{"id":39420,"date":"2016-10-05T22:48:56","date_gmt":"2016-10-06T03:48:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-8-de-diciembre-de-1978\/"},"modified":"2016-10-05T22:48:56","modified_gmt":"2016-10-06T03:48:56","slug":"solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-8-de-diciembre-de-1978","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-8-de-diciembre-de-1978\/","title":{"rendered":"Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n (8 de diciembre de 1978)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA MAR&Iacute;A LA MAYOR <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Viernes 8 de diciembre de 1978 <\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Mientras cruzo el umbral de la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor. por primera vez, como Obispo de Roma, se me presenta ante los ojos el acontecimiento que viv&iacute; aqu&iacute;, en este mismo lugar, el 21 de noviembre de 1964. Era la clausura de la III Sesi&oacute;n del Concilio Vaticano II, despu&eacute;s de la solemne proclamaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n Dogm&aacute;tica sobre la Iglesia, que comienza con las palabras <i>Lumen gentium<\/i> (Luz de las gentes). Ese mismo d&iacute;a el Papa Pablo VI hab&iacute;a invitado a los padres conciliares a encontrarse precisamente aqu&iacute;, en el m&aacute;s venerado templo mariano de Roma, para manifestar el gozo y la gratitud por la obra terminada en aquel d&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">La Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i> es el documento principal del Conci&shy;lio. documento &quot;clave&quot; de la Iglesia de nuestro tiempo, piedra angular de toda la obra de renovaci&oacute;n que el Vaticano II emprendi&oacute; y de la que traz&oacute; las directrices.<\/p>\n<p align=\"left\">El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de esta Cons&shy;tituci&oacute;n lleva como t&iacute;tulo: &quot;La Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia&quot;. Pablo VI, hablando aquella ma&ntilde;ana en la bas&iacute;lica de San Pedro, con el pensamiento fijo en la importancia de la doctrina expresada en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>. llam&oacute; por primera vez a Mar&iacute;a &quot;Madre de la Iglesia&quot;. La llam&oacute; as&iacute; de modo solemne, y comenz&oacute; a llamarla con este nombre, con este t&iacute;tulo; pero, sobre todo, a invocarla para que participase como Madre en la vida de la Iglesia, de esta Iglesia que, durante el Concilio, tom&oacute; conciencia m&aacute;s profunda de su propia naturaleza y de su propia misi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Para dar mayor realce a la citada expresi&oacute;n, Pablo VI, junto con los padres conciliares, vino precisamente aqu&iacute;, a la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor, donde desde hace tantos siglos Mar&iacute;a est&aacute; rodeada de particular veneraci&oacute;n y amor, bajo la advocaci&oacute;n de <i>Salus Populi romani<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Tambi&eacute;n yo vengo aqu&iacute;, siguiendo las huellas de este gran predecesor, que fue para m&iacute; un verdadero padre. Despu&eacute;s del solemne acto de la plaza de Espa&ntilde;a, cuya tradici&oacute;n se remonta al 1856, llego aqu&iacute; secundando la cordial invitaci&oacute;n que me hicieron el eminent&iacute;simo arcipreste de esta bas&iacute;lica, el cardenal Confalonieri, Decano del Sacro Colegio, y el cabildo entero.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero pienso que, juntamente con &eacute;l, me invitan a venir aqu&iacute; todos mis predecesores en la C&aacute;tedra de San Pedro: el Siervo de Dios P&iacute;o XII, el Siervo de Dios P&iacute;o IX; todas las generaciones de romanos; todas las generaciones de cristianos y todo el Pueblo de Dios. Parecen decirme: &iexcl;Ve! Honra el gran misterio escondido desde la eternidad en Dios mismo. &iexcl;Ve, y da testimonio de Cristo, Salvador nuestro, Hijo de Mar&iacute;a! Ve, y anuncia este momento tan especial; el momento que se&ntilde;ala en la historia el rumbo nuevo de la salvaci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Este momento decisivo en la historia de la salvaci&oacute;n es precisamente la &quot;Inmaculada Concepci&oacute;n&quot;. Dios en su amor eterno eligi&oacute; desde la eternidad al hombre: lo eligi&oacute; en su Hijo. Dios eligi&oacute; al hombre para que pueda alcanzar la plenitud del bien, mediante la participaci&oacute;n en su misma vida: Vida divina, a trav&eacute;s de la gracia. Lo eligi&oacute; desde la eternidad, e irreversiblemente. Ni el pecado original, ni toda la historia de culpas personales y de pecados sociales han podido disuadir al Eterno Padre de este plan de amor. No han podido anular la elecci&oacute;n de nosotros en el Hijo, Verbo consustancial al Padre. Porque esta elecci&oacute;n deb&iacute;a tomar forma en la Encarnaci&oacute;n y porque el Hijo de Dios deb&iacute;a hacerse hombre por nuestra salvaci&oacute;n; precisamente por eso el Padre Eterno eligi&oacute; para El, entre los hom&shy;bres, a su Madre. Cada uno de nosotros es hombre por ser concebido y nacer del seno materno. El Padre Eterno eligi&oacute; el mismo camino para la humanidad de su Hijo Eterno. Eligi&oacute; a su Madre del pueblo al que, desde siglos, hab&iacute;a confiado particularmente sus misterios y promesas. La eligi&oacute; de la estirpe de David y al mismo tiempo de toda la humanidad. La eligi&oacute; de estirpe real y a la vez de entre la gente pobre.<\/p>\n<p align=\"left\">La eligi&oacute; desde el principio, desde el primer momento de su concepci&oacute;n, haci&eacute;ndola digna de la maternidad divina, a la que ser&iacute;a llamada en el tiempo establecido. La hizo la primera heredera de la santidad de su propio Hijo. La primera entre los redimidos con su Sangre, recibida de Ella, humanamente hablando. La hizo inmaculada en el momento mismo de la concepci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia entera contempla hoy el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n y se alegra en &eacute;l. Este es un d&iacute;a singular en el tiempo de Adviento.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La Iglesia romana exulta con este misterio y yo, como nuevo Obispo de esta Iglesia, participo por vez primera de tal alegr&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso deseaba tanto venir aqu&iacute;, a este templo, donde desde hace siglos Mar&iacute;a es venerada corno <i>Salus Populi romani<\/i>. Este t&iacute;tulo, esta advocaci&oacute;n, &iquest;no nos dice, quiz&aacute;, que la salvaci&oacute;n (<i>salus<\/i>) ha sido herencia singular del Pueblo romano (<i>Populi rornani<\/i>)? &iquest;No es &eacute;sta, quiz&aacute;, la salvaci&oacute;n que Cristo nos ha tra&iacute;do y que Cristo, El s&oacute;lo, nos trae constantemente? Y su Madre, que precisamente como Madre, ha sido redimida de modo excepcional &quot;m&aacute;s eminente&quot; (Pablo VI, <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/motu_proprio\/documents\/hf_p-vi_motu-proprio_19680630_credo_sp.html\">Credo<\/a><\/i>), por El, su Hijo, &iquest;no est&aacute; llamada Ella, quiz&aacute; \u2014por El, su Hijo\u2014, de modo m&aacute;s expl&iacute;cito, sencillo y poderoso a la vez, a participar en la salvaci&oacute;n de los hombres, del Pueblo romano, de toda la humanidad?<\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a est&aacute; llamada a llevar a todos al Redentor. A dar testimonio de El, aun sin palabras, s&oacute;lo con el amor, en el que se manifiesta &quot;la &iacute;ndole de la madre&quot;. A acercar incluso a quienes oponen m&aacute;s resistencia, para los que es m&aacute;s dif&iacute;cil creer en el amor; que juzgan al mundo como un gran campo &quot;de lucha de todos contra todos&quot; (como ha dicho uno de los fil&oacute;sofos del pasado). Est&aacute; llamada para acercar a todos, es decir, a cada uno, a su Hijo. Para revelar el primado del amor en la historia del hombre. Para anunciar la victoria final del amor. &iquest;Acaso no piensa la Iglesia en esta victoria cuando nos recuerda hoy las palabras del libro del G&eacute;nesis: &quot;Este (el linaje de la mujer) aplastar&aacute; la cabeza de la serpiente&quot; (cf. <i>G&eacute;n<\/i> 3, 15)?<\/p>\n<p align=\"left\">4. <i>Salus Populi romani!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">El nuevo Obispo de Roma cruza hoy el umbral del templo mariano de la Ciudad Eterna, consciente de la lucha entre el bien y el mal, que invade el coraz&oacute;n de cada hombre, que se desarrolla en la historia de la humanidad y tambi&eacute;n en el alma del &quot;pueblo romano&quot;. He aqu&iacute; lo que a este respecto nos dice el &uacute;ltimo Concilio: &quot;Toda la historia humana est&aacute; invadida por una tremenda lucha contra el poder de las tinieblas que, iniciada desde el principio del mundo, durar&aacute; hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a, como dice el Se&ntilde;or. Metido en esta batalla el hombre debe luchar sin tregua para adherirse al bien, y no puede conseguir su &iacute;nti&shy;ma unidad sino a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de Dios&quot; (<a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"><i>Gaudium et spe<\/i>s<\/a>, 37).<\/p>\n<p align=\"left\"><a name=\"Y_por_esto_\">Y por esto <\/a>el Papa, en los comienzos de su servicio episcopal en la C&aacute;tedra de San Pedro en Roma, desea confiar la Iglesia de modo particular a Aquella en quien se ha cumplido la estupenda y total victoria del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la gracia sobre el pecado; a Aquella de quien dijo Pablo VI que es &quot;inicio del mundo mejor&quot;, a la Inmaculada. El Papa conf&iacute;a a la Virgen su propia persona, como siervo de los siervos, y le conf&iacute;a a todos a quienes sirve y a todos los que sirven con &eacute;l. Le conf&iacute;a la Iglesia romana, como prenda y principio de todas las Iglesias del mundo, en su universal unidad. &iexcl;Se la conf&iacute;a y se la ofrece como propiedad suya!<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia<\/i> (Soy todo tuyo, y todas mis cosas tuyas son. S&eacute; T&uacute; mi gu&iacute;a en todo).<\/p>\n<p align=\"left\">Con este sencillo y a la vez solemne acto de ofrecimiento, el Obispo de Roma, Juan Pablo II, desea reafirmar una vez m&aacute;s su propio servicio al Pueblo de Dios, que no puede ser otra cosa que la humilde imitaci&oacute;n de Cristo y de Aquella que dijo de S&iacute; misma: &quot;He aqu&iacute; a la sierva del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38).<\/p>\n<p align=\"left\">Sea este acto signo de esperanza, como signo de esperanza es el d&iacute;a de la Inmaculada Concepci&oacute;n sobre la perspectiva de todos los d&iacute;as de nuestro Adviento.<\/p>\n<hr \/>\n<p align=\"left\"><i>Palabras del Papa desde el balc&oacute;n central de la bas&iacute;lica<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Quiero agradecer al cardenal arcipreste de la bas&iacute;lica, Carlo Confalonieri la invitaci&oacute;n que me ha hecho, y quiero deciros que me siento conmovido y os agradezco el que hay&aacute;is participado en este encuentro, no obstante la lluvia. Pero la lluvia est&aacute; prevista por la liturgia misma del Adviento: <i>Rorate coeli desuper<\/i>&#8230; Menos mal que la mayor&iacute;a ten&eacute;is paraguas. <\/p>\n<p align=\"left\">Ahora una breve visita al Seminario Lombardo y luego regreso al Vaticano. Hasta la pr&oacute;xima vez. Alabado sea Jesucristo y la Virgen Inmaculada.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1978 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA MAR&Iacute;A LA MAYOR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 8 de diciembre de 1978 &nbsp; 1. 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