{"id":39417,"date":"2016-10-05T22:48:52","date_gmt":"2016-10-06T03:48:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-1978-misa-de-nochebuena\/"},"modified":"2016-10-05T22:48:52","modified_gmt":"2016-10-06T03:48:52","slug":"24-de-diciembre-de-1978-misa-de-nochebuena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-1978-misa-de-nochebuena\/","title":{"rendered":"24 de diciembre de 1978, Misa de Nochebuena"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE NOCHEBUENA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 24 de diciembre de 1978<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Nos hallamos en la bas&iacute;lica de San Pedro, a esta hora ins&oacute;lita. Nos hace de marco la arquitectura dentro de la cual enteras generaciones, a trav&eacute;s de los siglos, han expresado su fe en el Dios encarnado, siguiendo el mensaje tra&iacute;do aqu&iacute; a Roma por los Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo. Todo cuanto nos rodea habla con la voz de los dos milenios que nos separan del nacimiento de Cristo. El segundo milenio se est&aacute; acercando r&aacute;pidamente a su fin. Permitidme que, as&iacute; como estamos, en este contexto de tiempo y de lugar, yo vaya con vosotros a aquella gruta en las cercan&iacute;as de la ciudad de Bel&eacute;n, situada al sur de Jerusal&eacute;n. Hag&aacute;moslo de manera que estemos todos juntos m&aacute;s <i>all&iacute;<\/i> que <i>aqu&iacute;<\/i>: all&iacute;, donde &quot;en el silencio de la noche&quot; se ha o&iacute;do el vagido del reci&eacute;n nacido, expresi&oacute;n perenne de los hijos de la tierra. En este mismo tiempo se ha hecho o&iacute;r el cielo, &quot;mundo&quot; de Dios que habita en el tabern&aacute;culo inaccesible de la gloria. Entre la majestad de Dios eterno y la tierra-madre, que se hace presente con el vagido del Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, se deja entrever la perspectiva de una nueva paz, de la reconciliaci&oacute;n, de la Alianza:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Nos ha nacido el Salvador del mundo: todos los confines de la tierra han contemplado la salvaci&oacute;n de nuestro Dios&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">2. No obstante, en este momento, a esta hora ins&oacute;lita, los confines de la tierra quedan distantes. Est&aacute;n invadidos por un tiempo de espera, lejos de la paz. El cansancio llena m&aacute;s bien los corazones de los hombres que se han adormecido, lo mismo que se hab&iacute;an adormecido no lejos los pastores, en los valles de Bel&eacute;n. Lo que ocurre en el establo, en la gruta de roca, tiene una dimensi&oacute;n de profunda intimidad: es algo que ocurre <i>entre<\/i> la Madre y el Ni&ntilde;o que va a nacer. Nadie de fuera tiene entrada. Incluso Jos&eacute;, el carpintero de Nazaret, permanece como un testigo silencioso. Ella sola es plenamente consciente de su Maternidad. Y s&oacute;lo Ella capta la expresi&oacute;n propia del vagido del Ni&ntilde;o. El nacimiento de Cristo es ante todo su misterio, su gran d&iacute;a. Es la fiesta de la Madre.<\/p>\n<p align=\"left\">Es una fiesta extra&ntilde;a: sin ning&uacute;n signo de la liturgia de la sinagoga, sin lecturas prof&eacute;ticas y sin canto de los Salmos. &laquo;No quisiste sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo&raquo; (<i>Heb<\/i> 10, 5), parece decir, con su vagido, el que siendo Hijo Eterno, Verbo consustancial al Padre, &laquo;Dios de Dios, Luz de luz&raquo;, se ha hecho carne (cf. <i>Jn<\/i> 1, 14). El se revela en aquel cuerpo como uno de nosotros, peque&ntilde;o infante, en toda su fragilidad y vulnerabilidad. Sujeto a la solicitud de los hombres, confiado a su amor, indefenso. Llora y el mundo no lo siente, no puede sentirlo. El llanto del ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido apenas puede o&iacute;rse a pocos pasos de distancia.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Os ruego por tanto, hermanos y hermanas que llen&aacute;is esta bas&iacute;lica: tratemos de estar m&aacute;s presentes <i>all&iacute;<\/i> que <i>aqu&iacute;<\/i>. No hace muchos d&iacute;as manifest&eacute; <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/angelus\/1978\/documents\/hf_jp-ii_ang_19781210_sp.html\">mi gran deseo de hallarme en la gruta de la Navidad<\/a>, para celebrar precisamente all&iacute; el comienzo de mi pontificado. Dado que las circunstancias no me lo consienten, y encontr&aacute;ndome aqu&iacute; con todos vosotros, trato de estar m&aacute;s all&iacute; espiritualmente con vosotros todos, para colmar esta liturgia con la profundidad, el ardor, la autenticidad de un intenso sentimiento interior. La liturgia de la noche de Navidad es rica en un realismo particular: realismo de aquel momento que nosotros renovamos y tambi&eacute;n realismo de los corazones que reviven aquel momento. Todos, en efecto, nos sentimos profundamente emocionados y conmovidos, por m&aacute;s que lo que celebramos haya ocurrido hace casi dos mil a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">Para tener un cuadro completo de la realidad de aquel acontecimiento, para penetrar a&uacute;n m&aacute;s en el realismo de aquel momento y de los corazones humanos, recordemos que Esto sucedi&oacute; tal como sucedi&oacute;: en el abandono, en la pobreza extrema. en el establo-gruta, fuera de la ciudad, porque <i>los hombres<\/i>, en la ciudad, <i>no quisieron acoger<\/i> a la Madre y a Jos&eacute; en ninguna de sus casas. En ninguna parte hab&iacute;a sitio. Desde el comienzo, el mundo se ha revelado inhospitalario hacia Dios que deb&iacute;a nacer como Hombre<\/p>\n<p align=\"left\">4. Reflexionemos ahora brevemente sobre el significado perenne de esta falta de hospitalidad del hombre respecto a Dios. Todos nosotros, los que aqu&iacute; estamos, queremos que sea diversamente. Queremos que a Dios, que nace como hombre, le est&eacute; abierto todo en nosotros los hombres. Con este deseo hemos venido aqu&iacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">Pensemos por tanto esta noche en todos los hombres que caen v&iacute;ctima de la humana inhumanidad, de la crueldad, de la falta de todo respeto, del desprecio de los derechos objetivos de cada uno de los hombres. Pensemos en aquellos que est&aacute;n solos, en los ancianos, en los enfermos; en aquellos que no tienen casa, que sufren el hambre y cuya miseria es consecuencia de la explotaci&oacute;n y de la injusticia de los sistemas econ&oacute;micos. Pensemos tambi&eacute;n en aquellos, a los que no les est&aacute; permitido esta noche participar en la liturgia del nacimiento de Dios y que no tienen un sacerdote que pueda celebrar la Misa. Vayamos tambi&eacute;n con el pensamiento a aquellos cuyas almas y cuyas conciencias se sienten atormentadas no menos que su propia fe.<\/p>\n<p align=\"left\">El establo de Bel&eacute;n es el primer lugar de la solidaridad con el hombre: de un hombre para con otro y de todos para con todos, sobre todo con aquellos para quienes &laquo;no hay sitio en el mes&oacute;n&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 2, 7), a quienes no se les reconocen los propios derechos.<\/p>\n<p align=\"left\">5. El Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido llora.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qui&eacute;n siente el vagido del Ni&ntilde;o?<\/p>\n<p align=\"left\">Pero el cielo habla por El y es el cielo el que revela la ense&ntilde;anza propia de este nacimiento. Es el cielo el que la explica con estas palabras:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">Es necesario que nosotros, impresionados por el hecho del nacimiento de Jes&uacute;s, sintamos este grito del cielo.<\/p>\n<p align=\"left\">Es necesario que llegue ese grito a todos los confines de la tierra, que lo oigan <i>nuevamente<\/i> todos los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Un Hijo se nos ha dado.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo nos ha nacido. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1978 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE NOCHEBUENA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 24 de diciembre de 1978 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. Nos hallamos en la bas&iacute;lica de San Pedro, a esta hora ins&oacute;lita. 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