{"id":39298,"date":"2016-10-05T22:31:03","date_gmt":"2016-10-06T03:31:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-palabra-encarcelada-21-de-marzo-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:31:03","modified_gmt":"2016-10-06T03:31:03","slug":"la-palabra-encarcelada-21-de-marzo-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-palabra-encarcelada-21-de-marzo-de-2014\/","title":{"rendered":"La palabra encarcelada (21 de marzo de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>La palabra encarcelada<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Viernes 21 de marzo de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 13, viernes 28 de marzo de 2014<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>Humildad y oraci&oacute;n, en la Iglesia, son el ant&iacute;doto contra las alteraciones de la Palabra de Dios y la tentaci&oacute;n de adue&ntilde;arse de ella, interpret&aacute;ndola al propio gusto y enjaulando al Esp&iacute;ritu Santo. Es la s&iacute;ntesis de la meditaci&oacute;n que propuso el Pont&iacute;fice en la misa del viernes 21 de marzo.<\/p>\n<p>Precisamente &laquo;durante estos d&iacute;as de Cuaresma el Se&ntilde;or se hace cercano a nosotros y la Iglesia nos conduce hacia el triduo pascual, hacia la muerte y resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s&raquo;, dijo el Papa refiri&eacute;ndose a las dos lecturas de la liturgia. En la primera, tomada del G&eacute;nesis (37, 3-4.12-13.17-28), se relata la historia de &laquo;Jos&eacute;, que es una profec&iacute;a y una imagen de Jes&uacute;s: vendido por veinte monedas por sus hermanos&raquo;. Y luego el Evangelio de Mateo (21, 33-43.45) presenta &laquo;esta par&aacute;bola que Jes&uacute;s mismo dice a la gente y a los fariseos, a los sacerdotes, a los ancianos del pueblo para hacer comprender d&oacute;nde han ca&iacute;do&raquo;. Nos encontramos, explic&oacute;, ante el &laquo;drama no del pueblo \u2014porque el pueblo entend&iacute;a que Jes&uacute;s era un gran profeta\u2014 sino de algunos jefes del pueblo, de algunos sacerdotes de ese tiempo, de los doctores de la ley, de los ancianos que no ten&iacute;an el coraz&oacute;n abierto a la Palabra de Dios&raquo;. En efecto, ellos &laquo;escuchaban a Jes&uacute;s, pero en lugar de ver en &Eacute;l la promesa de Dios, o de reconocerlo como un gran profeta, ten&iacute;an miedo&raquo;.<\/p>\n<p>En el fondo, destac&oacute; el Pont&iacute;fice, es &laquo;el mismo sentimiento de Herodes&raquo;. Tambi&eacute;n ellos dec&iacute;an: &laquo;Este hombre es un revolucionario, deteng&aacute;moslo a tiempo, debemos detenerlo&raquo;. Por esto, &laquo;trataban de capturarlo, trataban de ponerlo a prueba, para que cayese y poder arrestarlo: es la persecuci&oacute;n contra Jes&uacute;s&raquo;. &iquest;Pero por qu&eacute; esta persecuci&oacute;n? &laquo;Porque esta gente \u2014fue la respuesta del Papa\u2014 no estaba abierta a la Palabra de Dios, estaban cerrados en su ego&iacute;smo&raquo;.<\/p>\n<p>Es precisamente en este contexto que &laquo;Jes&uacute;s cuenta esta par&aacute;bola: Dios dio en herencia un terreno con una vi&ntilde;a que hizo con sus manos&raquo;. Se lee en el Evangelio que el due&ntilde;o &laquo;plant&oacute; una vi&ntilde;a, la rode&oacute; con un cercado, all&iacute; excav&oacute; un hueco para el lagar y construy&oacute; una torre&raquo;. Y luego dio &laquo;la vi&ntilde;a en alquiler a los campesinos&raquo;.<\/p>\n<p>Exactamente lo que &laquo;hizo Dios con nosotros: nos dio la vida en alquiler&raquo; y, con ella, &laquo;la promesa&raquo; que vendr&iacute;a a salvarnos. &laquo;En cambio, esta gente \u2014destac&oacute; el Papa\u2014 vio aqu&iacute; un buen negocio, una buena oportunidad: la vi&ntilde;a es hermosa, tom&eacute;mosla, es nuestra&raquo;. Y, as&iacute;, &laquo;cuando lleg&oacute; el momento de recoger los frutos, fueron los empleados de este se&ntilde;or a retirar la cosecha. Pero los campesinos, que ya se hab&iacute;an adue&ntilde;ado de la vi&ntilde;a, dijeron: no, saqu&eacute;mosles fuera, esto es nuestro&raquo;.<\/p>\n<p>La par&aacute;bola de Jes&uacute;s, explic&oacute;, relata precisamente &laquo;el drama de esta gente, pero tambi&eacute;n nuestro drama&raquo;. Esas personas, en efecto, &laquo;se adue&ntilde;aron de la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios se convirti&oacute; en su palabra. Una palabra seg&uacute;n su inter&eacute;s, sus ideolog&iacute;as, sus teolog&iacute;as, a su servicio&raquo;. Hasta tal punto que &laquo;cada uno la interpretaba seg&uacute;n la propia voluntad, seg&uacute;n el propio inter&eacute;s&raquo;. Y &laquo;mataron para conservar esto&raquo;. Es lo que le pas&oacute; tambi&eacute;n a Jes&uacute;s, porque &laquo;los jefes de los sacerdotes y los fariseos comprendieron que hablaba de ellos cuando escucharon esta par&aacute;bola&raquo; y, as&iacute;, &laquo;trataron de arrestarlo para que muriese&raquo;.<\/p>\n<p>Pero de este modo &laquo;la Palabra de Dios se convierte en algo muerto, encarcelado&raquo;. Y &laquo;el Esp&iacute;ritu Santo est&aacute; enjaulado en los deseos de cada uno de ellos. Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando no estamos abiertos a la novedad de la Palabra de Dios, cuando no somos obedientes a la Palabra de Dios&raquo;. Pero desobedecer a la Palabra de Dios es como querer afirmar que &laquo;esta palabra ya no es de Dios: ahora es nuestra&raquo;.<\/p>\n<p>As&iacute;, como &laquo;la Palabra de Dios est&aacute; muerta en el coraz&oacute;n de esta gente, tambi&eacute;n puede morir en nuestro coraz&oacute;n&raquo;. Sin embargo, afirm&oacute; el Santo Padre, la palabra &laquo;no se acaba porque est&aacute; viva en el coraz&oacute;n de los sencillos, de los humildes, del pueblo de Dios&raquo;. En efecto, los que buscaban capturar a Jes&uacute;s ten&iacute;an miedo del pueblo que lo consideraba un profeta. Era &laquo;la multitud sencilla, que iba detr&aacute;s de Jes&uacute;s porque lo que Jes&uacute;s dec&iacute;a hac&iacute;a bien y caldeaba el coraz&oacute;n&raquo;. Esta gente &laquo;no usaba la Palabra de Dios para el propio inter&eacute;s&raquo;, sino que sencillamente &laquo;sent&iacute;a y trataba de ser un poco m&aacute;s buena&raquo;.<\/p>\n<p>A este punto el Papa sugiri&oacute; pensar en &laquo;lo que podemos hacer nosotros para no matar la Palabra de Dios, para no adue&ntilde;arnos de esta palabra, para ser d&oacute;ciles, para no enjaular al Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. E indic&oacute; dos sencillos caminos: humildad y oraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ciertamente, destac&oacute;, no era humilde &laquo;esta gente que no aceptaba la Palabra de Dios, pero dec&iacute;a: s&iacute;, la Palabra de Dios es esta, pero la interpreto seg&uacute;n mi inter&eacute;s&raquo;. Con este modo de obrar &laquo;eran soberbios, eran suficientes, eran los \u201cdoctores\u201d entre comillas&raquo;: personas que &laquo;cre&iacute;an tener todo el poder para cambiar el significado de la Palabra de Dios&raquo;. En cambio, &laquo;s&oacute;lo los humildes tienen el coraz&oacute;n preparado para recibir la Palabra de Dios&raquo;. Pero es necesario precisar, evidenci&oacute;, que &laquo;estaban tambi&eacute;n los buenos y humildes sacerdotes, humildes fariseos que hab&iacute;an recibido bien la Palabra de Dios: por ejemplo los Evangelios nos hablan de Nicodemo&raquo;. Por lo tanto, &laquo;la primera actitud para escuchar la Palabra de Dios&raquo; es la humildad, porque &laquo;sin humildad no se puede recibir la Palabra de Dios&raquo;. Y la segunda es la oraci&oacute;n. Las personas de las que habla la par&aacute;bola, en efecto, &laquo;no rezaban, no ten&iacute;an necesidad de rezar: se sent&iacute;an seguros, se sent&iacute;an fuertes, se sent&iacute;an dioses&raquo;. <\/p>\n<p>Por lo tanto, &laquo;con la humildad y la oraci&oacute;n sigamos adelante para escuchar la Palabra de Dios y obedecerle en la Iglesia&raquo;. Y, &laquo;as&iacute;, no nos suceder&aacute; a nosotros lo que le pas&oacute; a esta gente: no mataremos para defender esa palabra que nosotros creemos que es la Palabra de Dios&raquo; sino que, en cambio, se ha convertido &laquo;en una palabra totalmente alterada por nosotros&raquo;.<\/p>\n<p>Como conclusi&oacute;n, el Pont&iacute;fice pidi&oacute; &laquo;al Se&ntilde;or la gracia de la humildad, de contemplar a Jes&uacute;s como el Salvador que nos habla: &iexcl;me habla a m&iacute;! Cada uno de nosotros debe decir: &iexcl;me habla a m&iacute;!&raquo;. Y &laquo;cuando leemos el Evangelio: &iexcl;me habla a m&iacute;!&raquo;. De aqu&iacute; la invitaci&oacute;n a &laquo;abrir el coraz&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo que da fuerza a esta Palabra&raquo; y a &laquo;rezar, rezar mucho para tener la docilidad de recibir esta palabra y obedecerle&raquo;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE La palabra encarcelada Viernes 21 de marzo de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 13, viernes 28 de marzo de 2014 &nbsp; Humildad y oraci&oacute;n, en la Iglesia, son el ant&iacute;doto contra las alteraciones de la Palabra de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-palabra-encarcelada-21-de-marzo-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa palabra encarcelada (21 de marzo de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39298","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39298","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39298"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39298\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39298"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39298"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39298"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}