{"id":39203,"date":"2016-10-05T22:28:34","date_gmt":"2016-10-06T03:28:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-que-iran-en-primer-lugar-16-de-diciembre-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:28:34","modified_gmt":"2016-10-06T03:28:34","slug":"los-que-iran-en-primer-lugar-16-de-diciembre-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-que-iran-en-primer-lugar-16-de-diciembre-de-2014\/","title":{"rendered":"Los que ir\u00e1n en primer lugar (16 de diciembre de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>Los que ir&aacute;n en primer lugar<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Martes 16 de diciembre de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 51-52, viernes 19-26 de diciembre de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un &laquo;coraz&oacute;n arrepentido&raquo; que sabe reconocer los propios pecados es la condici&oacute;n fundamental para encaminarse por la &laquo;senda de la salvaci&oacute;n&raquo;. Entonces el &laquo;juicio&raquo; del Se&ntilde;or no dar&aacute; miedo, sino que dar&aacute; &laquo;esperanza&raquo;. Y las dos lecturas del d&iacute;a, en las que se centr&oacute; la reflexi&oacute;n del Papa en la misa del martes 16 de diciembre, tienen la &laquo;estructura de un juicio&raquo;. <\/p>\n<p>La primera, tomada del Libro del profeta Sofon&iacute;as (3, 1-2. 9-13) comienza &laquo;con una palabra de amenaza: \u201c&iexcl;Ay de la ciudad rebelde, impura!&raquo;. He aqu&iacute; ya el juicio: &laquo;a la ciudad rebelde&raquo;, la ciudad que &laquo;no ha escuchado la llamada, que no ha aceptado la lecci&oacute;n, no ha confiado en el Se&ntilde;or, no ha recurrido a su Dios&raquo;. Para ellos es la &laquo;condena&raquo; que se expresa en el t&eacute;rmino &laquo;&iexcl;ay!&raquo;. Para los dem&aacute;s, en cambio, hay una promesa: &laquo;Purificar&eacute; los labios de los pueblos&raquo;, escribe el profeta. Y contin&uacute;a: &laquo;Desde las orillas de los r&iacute;os de Cus, mis adoradores, los deportados, traer&aacute;n mi ofrenda. Aquel d&iacute;a, ya no te avergonzar&aacute;s de las acciones con que me ofendiste&raquo;. <\/p>\n<p>&iquest;De qui&eacute;n habla Sofon&iacute;as? De quien \u2014explic&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 se acerca &laquo;al Se&ntilde;or porque el Se&ntilde;or ha perdonado&raquo;. Son estos &laquo;los salvados&raquo;; los dem&aacute;s, en cambio, son &laquo;los soberbios, que no hab&iacute;an escuchado la voz del Se&ntilde;or, que no aceptaron la correcci&oacute;n, no confiaron en el Se&ntilde;or&raquo;. <\/p>\n<p>A los que se arrepienten, que son capaces de reconocer: &laquo;S&iacute;, somos pecadores&raquo; \u2014destac&oacute; el Papa\u2014 el Se&ntilde;or reserv&oacute; el perd&oacute;n y dirigi&oacute; &laquo;esta palabra, que es una de las palabras llenas de esperanza del Antiguo Testamento: \u201cDejar&eacute; en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscar&aacute; refugio en el nombre del Se&ntilde;or\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; se distinguen &laquo;las tres caracter&iacute;sticas del pueblo fiel de Dios: humildad, pobreza y confianza en el Se&ntilde;or&raquo;. Y es precisamente esta &laquo;la senda de la salvaci&oacute;n&raquo;. Los dem&aacute;s, en cambio, &laquo;no acogieron la voz del Se&ntilde;or, no aceptaron la correcci&oacute;n, no confiaron en el Se&ntilde;or&raquo;, por ello &laquo;no pueden recibir la salvaci&oacute;n&raquo;: se &laquo;cerraron, ellos, a la salvaci&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>Lo mismo, precis&oacute; el Pont&iacute;fice, sucede hoy: &laquo;Cuando vemos el santo pueblo de Dios que es humilde, que tiene sus riquezas en la fe en el Se&ntilde;or, en la confianza en el Se&ntilde;or; el pueblo humilde y pobre que conf&iacute;a en el Se&ntilde;or&raquo;, entonces encontramos a &laquo;los salvados&raquo;, porque &laquo;este es el camino&raquo; que debe recorrer la Iglesia. <\/p>\n<p>Una din&aacute;mica semejante se encuentra en el Evangelio del d&iacute;a (Mateo, 21, 28-32), donde Jes&uacute;s propone &laquo;a los jefes de los sacerdotes, a los ancianos del pueblo&raquo;, a todo ese &laquo;\u201cgrupo\u201d de gente que le declaraba la guerra&raquo;, un &laquo;juicio&raquo; sobre el cual reflexionar. Les presenta el caso de los dos hijos a quienes el padre les pide que vayan a trabajar a la vi&ntilde;a. Uno responde: &laquo;No voy&raquo;. Pero luego va. El otro, en cambio, dice: &laquo;S&iacute;, pap&aacute;&raquo;, pero despu&eacute;s reflexiona y &laquo;no va, no obedece&raquo;.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s pregunta a sus interlocutores: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n de los dos cumpli&oacute; la voluntad de su padre? &iquest;El primero, el que hab&iacute;a dicho que no&raquo;, ese &laquo;joven rebelde&raquo; que luego &laquo;pens&oacute; en su padre&raquo; y decidi&oacute; obedecer, o el segundo? As&iacute; llega el juicio: &laquo;En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios&raquo;. Ellos &laquo;ser&aacute;n los primeros&raquo;. Y se los explica: &laquo;Vino Juan a vosotros ense&ntilde;&aacute;ndoos el camino de la justicia y no le cre&iacute;steis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun despu&eacute;s de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le cre&iacute;steis&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; hizo esta gente&raquo; para merecer tal juicio? &laquo;No ha escuchado la voz del Se&ntilde;or \u2014explic&oacute; el Papa\u2014, no ha aceptado la correcci&oacute;n, no ha confiado en el Se&ntilde;or&raquo;. Alguien podr&iacute;a decir: &laquo;Pero padre, qu&eacute; esc&aacute;ndalo que Jes&uacute;s diga esto, que los publicanos, que son traidores de la patria porque recib&iacute;an los impuestos para pagar a los romanos&raquo;, precisamente ellos &laquo;ir&aacute;n los primeros al reino de los cielos&raquo;. &iquest;Y lo mismo suceder&aacute; con las &laquo;prostitutas que son mujeres de descarte&raquo;? De aqu&iacute; la conclusi&oacute;n: &laquo;&iquest;Se&ntilde;or t&uacute; has enloquecido? Nosotros somos puros, somos cat&oacute;licos, comulgamos cada d&iacute;a, vamos a misa&raquo;. Sin embargo, destac&oacute; el Papa Francisco, precisamente ellos &laquo;ser&aacute;n los primeros en ir si tu coraz&oacute;n no es un coraz&oacute;n que se arrepiente&raquo;. Y &laquo;si t&uacute; no escuchas al Se&ntilde;or, si no aceptas la correcci&oacute;n y no conf&iacute;as en &Eacute;l, no tienes un coraz&oacute;n arrepentido&raquo;.<\/p>\n<p>El Se&ntilde;or, continu&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;no quiere&raquo; a estos &laquo;hip&oacute;critas que se escandalizaban&raquo; de lo que &laquo;dec&iacute;a Jes&uacute;s sobre los publicanos y las prostitutas, pero luego a escondidas iban a ellos, o para desfogar sus pasiones o para hacer negocios&raquo;. Se consideraban &laquo;puros&raquo;, pero en realidad &laquo;el Se&ntilde;or as&iacute; no los quiere&raquo;. <\/p>\n<p>Este juicio sobre el cual &laquo;la liturgia de hoy nos hace pensar&raquo; es, de todos modos, &laquo;un juicio que da esperanza al mirar nuestros pecados&raquo;. Todos, en efecto, &laquo;somos pecadores&raquo;. Cada uno de nosotros conoce bien la &laquo;lista&raquo; de los propios pecados, y \u2014explic&oacute; el Papa Francisco\u2014 podemos decir: &laquo;Se&ntilde;or te entrego mis pecados, la &uacute;nica cosa que podemos ofrecerte&raquo;.<\/p>\n<p>Para hacer comprender mejor esto, el Pont&iacute;fice record&oacute; la &laquo;vida de un santo que era muy generoso&raquo; y ofrec&iacute;a todo al Se&ntilde;or: &laquo;Lo que el Se&ntilde;or le ped&iacute;a &eacute;l lo hac&iacute;a&raquo;. Lo escuchaba siempre y cumpl&iacute;a siempre su voluntad. Y el Se&ntilde;or en una ocasi&oacute;n le dijo: &laquo;T&uacute; a&uacute;n no me has dado una cosa&raquo;. Y &eacute;l, &laquo;que era tan bueno&raquo;, respondi&oacute;: &laquo;Pero Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; cosa no te he dado? Te he dado mi vida, trabajo por los pobres, trabajo en la catequesis, trabajo aqu&iacute;, trabajo all&iacute;&#8230;&raquo;. As&iacute;, el Se&ntilde;or le sali&oacute; al encuentro: &laquo;T&uacute; a&uacute;n no me has dado una cosa&raquo;. Pero, &laquo;&iquest;qu&eacute; cosa Se&ntilde;or?&raquo;, repiti&oacute; el santo. &laquo;Tus pecados&raquo;, concluy&oacute; el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>He aqu&iacute; la lecci&oacute;n que quiso destacar el Papa: &laquo;Cuando nosotros seamos capaces de decir al Se&ntilde;or: \u201cSe&ntilde;or, estos son mis pecados, no son los de este o los de aquel&#8230; son los m&iacute;os. T&oacute;malos t&uacute;. As&iacute; estar&eacute; salvado\u201d&raquo;, entonces &laquo;seremos ese hermoso pueblo, pueblo humilde y pobres que conf&iacute;a en el nombre del Se&ntilde;or&raquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Los que ir&aacute;n en primer lugar Martes 16 de diciembre de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 51-52, viernes 19-26 de diciembre de 2014 &nbsp; Un &laquo;coraz&oacute;n arrepentido&raquo; que sabe reconocer los propios pecados es la condici&oacute;n fundamental &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-que-iran-en-primer-lugar-16-de-diciembre-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLos que ir\u00e1n en primer lugar (16 de diciembre de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39203","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39203","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39203"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39203\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39203"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39203"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39203"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}