{"id":39265,"date":"2016-10-05T22:30:11","date_gmt":"2016-10-06T03:30:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-brisa-suave-13-de-junio-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:30:11","modified_gmt":"2016-10-06T03:30:11","slug":"una-brisa-suave-13-de-junio-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-brisa-suave-13-de-junio-de-2014\/","title":{"rendered":"Una brisa suave (13 de junio de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>Una brisa suave<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Viernes 13 de junio de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 25, viernes 20 de junio de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de confiarnos una misi&oacute;n el Se&ntilde;or nos prepara, prob&aacute;ndonos con un proceso de purificaci&oacute;n y discernimiento. Es la historia del profeta El&iacute;as la que sugiri&oacute; al Papa, durante la misa que celebr&oacute; el viernes 13 de junio, la reflexi&oacute;n sobre esta regla fundamental de la vida cristiana.<\/p>\n<p>&laquo;En la primea lectura \u2014dijo el Pont&iacute;fice refiri&eacute;ndose al pasaje tomado del primer libro de los Reyes (19, 9.11-16)\u2014 hemos escuchado la historia de El&iacute;as: c&oacute;mo el Se&ntilde;or prepara un profeta, c&oacute;mo trabaja en su coraz&oacute;n para que este hombre sea fiel a su palabra y haga lo que &Eacute;l quiere&raquo;.<\/p>\n<p>El profeta El&iacute;as &laquo;era una persona fuerte, de gran fe. Hab&iacute;a amonestado al pueblo por adorar a Dios y adorar a los &iacute;dolos: pero si adoraba a los &iacute;dolos, adoraba mal a Dios. Y si adoraba a Dios, adoraba mal a los &iacute;dolos&raquo;. Por eso El&iacute;as dec&iacute;a que el pueblo renqueaba &laquo;con los dos pies&raquo;, no ten&iacute;a estabilidad y no estaba firme en la fe. En su misi&oacute;n &laquo;fue valiente&raquo; y, al final, lanz&oacute; un desaf&iacute;o a los sacerdotes de Baal, sobre el monte Carmelo, y los venci&oacute;. &laquo;Y para terminar la historia los mat&oacute; a todos&raquo;, poniendo as&iacute; fin a la idolatr&iacute;a &laquo;en esa parte del pueblo de Israel&raquo;. Por lo que El&iacute;as &laquo;estaba contento porque la fuerza del Se&ntilde;or estaba con &eacute;l&raquo;.<\/p>\n<p>Pero, prosigui&oacute; el Papa, &laquo;al d&iacute;a siguiente la reina Jezabel \u2014era la mujer del rey pero era ella la que gobernaba\u2014 lo amenaz&oacute; y le dijo que lo matar&iacute;a&raquo;. Ante esta amenaza El&iacute;as &laquo;tuvo tanto miedo que cay&oacute; en depresi&oacute;n: se march&oacute; y quer&iacute;a morir&raquo;. Precisamente ese profeta que el d&iacute;a anterior &laquo;hab&iacute;a sido tan valiente y hab&iacute;a vencido&raquo; contra los sacerdotes de Baal, &laquo;hoy est&aacute; mal, no quiere comer y quiere morir, tanta era la depresi&oacute;n que ten&iacute;a&raquo;. Y todo esto, explic&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;por la amenaza de una mujer&raquo;. Por eso &laquo;los cuatrocientos sacerdotes del &iacute;dolo Baal no lo hab&iacute;an asustado, pero esta mujer s&iacute;&raquo;.<\/p>\n<p>Es una historia que &laquo;nos hace ver c&oacute;mo el Se&ntilde;or prepara&raquo; para la misi&oacute;n. En efecto, El&iacute;as &laquo;con aquella depresi&oacute;n se retir&oacute; al desierto para morir y se recost&oacute; esperando la muerte. Pero el Se&ntilde;or lo llama&raquo; y lo invita a comer un poco de pan y a beber porque, le dice, &laquo;t&uacute; debes a&uacute;n caminar mucho&raquo;. Y as&iacute; El&iacute;as &laquo;come, bebe, pero despu&eacute;s se vuelve a recostar. Y el Se&ntilde;or de nuevo lo llama: sigue adelante, sigue adelante&raquo;.<\/p>\n<p>La cuesti&oacute;n es que El&iacute;as &laquo;no sab&iacute;a qu&eacute; hacer, pero escuch&oacute; que deb&iacute;a subir al monte para encontrar a Dios. Fue valiente y se dirigi&oacute; hacia all&aacute;, con la humildad de la obediencia. Porque era obediente&raquo;. A pesar de encontrarse en un estado de desaliento y &laquo;con mucho miedo&raquo;, El&iacute;as &laquo;subi&oacute; al monte para esperar el mensaje de Dios, la revelaci&oacute;n de Dios: oraba, porque era bueno, pero no sab&iacute;a qu&eacute; suceder&iacute;a. No lo sab&iacute;a, estaba all&iacute; y esperaba al Se&ntilde;or&raquo;.<\/p>\n<p>Se lee en el Antiguo Testamento: &laquo;Entonces pas&oacute; el Se&ntilde;or y hubo un hurac&aacute;n tan violento que hend&iacute;a las monta&ntilde;as y quebraba las rocas ante el Se&ntilde;or, aunque en el hurac&aacute;n no estaba el Se&ntilde;or&raquo;. El&iacute;as, coment&oacute; el Papa, se &laquo;dio cuenta de que el Se&ntilde;or no estaba all&iacute;&raquo;. Contin&uacute;a la Escritura: &laquo;Despu&eacute;s del hurac&aacute;n, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Se&ntilde;or&raquo;. As&iacute; que, continu&oacute; el Pont&iacute;fice, El&iacute;as &laquo;supo discernir que el Se&ntilde;or no estaba en el terremoto y no estaba en el viento&raquo;. Y a&uacute;n m&aacute;s, cuenta el primer Libro de los Reyes: &laquo;despu&eacute;s del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Se&ntilde;or. Despu&eacute;s del fuego el susurro de una brisa suave&raquo;. Y he aqu&iacute; que &laquo;al o&iacute;rlo, El&iacute;as se dio cuenta que era el Se&ntilde;or que pasaba, se cubri&oacute; su rostro con el manto y ador&oacute; al Se&ntilde;or&raquo;.<\/p>\n<p>En efecto, afirm&oacute; el obispo de Roma, &laquo;el Se&ntilde;or no estaba en el hurac&aacute;n, en el terremoto o en el fuego, sino que estaba en aquel susurro de brisa suave: en la paz&raquo;. O &laquo;como dice precisamente el original, una expresi&oacute;n bell&iacute;sima: el Se&ntilde;or era un hilo de silencio sonoro&raquo;.<\/p>\n<p>El&iacute;as, pues, &laquo;sabe discernir d&oacute;nde est&aacute; el Se&ntilde;or y el Se&ntilde;or lo prepara con el don del discernimiento&raquo;. Luego le conf&iacute;a su misi&oacute;n: &laquo;Has hecho la prueba, te pusiste a prueba con la depresi&oacute;n&raquo;, del estar mal, &laquo;del hambre: fuiste probado en el discernimiento&raquo;, pero ahora \u2014se lee en la Escritura\u2014 &laquo;vuelve a tu camino en direcci&oacute;n al desierto de Damasco. Cuando llegues, unge rey de Siria a Jazael, rey de Israel a Jeh&uacute;, hijo de Nims&iacute;, y profeta sucesor tuyo a Eliseo&raquo;.<\/p>\n<p>Precisamente esta es la misi&oacute;n que le corresponde a El&iacute;as, explic&oacute; el Papa. Y el Se&ntilde;or le hizo hacer ese largo recorrido para prepararlo a la misi&oacute;n. Quiz&aacute; se podr&iacute;a objetar, hubiera sido &laquo;mucho m&aacute;s f&aacute;cil decir: has sido tan valiente al matar a esos cuatrocientos, ahora ve y unge a este&raquo;. En cambio, &laquo;el Se&ntilde;or prepara el alma, prepara el coraz&oacute;n y lo prepara en la prueba, lo prepara en la obediencia, lo prepara en la perseverancia&raquo;.<\/p>\n<p>Y &laquo;as&iacute; es la vida cristiana&raquo;, puntualiz&oacute; el Pont&iacute;fice. En efecto &laquo;cuando el Se&ntilde;or quiere darnos una misi&oacute;n, quiere darnos un trabajo, nos prepara para que lo hagamos bien&raquo;, precisamente &laquo;como prepar&oacute; a El&iacute;as&raquo;. Lo que es importante &laquo;no es que &eacute;l haya encontrado al Se&ntilde;or&raquo; sino &laquo;todo el recorrido para llegar a la misi&oacute;n que el Se&ntilde;or conf&iacute;a&raquo;. Y precisamente &laquo;esta es la diferencia entre la misi&oacute;n apost&oacute;lica que el Se&ntilde;or nos da y un deber humano, honrado, bueno&raquo;. Por lo tanto, &laquo;cuando el Se&ntilde;or da una misi&oacute;n, nos hace siempre entrar en un proceso de purificaci&oacute;n, un proceso de discernimiento, un proceso de obediencia, un proceso de oraci&oacute;n&raquo;. As&iacute;, insisti&oacute;, &laquo;es la vida cristiana&raquo;, es decir, &laquo;la fidelidad a este proceso, a dejarnos conducir por el Se&ntilde;or&raquo;.<\/p>\n<p>Del caso de El&iacute;as nace una gran ense&ntilde;anza. El profeta &laquo;tuvo miedo, y esto es muy humano&raquo;, porque Jezabel &laquo;era una reina mala que asesinaba a sus enemigos&raquo;. El&iacute;as &laquo;tiene miedo, pero el Se&ntilde;or es m&aacute;s poderoso&raquo; y le hace comprender que tiene &laquo;necesidad de la ayuda del Se&ntilde;or en la preparaci&oacute;n a su misi&oacute;n&raquo;. As&iacute; El&iacute;as &laquo;camina, obedece, sufre, discierne, ora y encuentra al Se&ntilde;or&raquo;. El Papa Francisco concluy&oacute; con una oraci&oacute;n: &laquo;Que el Se&ntilde;or nos d&eacute; la gracia de dejarnos preparar todos los d&iacute;as en el camino de nuestra vida, para que podamos testimoniar la salvaci&oacute;n de Jes&uacute;s&raquo;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Una brisa suave Viernes 13 de junio de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 25, viernes 20 de junio de 2014 &nbsp; Antes de confiarnos una misi&oacute;n el Se&ntilde;or nos prepara, prob&aacute;ndonos con un proceso de purificaci&oacute;n y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-brisa-suave-13-de-junio-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abUna brisa suave (13 de junio de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39265","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39265","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39265"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39265\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39265"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39265"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39265"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}