{"id":39129,"date":"2016-10-05T22:25:27","date_gmt":"2016-10-06T03:25:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/inteligencia-corazon-contemplacion-22-de-octubre-de-2013\/"},"modified":"2016-10-05T22:25:27","modified_gmt":"2016-10-06T03:25:27","slug":"inteligencia-corazon-contemplacion-22-de-octubre-de-2013","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/inteligencia-corazon-contemplacion-22-de-octubre-de-2013\/","title":{"rendered":"Inteligencia, coraz\u00f3n, contemplaci\u00f3n (22 de octubre de 2013)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> <b><i>Inteligencia, coraz&oacute;n, contemplaci&oacute;n<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Martes<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 22 de octubre de 2013<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 43, viernes 25 de octubre de 2013<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dios no nos ha salvado por decreto o por ley; nos ha salvado con su vida. Este es un misterio para cuya comprensi&oacute;n la inteligencia sola no basta; es m&aacute;s, intentar explicarlo s&oacute;lo con el uso de la inteligencia significa arriesgarse a la locura. Para entenderlo \u2014explic&oacute; el Papa Francisco en la homil&iacute;a de la misa celebrada el 22 de octubre\u2014 se necesita otra cosa. <\/p>\n<p>Naturalmente se trata de algo que no es f&aacute;cil aferrar ni explicar. &laquo;El pasaje de la carta a los Romanos que hemos escuchado en la primera lectura \u2014dijo el Pont&iacute;fice citando algunos vers&iacute;culos del cap&iacute;tulo 5 de la ep&iacute;stola (12.15.17-19.20-21)\u2014 no s&eacute; si es uno de los m&aacute;s dif&iacute;ciles. Se ve que al pobre Pablo le cuesta proclamar esto, hacerlo entender&raquo;. Con todo, &eacute;l nos ayuda a acercarnos a la verdad. Y al respecto, el Santo Padre indic&oacute; tres palabras que pueden facilitar nuestra comprensi&oacute;n: contemplaci&oacute;n, cercan&iacute;a y abundancia.<\/p>\n<p>Ante todo la contemplaci&oacute;n. Indudablemente \u2014observ&oacute; el Papa\u2014 se trata de un misterio extraordinario, tanto que &laquo;la Iglesia, cuando quiere decirnos algo sobre este misterio, usa s&oacute;lo una palabra: admirablemente. Dice: Oh Dios, t&uacute; que admirablemente has creado el mundo y m&aacute;s admirablemente lo has recreado&#8230;&raquo;. Pablo quiere hacernos entender precisamente esto: para comprender es necesario ponerse de rodillas, orar y contemplar. &laquo;La contemplaci&oacute;n es inteligencia, coraz&oacute;n, rodilla, oraci&oacute;n&raquo;; y poner todo esto junto \u2014precis&oacute; el Obispo de Roma\u2014 significa entrar en el misterio. Por lo tanto, lo que san Pablo dice a prop&oacute;sito de la salvaci&oacute;n y de la redenci&oacute;n obrada por Jes&uacute;s &laquo;se entiende s&oacute;lo de rodillas, en la contemplaci&oacute;n; no &uacute;nicamente con la inteligencia&raquo;, porque &laquo;cuando la inteligencia quiere explicar un misterio enloquece siempre. As&iacute; ha sucedido en la historia de la Iglesia&raquo;.<\/p>\n<p>La segunda palabra a la que aludi&oacute; el Papa es &laquo;cercan&iacute;a&raquo;. Un concepto \u2014not&oacute;\u2014 que en el pasaje se repite a menudo: &laquo;Un hombre ha cometido el pecado, otro hombre nos ha salvado. Es el Dios cercano. Este misterio nos muestra a Dios cercano a nosotros, a nuestra historia; desde el primer momento, cuando eligi&oacute; a nuestro padre Abrah&aacute;n, ha caminado con su pueblo, y ha enviado a su hijo a realizar esta obra&raquo;.<\/p>\n<p>Una obra que Jes&uacute;s realiza como un artesano, como un obrero. &laquo;A m&iacute; \u2014confi&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 la imagen que me viene a la mente es la del enfermero o la enfermera, que en un hospital cura las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se mezcla en nuestras miserias, se acerca a nuestras heridas y las cura con sus manos; y para tener manos se hizo hombre. Es un trabajo de Jes&uacute;s, personal: un hombre cometi&oacute; el pecado, un hombre viene a curarle&raquo;. Porque &laquo;Dios no nos salva s&oacute;lo mediante un decreto, con una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida por nosotros&raquo;.<\/p>\n<p>La tercera palabra es &laquo;abundancia&raquo;. En la carta de Pablo se repite varias veces: &laquo;Pero donde abund&oacute; el pecado, sobreabund&oacute; la gracia&raquo;. Que el pecado abunde en el mundo y dentro del coraz&oacute;n de cada uno, es evidente: &laquo;Cada uno de nosotros sabe sus miserias, las conoce bien. Y abundan. Pero el desaf&iacute;o de Dios es vencer el pecado, curar las heridas como hizo con Jes&uacute;s&raquo;. M&aacute;s a&uacute;n: &laquo;Hacer el regalo sobreabundante de su amor y de su gracia&raquo;.<\/p>\n<p>As&iacute; se entiende tambi&eacute;n la &laquo;preferencia de Jes&uacute;s por los pecadores. Le acusaban de ir siempre con los publicanos, con los pecadores. Ir a comer con los publicanos era un esc&aacute;ndalo, porque en el coraz&oacute;n de esta gente abundaba el pecado. Pero &Eacute;l iba donde ellos con aquella sobreabundancia de gracia y de amor&raquo;. Y la gracia de Dios \u2014explic&oacute; el Papa\u2014 &laquo;vence siempre porque es &Eacute;l mismo quien se dona, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos cura&raquo;.<\/p>\n<p>Cierto \u2014subray&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014, hay alguno a quien no le gusta o&iacute;r decir que los pecadores son m&aacute;s cercanos al coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, que &laquo;&Eacute;l va a buscarles, llama a todos: venid, venid&#8230; Y cuando le piden una explicaci&oacute;n, &Eacute;l dice: pero los que tienen buena salud no necesitan del m&eacute;dico; yo he venido para curar, para salvar en abundancia&raquo;.<\/p>\n<p>Algunos santos \u2014record&oacute; el Santo Padre en conclusi&oacute;n\u2014 &laquo;dicen que uno de los pecados m&aacute;s feos es la desconfianza, desconfiar de Dios. &iquest;Pero c&oacute;mo podemos desconfiar de un Dios tan cercano, tan bueno, que prefiere nuestro coraz&oacute;n pecador? Y as&iacute; es este misterio: no es f&aacute;cil entenderlo, no se comprende bien, no se puede entender s&oacute;lo con la inteligencia. Tal vez nos ayudar&aacute;n estas tres palabras: contemplaci&oacute;n, contemplar este misterio; cercan&iacute;a, este misterio escondido en los siglos del Dios cercano, que se acerca a nosotros; y abundancia, un Dios que siempre vence con la sobreabundancia de su gracia, con su ternura, o \u2014como hemos le&iacute;do en la oraci&oacute;n colecta\u2014 con su riqueza de misericordia&raquo;.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Inteligencia, coraz&oacute;n, contemplaci&oacute;n Martes 22 de octubre de 2013 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 43, viernes 25 de octubre de 2013 &nbsp; Dios no nos ha salvado por decreto o por ley; nos ha salvado con su vida. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/inteligencia-corazon-contemplacion-22-de-octubre-de-2013\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abInteligencia, coraz\u00f3n, contemplaci\u00f3n (22 de octubre de 2013)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39129","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39129","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39129"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39129\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39129"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39129"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39129"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}