{"id":39149,"date":"2016-10-05T22:26:00","date_gmt":"2016-10-06T03:26:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-una-mama-que-defiende-a-sus-hijos-17-de-septiembre-de-2013\/"},"modified":"2016-10-05T22:26:00","modified_gmt":"2016-10-06T03:26:00","slug":"como-una-mama-que-defiende-a-sus-hijos-17-de-septiembre-de-2013","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-una-mama-que-defiende-a-sus-hijos-17-de-septiembre-de-2013\/","title":{"rendered":"Como una mam\u00e1 que defiende a sus hijos (17 de septiembre de 2013)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUSSANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> <b><i>Como una mam&aacute; que defiende a sus hijos<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Martes<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 17 de septiembre de 2013<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 38, viernes 20 de septiembre de 2013<\/font><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>Como una mam&aacute; que nos ama, nos defiende, nos da la fuerza para ir adelante en la lucha contra el mal. Es &eacute;sta la imagen de la Iglesia trazada por el Papa Francisco el 17 de septiembre, durante la misa que celebr&oacute; como al inicio de cada ma&ntilde;ana en Santa Marta.<\/p>\n<p>Comentando el pasaje del Evangelio de Lucas que narra la resurrecci&oacute;n del hijo de la viuda de Na&iacute;n (7, 11-17), el Pont&iacute;fice describi&oacute; a Jes&uacute;s, quien, al ver a la mujer ante el cad&aacute;ver de su &uacute;nico hijo muerto, &laquo;se compadeci&oacute;&raquo;. Y defini&oacute; el sentimiento de Cristo como &laquo;la capacidad de padecer con nosotros, de estar cerca de nuestros sufrimientos y hacerlos suyos&raquo;. Por lo dem&aacute;s, &Eacute;l sab&iacute;a bien &laquo;qu&eacute; significaba ser una mujer viuda en aquel tiempo&raquo;, cuando las madres que se quedaban solas para criar a sus hijos deb&iacute;an confiarse a la ayuda y a la caridad de los dem&aacute;s. Por eso los preceptos de entonces insisten tanto en &laquo;ayudar a los hu&eacute;rfanos y a las viudas, porque en ese tiempo eran los m&aacute;s solos, los m&aacute;s abandonados&raquo;.<\/p>\n<p>El pensamiento del obispo de Roma se dirigi&oacute; a otras figuras de viudas de las que se habla en la Biblia. Hacia ellas el Se&ntilde;or muestra un particular &laquo;cuidado, un especial amor&raquo;, hasta el punto de que terminan por constituir &laquo;una imagen de la Iglesia, porque \u2014explic&oacute;\u2014 tambi&eacute;n la Iglesia es en cierto sentido viuda: su esposo se ha ido y ella camina en la historia esperando reencontrarle, encontrarse con &Eacute;l. Entonces ella ser&aacute; la esposa definitiva&raquo;. Pero \u2014advirti&oacute;\u2014 &laquo;entretanto la Iglesia est&aacute; sola&raquo;, y el Se&ntilde;or no es para ella visible: as&iacute; que &laquo;tiene una cierta dimensi&oacute;n de viudedad&raquo;.<\/p>\n<p>La primera consecuencia de esta viudedad es que la Iglesia se hace &laquo;valiente&raquo;, a semejanza de una madre &laquo;que defiende a los hijos&raquo;, justamente como la viuda del Evangelio &laquo;que iba al juez corrupto para defender a los hijos y al final gan&oacute;&raquo;. Porque, como subray&oacute; el Papa, &laquo;nuestra madre Iglesia tiene ese valor de una mujer que sabe que los hijos son suyos y debe defenderles y llevarles al encuentro con su esposo&raquo;.<\/p>\n<p>De la valent&iacute;a se deriva un segundo elemento: la fuerza, como testimonian otras viudas descritas en las Escrituras: entre ellas Noem&iacute;, bisabuela de David, &laquo;que no ten&iacute;a miedo de permanecer sola&raquo;, o la viuda macabea con siete hijos, &laquo;que por no renegar de Dios, por no renegar de la ley de Dios, fueron martirizados por el tirano&raquo;. De esta mujer un detalle impact&oacute; al Papa Francisco: el hecho de que la Biblia subraye &laquo;que hablaba en dialecto, en la primera lengua&raquo;, precisamente como hace &laquo;nuestra Iglesia madre&raquo;, que nos habla &laquo;en aquella lengua de la verdadera ortodoxia que todos nosotros comprendemos, la lengua del catecismo, esa lengua fuerte, que nos hace fuertes y nos da tambi&eacute;n la fortaleza para ir adelante en la lucha contra el mal&raquo;.<\/p>\n<p>Sintetizando las propias reflexiones, el Pont&iacute;fice subray&oacute; &laquo;la dimensi&oacute;n de viudedad de la Iglesia, que camina en la historia esperando encontrar, reencontrar a su esposo&raquo;. Y evidenci&oacute; que &laquo;nuestra madre Iglesia es as&iacute;: es una Iglesia que cuando es fiel sabe llorar, llora por sus hijos y ora&raquo;. Es m&aacute;s, &laquo;cuando la Iglesia no llora, algo no va bien&raquo;; mientras que la Iglesia funciona cuando &laquo;va adelante y hace crecer a sus hijos, les da fortaleza, les acompa&ntilde;a hasta la &uacute;ltima despedida, para dejarles en las manos de su esposo, al que al final tambi&eacute;n ella encontrar&aacute;&raquo;.<\/p>\n<p>Y dado que el Papa ve a &laquo;nuestra madre Iglesia en esta viuda que llora&raquo;, hay que preguntarse qu&eacute; dice el Se&ntilde;or a esta madre para consolarla. La respuesta est&aacute; en las palabras mismas de Jes&uacute;s, citadas por Lucas: &laquo;&iexcl;No llores!&raquo;. Palabras que parecen decir: no llores porque &laquo;yo estoy contigo, te acompa&ntilde;o, te espero all&iacute;, en las bodas, las &uacute;ltimas bodas, las del cordero&raquo;; deja de llorar, &laquo;este hijo tuyo que estaba muerto ahora vive&raquo;. Y a &eacute;ste &uacute;ltimo, tercera figura presente en la escena evang&eacute;lica, el Se&ntilde;or se dirige, intim&aacute;ndole: &laquo;&iexcl;Muchacho, a ti te lo digo, lev&aacute;ntate!&raquo;. Para el Pont&iacute;fice son las mismas palabras que el Se&ntilde;or dirige a los hombres en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n, &laquo;cuando nosotros estamos muertos por el pecado y vamos a pedirle perd&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>El relato de Lucas concluye con la descripci&oacute;n del joven muerto, que se levanta y empieza a hablar, y de Jes&uacute;s que se lo entrega a su madre. Precisamente como hace con nosotros \u2014observ&oacute; el Papa\u2014 &laquo;cuando nos perdona, cuando nos devuelve la vida&raquo;, porque &laquo;nuestra reconciliaci&oacute;n no acaba en el di&aacute;logo&raquo; con el sacerdote que nos da el perd&oacute;n, sino que se completa &laquo;cuando &eacute;l nos restituye a nuestra madre&raquo;. En efecto, &laquo;no hay camino de vida, no hay perd&oacute;n, no hay reconciliaci&oacute;n fuera de la madre Iglesia&raquo;, tanto que es necesario siempre &laquo;pedir al Se&ntilde;or la gracia de confiar en esta mam&aacute; que nos defiende, nos ense&ntilde;a, nos hace crecer&raquo;.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUSSANCTAE MARTHAE Como una mam&aacute; que defiende a sus hijos Martes 17 de septiembre de 2013 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 38, viernes 20 de septiembre de 2013 &nbsp; Como una mam&aacute; que nos ama, nos defiende, nos da la fuerza &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-una-mama-que-defiende-a-sus-hijos-17-de-septiembre-de-2013\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abComo una mam\u00e1 que defiende a sus hijos (17 de septiembre de 2013)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39149","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39149"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39149\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}