{"id":39204,"date":"2016-10-05T22:28:36","date_gmt":"2016-10-06T03:28:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/corazones-tenebrosos-15-de-diciembre-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:28:36","modified_gmt":"2016-10-06T03:28:36","slug":"corazones-tenebrosos-15-de-diciembre-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/corazones-tenebrosos-15-de-diciembre-de-2014\/","title":{"rendered":"Corazones tenebrosos (15 de diciembre de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>Corazones tenebrosos<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Lunes 15 de diciembre de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 51-52, viernes 19-26 de diciembre de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;Pido al Se&ntilde;or la gracia de que nuestro coraz&oacute;n sea sencillo, luminoso con la verdad que &Eacute;l nos da, y podamos as&iacute; ser amables, capaces de perdonar, comprensivos con los dem&aacute;s, de coraz&oacute;n grande con la gente, misericordiosos&raquo;. Con esta oraci&oacute;n el Papa Francisco concluy&oacute; la homil&iacute;a de la misa del lunes 15 de diciembre. &laquo;Jam&aacute;s \u2014a&ntilde;adi&oacute;\u2014 condenar. Si t&uacute; tienes ganas de condenar, cond&eacute;nate a ti mismo&raquo;. Al contrario, hay que pedir &laquo;al Se&ntilde;or la gracia de que nos d&eacute; esta luz interior, que nos convenza que la roca es s&oacute;lo &Eacute;l y no tantas historias que hacemos como cosas importantes; y que &Eacute;l nos acompa&ntilde;e por el camino, que &Eacute;l nos ensanche el coraz&oacute;n, para que puedan entrar los problemas de tanta gente, y que &Eacute;l nos d&eacute; la gracia de sentirnos pecadores&raquo;.<\/p>\n<p>El punto de partida surgi&oacute; una vez m&aacute;s de las lecturas del d&iacute;a, en especial del pasaje del Evangelio de san Mateo (21, 23-27), donde Jes&uacute;s se dirige a quienes buscan confundir la fe sencilla de las personas con formalismos y normas a menudo in&uacute;tiles. Al respecto el Pont&iacute;fice inici&oacute; su reflexi&oacute;n recordando que ya el domingo de Ramos, cuando &laquo;Jes&uacute;s entr&oacute; en Jerusal&eacute;n&raquo; y &laquo;los ni&ntilde;os cantaban: \u201cHosanna al Hijo de David\u201d&raquo;, algunos &laquo;doctores de la ley quer&iacute;an hacerlos callar&raquo;. Pero Jes&uacute;s dijo: &laquo;No pueden callar; si ellos no gritan, gritar&aacute;n las piedras&raquo;. Luego el Se&ntilde;or &laquo;cur&oacute; a mucha gente enferma&raquo; y cuando tuvo hambre, acerc&aacute;ndose a la higuera que no ten&iacute;a fruto, maldijo a la planta. As&iacute;, &laquo;el &aacute;rbol se sec&oacute;&raquo;, y los disc&iacute;pulos comentaron: &laquo;&iexcl;Has hecho un milagro!&raquo;. Y &Eacute;l respondi&oacute;: &laquo;Si tuvierais fe, har&iacute;ais lo mismo o m&aacute;s&raquo;. <\/p>\n<p>En concreto, destac&oacute; el Papa, Jes&uacute;s &laquo;predica sobre la fe. Luego, en el templo, cur&oacute; a mucha gente, a los enfermos, y expuls&oacute; a los que vend&iacute;an y compraban&raquo;. Y fue entonces que &laquo;los jefes de los sacerdotes, los doctores de la ley se le acercaron para preguntarle&raquo;: &laquo;&iquest;Con qu&eacute; autoridad haces esto? Somos nosotros los que mandamos en el templo&raquo;. Y la respuesta de Jes&uacute;s es una respuesta &laquo;con vivacidad interior, con mucha agudeza&raquo;, porque \u2014destac&oacute; el Papa\u2014 Jes&uacute;s &laquo;va al coraz&oacute;n de esta gente, a lo que ten&iacute;an en el coraz&oacute;n. Era gente que ten&iacute;a un coraz&oacute;n inseguro, un coraz&oacute;n que se acomodaba un poco a las situaciones, un coraz&oacute;n que, seg&uacute;n el momento, iba de una parte o de la otra&raquo;. <\/p>\n<p>A ellos, en efecto, &laquo;no les interesaba la verdad; a ellos les interesaba el propio inter&eacute;s, seg&uacute;n el viento que soplaba&#8230;&raquo;. Y negociaban todo: la libertad interior, la fe, la patria. Todo, menos las apariencias. Les interesaba salir bien de las situaciones. <\/p>\n<p>La descripci&oacute;n de la escena evang&eacute;lica, explic&oacute; el Papa Francisco, es precisamente una de estas situaciones en las que ellos tratan de sacar alg&uacute;n beneficio. &laquo;Vieron en este momento alguna cosa d&eacute;bil&raquo;, tal vez lo &laquo;imaginaron&raquo;, y se dijeron: &laquo;este es el momento&raquo;. De aqu&iacute; la pregunta: &laquo;&iquest;Con qu&eacute; autoridad haces esto?&raquo;. Evidentemente &laquo;se sintieron un poco fuertes&raquo;. Pero la reacci&oacute;n de Jes&uacute;s una vez m&aacute;s los desplaza. &Eacute;l &laquo;no discute con ellos&raquo; y los tranquiliza: &laquo;S&iacute;, s&iacute;, os lo dir&eacute;, pero antes decidme esto&raquo;, pregunta haciendo referencia a Juan el Bautista. As&iacute;, pues, Jes&uacute;s responde a una pregunta con una pregunta &laquo;y con esto los debilita&raquo;, hasta el punto de que sus interlocutores &laquo;no saben d&oacute;nde ir&raquo;.<\/p>\n<p>De aqu&iacute; la relaci&oacute;n indicada por el Papa Francisco con la oraci&oacute;n del inicio de la misa, en la que se pide al Se&ntilde;or &laquo;que disipe las tinieblas de nuestro coraz&oacute;n&raquo;. En efecto, la gente de la que habla el Evangelio &laquo;ten&iacute;a muchas tinieblas en el coraz&oacute;n&raquo;. Cierto, &laquo;era observante de la ley: el s&aacute;bado no caminaban m&aacute;s de cien metros y nunca se sentaban en la mesa sin lavarse las manos&raquo;; era &laquo;gente muy observante, muy segura en sus costumbres&raquo;. Pero, a&ntilde;adi&oacute; el Papa, &laquo;es verdad que s&oacute;lo en las apariencias. Eran fuertes, pero hacia fuera. Estaban acartonados. El coraz&oacute;n era muy d&eacute;bil, no sab&iacute;an en qu&eacute; cre&iacute;an. Y por ello su vida estaba, la parte exterior, toda regulada; pero el coraz&oacute;n iba de una parte a la otra&raquo;.<\/p>\n<p>Al contrario, Jes&uacute;s &laquo;nos ense&ntilde;a que el cristiano debe tener el coraz&oacute;n fuerte, firme, que crece sobre la roca, que es Cristo, y luego ir por el mundo con prudencia&raquo;. En efecto, continu&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;no se negocia el coraz&oacute;n, no se negocia la roca. La roca es Cristo, no se negocia. Este es el drama de la hipocres&iacute;a de esta gente. Y Jes&uacute;s no negociaba nunca su coraz&oacute;n de Hijo del Padre, sino que estaba abierto a la gente, buscando caminos para ayudar&raquo;. Los dem&aacute;s, en cambio, afirmaban: &laquo;Esto no se puede hacer; nuestra disciplina, nuestra doctrina dice que no se puede hacer&raquo;. En definitiva, &laquo;eran r&iacute;gidos en sus disciplinas&raquo; y sosten&iacute;an: &laquo;La disciplina no se toca, es sagrada&raquo;. <\/p>\n<p>En este punto el Papa Francisco quiso a&ntilde;adir un recuerdo personal, vinculado a los tiempos de su juventud, &laquo;cuando el Papa P&iacute;o XII \u2014explic&oacute;\u2014 nos liber&oacute; de esa cruz tan pesada que era el ayuno eucar&iacute;stico. No se pod&iacute;a ni siquiera beber una gota de agua. Y para lavarse los dientes, se ten&iacute;a que hacer de tal modo que no se tragase agua&raquo;. El obispo de Roma confes&oacute;: &laquo;Yo mismo, siendo joven, he ido a confesarme de haber comulgado pensando que alguna gota me la hab&iacute;a tragado&raquo;. Por ello, cuando el Papa Pacelli &laquo;cambi&oacute; la disciplina \u2014\u201c&iexcl;Ah, herej&iacute;a! &iexcl;Toc&oacute; la disciplina de la Iglesia!\u201d\u2014 muchos fariseos se escandalizaron. Muchos. Porque P&iacute;o XII actu&oacute; como Jes&uacute;s: vio la necesidad de la gente: \u201cEsta pobre gente, con tanto calor\u201d. Estos sacerdotes que celebraban tres misas, la &uacute;ltima a la una, despu&eacute;s de mediod&iacute;a, en ayunas. Y estos fariseos eran as&iacute; \u2014\u201cnuestra disciplina\u201d\u2014 r&iacute;gidos en la piel, pero, como dice Jes&uacute;s, \u201ccorruptos en el coraz&oacute;n\u201d, d&eacute;biles hasta la corrupci&oacute;n. Tenebrosos en el coraz&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>En efecto, ellos &laquo;siempre trataban de sacar beneficio&raquo;. Y &laquo;tambi&eacute;n nuestra vida puede llegar a ser as&iacute;&raquo;, advirti&oacute; el Papa Francisco. As&iacute;, pues, &laquo;muchas veces un pecado nos averg&uuml;enza&raquo; y nos hace &laquo;encontrar al Se&ntilde;or, que nos perdona&raquo;. <\/p>\n<p>Al respecto el Pont&iacute;fice cit&oacute; el libro de la Sabidur&iacute;a, que dice: &laquo;Qu&eacute; misterioso es el coraz&oacute;n del hombre, &iquest;qui&eacute;n puede conocerlo?&raquo;. Por ello, concluy&oacute;, &laquo;hoy hemos pedido al Se&ntilde;or&raquo; que disipe &laquo;las tinieblas de nuestro coraz&oacute;n; que nuestro coraz&oacute;n est&eacute; firme en la fe&raquo;. Precisamente como el de la &laquo;gente sencilla&raquo; del pasaje del Evangelio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Corazones tenebrosos Lunes 15 de diciembre de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 51-52, viernes 19-26 de diciembre de 2014 &nbsp; &laquo;Pido al Se&ntilde;or la gracia de que nuestro coraz&oacute;n sea sencillo, luminoso con la verdad que &Eacute;l &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/corazones-tenebrosos-15-de-diciembre-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCorazones tenebrosos (15 de diciembre de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39204","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39204","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39204"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39204\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39204"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39204"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39204"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}