{"id":39208,"date":"2016-10-05T22:28:41","date_gmt":"2016-10-06T03:28:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solo-el-humilde-comprende-2-de-diciembre-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:28:41","modified_gmt":"2016-10-06T03:28:41","slug":"solo-el-humilde-comprende-2-de-diciembre-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solo-el-humilde-comprende-2-de-diciembre-de-2014\/","title":{"rendered":"S\u00f3lo el humilde comprende (2 de diciembre de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>S&oacute;lo el humilde comprende<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Martes 2 de diciembre de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 49, viernes 5 de diciembre de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La grandeza del misterio de Jes&uacute;s s&oacute;lo se puede conocer humill&aacute;ndose y abaj&aacute;ndose como lo hizo &Eacute;l, que lleg&oacute; al punto de ser &laquo;marginado&raquo; y ciertamente no se present&oacute; como un &laquo;general o un gobernador&raquo;. Los te&oacute;logos mismos, si no hacen &laquo;teolog&iacute;a de rodillas&raquo;, corren el riesgo de decir &laquo;muchas cosas&raquo; pero de no entender &laquo;nada&raquo;. Ser humildes y mansos, por lo tanto, fue la sugerencia del Papa Francisco, en la misa del martes 2 de diciembre.<\/p>\n<p>&laquo;Los textos lit&uacute;rgicos que nos ofrece hoy la Iglesia \u2014destac&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 nos acercan al misterio de Jes&uacute;s, al misterio de su persona&raquo;. Y, en efecto, explic&oacute;, el pasaje del Evangelio de san Lucas (10, 21-24) &laquo;dice que Jes&uacute;s se llen&oacute; de alegr&iacute;a en el Esp&iacute;ritu Santo y alab&oacute; al Padre&raquo;. Por lo dem&aacute;s, &laquo;esta es la vida interior de Jes&uacute;s: su relaci&oacute;n con el Padre, relaci&oacute;n de alabanza, en el Esp&iacute;ritu, precisamente el Esp&iacute;ritu Santo que une esa relaci&oacute;n&raquo;. Este es &laquo;el misterio de la interioridad de Jes&uacute;s, lo que &Eacute;l sent&iacute;a&raquo;.<\/p>\n<p>En efecto, Jes&uacute;s \u2014continu&oacute; el Papa Francisco\u2014 &laquo;dijo que quien lo ve&iacute;a a &Eacute;l, ve&iacute;a al Padre&raquo;. Dice precisamente: &laquo;S&iacute;, Padre, porque as&iacute; te ha parecido bien&raquo;. Y &laquo;nadie conoce qui&eacute;n es el Hijo sino el Padre; ni quien es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar&raquo;.<\/p>\n<p>Al Padre, continu&oacute; el Papa, &laquo;s&oacute;lo el Hijo lo conoce: Jes&uacute;s conoce al Padre&raquo;. Y as&iacute;, &laquo;cuando Felipe fue hacia Jes&uacute;s y dijo: \u201cmu&eacute;stranos al Padre\u201d&raquo;, el Se&ntilde;or le responde: &laquo;Felipe, quien me ve a m&iacute;, ve al Padre&raquo;. En efecto, &laquo;es muy grande la uni&oacute;n entre ellos: &Eacute;l es la imagen del Padre; es la cercan&iacute;a de la ternura del Padre a nosotros&raquo;. Y &laquo;el Padre se acerca a nosotros en Jes&uacute;s&raquo;.<\/p>\n<p>El Papa Francisco record&oacute; que &laquo;en el discurso de despedida, tras la Cena&raquo;, Jes&uacute;s repiti&oacute; muchas veces: &laquo;Padre, que todos sean uno, como t&uacute; en m&iacute; y yo en ti&raquo;. Y &laquo;prometi&oacute; el Esp&iacute;ritu Santo, porque precisamente el Esp&iacute;ritu Santo es quien hace esta unidad, como la hace entre el Padre y el Hijo&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;Esto es un poco para acercarnos a este misterio de Jes&uacute;s&raquo;, explic&oacute; el Pont&iacute;fice. Pero &laquo;este misterio no qued&oacute; solamente entre ellos, se nos revel&oacute; a nosotros&raquo;. El Padre, por lo tanto, &laquo;fue revelado por Jes&uacute;s: &Eacute;l nos hace conocer al Padre; nos hace conocer esta vida interior que &Eacute;l tiene&raquo;. Y &laquo;&iquest;a qui&eacute;n revela esto, el Padre?, &iquest;a qui&eacute;n da esta gracia?&raquo;, se pregunt&oacute; el Papa. La respuesta la da Jes&uacute;s mismo, como dice san Lucas en su Evangelio: &laquo;Te doy gracias, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los peque&ntilde;os&raquo;.<\/p>\n<p>Por ello &laquo;s&oacute;lo quienes tienen el coraz&oacute;n como los peque&ntilde;os son capaces de recibir esta revelaci&oacute;n&raquo;. S&oacute;lo &laquo;el coraz&oacute;n humilde, manso, que siente la necesidad de rezar, de abrirse a Dios, que se siente pobre&raquo;. En una palabra, &laquo;s&oacute;lo quien camina con la primera bienaventuranza: los pobres de esp&iacute;ritu&raquo;.<\/p>\n<p>Cierto, reconoci&oacute; el Papa, &laquo;muchos pueden conocer la ciencia, la teolog&iacute;a incluso&raquo;. Pero &laquo;si no hacen esta teolog&iacute;a de rodillas, es decir, humildemente, como los peque&ntilde;os, no comprender&aacute;n nada&raquo;. Tal vez &laquo;nos dir&aacute;n muchas cosas pero no comprender&aacute;n nada&raquo;. Porque &laquo;s&oacute;lo esta pobreza es capaz de recibir la revelaci&oacute;n que el Padre da a trav&eacute;s de Jes&uacute;s, por medio de Jes&uacute;s&raquo;. Y &laquo;Jes&uacute;s viene no como un capit&aacute;n, un general del ej&eacute;rcito, un gobernante poderoso&raquo;, sino que &laquo;viene como un brote&raquo;, seg&uacute;n la imagen de la primera lectura, tomada del libro del profeta Isa&iacute;as (11, 1-10): &laquo;Pero brotar&aacute; un renuevo del tronco de Jes&eacute;&raquo;. Por lo tanto, &laquo;&Eacute;l es el renuevo, es humilde, es manso, y vino para los humildes, para los mansos, a traer la salvaci&oacute;n a los enfermos, a los pobres, a los oprimidos, como &Eacute;l mismo dice en el cuarto cap&iacute;tulo de san Lucas al visitar la sinagoga de Nazaret&raquo;. Y Jes&uacute;s vino precisamente &laquo;para los marginados: &Eacute;l se margina, no considera un valor innegociable ser igual a Dios&raquo;. En efecto, record&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;se humill&oacute; a s&iacute; mismo, se anonad&oacute;&raquo;. &Eacute;l &laquo;se margin&oacute;, se humill&oacute;&raquo; para &laquo;darnos el misterio del Padre y el suyo&raquo;.<\/p>\n<p>El Papa destac&oacute; que &laquo;no se puede recibir esta revelaci&oacute;n fuera, al margen, del modo como la trae Jes&uacute;s: en humildad, abaj&aacute;ndose a s&iacute; mismo&raquo;. Nunca se puede olvidar que &laquo;el Verbo se hizo carne, se margin&oacute; para traer la salvaci&oacute;n a los marginados&raquo;. Y &laquo;cuando el gran Juan Bautista, en la c&aacute;rcel, no comprend&iacute;a mucho c&oacute;mo estaban las cosas all&iacute;, con Jes&uacute;s, porque estaba un poco perplejo, envi&oacute; a sus disc&iacute;pulos a preguntar: \u201cJuan te pregunta: &iquest;eres t&uacute; o tenemos que esperar a otro?\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>Ante la petici&oacute;n de Juan, Jes&uacute;s no respondi&oacute;: &laquo;Soy yo el Hijo&raquo;. Dijo en cambio: &laquo;Mirad, observad todo esto, y luego decid a Juan lo que hab&eacute;is visto&raquo;: o sea que &laquo;los leprosos quedan limpios, los pobres son evangelizados, los marginados son encontrados&raquo;.<\/p>\n<p>Resulta evidente, seg&uacute;n el Papa Francisco, que &laquo;la grandeza del misterio de Dios s&oacute;lo se conoce en el misterio de Jes&uacute;s, y el misterio de Jes&uacute;s es precisamente un misterio de abajarse, de anonadarse, de humillarse, y trae la salvaci&oacute;n a los pobres, a quienes son aniquilados por muchas enfermedades, pecados y situaciones dif&iacute;ciles&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;Fuera de este marco \u2014dijo el Papa\u2014 no se puede comprender el misterio de Jes&uacute;s, no se puede comprender esta unci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que lo hace gozar, como hemos escuchado en el Evangelio, en la alabanza al Padre, que lo lleva a evangelizar a los pobres, a los marginados&raquo;.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, en el tiempo de Adviento, el Papa Francisco invit&oacute; a rezar para pedir la gracia &laquo;al Se&ntilde;or de acercarnos m&aacute;s, m&aacute;s, m&aacute;s a su misterio, y de hacerlo por el camino que &Eacute;l quiere que recorramos: la senda de la humildad, la senda de la mansedumbre, la senda de la pobreza, la senda de sentirnos pecadores&raquo; Porque es as&iacute;, concluy&oacute;, como &laquo;&Eacute;l viene a salvarnos, a liberarnos&raquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El Papa Francisco lanz&oacute; una invitaci&oacute;n a la &laquo;esperanza&raquo;, a no dejarse abatir y asustar por una realidad hecha de &laquo;guerras y sufrimientos&raquo;. Al recordar c&oacute;mo las grandes construcciones que son erigidas prescindiendo de Dios est&aacute;n destinadas a derrumbarse: as&iacute; sucedi&oacute; para la &laquo;malvada Babilonia&raquo;, que cay&oacute; por la corrupci&oacute;n de la mundanidad espiritual. Y fue as&iacute; tambi&eacute;n para la &laquo;distra&iacute;da Jerusal&eacute;n&raquo;, que cay&oacute; por ser &laquo;suficiente&raquo; a s&iacute; misma e incapaz de advertir las visitas del Se&ntilde;or. As&iacute;, para el cristiano, la actitud justa es siempre &laquo;la esperanza&raquo; y jam&aacute;s &laquo;el abatimiento&raquo;, dijo en la misa del jueves 27 de noviembre. Y dedic&oacute; la celebraci&oacute;n a la bienaventurada Virgen de la medalla milagrosa, importante para la espiritualidad de las Hijas de la caridad de San Vicente de Pa&uacute;l, las consagradas que prestan servicio en la Casa Santa Marta.<\/p>\n<p>&laquo;En estos &uacute;ltimos d&iacute;as del a&ntilde;o lit&uacute;rgico \u2014hizo notar inmediatamente el Pont&iacute;fice\u2014 la Iglesia nos propone meditar sobre el fin, sobre los &uacute;ltimos d&iacute;as, sobre el fin del mundo&raquo;. Y &laquo;lo hace con diversas im&aacute;genes, con diversos argumentos: ma&ntilde;ana tocar&aacute; la de los signos de los tiempos&raquo;. Pero, prosigui&oacute;, &laquo;atrae siempre nuestra atenci&oacute;n hacia el fin: la apariencia de este mundo se disolver&aacute; y existir&aacute; otra tierra, otro cielo; pero esto terminar&aacute;, terminar&aacute; transformado&raquo;. As&iacute;, explic&oacute;, &laquo;hoy nos presenta, para meditar, la figura de dos ciudades, la ca&iacute;da de dos ciudades: dos ciudades que no acogieron al Se&ntilde;or, que se alejaron del Se&ntilde;or; dos ciudades que se sent&iacute;an satisfechas de s&iacute; mismas&raquo;. Y, as&iacute;, en la primera lectura, tomada del Apocalipsis (18,1-2.21- 23; 19,1-3.9) Juan habla de la ca&iacute;da de Babilonia. Mientras que Lucas, en el Evangelio (21, 20-28) refiere las palabras de Jes&uacute;s sobre la ca&iacute;da de Jerusal&eacute;n.<\/p>\n<p>Sin embargo, precis&oacute; el Papa Francisco, &laquo;la ca&iacute;da de estas dos ciudades ocurre por motivos diferentes&raquo;. Por una parte est&aacute; Babilonia, &laquo;s&iacute;mbolo del mal, del pecado en el que se hab&iacute;a convertido&raquo;, se lee precisamente en el Apocalipsis, &laquo;morada de demonios, guarida de todo esp&iacute;ritu inmundo, guarida de todo p&aacute;jaro inmundo y abominable&raquo;. Y &laquo;Babilonia cae por corrupci&oacute;n&raquo;. Al final lo dice precisamente el ap&oacute;stol: &laquo;Ella, la gran prostituta que corromp&iacute;a a la tierra con sus fornicaciones&raquo;. Babilonia, destac&oacute; el Papa Francisco, &laquo;era corrupta, se sent&iacute;a due&ntilde;a del mundo y de s&iacute;, con el poder del pecado&raquo;. Y &laquo;cuando se acumula el pecado, se pierde la capacidad de reaccionar y se comienza a pudrir&raquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, &laquo;as&iacute; sucede tambi&eacute;n con las personas, con las personas corruptas, que no tienen fuerza para reaccionar&raquo;, precis&oacute; el Papa. Porque &laquo;la corrupci&oacute;n te da algo de felicidad, te da poder y tambi&eacute;n te hace sentir satisfecho de ti mismo&raquo;; pero &laquo;no deja espacio para el Se&ntilde;or, para la conversi&oacute;n&raquo;. He aqu&iacute;, entonces, el perfil de la &laquo;ciudad corrupta&raquo;. Y precisamente &laquo;la palabra corrupci&oacute;n hoy nos dice mucho: no s&oacute;lo corrupci&oacute;n econ&oacute;mica, sino corrupci&oacute;n con tantos pecados diversos; corrupci&oacute;n con ese esp&iacute;ritu pagano, con ese esp&iacute;ritu mundano&raquo;. Por lo dem&aacute;s, destac&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;la peor corrupci&oacute;n es el esp&iacute;ritu de mundanidad&raquo;. Y, en efecto, &laquo;Jes&uacute;s hab&iacute;a pedido mucho al Padre que guardara a sus disc&iacute;pulos del mundo, del esp&iacute;ritu del mundo, que te hace sentir como en el para&iacute;so aqu&iacute;, pleno, abundante&raquo;. En cambio &laquo;dentro, esa cultura corrupta es una cultura putrefacta: muerta y m&aacute;s&#8230; Esto no se ve&raquo;.<\/p>\n<p>Babilonia es as&iacute; el &laquo;s&iacute;mbolo&raquo; \u2014dijo el Pont&iacute;fice\u2014 de &laquo;toda sociedad, de toda cultura, de toda persona alejada de Dios; tambi&eacute;n alejada del amor al pr&oacute;jimo, que termina por pudrirse, por pudrirse en s&iacute; misma&raquo;. Y al final &laquo;esta Babilonia, que era morada de demonios, cae por esp&iacute;ritu de mundanidad, cae por corrupci&oacute;n, se aleja del Se&ntilde;or por corrupci&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>En cambio, explic&oacute; el Papa Francisco, &laquo;Jerusal&eacute;n cae por otro motivo&raquo;. Ante todo, &laquo;Jerusal&eacute;n es la esposa, es la novia del Se&ntilde;or: &iexcl;la quer&iacute;a mucho!&raquo;. Pero &laquo;no se da cuenta de las visitas del Se&ntilde;or&raquo; y &laquo;hace llorar al Se&ntilde;or&raquo;. Tanto que le hace decir: &laquo;Cu&aacute;ntas veces intent&eacute; reunir a tus hijos, como la gallina re&uacute;ne a los polluelos: no te diste cuenta de mis visitas, de las numerosas veces que Dios te visit&oacute;&raquo;.<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, precis&oacute; el Papa, si &laquo;Babilonia cae por corrupci&oacute;n, Jerusal&eacute;n cae por distracci&oacute;n, por no recibir al Se&ntilde;or que viene a salvarla&raquo;. En concreto, &laquo;no se sent&iacute;a necesitada de la salvaci&oacute;n: ten&iacute;a los escritos de los profetas, de Mois&eacute;s y esto era suficiente&raquo;. Pero esos escritos estaban &laquo;cerrados&raquo;. Por consiguiente, &laquo;no dejaba lugar para ser salvada, ten&iacute;a la puerta cerrada para el Se&ntilde;or&raquo;. Y, as&iacute;, &laquo;el Se&ntilde;or llamaba a la puerta, pero no hab&iacute;a disponibilidad para recibirle, escucharle, dejarse salvar por &Eacute;l&raquo;. Y al final Jerusal&eacute;n cae.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n el Pont&iacute;fice, &laquo;estos dos ejemplos nos pueden hacer pensar en nuestra vida: tambi&eacute;n nosotros, un d&iacute;a, sentiremos el sonido de las trompetas&raquo;. Pero &laquo;&iquest;en qu&eacute; ciudad estaremos ese d&iacute;a? &iquest;En la corrupta y suficiente Babilonia? &iquest;En la distra&iacute;da, con las puertas cerradas, Jerusal&eacute;n?&raquo;. En todo caso, al final ambas son destruidas.<\/p>\n<p>Sin embargo, &laquo;el mensaje de la Iglesia en estos d&iacute;as \u2014sugiri&oacute; el Papa Francisco\u2014 no termina con la destrucci&oacute;n: en los dos textos hay una promesa de esperanza&raquo;. En efecto, en el momento en que Babilonia cae &laquo;se siente el grito de victoria: &iexcl;aleluya, bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero! Aleluya, ahora comienza el banquete de bodas, ahora que todo est&aacute; limpio&raquo;. Esa ciudad, a&ntilde;adi&oacute;, &laquo;no era digna de este banquete&raquo;.<\/p>\n<p>Por otra parte, &laquo;el texto de la ca&iacute;da de Jerusal&eacute;n nos consuela mucho con esa palabra de Jes&uacute;s: &iexcl;alzad la cabeza!&raquo;. La invitaci&oacute;n del Se&ntilde;or es &laquo;mirar&raquo; y no dejarse &laquo;asustar por los paganos&raquo;. Puesto que &laquo;los paganos tienen su tiempo y debemos soportarlo con paciencia, como soport&oacute; el Se&ntilde;or su pasi&oacute;n&raquo;. Por eso queda la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;&iexcl;Alzad la cabeza!&raquo;.<\/p>\n<p>Con este llamamiento a la esperanza el Papa concluy&oacute; su meditaci&oacute;n. &laquo;Cuando pensemos en el fin, en el fin de nuestra vida, en el fin del mundo \u2014explic&oacute;\u2014 cada uno de nosotros tendr&aacute; su fin; cuando pensemos en el fin, con todos nuestros pecados, con toda nuestra historia, pensemos en el banquete que se nos dar&aacute; gratuitamente y alcemos la cabeza&raquo;. Por ello &laquo;sin abatimiento&raquo; sino con &laquo;esperanza&raquo;. Es verdad, reconoci&oacute; el Papa Francisco, que &laquo;la realidad es fea: hay muchos, muchos pueblos, ciudades y gente, mucha gente, que sufre; muchas guerras, mucho odio, mucha envidia, mucha mundanidad espiritual y mucha corrupci&oacute;n&raquo;. Pero &laquo;todo esto caer&aacute;&raquo;. He aqu&iacute; por qu&eacute;, afirm&oacute;, debemos pedir &laquo;al Se&ntilde;or la gracia de estar preparados para el banquete que nos espera, con la cabeza siempre en alto&raquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE S&oacute;lo el humilde comprende Martes 2 de diciembre de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 49, viernes 5 de diciembre de 2014 &nbsp; La grandeza del misterio de Jes&uacute;s s&oacute;lo se puede conocer humill&aacute;ndose y abaj&aacute;ndose como lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solo-el-humilde-comprende-2-de-diciembre-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abS\u00f3lo el humilde comprende (2 de diciembre de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39208","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39208","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39208"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39208\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39208"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39208"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39208"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}