{"id":39289,"date":"2016-10-05T22:30:50","date_gmt":"2016-10-06T03:30:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-miseria-y-la-gloria-8-de-abril-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:30:50","modified_gmt":"2016-10-06T03:30:50","slug":"la-miseria-y-la-gloria-8-de-abril-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-miseria-y-la-gloria-8-de-abril-de-2014\/","title":{"rendered":"La miseria y la gloria (8 de abril de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>La miseria y la gloria<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Martes 8 de abril de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 15, viernes 11 de abril de 2014<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>La Cruz no es s&oacute;lo un ornamento para nuestras iglesias, ni s&oacute;lo un s&iacute;mbolo que nos distingue de los dem&aacute;s. Es el misterio del amor de Dios que se humilla por nuestra salvaci&oacute;n. Lo record&oacute; el Papa Francisco el martes 8 de abril durante la celebraci&oacute;n de la misa.<\/p>\n<p>Al comentar el Evangelio de Juan (8, 21-30) el Pont&iacute;fice record&oacute; que &laquo;en tres ocasiones en este pasaje del Evangelio Jes&uacute;s habla de morir en el propio pecado: \u201cmorir&eacute;is en vuestros pecados&#8230;\u201d. Y este era nuestro destino. Tambi&eacute;n el destino de la gente que atraves&oacute; el mar Rojo, que habl&oacute; mal del Se&ntilde;or y dijo contra Dios, contra Mois&eacute;s: \u201c&iquest;Por qu&eacute; nos hab&eacute;is hecho salir de Egipto&#8230;?\u201d. Luego llegaron las serpientes y el pueblo dijo: \u201cHemos pecado porque hemos hablado contra el Se&ntilde;or&#8230;\u201d. Y si el Se&ntilde;or no hubiese dado un signo para salvarlos se hubiesen muerto en su pecado. No hay posibilidad de salir por nosotros mismos de nuestro pecado&raquo;.<\/p>\n<p>Los &laquo;doctores de la ley, estas personas \u2014continu&oacute; el Papa\u2014 ense&ntilde;aban la ley pero no ten&iacute;an una idea clara de la misma. Pensaban, s&iacute;, en el perd&oacute;n de Dios, pero se sent&iacute;an fuertes, autosuficientes. Sab&iacute;an todo y, al final, hab&iacute;an hecho de la religi&oacute;n, de la adoraci&oacute;n de Dios una cultura con valores propios, con ciertas reflexiones y tambi&eacute;n con normas de conducta para ser educados. Pensaban, s&iacute;, que el Se&ntilde;or puede perdonar, lo sab&iacute;an. Pero lo ten&iacute;an lejano&raquo;. Refiri&eacute;ndose luego al pasaje del libro de los N&uacute;meros (21, 4-9), el Santo Padre destac&oacute; que &laquo;el Se&ntilde;or en el desierto mand&oacute; a Mois&eacute;s a hacer una serpiente y ponerla sobre un estandarte, y, luego, \u201ccuando una serpiente mord&iacute;a a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>&iquest;Pero qu&eacute; es la serpiente? &laquo;La serpiente \u2014explic&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 es el signo del pecado. Pensemos en el libro del G&eacute;nesis: la serpiente sedujo a Eva, le propuso el pecado&raquo;. Y Dios manda elevar la serpiente, es decir el pecado, como bandera de victoria. Es algo que, admiti&oacute; el Santo Padre, &laquo;no se comprende bien si no se percibe lo que Jes&uacute;s nos dice en el Evangelio. Jes&uacute;s dijo a los jud&iacute;os: \u201cCuando levant&eacute;is en alto al Hijo del hombre, sabr&eacute;is que &#8216;Yo soy&#8217;, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha ense&ntilde;ado\u201d&raquo;. Y, luego, al haber elevado el s&iacute;mbolo de su pecado y haberlo transformado en instrumento de salvaci&oacute;n representa precisamente la redenci&oacute;n que viene del Cristo elevado en la cruz.<\/p>\n<p>&laquo;El cristianismo \u2014continu&oacute; el obispo de Roma\u2014 no es una doctrina filos&oacute;fica, no es un programa de vida para ser educados, para construir la paz. Estas son las consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada en la cruz. Una persona que se anonad&oacute; a s&iacute; misma para salvarnos. Carg&oacute; sobre s&iacute; el pecado. Y, as&iacute;, como en el desierto fue elevado el pecado, aqu&iacute; fue elevado Dios hecho hombre por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban all&iacute;&raquo;. Por ello, advirti&oacute;, &laquo;no se comprende el cristianismo sin comprender esta humillaci&oacute;n profunda del hijo de Dios que se humill&oacute; a s&iacute; mismo haci&eacute;ndose siervo hasta la muerte de cruz. Para servir&raquo;.<\/p>\n<p>Como lo hizo san Pablo, tambi&eacute;n nosotros podemos hablar de aquello en lo que nos gloriamos. Pero, especific&oacute; el Papa Francisco, podemos gloriarnos &laquo;por nuestra parte s&oacute;lo de nuestros pecados. No tenemos otras cosas en las que podamos gloriarnos: esta es nuestra miseria&raquo;. Sin embargo, &laquo;gracias a la misericordia de Dios, nos gloriamos en Cristo crucificado. Y por ello no existe un cristianismo sin cruz, y no existe una cruz sin Jesucristo&raquo;.<\/p>\n<p>Por lo tanto, &laquo;el coraz&oacute;n de la salvaci&oacute;n de Dios \u2014afirm&oacute; el Pont&iacute;fice\u2014 es su hijo que carga sobre s&iacute; todos nuestros pecados, nuestras soberbias, nuestras seguridades, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar a ser como Dios. Un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado, no ha comprendido lo que significa ser cristiano. Nuestras llagas, las que deja el pecado en nosotros, se curan s&oacute;lo con las llagas del Se&ntilde;or, con las llagas de Dios hecho hombre, humillado, anonadado. Este es el misterio de la cruz. No es s&oacute;lo un ornamento que debemos poner en las iglesias, sobre el altar; no es s&oacute;lo un s&iacute;mbolo que nos debe distinguir de los dem&aacute;s. La cruz es un misterio: el misterio del amor de Dios que se humilla, que se anonada&raquo; para salvarnos de nuestros pecados.<\/p>\n<p>&laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; tu pecado?&raquo;, pregunt&oacute; a este punto el Santo Padre. &laquo;Tu pecado \u2014fue su respuesta\u2014 est&aacute; all&iacute; en la cruz. Ve a buscarlo all&iacute;, en las llagas del Se&ntilde;or, y tu pecado ser&aacute; curado, tus llagas ser&aacute;n sanadas, tu pecado ser&aacute; perdonado. El perd&oacute;n que nos da Dios no es cancelar una cuenta que nosotros tenemos con &Eacute;l. El perd&oacute;n que nos da Dios son las llagas de su hijo, elevado en la cruz&raquo;. Y su deseo final fue que el Se&ntilde;or &laquo;nos atraiga hacia &Eacute;l y que nos dejemos curar&raquo;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE La miseria y la gloria Martes 8 de abril de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 15, viernes 11 de abril de 2014 &nbsp; La Cruz no es s&oacute;lo un ornamento para nuestras iglesias, ni s&oacute;lo un s&iacute;mbolo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-miseria-y-la-gloria-8-de-abril-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa miseria y la gloria (8 de abril de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39289","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39289","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39289"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39289\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39289"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39289"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39289"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}