{"id":39367,"date":"2016-10-05T22:33:41","date_gmt":"2016-10-06T03:33:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/doble-confesion-3-de-septiembre-de-2015\/"},"modified":"2016-10-05T22:33:41","modified_gmt":"2016-10-06T03:33:41","slug":"doble-confesion-3-de-septiembre-de-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/doble-confesion-3-de-septiembre-de-2015\/","title":{"rendered":"Doble confesi\u00f3n (3 de septiembre de 2015)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">PAPA FRANCISCO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA <br \/> DE LA <i>DOMUS SANCTAE MARTHAE<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i> Doble confesi&oacute;n <\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Jueves 3 de septiembre de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Fuente:<i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 36, viernes 4 de septiembre de 2015 <\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>S&oacute;lo quien es humilde y sabe reconocer su condici&oacute;n de pecador es capaz de dejarse encontrar realmente por el Se&ntilde;or. Las caracter&iacute;sticas del encuentro personal con Jes&uacute;s ocuparon el centro de la reflexi&oacute;n del Papa Francisco durante la misa que celebr&oacute; el jueves 3 de septiembre en Santa Marta.<\/p>\n<p>El Pont&iacute;fice, para su homil&iacute;a, se inspir&oacute; en el Evangelio del d&iacute;a, el de Lucas (5, 1-11), donde se invita a Pedro a tirar las redes tras una noche de pesca infructuosa. &laquo;Es la primera vez que sucede eso, esa pesca milagrosa. Pero despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n habr&aacute; otra, con caracter&iacute;sticas semejantes&raquo;, destac&oacute;. Y ante el gesto de Sim&oacute;n Pedro, que se ech&oacute; a los pies de Jes&uacute;s diciendo: &laquo;Se&ntilde;or, ap&aacute;rtate de m&iacute;, que soy un hombre pecador&raquo;, el Papa Francisco inici&oacute; una meditaci&oacute;n sobre c&oacute;mo &laquo;Jes&uacute;s encontraba a la gente y c&oacute;mo la gente encontraba a Jes&uacute;s&raquo;.<\/p>\n<p>Ante todo, Jes&uacute;s iba por las calles, &laquo;la mayor parte de su tiempo lo pasaba por las calles, con la gente; luego, ya tarde, se retiraba solo para rezar&raquo;. As&iacute;, pues, &Eacute;l &laquo;iba al encuentro de la gente&raquo;, la buscaba. Pero la gente, se pregunt&oacute; el Papa, &iquest;c&oacute;mo iba al encuentro de Jes&uacute;s? Esencialmente, de &laquo;dos formas&raquo;. Una es precisamente la que vemos en Pedro, y que es tambi&eacute;n la misma &laquo;que ten&iacute;a el pueblo&raquo;. El Evangelio, destac&oacute; el Pont&iacute;fice, &laquo;usa la misma palabra para esta gente, para el pueblo, para los ap&oacute;stoles, para Pedro&raquo;: o sea que ellos, al encontrarse con Jes&uacute;s, &laquo;quedaron \u201casombrados\u201d&raquo;. Pedro, los ap&oacute;stoles, el pueblo, manifiestan &laquo;este sentimiento de asombro&raquo; y dicen: &laquo;Pero este habla con autoridad&raquo;.<\/p>\n<p>Por otro lado, en los Evangelios se lee sobre &laquo;otro grupo que se encontraba con Jes&uacute;s&raquo; pero que &laquo;no permit&iacute;a que entrase el asombro en su coraz&oacute;n&raquo;. Son los doctores de la Ley, quienes escuchaban a Jes&uacute;s y hac&iacute;an sus c&aacute;lculos: &laquo;Es inteligente, es un hombre que dice cosas verdaderas, pero a nosotros no nos convienen esas cosas&raquo;. En realidad, &laquo;tomaban distancia&raquo;. Hab&iacute;a tambi&eacute;n otros &laquo;que escuchaban a Jes&uacute;s&raquo;, y eran los &laquo;demonios&raquo;, como se deduce del pasaje evang&eacute;lico de la liturgia del mi&eacute;rcoles 2, donde est&aacute; escrito que Jes&uacute;s &laquo;al imponer sus manos sobre cada uno los curaba, y de muchos sal&iacute;an tambi&eacute;n demonios, gritando: \u201cTu eres el Hijo de Dios\u201d&raquo;. Explic&oacute; el Papa: &laquo;Tanto los demonios como los doctores de la Ley o los malvados fariseos, no ten&iacute;an capacidad de asombro, estaban encerrados en su suficiencia, en su soberbia&raquo;.<\/p>\n<p>En cambio, el pueblo y Pedro contaban con el asombro. &laquo;&iquest;Cu&aacute;l es la diferencia?&raquo;, se pregunt&oacute; el Papa Francisco. De hecho, explic&oacute;, Pedro &laquo;confiesa&raquo; lo que confiesan los demonios. &laquo;Cuando Jes&uacute;s en Cesarea de Filipo pregunta: \u201c&iquest;Qui&eacute;n soy yo?\u201d&raquo; y &eacute;l responde &laquo;T&uacute; eres el Hijo de Dios, t&uacute; eres el Mes&iacute;as&raquo;, Pedro &laquo;hace su confesi&oacute;n, dice qui&eacute;n es &Eacute;l&raquo;. Y tambi&eacute;n los demonios hacen lo mismo, reconocen que Jes&uacute;s es el Hijo de Dios. Pero Pedro a&ntilde;ade &laquo;otra cosa que no dicen los demonios&raquo;. Habla de s&iacute; mismo y dice: &laquo;Se&ntilde;or, ap&aacute;rtate de m&iacute;, que soy un hombre pecador&raquo;. Ni los fariseos ni los doctores de la Ley ni los demonios &laquo;pueden decir esto&raquo;, no son capaces de hacerlo. &laquo;Los demonios \u2014explic&oacute; el Papa Francisco\u2014 llegan a decir la verdad acerca de &Eacute;l, pero acerca de ellos mismos no dicen nada&raquo;, porque &laquo;la soberbia es tan grande que les impide decirlo&raquo;.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n los doctores de la Ley reconocen: &laquo;Este es inteligente, es un rabino capaz, hace milagros&raquo;. Pero no son capaces de a&ntilde;adir: &laquo;Nosotros somos soberbios, no somos suficientes, somos pecadores&raquo;.<\/p>\n<p>He aqu&iacute;, entonces, la ense&ntilde;anza v&aacute;lida para cada uno: &laquo;La incapacidad de reconocernos pecadores nos aleja de la verdadera confesi&oacute;n de Jesucristo&raquo;. Precisamente esta &laquo;es la diferencia&raquo;. Lo da a entender Jes&uacute;s mismo &laquo;en esa hermosa par&aacute;bola del publicano y el fariseo en el templo&raquo;, donde se encuentra &laquo;la soberbia del fariseo ante el altar&raquo;. El hombre habla de s&iacute; mismo, pero nunca dice: &laquo;Yo soy pecador, me he equivocado&raquo;. Frente a &eacute;l se contrapone &laquo;la humildad del publicano que no se atreve a levantar los ojos&raquo;, y s&oacute;lo dice: &laquo;Piedad, Se&ntilde;or, soy pecador&raquo;. Y es precisamente &laquo;esta capacidad de decir que somos pecadores&raquo; la que nos abre &laquo;al asombro del encuentro de Jes&uacute;s, el verdadero encuentro&raquo;.<\/p>\n<p>En este punto el Papa dirigi&oacute; la mirada a la realidad actual: &laquo;Tambi&eacute;n en nuestras parroquias, en nuestras sociedades, incluso entre las personas consagradas: &iquest;cu&aacute;ntas personas son capaces de decir que Jes&uacute;s es el Se&ntilde;or? &iexcl;Muchas!&raquo;. Pero es dif&iacute;cil o&iacute;r &laquo;decir sinceramente: \u201cSoy un pecador, soy una pecadora\u201d&raquo;. Probablemente, precis&oacute;, &laquo;es m&aacute;s f&aacute;cil decirlo de los dem&aacute;s, cuando se critica&raquo; y se se&ntilde;ala: &laquo;Este, aquel, este s&iacute;&#8230;&raquo;. En esto, destac&oacute; el Papa Francisco, &laquo;todos somos doctores&raquo;.<\/p>\n<p>En cambio, &laquo;para llegar a un aut&eacute;ntico encuentro con Jes&uacute;s es necesaria la doble confesi&oacute;n: \u201cT&uacute; eres el Hijo de Dios y yo soy un pecador&raquo;. Pero &laquo;no en teor&iacute;a&raquo;: debemos ser honestos con nosotros mismos, capaces de detectar nuestros errores y admitir: soy pecador &laquo;por esto, por esto, por esto y por esto&#8230;&raquo;.<\/p>\n<p>Volviendo al hecho evang&eacute;lico, el Pont&iacute;fice record&oacute; c&oacute;mo tal vez Pedro, m&aacute;s tarde, haya &laquo;olvidado ese asombro del encuentro&raquo;, ese asombro que experiment&oacute; cuando Jes&uacute;s le dijo: &laquo;T&uacute; eres Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s, pero te llamar&aacute;s Pedro&raquo;. Tanto que un d&iacute;a, Pedro mismo &laquo;que hizo esta doble confesi&oacute;n&raquo;, negar&aacute; al Se&ntilde;or. Pero, al ser &laquo;humilde&raquo;, se deja incluso &laquo;encontrar por el Se&ntilde;or y cuando sus miradas de encuentran, &eacute;l llora, vuelve a la confesi&oacute;n: \u201cSoy pecador\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>A la luz de todo esto, el deseo final del Papa Francisco: &laquo;Que el Se&ntilde;or nos d&eacute; la gracia de encontrarlo, pero tambi&eacute;n de dejarnos encontrar por &Eacute;l&raquo;. La gracia, &laquo;tan hermosa&raquo;, del &laquo;asombro del encuentro&raquo;, pero tambi&eacute;n &laquo;la gracia de contar en nuestra vida con la doble confesi&oacute;n: \u201cT&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, creo. Y yo soy un pecador, creo\u201d&raquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE Doble confesi&oacute;n Jueves 3 de septiembre de 2015 &nbsp; Fuente: L\u2019Osservatore Romano, ed. sem. en lengua espa&ntilde;ola, n. 36, viernes 4 de septiembre de 2015 &nbsp; S&oacute;lo quien es humilde y sabe reconocer su condici&oacute;n de pecador es capaz de dejarse encontrar realmente &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/doble-confesion-3-de-septiembre-de-2015\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDoble confesi\u00f3n (3 de septiembre de 2015)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39367","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39367","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39367"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39367\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39367"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39367"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39367"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}