{"id":39279,"date":"2016-10-05T22:30:31","date_gmt":"2016-10-06T03:30:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/todos-somos-ostiarios-12-de-mayo-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:30:31","modified_gmt":"2016-10-06T03:30:31","slug":"todos-somos-ostiarios-12-de-mayo-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/todos-somos-ostiarios-12-de-mayo-de-2014\/","title":{"rendered":"Todos somos ostiarios (12 de mayo de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>Todos somos ostiarios<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Lunes 12 de mayo de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 21, viernes 23 de mayo de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la Iglesia todos, indistintamente, estamos encargados de practicar el antiguo ministerio de ostiario, o sea, de &laquo;aquel que abre las puertas&raquo; y &laquo;acoge a la gente&raquo;. Y, adem&aacute;s, en la historia de la Iglesia no ha existido jam&aacute;s el ministerio de &laquo;aquel que cierra las puertas&raquo; en la cara a las personas.<\/p>\n<p>Es, por lo tanto, una invitaci&oacute;n a no &laquo;enjaular&raquo; al Esp&iacute;ritu Santo la que el Pont&iacute;fice dirigi&oacute; en la misa que celebr&oacute; el 12 de mayo, por la ma&ntilde;ana, en la capilla de la Casa Santa Marta. En la homil&iacute;a el obispo de Roma propuso inmediatamente una p&aacute;gina de los <i>Hechos de los ap&oacute;stoles<\/i> (11, 1-18), que, confes&oacute;, considera &laquo;uno de los pasajes m&aacute;s bellos&raquo; y que &laquo;ense&ntilde;a mucho a nosotros obispos&raquo;. Ya el &iacute;ncipit, explic&oacute;, es muy fuerte: &laquo;Los ap&oacute;stoles y los hermanos que estaban en Judea supieron que incluso los paganos hab&iacute;an acogido la palabra de Dios. Y, cuando Pedro subi&oacute; a Jerusal&eacute;n, los fieles circuncisos le reprocharon diciendo: \u201chas entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>A sus ojos &laquo;esto era precisamente un esc&aacute;ndalo&raquo;, algo que no habr&iacute;an &laquo;jam&aacute;s pensado&raquo; que pudiese ocurrir. Para ellos, en efecto, no era tampoco concebible entrar en la casa o incluso sentarse en la mesa con personas incircuncisas, por una cuesti&oacute;n de impureza. En cambio, Pedro no s&oacute;lo lo hab&iacute;a hecho, sino que adem&aacute;s hab&iacute;a bautizado a esa gente. En pocas palabras, puso de relieve el Papa, lo hab&iacute;an considerado &laquo;un loco&raquo;. Como si &laquo;ma&ntilde;ana llegase una expedici&oacute;n de marcianos verdes, con la nariz larga y las orejas grandes como los pintan los ni&ntilde;os&raquo;. Y si uno de ellos dijera &laquo;yo quiero el bautismo&raquo;, &iquest;qu&eacute; ocurrir&iacute;a?<\/p>\n<p>As&iacute; pues Pedro, refieren los <i>Hechos de los ap&oacute;stoles<\/i>, &laquo;relata lo que hab&iacute;a sucedido, c&oacute;mo hab&iacute;a sido precisamente el Esp&iacute;ritu&raquo; quien le impulsaba. Es &laquo;el mismo Esp&iacute;ritu que hab&iacute;a dicho a Felipe que fuera a bautizar al ministro de econom&iacute;a de Candaces&raquo;, como se lee tambi&eacute;n en los <i>Hechos<\/i>.<\/p>\n<p>Fue precisamente el Esp&iacute;ritu quien &laquo;impuls&oacute; a Pedro a seguir&raquo; adelante, lo alent&oacute;, porque &laquo;no hay cosas impuras&raquo;. Y Pedro obedeci&oacute;. Luego, record&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;sucedi&oacute; lo que sabemos: el bautismo de Cornelio y de toda su familia&raquo;. Pero a los reproches de los &laquo;hermanos de la Iglesia de Jerusal&eacute;n&raquo; Pedro replica &laquo;con esta frase: Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber cre&iacute;do en el Se&ntilde;or Jesucristo, &iquest;qui&eacute;n era yo para oponerme a Dios?&raquo;.<\/p>\n<p>Una pregunta que hoy, afirm&oacute; el Papa, llega a cada uno de nosotros, porque &laquo;cuando el Se&ntilde;or nos hace ver el camino, &iquest;qui&eacute;n somos nosotros para decir: no, Se&ntilde;or, no es prudente, no, hagamos as&iacute;?&raquo;. Es Pedro quien &laquo;toma esta decisi&oacute;n&raquo; y dice: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n soy yo para oponerme?&raquo;. Se trata verdaderamente de &laquo;una hermosa palabra \u2014explic&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 para los obispos, los sacerdotes y tambi&eacute;n para los cristianos: &iquest;qui&eacute;nes somos nosotros para cerrar las puertas?&raquo;. No por casualidad en la Iglesia ha existido siempre el &laquo;ministerio de ostiario&raquo;, que es el que abre la puerta, recibe a la gente y la hace entrar, pero &laquo;nunca ha existido el ministerio del que cierra la puerta, &iexcl;nunca!&raquo;.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, prosigui&oacute; el Papa, el Se&ntilde;or hab&iacute;a dicho a los disc&iacute;pulos que enviar&iacute;a al &laquo;Par&aacute;clito&raquo; el cual, asegur&oacute;, &laquo;os guiar&aacute; a la verdad plena&raquo;. Por tanto, &laquo;el Se&ntilde;or deja la gu&iacute;a de su Iglesia al Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. Y esto vale a&uacute;n hoy, porque &laquo;la gu&iacute;a de la Iglesia la ha dejado el Se&ntilde;or en las manos del Esp&iacute;ritu Santo: es &Eacute;l quien nos gu&iacute;a a todos con la gracia recibida en el bautismo y en los sacramentos&raquo;. <\/p>\n<p>El Esp&iacute;ritu Santo no hab&iacute;a agotado la misi&oacute;n en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s \u2014afirm&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 cuando descendi&oacute; sobre ellos y hubo &laquo;gran alboroto&raquo;, hasta el punto &laquo;que se dec&iacute;a: pero esta gente quiz&aacute;s no ten&iacute;a caf&eacute; con leche y ha tomado un poco de vino para el desayuno&raquo;. En realidad &laquo;no estaban ebrios&raquo;: la historia &laquo;comenz&oacute;&raquo; ese d&iacute;a y desde entonces &laquo;el Esp&iacute;ritu sigue adelante, llevando la Iglesia adelante&raquo;.<\/p>\n<p>Y es &laquo;curioso&raquo;, hizo notar al respecto el Papa, el comportamiento de los &laquo;cristianos de Jerusal&eacute;n que eran buenos creyentes&raquo;: tras haber reprochado y dado por &laquo;loco&raquo; a Pedro, escucharon su explicaci&oacute;n y luego &laquo;se calmaron y comenzaron a glorificar a Dios diciendo: \u201cAs&iacute; pues, tambi&eacute;n a los gentiles les ha otorgado Dios la conversi&oacute;n que lleva a la vida\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>Por eso &laquo;el Esp&iacute;ritu Santo es el que, como dice Jes&uacute;s, nos ense&ntilde;ar&aacute; todo&raquo;. Y har&aacute; tambi&eacute;n &laquo;que nos acordemos de lo que Jes&uacute;s nos ha ense&ntilde;ado&raquo;. El Esp&iacute;ritu &laquo;es la presencia viva de Dios en la Iglesia, es el que hace avanzar a la Iglesia, el que la hace caminar cada vez m&aacute;s, m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites, m&aacute;s adelante&raquo;. Es &Eacute;l &laquo;con sus dones quien gu&iacute;a a la Iglesia. No se puede comprender a la Iglesia de Jes&uacute;s sin este Par&aacute;clito que el Se&ntilde;or nos env&iacute;a&raquo; y que lleva &laquo;a estas decisiones impensables&raquo;. Para usar &laquo;una palabra de san Juan XXIII: es precisamente el Esp&iacute;ritu Santo quien actualiza a la Iglesia y la hace seguir adelante&raquo;.<\/p>\n<p>El Pont&iacute;fice invit&oacute; a los cristianos &laquo;a pedir al Se&ntilde;or la gracia de la docilidad al Esp&iacute;ritu Santo, la docilidad a este Esp&iacute;ritu que nos habla en el coraz&oacute;n, nos habla en las circunstancias de la vida, nos habla en la vida eclesial, en la comunidad cristiana, nos habla siempre: sigue adelante, toma decisiones, haz esto&#8230;&raquo;. Y sugiri&oacute; tambi&eacute;n recordar siempre la pregunta de Pedro: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n soy yo para oponerme al Esp&iacute;ritu Santo? &iquest;Qui&eacute;n soy yo para cambiar el ministerio de ostiario en la Iglesia que, en vez de abrir, cierra las puertas? &iquest;Qui&eacute;n soy yo para decir hasta aqu&iacute; y no m&aacute;s? &iquest;Qui&eacute;n soy yo para enjaular al Esp&iacute;ritu Santo?&raquo;.<\/p>\n<p>Al responder a estas preguntas, el obispo de Roma dese&oacute; que, &laquo;el Se&ntilde;or nos d&eacute; esa calma que tuvieron los cristianos de Judea&raquo; tras haber escuchado a Pedro, &laquo;y nos d&eacute; tambi&eacute;n la gracia de glorificar a Dios&raquo;. Esos cristianos dijeron: &laquo;As&iacute; pues, tambi&eacute;n a los gentiles les ha otorgado Dios la conversi&oacute;n que lleva a la vida&raquo;. Y nosotros hoy, concluy&oacute; el Papa Francisco, decimos que tambi&eacute;n a esta gente tan alejada de la Iglesia y que tal vez tiene una opini&oacute;n negativa de ella &laquo;Dios le ha otorgado la conversi&oacute;n, para que tengan la vida, porque el Esp&iacute;ritu Santo es soberano&raquo;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Todos somos ostiarios Lunes 12 de mayo de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 21, viernes 23 de mayo de 2014 &nbsp; En la Iglesia todos, indistintamente, estamos encargados de practicar el antiguo ministerio de ostiario, o sea, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/todos-somos-ostiarios-12-de-mayo-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTodos somos ostiarios (12 de mayo de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39279","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39279","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39279"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39279\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39279"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39279"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39279"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}