{"id":39301,"date":"2016-10-05T22:31:11","date_gmt":"2016-10-06T03:31:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nadie-puede-juzgarte-17-de-marzo-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:31:11","modified_gmt":"2016-10-06T03:31:11","slug":"nadie-puede-juzgarte-17-de-marzo-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nadie-puede-juzgarte-17-de-marzo-de-2014\/","title":{"rendered":"Nadie puede juzgarte (17 de marzo de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>Nadie puede juzgarte<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Lunes 17 de marzo de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 12, viernes 21 de marzo de 2014<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;n soy yo para juzgar a los dem&aacute;s? Es la pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos para dejar espacio a la misericordia, la actitud precisa para construir la paz entre las personas, las naciones y dentro de nosotros. Y para ser mujeres y hombres misericordiosos es necesario, ante todo, reconocerse pecadores y, luego, ampliar el coraz&oacute;n hasta olvidar las ofensas recibidas.<\/p>\n<p>Precisamente en la misericordia el Papa centr&oacute; la homil&iacute;a de la misa del lunes 17 de marzo, por la ma&ntilde;ana, en la capilla de la Casa Santa Marta. Remiti&eacute;ndose a los pasajes del libro del profeta Daniel (9, 4-10) y del Evangelio de Lucas (6, 36-38), el Santo Padre explic&oacute; que &laquo;la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s a la misericordia es para acercarnos, para imitar mejor a nuestro Dios Padre: sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso&raquo;. Pero, reconoci&oacute; inmediatamente el Pont&iacute;fice, &laquo;no es f&aacute;cil comprender esta actitud de la misericordia, porque estamos acostumbrados a pasar la cuenta a los dem&aacute;s: t&uacute; has hecho esto, ahora debes hacer esto&raquo;. En pocas palabras, &laquo;juzgamos, tenemos esta costumbre, y no somos personas&raquo; que dejan &laquo;un poco de espacio a la comprensi&oacute;n y tambi&eacute;n a la misericordia&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;Para ser misericordioso son necesarias dos actitudes&raquo;, afirm&oacute; el Papa. La primera es &laquo;el conocimiento de s&iacute; mismo&raquo;. En la primera lectura Daniel relata el momento de la oraci&oacute;n del pueblo que confiesa ser pecador ante Dios y dice: &laquo;Nosotros hicimos esto, pero t&uacute; eres justo. A ti conviene la justicia, a nosotros la verg&uuml;enza&raquo;. As&iacute;, explic&oacute; el Pont&iacute;fice comentando el pasaje, &laquo;la justicia de Dios ante el pueblo arrepentido se transforma en misericordia y perd&oacute;n&raquo;. Y nos interpela tambi&eacute;n a nosotros, invit&aacute;ndonos a &laquo;dejar un poco de espacio a esta actitud&raquo;. Por lo tanto, el primer paso &laquo;para llegar a ser misericordioso es reconocer que hemos hecho muchas cosas no buenas: &iexcl;somos pecadores!&raquo;. Es necesario saber decir: &laquo;Se&ntilde;or, me averg&uuml;enzo de esto que hice en mi vida&raquo;. Porque, incluso si &laquo;ninguno de nosotros mat&oacute; a nadie&raquo;, hemos cometido, de todos modos, &laquo;muchos pecados cotidianos&raquo;. Es sencillo \u2014pero al mismo tiempo &laquo;muy dif&iacute;cil&raquo;\u2014 decir: &laquo;Soy pecador y mi averg&uuml;enzo ante Ti y te pido perd&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;Nuestro padre Ad&aacute;n \u2014afirm&oacute; el Papa\u2014 nos dio un ejemplo de lo que no se debe hacer&raquo;. Es &eacute;l, en efecto, quien culpa a la mujer de haber comido el fruto y se justifica diciendo: &laquo;Yo no pequ&eacute;&raquo;, es ella &laquo;quien me hizo ir por este camino&raquo;. Pero lo mismo hizo luego Eva, que culpa a la serpiente. En cambio, reafirm&oacute; el Santo Padre, es importante reconocer el hecho de haber pecado y necesitar el perd&oacute;n de Dios. No se deben encontrar excusas y &laquo;descargar la culpa sobre los dem&aacute;s&raquo;. Incluso, continu&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;tal vez el otro me ha ayudado&raquo; a pecar, &laquo;ha facilitado el camino para hacerlo: pero lo hice yo&raquo;. Y &laquo;si nosotros hacemos esto, cu&aacute;ntas cosas buenas habr&aacute;: &iexcl;seremos hombres!&raquo;. Adem&aacute;s, &laquo;con esta actitud de arrepentimiento somos m&aacute;s capaces de ser misericordiosos, porque sentimos en nosotros la misericordia de Dios&raquo;. Tan es as&iacute; que en el Padrenuestro no rezamos s&oacute;lo: &laquo;perdona nuestros pecados&raquo;, sino que decimos: &laquo;perdona como nosotros perdonamos&raquo;. En efecto, &laquo;si yo no perdono estoy un poco fuera de juego&raquo;.<\/p>\n<p>La segunda actitud para ser misericordiosos &laquo;es ampliar el coraz&oacute;n&raquo;. Precisamente &laquo;la verg&uuml;enza, el arrepentimiento, ampl&iacute;a el coraz&oacute;n peque&ntilde;ito, ego&iacute;sta, porque deja espacio a Dios misericordioso para perdonarnos&raquo;. &iquest;Pero c&oacute;mo ampliar el coraz&oacute;n? Ante todo, al reconocerse pecadores, no se mira a lo que hicieron los dem&aacute;s. Y la pregunta de fondo es esta: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n soy yo para juzgar esto? &iquest;Qui&eacute;n soy yo para criticar sobre esto? &iquest;Qui&eacute;n soy yo, que hice las mismas cosas o peores?&raquo;. Por lo dem&aacute;s, &laquo;el Se&ntilde;or lo dice en el Evangelio: no juzgu&eacute;is y no ser&eacute;is juzgados; no conden&eacute;is y no ser&eacute;is condenados; perdonad y ser&eacute;is perdonados. Dad y se os dar&aacute;: una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que medir&eacute;is se os medir&aacute; a vosotros&raquo;. Esta es la &laquo;generosidad del coraz&oacute;n&raquo; que el Se&ntilde;or presenta a trav&eacute;s de &laquo;la imagen de las personas que iban a buscar el trigo y estiraban el delantal para recibir de m&aacute;s&raquo;. En efecto, &laquo;si tienes el coraz&oacute;n amplio, grande, puedes recibir m&aacute;s&raquo;. Y un &laquo;coraz&oacute;n grande no se enreda en la vida de los dem&aacute;s, no condena, sino que perdona y olvida&raquo;, precisamente como &laquo;Dios ha olvidado y perdonado mis pecados&raquo;.<\/p>\n<p>Para ser misericordiosos es necesario, por lo tanto, invocar al Se&ntilde;or \u2014&laquo;porque es una gracia&raquo;\u2014 y &laquo;tener estas dos actitudes: reconocer los propios pecados avergonz&aacute;ndose&raquo; y olvidar los pecados y las ofensas de los dem&aacute;s. He aqu&iacute; que as&iacute; &laquo;el hombre y la mujer misericordiosos tienen un coraz&oacute;n amplio: siempre disculpan a los dem&aacute;s y piensan en los propios pecados&raquo;. Y si alguien les dice: &laquo;&iquest;has visto lo que hizo aquel?&raquo;, tienen la misericordia de responder: &laquo;pero yo ya tengo bastante con lo que hice&raquo;.<\/p>\n<p> Es este, sugiri&oacute; el Papa, &laquo;el camino de la misericordia que debemos pedir&raquo;. Si &laquo;todos nosotros, los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuvi&eacute;semos esta actitud \u2014exclam&oacute;\u2014, &iexcl;cu&aacute;nta paz habr&iacute;a en el mundo, cu&aacute;nta paz en nuestros corazones, porque la misericordia nos conduce a la paz!&raquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Nadie puede juzgarte Lunes 17 de marzo de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 12, viernes 21 de marzo de 2014 &nbsp; &iquest;Qui&eacute;n soy yo para juzgar a los dem&aacute;s? 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