{"id":38593,"date":"2016-06-21T18:06:36","date_gmt":"2016-06-21T23:06:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/homilia-del-papa-benedicto-xvi-en-la-misa-junto-a-los-seis-nuevos-cardenales-de-la-fiesta-de-cristo-rey\/"},"modified":"2016-06-21T18:06:36","modified_gmt":"2016-06-21T23:06:36","slug":"homilia-del-papa-benedicto-xvi-en-la-misa-junto-a-los-seis-nuevos-cardenales-de-la-fiesta-de-cristo-rey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/homilia-del-papa-benedicto-xvi-en-la-misa-junto-a-los-seis-nuevos-cardenales-de-la-fiesta-de-cristo-rey\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Papa Benedicto XVI en la misa, junto a los seis nuevos cardenales, de la fiesta de Cristo Rey"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronaci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico, se enriquece con la recepci\u00f3n en el colegio cardenalicio de seis nuevos miembros que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, he invitado esta ma\u00f1ana a concelebrar conmigo la Eucarist\u00eda. Dirijo a cada uno de ellos mi m\u00e1s cordial saludo, agradeciendo al Cardenal James Michael Harvey sus amables palabras en nombre de todos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Saludo a los dem\u00e1s purpurados y a todos los obispos presentes, as\u00ed como a las distintas autoridades, se\u00f1ores embajadores, a los sacerdotes, religiosos y a todos los fieles, especialmente a los que han venido de las di\u00f3cesis encomendadas al cuidado pastoral de los nuevos cardenales.<\/p>\n<p align=\"justify\">En este \u00faltimo domingo del a\u00f1o lit\u00fargico la Iglesia nos invita a celebrar al Se\u00f1or Jes\u00fas como Rey del universo. Nos llama a dirigir la mirada al futuro, o mejor a\u00fan en profundidad, hacia la \u00faltima meta de la historia, que ser\u00e1 el reino definitivo y eterno de Cristo. Cuando fue creado el mundo, al comienzo, \u00e9l estaba con el Padre, y manifestar\u00e1 plenamente su se\u00f1or\u00edo al final de los tiempos, cuando juzgar\u00e1 a todos los hombres. Las tres lecturas de hoy nos hablan de este reino. En el pasaje evang\u00e9lico que hemos escuchado, sacado del Evangelio de san Juan, Jes\u00fas se encuentra en la situaci\u00f3n humillante de acusado, frente al poder romano. Ha sido arrestado, insultado, escarnecido, y ahora sus enemigos esperan conseguir que sea condenado al suplicio de la cruz. Lo han presentado ante Pilato como uno que aspira al poder pol\u00edtico, como el sedicioso rey de los jud\u00edos. El procurador romano indaga y pregunta a Jes\u00fas: \u00ab\u00bfEres t\u00fa el rey de los jud\u00edos?\u00bb (<em>Jn<\/em>\u00a018,33). Jes\u00fas, respondiendo a esta pregunta, aclara la naturaleza de su reino y de su mismo mesianismo, que no es poder mundano, sino amor que sirve; afirma que su reino no se ha de confundir en absoluto con ning\u00fan reino pol\u00edtico: \u00abMi reino no es de este mundo \u2026 no es de aqu\u00ed\u00bb (v. 36).<\/p>\n<p align=\"justify\">Est\u00e1 claro que Jes\u00fas no tiene ninguna ambici\u00f3n pol\u00edtica. Tras la multiplicaci\u00f3n de los panes, la gente, entusiasmada por el milagro, quer\u00eda hacerlo rey, para derrocar el poder romano y establecer as\u00ed un nuevo reino pol\u00edtico, que ser\u00eda considerado como el reino de Dios tan esperado. Pero Jes\u00fas sabe que el reino de Dios es de otro tipo, no se basa en las armas y la violencia. Y es precisamente la multiplicaci\u00f3n de los panes la que se convierte, por una parte, en signo de su mesianismo, pero, por otra, en un punto de inflexi\u00f3n de su actividad: desde aquel momento el camino hacia la Cruz se hace cada vez m\u00e1s claro; all\u00ed, en el supremo acto de amor, resplandecer\u00e1 el reino prometido, el reino de Dios. Pero la gente no comprende, est\u00e1n defraudados, y Jes\u00fas se retira solo al monte a rezar, a hablar con el Padre (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a06,1-15). En la narraci\u00f3n de la pasi\u00f3n vemos c\u00f3mo tambi\u00e9n los disc\u00edpulos, a pesar de haber compartido la vida con Jes\u00fas y escuchado sus palabras, pensaban en un reino pol\u00edtico, instaurado adem\u00e1s con la ayuda de la fuerza. En Getseman\u00ed, Pedro hab\u00eda desenvainado su espada y comenz\u00f3 a luchar, pero Jes\u00fas lo detuvo (cf.<em>\u00a0<\/em><em>Jn<\/em>\u00a018,10-11). No quiere que se le defienda con las armas, sino que quiere cumplir la voluntad del Padre hasta el final y establecer su reino, no con las armas y la violencia, sino con la aparente debilidad del amor que da la vida. El reino de Dios es un reino completamente distinto a los de la tierra.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y es esta la raz\u00f3n de que un hombre de poder como Pilato se quede sorprendido delante de un hombre indefenso, fr\u00e1gil y humillado, como Jes\u00fas; sorprendido porque siente hablar de un reino, de servidores. Y hace una pregunta que le parecer\u00eda una paradoja: \u00abEntonces, \u00bft\u00fa eres rey?\u00bb. \u00bfQu\u00e9 clase de rey puede ser un hombre que est\u00e1 en esas condiciones? Pero Jes\u00fas responde de manera afirmativa: \u00abT\u00fa lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz\u00bb (18,37). Jes\u00fas habla de rey, de reino, pero no se refiere al dominio, sino a la verdad. Pilato no comprende: \u00bfPuede existir un poder que no se obtenga con medios humanos? \u00bfUn poder que no responda a la l\u00f3gica del dominio y la fuerza? Jes\u00fas ha venido para revelar y traer una nueva realeza, la de Dios; ha venido para dar testimonio de la verdad de un Dios que es amor (cf.\u00a0<em>1Jn<\/em>\u00a04,8-16) y que quiere establecer un reino de justicia, de amor y de paz (cf.\u00a0<em>Prefacio<\/em>). Quien est\u00e1 abierto al amor, escucha este testimonio y lo acepta con fe, para entrar en el reino de Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Esta perspectiva la volvemos a encontrar en la primera lectura que hemos escuchado. El profeta Daniel predice el poder de un personaje misterioso que est\u00e1 entre el cielo y la tierra: \u00abVi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanz\u00f3 hacia el anciano y lleg\u00f3 hasta su presencia. A \u00e9l se le dio poder, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. Su poder es un poder eterno, no cesar\u00e1. Su reino no acabar\u00e1\u00bb (7,13-14). Se trata de palabras que anuncian un rey que domina de mar a mar y hasta los confines de la tierra, con un poder absoluto que nunca ser\u00e1 destruido. Esta visi\u00f3n del profeta, una visi\u00f3n mesi\u00e1nica, se ilumina y realiza en Cristo: el poder del verdadero Mes\u00edas, poder que no tiene ocaso y que no ser\u00e1 nunca destruido, no es el de los reinos de la tierra que surgen y caen, sino el de la verdad y el amor. As\u00ed comprendemos que la realeza anunciada por Jes\u00fas de palabra y revelada de modo claro y expl\u00edcito ante el Procurador romano, es la realeza de la verdad, la \u00fanica que da a todas las cosas su luz y su grandeza.<\/p>\n<p align=\"justify\">En la segunda lectura, el autor del Apocalipsis afirma que tambi\u00e9n nosotros participamos de la realeza de Cristo. En la aclamaci\u00f3n dirigida a aquel \u00abque nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre\u00bb declara que \u00e9l \u00abnos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre\u00bb (1,5-6). Tambi\u00e9n aqu\u00ed aparece claro que no se trata de un reino pol\u00edtico sino de uno fundado sobre la relaci\u00f3n con Dios, con la verdad. Con su sacrificio, Jes\u00fas nos ha abierto el camino para una relaci\u00f3n profunda con Dios: en \u00e9l hemos sido hechos verdaderos hijos adoptivos, hemos sido hechos part\u00edcipes de su realeza sobre el mundo. Ser, pues, disc\u00edpulos de Jes\u00fas significa no dejarse cautivar por la l\u00f3gica mundana del poder, sino llevar al mundo la luz de la verdad y el amor de Dios. El autor del Apocalipsis amplia su mirada hasta la segunda venida de Cristo para juzgar a los hombres y establecer para siempre el reino divino, y nos recuerda que la conversi\u00f3n, como respuesta a la gracia divina, es la condici\u00f3n para la instauraci\u00f3n de este reino (cf. 1,7). Se trata de una invitaci\u00f3n apremiante que se dirige a todos y cada uno de nosotros: convertirse continuamente en nuestra vida al reino de Dios, al se\u00f1or\u00edo de Dios, de la verdad. Lo invocamos cada d\u00eda en la oraci\u00f3n del \u00abPadre nuestro\u00bb con la palabras \u00abVenga a nosotros tu reino\u00bb, que es como decirle a Jes\u00fas: Se\u00f1or que seamos tuyos, vive en nosotros, re\u00fane a la humanidad dispersa y sufriente, para que en ti todo sea sometido al Padre de la misericordia y el amor.<\/p>\n<p align=\"justify\">Queridos y venerados hermanos cardenales, de modo especial pienso en los que fueron creados ayer, a vosotros se os ha confiado esta ardua responsabilidad: dar testimonio del reino de Dios, de la verdad. Esto significa resaltar siempre la prioridad de Dios y su voluntad frente a los intereses del mundo y sus potencias. Sed imitadores de Jes\u00fas, el cual, ante Pilato, en la situaci\u00f3n humillante descrita en el Evangelio, manifest\u00f3 su gloria: la de amar hasta el extremo, dando la propia vida por las personas que amaba. \u00c9sta es la revelaci\u00f3n del reino de Jes\u00fas. Y por esto, con un solo coraz\u00f3n y una misma alma, rezamos: \u00ab<em>Adveniat regnum tuum<\/em>\u00bb. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronaci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico, se enriquece con la recepci\u00f3n en el colegio cardenalicio de seis nuevos miembros que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, he invitado esta ma\u00f1ana a concelebrar conmigo la Eucarist\u00eda. 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