u00f3n de las Sagradas Escrituras, etc. Se trata de los problemas concretos de la convivencia y de la responsabilidad com\u00fan respecto a la sociedad, al Estado, a la humanidad. En esto hay que aprender a aceptar al otro en su diferente modo de ser y pensar. Para ello, es necesario establecer como criterio de fondo del coloquio la responsabilidad com\u00fan ante la justicia y la paz. Un di\u00e1logo en el que se trata sobre la paz y la justicia se convierte por s\u00ed mismo, m\u00e1s all\u00e1 de lo meramente pragm\u00e1tico, en un debate \u00e9tico acerca de las valoraciones que son el presupuesto del todo. De este modo, un di\u00e1logo meramente pr\u00e1ctico en un primer momento se convierte tambi\u00e9n en una b\u00fasqueda del modo justo de ser persona humana. Aun cuando las opciones de fondo en cuanto tales no se ponen en discusi\u00f3n, los esfuerzos sobre una cuesti\u00f3n concreta llegan a desencadenar un proceso en el que, mediante la escucha del otro, ambas partes pueden encontrar purificaci\u00f3n y enriquecimiento. As\u00ed, estos esfuerzos pueden significar tambi\u00e9n pasos comunes hacia la \u00fanica verdad, sin cambiar las opciones de fondo. Si ambas partes est\u00e1n impulsadas por una hermen\u00e9utica de la justicia y de la paz, no desaparecer\u00e1 la diferencia de fondo, pero crecer\u00e1 tambi\u00e9n una cercan\u00eda m\u00e1s profunda entre ellas. Hay dos reglas para la esencia del di\u00e1logo interreligioso que, por lo general, hoy se consideran fundamentales: 1. El di\u00e1logo no se dirige a la conversi\u00f3n, sino m\u00e1s bien a la comprensi\u00f3n. En esto se distingue de la evangelizaci\u00f3n, de la misi\u00f3n. 2. En conformidad con esto, en este di\u00e1logo, ambas partes permanecen conscientemente en su propia identidad, que no ponen en cuesti\u00f3n en el di\u00e1logo, ni para ellas, ni para los otros. Estas reglas son justas. No obstante, pienso que est\u00e9n formuladas demasiado superficialmente de esta manera. S\u00ed, el di\u00e1logo no tiene como objetivo la conversi\u00f3n, sino una mejor comprensi\u00f3n rec\u00edproca. Esto es correcto. Pero tratar de conocer y comprender implica siempre un deseo de acercarse tambi\u00e9n a la verdad. De este modo, ambas partes, acerc\u00e1ndose paso a paso a la verdad, avanzan y est\u00e1n en camino hacia modos de compartir m\u00e1s amplios, que se fundan en la unidad de la verdad. Por lo que se refiere al permanecer fieles a la propia identidad, ser\u00eda demasiado poco que el cristiano, al decidir mantener su identidad, interrumpiese por su propia cuenta, por decirlo as\u00ed, el camino hacia la verdad. Si as\u00ed fuera, su ser cristiano ser\u00eda algo arbitrario, una opci\u00f3n simplemente f\u00e1ctica. De esta manera, pondr\u00eda de manifiesto que \u00e9l no tiene en cuenta que en la religi\u00f3n se est\u00e1 tratando con la verdad. Respecto a esto, dir\u00eda que el cristiano tiene una gran confianza fundamental, m\u00e1s a\u00fan, la gran certeza de fondo de que puede adentrarse tranquilamente en la inmensidad de la verdad sin ning\u00fan temor por su identidad de cristiano. Ciertamente, no somos nosotros quienes poseemos la verdad, es ella la que nos posee a nosotros: Cristo, que es la Verdad, nos ha tomado de la mano, y sabemos que nos tiene firmemente de su mano en el camino de nuestra b\u00fasqueda apasionada del conocimiento. El estar interiormente sostenidos por la mano de Cristo nos hace libres y, al mismo tiempo, seguros. Libres, porque, si estamos sostenidos por \u00c9l, podemos entrar en cualquier di\u00e1logo abiertamente y sin miedo. Seguros, porque \u00c9l no nos abandona, a no ser que nosotros mismos nos separemos de \u00c9l. Unidos a \u00c9l, estamos en la luz de la verdad. Para concluir es preciso hacer una breve anotaci\u00f3n sobre el anuncio, sobre la evangelizaci\u00f3n, de la que, siguiendo las propuestas de los padres sinodales, hablar\u00e1 efectivamente con amplitud el documento postsinodal. Veo que los elementos esenciales del proceso de evangelizaci\u00f3n aparecen muy elocuentemente en el relato de san Juan sobre la llamada de los dos disc\u00edpulos del Bautista, que se convierten en disc\u00edpulos de Cristo (cf. Jn 1,35-39). Encontramos en primer lugar el mero acto del anuncio. Juan el Bautista se\u00f1ala a Jes\u00fas y dice: \u00abEste es el Cordero de Dios\u00bb. Poco m\u00e1s adelante, el evangelista narra un hecho similar. Esta vez es Andr\u00e9s, que dice a su hermano Sim\u00f3n: \u00abHemos encontrado al Mes\u00edas\u00bb (1,41). El primero y fundamental elemento es el simple anuncio, el kerigma, que toma su fuerza de la convicci\u00f3n interior del que anuncia. En el relato de los dos disc\u00edpulos sigue despu\u00e9s la escucha, el ir tras los pasos de Jes\u00fas, un seguirle que no es todav\u00eda seguimiento, sino m\u00e1s bien una santa curiosidad, un movimiento de b\u00fasqueda. En efecto, ambos son personas en b\u00fasqueda, personas que, m\u00e1s all\u00e1 de lo cotidiano, viven en espera de Dios, en espera porque \u00c9l est\u00e1 y, por tanto, se mostrar\u00e1. Su b\u00fasqueda, iluminada por el anuncio, se hace concreta. Quieren conocer mejor a Aqu\u00e9l que el Bautista ha llamado Cordero de Dios. El tercer acto comienza cuando Jes\u00fas mira atr\u00e1s hacia ellos y les pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 busc\u00e1is?\u00bb. La respuesta de ambos es de nuevo una pregunta, que manifiesta la apertura de su espera, la disponibilidad a dar nuevos pasos. Preguntan: \u00abMaestro, \u00bfd\u00f3nde vives?\u00bb. La respuesta de Jes\u00fas: \u00abVenid y ver\u00e9is\u00bb, es una invitaci\u00f3n a acompa\u00f1arlo y, caminando con \u00c9l, a llegar a ver. La palabra del anuncio es eficaz all\u00ed donde en el hombre existe la disponibilidad d\u00f3cil para la cercan\u00eda de Dios; donde el hombre est\u00e1 interiormente en b\u00fasqueda y por ende en camino hacia el Se\u00f1or. Entonces, la atenci\u00f3n de Jes\u00fas por \u00e9l le llega al coraz\u00f3n y, despu\u00e9s, el encuentro con el anuncio suscita la santa curiosidad de conocer a Jes\u00fas m\u00e1s de cerca. Este caminar con \u00c9l conduce al lugar en el que habita Jes\u00fas, en la comunidad de la Iglesia, que es su Cuerpo. Significa entrar en la comuni\u00f3n itinerante de los catec\u00famenos, que es una comuni\u00f3n de profundizaci\u00f3n y, a la vez, de vida, en la que el caminar con Jes\u00fas nos convierte en personas que ven. \u00abVenid y ver\u00e9is\u00bb. Esta palabra que Jes\u00fas dirige a los dos disc\u00edpulos en b\u00fasqueda, la dirige tambi\u00e9n a los hombres de hoy que est\u00e1n en b\u00fasqueda. Al final de a\u00f1o, pedimos al Se\u00f1or que la Iglesia, a pesar de sus pobrezas, sea reconocida cada vez m\u00e1s como su morada. Le rogamos para que, en el camino hacia su casa, nos haga d\u00eda a d\u00eda m\u00e1s capaces de ver, de modo que podamos decir mejor, m\u00e1s y m\u00e1s convincentemente: Hemos encontrado a Aqu\u00e9l, al que todo el mundo espera, Jesucristo, verdadero Hijo de Dios y verdadero hombre. Con este esp\u00edritu os deseo de coraz\u00f3n a todos una Santa Navidad y un feliz A\u00f1o Nuevo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso del Papa Benedicto XVI a los miembros de la Curia Romana con ocasi\u00f3n de las fiestas de Navidad y ante el fin del a\u00f1o (21-12-2012) \u00a0 Con gran alegr\u00eda me encuentro hoy con vosotros, queridos miembros del Colegio de Cardenales, representantes de la Curia Romana y de la Gobernaci\u00f3n, en este momento tradicional antes &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-verdad-del-matrimonio-y-de-la-familia-centra-el-discurso-del-papa-de-balance-del-ano-eclesial-2012\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa verdad del matrimonio y de la familia centra el discurso del Papa de balance del a\u00f1o eclesial 2012\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-38531","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38531","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=38531"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38531\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=38531"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=38531"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=38531"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}