{"id":39295,"date":"2016-10-05T22:30:59","date_gmt":"2016-10-06T03:30:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regreso-a-casa-28-de-marzo-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:30:59","modified_gmt":"2016-10-06T03:30:59","slug":"regreso-a-casa-28-de-marzo-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regreso-a-casa-28-de-marzo-de-2014\/","title":{"rendered":"Regreso a casa (28 de marzo de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>Regreso a casa<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Viernes 28 de marzo de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 14, viernes 4 de abril de 2014<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;Si quieres conocer la ternura de un padre, prueba a dirigirte a Dios. Prueba, &iexcl;y despu&eacute;s me cuentas!&raquo;. Es el consejo espiritual que el Papa Francisco dio en la misa que celebr&oacute; el viernes 28 de marzo, por la ma&ntilde;ana, en la capilla de la Casa Santa Marta. Por m&aacute;s pecados que hayamos cometido, afirm&oacute; el Pont&iacute;fice, Dios nos espera siempre y est&aacute; dispuesto a acogernos y hacer fiesta con nosotros y por nosotros. Porque es un Padre que jam&aacute;s se cansa de perdonar y no tiene en cuenta si, al final, el &laquo;balance&raquo; es negativo: Dios no sabe hacer otra cosa que amar.<\/p>\n<p>Esta actitud, explic&oacute; el Papa, se describe bien en la primera lectura de la liturgia, tomada del libro del profeta Oseas (14, 2-10). Es un texto que &laquo;nos habla de la nostalgia que Dios, nuestro Padre, siente por todos nosotros que nos hemos ido lejos y nos hemos alejado de &Eacute;l&raquo;. Sin embargo, &laquo;&iexcl;con cu&aacute;nta ternura nos habla!&raquo;.<\/p>\n<p>Y el Pont&iacute;fice quiso remarcar precisamente la ternura del Padre. &laquo;Cuando o&iacute;mos la palabra que nos invita a la conversi&oacute;n \u2014&iexcl;convert&iacute;os!\u2014, quiz&aacute; nos parezca algo fuerte, porque nos dice que tenemos que cambiar de vida, es verdad&raquo;. Pero dentro de la palabra conversi&oacute;n est&aacute; precisamente &laquo;esta nostalgia amorosa de Dios&raquo;. Es la palabra apasionada de un &laquo;Padre que dice a su hijo: vuelve, vuelve, &iexcl;es hora de volver a casa!&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;Solamente con esta palabra podemos pasar muchas horas en oraci&oacute;n&raquo;, afirm&oacute; el Pont&iacute;fice, notando c&oacute;mo &laquo;Dios no se cansa&raquo; nunca: lo vemos en &laquo;tantos siglos&raquo; y &laquo;con muchas apostas&iacute;as del pueblo&raquo;. Sin embargo, &laquo;&Eacute;l regresa siempre, porque nuestro Dios es un Dios que espera&raquo;. Y as&iacute; tambi&eacute;n &laquo;Ad&aacute;n sali&oacute; del Para&iacute;so con una pena y tambi&eacute;n con una promesa. Y el Se&ntilde;or es fiel a su promesa, porque no puede negarse a s&iacute; mismo, &iexcl;es fiel!&raquo;.<\/p>\n<p>Por esta raz&oacute;n &laquo;Dios nos ha esperado a todos nosotros, a lo largo de la historia&raquo;. En efecto, &laquo;es un Dios que nos espera siempre&raquo;. Y, al respecto, el Papa invit&oacute; a contemplar &laquo;el hermoso icono del padre y del hijo pr&oacute;digo&raquo;. El evangelio de Lucas (15, 11-32) &laquo;nos dice que el padre vio al hijo desde lejos, porque lo esperaba y todos los d&iacute;as iba a la terraza para ver si volv&iacute;a su hijo&raquo;. El padre, pues, esperaba el regreso de su hijo, y as&iacute;, &laquo;cuando lo vio llegar, sali&oacute; corriendo y se ech&oacute; a su cuello&raquo;. El hijo, en el camino de retorno, hab&iacute;a preparado incluso las palabras que iba a decir para presentarse de nuevo en casa: &laquo;Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo&raquo;. Pero &laquo;el padre no lo dej&oacute; hablar&raquo;, y &laquo;con su abrazo le tap&oacute; la boca&raquo;.<\/p>\n<p>La par&aacute;bola de Jes&uacute;s nos permite comprender qui&eacute;n &laquo;es nuestro Padre: el Dios que nos espera siempre&raquo;. Alguien podr&iacute;a decir: &laquo;Pero padre, &iexcl;yo tengo tantos pecados que no s&eacute; si &Eacute;l estar&aacute; contento!&raquo;. La respuesta del Papa es: &laquo;&iexcl;Prueba! Si quieres conocer la ternura de este Padre, &iexcl;ve a &Eacute;l y prueba! Despu&eacute;s, me cuentas&raquo;. Porque &laquo;el Dios que nos espera es tambi&eacute;n el Dios que perdona: el Dios de la misericordia&raquo;. Y &laquo;no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perd&oacute;n. Pero &Eacute;l no se cansa: &iexcl;setenta veces siete! &iexcl;Siempre! &iexcl;Adelante con el perd&oacute;n!&raquo;.<\/p>\n<p>Ciertamente, prosigui&oacute; el Papa, &laquo;desde el punto de vista de una empresa el balance es negativo, &iexcl;es verdad! &Eacute;l pierde siempre, pierde en el balance de las cosas. Pero gana en el amor, porque &Eacute;l es el primero que cumple el mandamiento del amor: &Eacute;l ama, &iexcl;no sabe hacer otra cosa!&raquo;, como recuerda el pasaje evang&eacute;lico de la liturgia del d&iacute;a (<i>Mc<\/i> 12, 28-34).<\/p>\n<p>Es un Dios que nos dice, como se lee en el libro de Oseas: &laquo;Yo te sanar&eacute; porque mi c&oacute;lera se ha alejado de ti&raquo;. As&iacute; habla Dios: &laquo;&iexcl;Yo te llamo para sanarte!&raquo;. Hasta tal punto que, explic&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;los milagros que Jes&uacute;s hac&iacute;a a muchos enfermos eran tambi&eacute;n un signo del gran milagro que cada d&iacute;a el Se&ntilde;or nos hace a nosotros cuando tenemos la valent&iacute;a de levantarnos e ir a &Eacute;l&raquo;.<\/p>\n<p>El Dios que espera y perdona es tambi&eacute;n &laquo;el Dios que hace fiesta&raquo;, pero no organizando un banquete, como &laquo;aquel hombre rico en cuyo portal estaba el pobre L&aacute;zaro. No, &iexcl;esa fiesta no le agrada!&raquo;, afirm&oacute; el Santo Padre. En cambio, Dios prepara &laquo;otro banquete, como el padre del hijo pr&oacute;digo&raquo;. En el texto de Oseas, explic&oacute;, Dios nos dice que &laquo;tambi&eacute;n t&uacute; florecer&aacute;s como el lirio&raquo;. Es su promesa: har&aacute; fiesta por ti, hasta tal punto que &laquo;brotar&aacute;n tus reto&ntilde;os y tendr&aacute;s el esplendor del olivo y la fragancia del L&iacute;bano&raquo;.<\/p>\n<p>El Papa Francisco concluy&oacute; su meditaci&oacute;n reafirmando que &laquo;la vida de toda persona, de todo hombre y de toda mujer que tiene la valent&iacute;a de acercarse al Se&ntilde;or, encontrar&aacute; la alegr&iacute;a de la fiesta de Dios&raquo;. De ah&iacute; su deseo final: &laquo;Que estas palabras nos ayuden a pensar en nuestro Padre, el Padre que nos espera siempre, que nos perdona siempre y que hace fiesta cuando volvemos&raquo;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Regreso a casa Viernes 28 de marzo de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 14, viernes 4 de abril de 2014 &nbsp; &laquo;Si quieres conocer la ternura de un padre, prueba a dirigirte a Dios. Prueba, &iexcl;y despu&eacute;s &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regreso-a-casa-28-de-marzo-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRegreso a casa (28 de marzo de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39295","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39295","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39295"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39295\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39295"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39295"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39295"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}