{"id":39245,"date":"2016-10-05T22:29:39","date_gmt":"2016-10-06T03:29:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-perfume-de-la-pecadora-18-de-septiembre-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:29:39","modified_gmt":"2016-10-06T03:29:39","slug":"el-perfume-de-la-pecadora-18-de-septiembre-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-perfume-de-la-pecadora-18-de-septiembre-de-2014\/","title":{"rendered":"El perfume de la pecadora (18 de septiembre de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>El perfume de la pecadora<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Jueves 18 de septiembre de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 39, viernes 26 de septiembre de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El Se&ntilde;or salva &laquo;solamente a quien sabe abrir su coraz&oacute;n y se reconoce pecador&raquo;. Es la ense&ntilde;anza que el Papa Francisco dio del pasaje evang&eacute;lico de san Lucas (7, 36-50) durante la misa que celebr&oacute; el jueves 18 de septiembre, por la ma&ntilde;ana, en Santa Marta. Se trata del relato de la pecadora que, durante la comida en la casa de un fariseo, sin ser ni siquiera invitada, se acerca a Cristo con &laquo;un vaso de perfume&raquo; y &laquo;coloc&aacute;ndose detr&aacute;s junto a sus pies, llorando&raquo;, comienza &laquo;a ba&ntilde;arlos de l&aacute;grimas&raquo;, luego los seca &laquo;con sus cabellos&raquo;, los besa y los unge de perfume. <\/p>\n<p>El Pont&iacute;fice explic&oacute; que precisamente &laquo;reconocer los pecados, nuestra miseria, reconocer lo que somos y lo que somos capaces de hacer o hemos hecho es la puerta que se abre a la caricia de Jes&uacute;s, al perd&oacute;n de Jes&uacute;s. Al respecto el Papa repiti&oacute; una expresi&oacute;n muy querida por &eacute;l: &laquo;el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo son los propios pecados&raquo;. <\/p>\n<p>A un o&iacute;do poco atento esto &laquo;parecer&iacute;a casi una herej&iacute;a \u2014coment&oacute;\u2014 pero lo dec&iacute;a tambi&eacute;n san Pablo&raquo; cuando, en la segunda Lectura a los Corintios (12, 9), afirmaba gloriarse &laquo;solamente de dos cosas: de los propios pecados y de Cristo Resucitado que lo ha salvado&raquo;.<\/p>\n<p>El Papa introdujo su reflexi&oacute;n reconstruyendo la escena descrita en el pasaje evang&eacute;lico. Aquel &laquo;que hab&iacute;a invitado a Jes&uacute;s al almuerzo \u2014hizo notar\u2014 era una persona de un cierto nivel, de cultura, quiz&aacute;s un universitario. Y &laquo;no parece que fuera una mala persona&raquo;. Hasta que irrumpe en el banquete una figura femenina, una que no ten&iacute;a cultura o si la ten&iacute;a, aqu&iacute; no lo demostr&oacute;&raquo;. En efecto, &laquo;entra y hace eso que quiere hacer: sin pedir disculpas, sin pedir permiso&raquo;.<\/p>\n<p>Es entonces cuando la realidad se revela detr&aacute;s de las buenas maneras: &laquo;Si este fuera profeta, sabr&iacute;a qui&eacute;n y qu&eacute; clase de mujer es la que lo est&aacute; tocando, pues es una pecadora&raquo;. Este hombre &laquo;no era malo&raquo;, sin embargo, &laquo;no logra entender el gesto de la mujer. No logra entender los gestos elementales de la gente&raquo;. En resumen, &laquo;estaba alejado de la realidad&raquo;. S&oacute;lo as&iacute;, continu&oacute; el Papa, se explica &laquo;la acusaci&oacute;n&raquo; imputada a Jes&uacute;s: &laquo;&iexcl;Este es un sant&oacute;n! Nos habla de cosas hermosas, hace un poco de magia; es un curandero; pero al final no conoce a la gente, porque si supiera de qu&eacute; clase es esta, habr&iacute;a dicho algo&raquo;.<\/p>\n<p>Hay entonces &laquo;dos actitudes&raquo; muy diferentes entre s&iacute;: por una parte la del &laquo;hombre que ve y califica&raquo;, juzga; y por otro la de la &laquo;mujer que llora y hace cosas que parecen locuras&raquo;, porque utiliza un perfume que &laquo;es caro, es costoso&raquo;. En especial el Pont&iacute;fice se detuvo en el hecho de que el Evangelio s&iacute; utiliza la palabra &laquo;unci&oacute;n&raquo; para significar que el &laquo;perfume de la mujer unge: tiene la capacidad de ser una unci&oacute;n&raquo;, al contrario de las palabras del fariseo que &laquo;no llegan al coraz&oacute;n, no llegan a la realidad&raquo;.<\/p>\n<p>En medio a estas dos figuras tan antit&eacute;ticas est&aacute; Jes&uacute;s, con &laquo;su paciencia, su amor&raquo;, su &laquo;deseo de salvar a todos&raquo;, que &laquo;le lleva a explicar al fariseo qu&eacute; significa eso que hace esta mujer&raquo; y a reprocharle, si bien &laquo;con humildad y ternura&raquo;, por no haber tenido &laquo;cortes&iacute;a&raquo; con &Eacute;l.<\/p>\n<p>El Papa evidenci&oacute; tambi&eacute;n que el Evangelio no dice &laquo;c&oacute;mo termin&oacute; la historia para este hombre&raquo;, pero dice claramente &laquo;c&oacute;mo termin&oacute; para la mujer: \u201cTus pecados han quedado perdonados\u201d&raquo;. Una frase, esta, que escandaliza a los comensales, quienes comienzan a confabular entre s&iacute; pregunt&aacute;ndose: &laquo;&iquest;Pero qui&eacute;n es este, que hasta perdona pecados?&raquo;. En resumen, &laquo;a ella se le dice que sus pecados le son perdonados, a los dem&aacute;s, Jes&uacute;s les hace ver s&oacute;lo los gestos y se los explica, incluso los gestos no realizados, o sea lo que no han hecho con &Eacute;l&raquo;. En consecuencia &laquo;la palabra salvaci&oacute;n \u2014\u201ctu fe te ha salvado\u201d\u2014 la dice s&oacute;lo a la mujer, que es una pecadora. Y la dice porque ella logr&oacute; llorar sus pecados, confesar sus pecados, decir: \u201cSoy una pecadora\u201d&raquo;. Por el contrario, &laquo;no la dice a esa gente&raquo;, que incluso &laquo;no era mala&raquo;, sino porque estas personas &laquo;cre&iacute;an que no eran pecadoras&raquo;.<\/p>\n<p>He aqu&iacute; entonces la ense&ntilde;anza del Evangelio: &laquo;La salvaci&oacute;n entra en el coraz&oacute;n solamente cuando abrimos el coraz&oacute;n en la verdad de nuestros pecados&raquo;. Cierto, observ&oacute; el obispo de Roma, &laquo;ninguno de nosotros ir&aacute; a hacer el gesto que hizo esta mujer&raquo;, pero todos nosotros tenemos la posibilidad de llorar, todos nosotros tenemos la posibilidad de abrirnos y decir: Se&ntilde;or, &iexcl;s&aacute;lvame!&raquo;. Tambi&eacute;n porque, afirm&oacute;, &laquo;a esa otra gente, en este pasaje del Evangelio, Jes&uacute;s no dice nada. Pero en otro pasaje dir&aacute; esa terrible palabra: \u201c&iexcl;Hip&oacute;critas, porque os hab&eacute;is alejado de la realidad, de la verdad!\u201d&raquo;. Y de nuevo, refiri&eacute;ndose al ejemplo de esa pecadora, dice: &laquo;Pensad bien, ser&aacute;n las prostitutas y los publicanos que os preceder&aacute;n en el reino de los cielos&raquo;. Porque ellos \u2014concluy&oacute;\u2014 &laquo;se sienten pecadores&raquo; y &laquo;abren su coraz&oacute;n en la confesi&oacute;n de los pecados, en el encuentro con Jes&uacute;s, que dio su sangre por todos nosotros&raquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE El perfume de la pecadora Jueves 18 de septiembre de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 39, viernes 26 de septiembre de 2014 &nbsp; El Se&ntilde;or salva &laquo;solamente a quien sabe abrir su coraz&oacute;n y se reconoce pecador&raquo;. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-perfume-de-la-pecadora-18-de-septiembre-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl perfume de la pecadora (18 de septiembre de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39245","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39245","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39245"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39245\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39245"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39245"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39245"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}