{"id":39422,"date":"2016-10-05T22:48:59","date_gmt":"2016-10-06T03:48:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-noviembre-de-1978encuentro-con-el-laicado-romano\/"},"modified":"2016-10-05T22:48:59","modified_gmt":"2016-10-06T03:48:59","slug":"26-de-noviembre-de-1978encuentro-con-el-laicado-romano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-noviembre-de-1978encuentro-con-el-laicado-romano\/","title":{"rendered":"26 de noviembre de 1978,Encuentro con el laicado romano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">E<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\">NCUENTRO CON EL LAICADO CAT&Oacute;LICO DE ROMA <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <font size=\"3\"> &nbsp;<\/font><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;<\/font><\/i><\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i>Domingo 26 de noviembre de 1978<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Deseo ante todo expresar mi gran alegr&iacute;a por este encuentro de hoy. Doy las gracias al cardenal Vicario de Roma, que junto con los obispos auxiliares ha organizado este encuentro, en el que participan los representantes del laicado de esta primera di&oacute;cesis en la Iglesia, de la que, por voluntad de Cristo, he llegado a ser Obispo desde hace poco. Todas las organizaciones del apostolado de los laicos en la di&oacute;cesis de Roma est&aacute;n presentes aqu&iacute; en la persona de sus representantes, acompa&ntilde;ados de los consiliarios espirituales de cada organizaci&oacute;n. Al hacerme cargo del servicio episcopal en Roma, despu&eacute;s de la experiencia de veinte a&ntilde;os en la archidi&oacute;cesis de Cracovia debo declarar, antes de nada, que doy mucha importancia al apostolado de los laicos, respecto al cual procuraba hacer lo m&aacute;s posible, en aquellas circunstancias anteriores bien diversas de las que encuentro aqu&iacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">Un motivo particular de mi alegr&iacute;a es el hecho de que nos reunimos en la fiesta de Cristo Rey del universo, que entre los d&iacute;as del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, es quiz&aacute; el m&aacute;s apto, tambi&eacute;n por algunas tradiciones, para asumir el deber de nuestra colaboraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Continuamos esta colaboraci&oacute;n nuestra, queridos hermanos y hermanas, en la celebraci&oacute;n del Sant&iacute;simo Sacrificio para retornar as&iacute; al Cen&aacute;culo, que ha venido a ser el lugar privilegiado para &quot;enviar a los Ap&oacute;stoles&quot;, ya en el jueves Santo, ya en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">2. La Palabra divina de la liturgia de hoy, que escuchamos con la mayor atenci&oacute;n, nos introduce en la profundidad del misterio de Cristo Rey. De El hablan todas las lecturas. Quiero llamar vuestra atenci&oacute;n de modo particular sobre las palabras de San Pablo a los corintios; hace un parang&oacute;n entre las dos dimensiones de la existencia humana: la de nuestra participaci&oacute;n en Ad&aacute;n, y la que obtenemos en Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">La participaci&oacute;n del hombre en Ad&aacute;n quiere decir desobediencia: &laquo;<i>Non serviam<\/i>, no servir&eacute;&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Y precisamente aquel &laquo;no servir&eacute;&raquo;, en el que parec&iacute;a sentir el hombre la se&ntilde;al de su liberaci&oacute;n y el desaf&iacute;o de la propia grandeza, midi&eacute;ndose con Dios mismo, vino a ser la fuente del pecado y de la muerte. Y todav&iacute;a somos testigos de c&oacute;mo aquel antiguo &laquo;no servir&eacute;&raquo; lleva consigo una m&uacute;ltiple dependencia y esclavitud del hombre. Es tema para un an&aacute;lisis profundo que ahora es dif&iacute;cil hacerlo en toda su extensi&oacute;n. Debemos contentarnos con una simple alusi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo, el nuevo Ad&aacute;n, es el que entra en la historia del hombre precisamente &quot;para servir&quot;. &laquo;El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida&raquo; (<i>Mt<\/i> 20, 28): en cierto sentido, &eacute;sta es la definici&oacute;n fundamental de su reino. En este servicio, seg&uacute;n el modelo de Cristo, el hombre vuelve a encontrar su plena dignidad, su maravillosa vocaci&oacute;n, su realeza. Vale la pena recordar aqu&iacute; las palabras de la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i>Lumen gentium<\/i>, sobre la Iglesia, en el cap&iacute;tulo IV, que est&aacute; dedicado a los laicos en la Iglesia y a su apostolado: &laquo;El Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo, queriendo continuar tambi&eacute;n su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Esp&iacute;ritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta. Pues a quienes asocia &iacute;ntimamente a su vida y a su misi&oacute;n, tambi&eacute;n les hace part&iacute;cipes de su funci&oacute;n sacerdotal, con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salva&shy;ci&oacute;n de los hombres&#8230; De este modo tambi&eacute;n los laicos, como adoradores que en todo lugar act&uacute;an santamente. consagran el mundo mismo a Dios&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 34).<\/p>\n<p align=\"left\">Servir a Dios quiere decir reinar. En esta tarea, que manifiesta la actitud del mismo Cristo y de sus seguidores, se destruye la herencia del pecado. Y se inicia el &laquo;reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz&raquo; (Prefacio para la fiesta de Cristo Rey).<\/p>\n<p align=\"left\">3. La liturgia de hoy nos hace ver como dos etapas del reinar-servir. La primera etapa es la vida de la Iglesia sobre la tierra; la segunda es el juicio. El verdadero sentido de la primera etapa se hace comprensible a trav&eacute;s del significado de la segunda. Antes de que el Hijo del hombre se presente delante de cada uno de nosotros, y delante de todos, como Juez que separar&aacute; &laquo;las ovejas de los cabritos&raquo;, est&aacute; siempre con nosotros como Pastor que cuida de sus ovejas. El quiere compartir con nosotros, con cada uno de nosotros, esa misma solicitud. Quiere que su servicio venga a ser nuestro servicio en el significado m&aacute;s amplio de la palabra. &quot;Nuestro&quot; quiere decir no s&oacute;lo de los obispos, sacerdotes, religiosos, sino tambi&eacute;n de los laicos, en el sentido m&aacute;s amplio de la palabra. De todos. Porque este servicio-solicitud reclama la participaci&oacute;n de todos. &laquo;Tuve hambre&#8230; tuve sed&#8230; era forastero&#8230; desnudo&#8230; enfermo&#8230; encarcelado&#8230; perseguido&raquo;, oprimido, apenado, ignorante, dudoso, abandonado, amenazado (quiz&aacute; ya en el seno materno). Enorme es el c&iacute;rculo de necesidades y deberes que debemos entrever y que debemos poner ante los ojos, si queremos ser &quot;solidarios con Cristo&quot;. Porque, en resumidas cuentas, se trata de esto: &laquo;Cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos menores, a m&iacute; me lo hicisteis&raquo; (<i>Mt<\/i> 25, 40). Cristo est&aacute; de parte del hombre; y lo est&aacute; por ambos lados: de parte de quien espera la solicitud, el servicio y la caridad, y de parte de quien presta el servicio, lleva la solicitud, demuestra el amor.<\/p>\n<p align=\"left\">Por tanto, hay un gran espacio para nuestra solidaridad con Cristo, un gran espacio para el apostolado de todos, particularmente para el apostolado de los laicos. A mi pesar, es imposible someter este tema a un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado en el cuadro de esta breve homil&iacute;a. Sin embargo, las palabras de la liturgia de hoy nos incitan a leerlas de nuevo, a meditar sobre ellas m&aacute;s profundamente y a poner en pr&aacute;ctica todo lo que, en dimensiones tan amplias, ha sido objeto de las ense&ntilde;anzas del Concilio sobre el apostolado de los laicos. Antes, el concepto de apostolado parec&iacute;a estar como reservado s&oacute;lo a quienes &quot;por oficio&quot; son los sucesores de los Ap&oacute;stoles, que expresan y garantizan la apostolicidad de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha descubierto qu&eacute; campos tan grandes de apostolado han sido siempre accesibles a los laicos. Al mismo tiempo ha estimulado de nuevo a tal apostolado. Basta recoger una sola frase del Decreto <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i> que, en cierto sentido, contiene y resume todo: &laquo;La vocaci&oacute;n cristiana&#8230; es por su naturaleza vocaci&oacute;n tambi&eacute;n al apostolado&raquo; (n&uacute;m. 2).<\/p>\n<p align=\"left\">4. &iexcl;Mis queridos hermanos y hermanas! Quiero expresar mi alegr&iacute;a singular por este encuentro con vosotros, que, aqu&iacute; en Roma, hab&eacute;is hecho de la verdad sobre la vocaci&oacute;n cristiana, comprendida como una llamada al apostolado de los laicos, el programa de vuestra vida. Estoy contento y espero que me tendr&eacute;is al corriente de vuestros problemas, y me introducir&eacute;is en los diversos campos de vuestra actividad. Me alegro de poder entrar en esos caminos por los que vosotros ya camin&aacute;is, de poderos acompa&ntilde;ar por ellos y guiaros tambi&eacute;n como Obispo vuestro.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente por esto deseaba tanto que pudi&eacute;ramos encontrarnos en la solemnidad de Cristo Rey del universo. Deseo que El mismo nos reciba. Es necesario quiz&aacute; que nos oiga esta pregunta que le han hecho muchas veces tantos interlocutores: &laquo;&iquest;Qu&eacute; debo hacer?&raquo; (<i>Lc<\/i> 18, 18). &iquest;Qu&eacute; debemos hacer nosotros?<\/p>\n<p align=\"left\">Recordar&eacute; todav&iacute;a lo que su Madre dijo a los siervos del maestresala en Can&aacute; de Galilea: &laquo;Haced lo que El os diga&raquo; (<i>Jn<\/i> 2, 5). Volvamos nuestros ojos a esta Madre; renace en nosotros la esperanza y respondemos: &iexcl;Estamos dispuestos!<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1978 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ENCUENTRO CON EL LAICADO CAT&Oacute;LICO DE ROMA &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp; Domingo 26 de noviembre de 1978 &nbsp; 1. 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