{"id":39105,"date":"2016-10-05T22:24:51","date_gmt":"2016-10-06T03:24:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-grito-que-molesta-6-de-diciembre-de-2013\/"},"modified":"2016-10-05T22:24:51","modified_gmt":"2016-10-06T03:24:51","slug":"el-grito-que-molesta-6-de-diciembre-de-2013","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-grito-que-molesta-6-de-diciembre-de-2013\/","title":{"rendered":"El grito que molesta (6 de diciembre de 2013)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> <b><i>El grito que molesta<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Viernes<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 6 de diciembre de 2013<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 50, viernes 13 de diciembre de 2013<\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p>La oraci&oacute;n es &laquo;un grito&raquo; que no teme &laquo;molestar a Dios&raquo;, &laquo;hacer ruido&raquo;, como cuando se &laquo;llama a una puerta&raquo; con insistencia. He aqu&iacute;, seg&uacute;n el Papa Francisco, el significado de la oraci&oacute;n dirigida al Se&ntilde;or con esp&iacute;ritu de verdad y con la seguridad de que &Eacute;l puede escucharla de verdad.<\/p>\n<p>El Pont&iacute;fice habl&oacute; de ello en la homil&iacute;a de la misa celebrada el viernes 6 de diciembre. Refiri&eacute;ndose al pasaje del cap&iacute;tulo 9 de Mateo (27-31), el Papa centr&oacute; la atenci&oacute;n ante todo en una palabra contenida en el pasaje del Evangelio &laquo;que nos hace pensar: el grito&raquo;. Los ciegos, que segu&iacute;an al Se&ntilde;or, gritaban para ser curados. &laquo;Tambi&eacute;n el ciego a la entrada de Jeric&oacute; gritaba y los amigos del Se&ntilde;or quer&iacute;an hacerle callar&raquo;, record&oacute; el Santo Padre. Pero ese hombre &laquo;pidi&oacute; una gracia al Se&ntilde;or y la pidi&oacute; gritando&raquo;, como diciendo a Jes&uacute;s: &laquo;&iexcl;Hazlo! &iexcl;Yo tengo derecho a que t&uacute; hagas esto!&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;El grito \u2014explic&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 es aqu&iacute; un signo de la oraci&oacute;n. Jes&uacute;s mismo, cuando ense&ntilde;aba a rezar, dec&iacute;a que se hiciera como un amigo inoportuno que, a medianoche, iba a pedir un trozo de pan y un poco de pasta para los hu&eacute;spedes&raquo;. O bien &laquo;hacerlo como la viuda con el juez corrupto&raquo;. En esencia, prosigui&oacute; el Papa, &laquo;hacerlo \u2014dir&iacute;a yo\u2014 molestando. No lo s&eacute;, tal vez esto suena mal, pero rezar es un poco como molestar a Dios para que nos escuche&raquo;. Y precis&oacute; que es el Se&ntilde;or mismo quien lo dice, sugiriendo rezar &laquo;como el amigo a medianoche, como la viuda al juez&raquo;. Por lo tanto, rezar &laquo;es atraer los ojos, atraer el coraz&oacute;n de Dios hacia nosotros&raquo;. Y eso es precisamente lo que hicieron tambi&eacute;n los leprosos del Evangelio, que se acercaron a Jes&uacute;s para decirle: &laquo;Si t&uacute; quieres, puedes curarnos&raquo;. Y &laquo;lo hicieron con una cierta seguridad&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;As&iacute;, Jes&uacute;s \u2014afirm&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 nos ense&ntilde;a a rezar&raquo;. Nosotros, habitualmente presentamos al Se&ntilde;or nuestra petici&oacute;n &laquo;una, dos o tres veces, pero no con mucha fuerza: y luego me canso de pedirlo y me olvido de pedirlo&raquo;. En cambio, los ciegos de los que habla Mateo en el pasaje evang&eacute;lico &laquo;gritaban y no se cansaban de gritar&raquo;. En efecto, dijo adem&aacute;s el Papa, &laquo;Jes&uacute;s nos dice: &iexcl;pedid! Pero tambi&eacute;n nos dice: &iexcl;llamad a la puerta! Y quien llama a la puerta hace ruido, incomoda, molesta&raquo;.<\/p>\n<p>Precisamente &laquo;&eacute;stas son las palabras que Jes&uacute;s usa para decirnos c&oacute;mo debemos rezar&raquo;. Pero &eacute;ste es tambi&eacute;n &laquo;el modo de oraci&oacute;n de los necesitados que vemos en el Evangelio&raquo;. As&iacute;, los ciegos &laquo;se sienten seguros de pedir al Se&ntilde;or la salud&raquo;, de tal manera que el Se&ntilde;or pregunta: &laquo;&iquest;Cre&eacute;is que yo puedo hacer esto?&raquo;. Y le responden: &laquo;S&iacute;, Se&ntilde;or. &iexcl;Creemos! &iexcl;Estamos seguros!&raquo;.<\/p>\n<p>He aqu&iacute;, prosigui&oacute; el Santo Padre, las &laquo;dos actitudes&raquo; de la oraci&oacute;n: &laquo;es expresi&oacute;n de una necesidad y es segura&raquo;. La oraci&oacute;n &laquo;es necesaria siempre. La oraci&oacute;n, cuando pedimos algo, es expresi&oacute;n de una necesidad: necesito esto, esc&uacute;chame Se&ntilde;or&raquo;. Adem&aacute;s, &laquo;cuando es aut&eacute;ntica, es segura: esc&uacute;chame, creo que t&uacute; puedes hacerlo, porque t&uacute; lo has prometido&raquo;. En efecto, explic&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;la aut&eacute;ntica oraci&oacute;n cristiana est&aacute; cimentada en la promesa de Dios. &Eacute;l lo ha prometido&raquo;.<\/p>\n<p>El Pont&iacute;fice hizo luego referencia a la primera lectura (<i>Isa&iacute;as<\/i> 29, 17-21) de la liturgia del d&iacute;a, que contiene la promesa de salvaci&oacute;n de Dios a su pueblo: &laquo;Oir&aacute;n los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad ver&aacute;n los ojos de los ciegos&raquo;. Este pasaje, afirm&oacute; el Papa, &laquo;es una promesa. Todo esto es una promesa, la promesa de la salvaci&oacute;n: yo estar&eacute; contigo, yo te dar&eacute; la salvaci&oacute;n&raquo;. Y es &laquo;con esta seguridad&raquo; que &laquo;nosotros decimos al Se&ntilde;or nuestras necesidades. Pero seguros de que &Eacute;l puede hacerlo&raquo;.<\/p>\n<p>Por lo dem&aacute;s, cuando rezamos, es el Se&ntilde;or mismo quien nos pregunta: &laquo;&iquest;T&uacute; crees que yo pueda hacer esto?&raquo;. Un interrogante del que brota la pregunta que cada uno debe hacerse a s&iacute; mismo: &laquo;&iquest;Estoy seguro de que &Eacute;l puede hacerlo? &iquest;O rezo un poco pero no s&eacute; si &Eacute;l lo puede hacer?&raquo;. La respuesta es que &laquo;&Eacute;l puede hacerlo&raquo;, incluso &laquo;el cu&aacute;ndo y el c&oacute;mo lo har&aacute; no lo sabemos&raquo;. Precisamente &laquo;&eacute;sta es la seguridad de la oraci&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere luego a la &laquo;necesidad&raquo; espec&iacute;fica que motiva nuestra oraci&oacute;n, es necesario presentarla &laquo;con verdad al Se&ntilde;or: soy ciego, Se&ntilde;or, tengo esta necesidad, esta enfermedad, este pecado, este dolor&raquo;. As&iacute; &Eacute;l &laquo;escucha la necesidad, pero escucha que nosotros pedimos su intervenci&oacute;n con seguridad&raquo;.<\/p>\n<p>El Papa Francisco reafirm&oacute;, como conclusi&oacute;n, la importancia de pensar siempre &laquo;si nuestra oraci&oacute;n es expresi&oacute;n de una necesidad y es segura&raquo;: es &laquo;expresi&oacute;n de una necesidad porque nos decimos la verdad a nosotros mismos&raquo;, y es &laquo;segura porque creemos que el Se&ntilde;or puede hacer lo que pedimos&raquo;.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE El grito que molesta Viernes 6 de diciembre de 2013 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 50, viernes 13 de diciembre de 2013 &nbsp; La oraci&oacute;n es &laquo;un grito&raquo; que no teme &laquo;molestar a Dios&raquo;, &laquo;hacer ruido&raquo;, como cuando &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-grito-que-molesta-6-de-diciembre-de-2013\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl grito que molesta (6 de diciembre de 2013)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39105","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39105","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39105"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39105\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39105"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39105"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39105"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}