{"id":39319,"date":"2016-10-05T22:31:40","date_gmt":"2016-10-06T03:31:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-dios-llora-4-de-febrero-de-2014\/"},"modified":"2016-10-05T22:31:40","modified_gmt":"2016-10-06T03:31:40","slug":"cuando-dios-llora-4-de-febrero-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-dios-llora-4-de-febrero-de-2014\/","title":{"rendered":"Cuando Dios llora (4 de febrero de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PAPA FRANCISCO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i> DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> <b><i> Cuando Dios llora <\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i><\/p>\n<p> Martes 4 de febrero de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 6, viernes 7 de febrero de 2014<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>Todo buen padre &laquo;necesita del hijo: le espera, le busca, le ama, le perdona, le quiere cerca de s&iacute;, tan cerca como la gallina quiere a sus polluelos&raquo;. Lo dijo el Papa Francisco en la homil&iacute;a de la misa del martes 4 de febrero. <\/p>\n<p>Al comentar las lecturas de la liturgia el Pont&iacute;fice afront&oacute; el tema de la paternidad, relacion&aacute;ndolo a las dos figuras principales descritas en el Evangelio de san Marcos (5, 21-43) y en el segundo libro de Samuel (18, 9-10.14.24-25.30; 19, 1-4): o sea Jairo, uno de los jefes de la sinagoga en tiempos de Jes&uacute;s, &laquo;que fue a pedir la salud para su hija&raquo;, y David, &laquo;que sufr&iacute;a por la guerra que estaba haciendo su hijo&raquo;. Dos hechos que, seg&uacute;n el obispo de Roma, muestran c&oacute;mo todo padre tiene &laquo;una unci&oacute;n que viene del hijo: no se puede comprender a s&iacute; mismo sin el hijo&raquo;. <\/p>\n<p>Deteni&eacute;ndose primero en el rey de Israel, el Papa record&oacute; que a pesar de que el hijo Absal&oacute;n se hab&iacute;a convertido en su enemigo, David &laquo;esperaba noticias de la guerra. Estaba sentado entre las dos puertas del palacio y miraba&raquo;. Y si bien todos estaban seguros de que esperaba &laquo;noticias de una buena victoria&raquo;, en realidad &laquo;esperaba otra cosa: esperaba al hijo. Le interesaba el hijo. Era rey, era jefe del pa&iacute;s, pero&raquo; sobre todo &laquo;era padre&raquo;. Y as&iacute;, &laquo;cuando lleg&oacute; la noticia del final de su hijo&raquo;, David &laquo;se estremeci&oacute;. Subi&oacute; a la habitaci&oacute;n superior y se puso a llorar. Dec&iacute;a al subir: \u201c&iexcl;Hijo m&iacute;o, Absal&oacute;n, hijo m&iacute;o! &iexcl;Hijo m&iacute;o, Absal&oacute;n! &iexcl;Qui&eacute;n me diera haber muerto en tu lugar! &iexcl;Absal&oacute;n, hijo m&iacute;o, hijo m&iacute;o!\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>&Eacute;ste \u2014coment&oacute; el Papa Francisco\u2014 &laquo;es el coraz&oacute;n de un padre, que no reniega jam&aacute;s de su hijo&raquo;, incluso si &laquo;es un bandido o un enemigo&raquo;, y llora por &eacute;l. Al respecto, el Pont&iacute;fice hizo notar c&oacute;mo en la Biblia, David llora dos veces por los hijos: en esta circunstancia y en la que estaba por morir el hijo del adulterio: &laquo;tambi&eacute;n en esa ocasi&oacute;n hizo ayuno y penitencia para salvar la vida del hijo&raquo;, porque &laquo;era padre&raquo;.<\/p>\n<p>Volviendo luego a la descripci&oacute;n del pasaje b&iacute;blico, el obispo de Roma destac&oacute; otro elemento de la escena: el silencio. &laquo;Los soldados regresaron a la ciudad tras la batalla en silencio&raquo; \u2014destac&oacute;\u2014 mientras que cuando David era joven, al volver a la ciudad despu&eacute;s de matar al Filisteo, todas las mujeres salieron de las casas para &laquo;alabarle, en fiesta; porque as&iacute; volv&iacute;an los soldados despu&eacute;s de una victoria&raquo;. En cambio, con ocasi&oacute;n de la muerte de Absal&oacute;n, &laquo;la victoria fue disimulada porque el rey lloraba&raquo;; en efecto, &laquo;m&aacute;s que rey y vencedor&raquo; David era sobre todo &laquo;un padre afligido&raquo;.<\/p>\n<p>En cuanto al personaje evang&eacute;lico, el jefe de la sinagoga, el Papa Francisco destac&oacute; en qu&eacute; sentido se trataba de una &laquo;persona importante&raquo;, que, sin embargo, &laquo;ante la enfermedad de la hija&raquo; no tuvo verg&uuml;enza de tirarse a los pies de Jes&uacute;s e implorarle: &laquo;Mi ni&ntilde;a est&aacute; en las &uacute;ltimas; ven, imp&oacute;n las manos sobre ella, para que se cure y viva&raquo;. Este hombre no reflexiona acerca de las consecuencias de su gesto. No se detiene a pensar si Cristo &laquo;en lugar de un profeta fuese un brujo&raquo;, se arriesgaba a hacer el rid&iacute;culo. Al ser &laquo;padre \u2014dijo el Pont&iacute;fice\u2014 no piensa: arriesga, se lanza y pide&raquo;. Y tambi&eacute;n en esta escena, cuando los protagonistas entran en la casa encuentran llantos y gritos. &laquo;Hab&iacute;a personas que gritaban fuerte porque era su trabajo: trabajaban as&iacute;, llorando en las casas de los difuntos&raquo;. Pero su llanto &laquo;no era el llanto de un padre&raquo;. <\/p>\n<p>He aqu&iacute; entonces la relaci&oacute;n entre las dos figuras de padres. Para ellos la prioridad son los hijos. Y esto &laquo;hace pensar en la primera cosa que decimos a Dios en el Credo: \u201cCreo en Dios padre\u201d. Hace pensar en la paternidad de Dios. Dios es as&iacute; con nosotros&raquo;. Alguien podr&iacute;a observar: &laquo;Pero padre, Dios no llora&raquo;. Objeci&oacute;n a la que el Papa respondi&oacute;: &laquo;&iexcl;C&oacute;mo no! Recordemos a Jes&uacute;s cuando lloraba contemplando Jerusal&eacute;n: &laquo;Jerusal&eacute;n, Jerusal&eacute;n, cu&aacute;ntas veces intent&eacute; reunir a tus hijos&raquo;, como la gallina re&uacute;ne a sus polluelos bajo las alas&raquo;. Por lo tanto, &laquo;Dios llora; Jes&uacute;s llor&oacute; por nosotros&raquo;. Y en ese llanto est&aacute; la representaci&oacute;n del llanto del padre, &laquo;que nos quiere a todos consigo en los momentos dif&iacute;ciles&raquo;. <\/p>\n<p>El Pont&iacute;fice record&oacute; tambi&eacute;n que en la Biblia hay al menos &laquo;dos momentos en los que el padre responde&raquo; al llanto del hijo. El primero es el episodio de Isaac conducido al monte por Abrah&aacute;n para ofrecerlo en holocausto: &eacute;l se da cuenta de &laquo;que llevaban la le&ntilde;a y el fuego, pero no el cordero para el sacrificio&raquo;. Por ello &laquo;ten&iacute;a angustia en el coraz&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; dice? &laquo;Padre&raquo;. Y de inmediato la respuesta: \u201cAqu&iacute; estoy, hijo\u201d&raquo;. El segundo episodio es el de &laquo;Jes&uacute;s en el huerto de los Olivos, con esa angustia en el coraz&oacute;n: &laquo;Padre, si es posible aleja de m&iacute; este c&aacute;liz&raquo;. Y los &aacute;ngeles vinieron a darle fuerza. As&iacute; es nuestro Dios: es padre&raquo;. <\/p>\n<p>Pero no es s&oacute;lo esto: la imagen de David que espera noticias sentado entre las dos puertas del palacio trae a la memoria la par&aacute;bola del cap&iacute;tulo 15 del evangelio de san Lucas, la del padre que esperaba al hijo pr&oacute;digo, &laquo;que se hab&iacute;a marchado con todo el dinero, con toda la herencia. &iquest;C&oacute;mo sabemos que le esperaba?&raquo;, se pregunt&oacute; el Papa Francisco. Porque \u2014es la respuesta que nos dan las Escrituras\u2014 &laquo;lo vio de lejos. Y porque todos los d&iacute;as sub&iacute;a a esperar&raquo; a que el hijo volviese. En ese padre misericordioso, en efecto, est&aacute; &laquo;nuestro Dios&raquo;, que &laquo;es padre&raquo;. De aqu&iacute; el deseo de que la paternidad f&iacute;sica de los padres de familia y la paternidad espiritual de los consagrados, de los sacerdotes, de los obispos, sean siempre como la de los dos protagonistas de las lecturas: &laquo;dos hombres, que son padres&raquo;. <\/p>\n<p>Como conclusi&oacute;n, el Pont&iacute;fice invit&oacute; a meditar sobre estos dos &laquo;iconos&raquo; \u2014David que llora y el jefe de la sinagoga que se postra ante Jes&uacute;s sin ninguna verg&uuml;enza, sin temor de pasar por rid&iacute;culo, porque estaban &laquo;en juego sus hijos&raquo;\u2014 y pidi&oacute; a los fieles que renovasen la profesi&oacute;n de fe, diciendo &laquo;Creo en Dios Padre&raquo; y pidiendo al Esp&iacute;ritu Santo que nos ense&ntilde;e a decir &laquo;Abb&aacute;, Padre&raquo;. Porque \u2014concluy&oacute;\u2014 &laquo;es una gracia poder decir a Dios: Padre, con el coraz&oacute;n&raquo;.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Cuando Dios llora Martes 4 de febrero de 2014 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 6, viernes 7 de febrero de 2014 &nbsp; Todo buen padre &laquo;necesita del hijo: le espera, le busca, le ama, le perdona, le quiere &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-dios-llora-4-de-febrero-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCuando Dios llora (4 de febrero de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39319","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39319","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39319"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39319\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39319"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39319"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39319"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}