{"id":39426,"date":"2016-10-05T22:50:02","date_gmt":"2016-10-06T03:50:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1979accion-de-gracias-el-ultimo-dia-del-ano-en-la-iglesia-del-gesu\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:02","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:02","slug":"31-de-diciembre-de-1979accion-de-gracias-el-ultimo-dia-del-ano-en-la-iglesia-del-gesu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1979accion-de-gracias-el-ultimo-dia-del-ano-en-la-iglesia-del-gesu\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 1979,Acci\u00f3n de gracias el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o en la iglesia \u00abdel Ges\u00f9\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">ACCI&Oacute;N DE GRACIAS EN LA IGLESIA &laquo;DEL GES&Ugrave;&raquo;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Lunes 31 de diciembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Hijitos, esta es la hora postrera&quot;, con estas palabras comienza la primera lectura de hoy, tomada de la Carta de San Juan Ap&oacute;stol (<i>1 Jn<\/i> 2, 18). Esta lectura ha sido fijada para el 31 de diciembre, el s&eacute;ptimo d&iacute;a de la octava de Navidad. &iexcl;Qu&eacute; actuales son estas palabras! &iexcl;Qu&eacute; eficazmente volvemos a sentir su elocuencia los que estamos reunidos en la iglesia romana de Jes&uacute;s, en el momento en que suenan las &uacute;ltimas horas de este a&ntilde;o que toca a su fin. <i>Cada una de las horas<\/i> del tiempo humano es en cierto sentido la &uacute;ltima, porque es siempre &uacute;nica e irrepetible. Con cada hora pasa una part&iacute;cula de nuestra vida, una part&iacute;cula que no volver&aacute; m&aacute;s, Y cada una de estas part&iacute;culas \u2014aunque no siempre nos damos cuenta de ello\u2014 <i>nos proyecta hacia<\/i> la eternidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiz&aacute; las &uacute;ltimas horas de este d&iacute;a \u2014cuando el a&ntilde;o del Se&ntilde;or 1979, y con &eacute;l el octavo decenio de nuestro siglo, llegan a su fin\u2014 nos hablan de ello mejor que cualquier otra hora ordinaria. Y por esto volvemos a sentir tanto m&aacute;s la necesidad de encontrarnos, en estas &uacute;ltimas horas del a&ntilde;o, ante Nuestro Se&ntilde;or, <i>ante Dios<\/i> que, con su eternidad, abraza y absorbe nuestro tiempo humano; la necesidad de estar ante El, de hablarle con el contenido mismo m&aacute;s profundo de nuestra existencia. Son &eacute;stos los momentos a prop&oacute;sito para una meditaci&oacute;n profunda sobre nosotros mismos y sobre el mundo; los momentos para &quot;el momento de la verdad&quot; con nosotros mismos y con la generaci&oacute;n a la que pertenecemos. Este es el. tiempo propicio para una oraci&oacute;n dirigida a obtener el perd&oacute;n. una oraci&oacute;n de agradecimiento y de s&uacute;plica.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &quot;El Verbo estaba en el mundo&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 1, 10). Precisamente ahora ha vuelto el per&iacute;odo en que la Iglesia se siente consciente de modo especial de la verdad que expresan estas palabras del Evangelio de Juan. El Verbo estaba en el mundo, ese Verbo que &quot;al principio estaba en Dios&quot; y &quot;todas las cosas fueron hechas por El, y sin El nada se hizo de cuanto ha sido hecho&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 2-3). Este Verbo &quot;se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&quot; (1, 14). Vino a habitar aunque &quot;los suyos no le recibieron&quot; (1, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">El c&oacute;mputo de los a&ntilde;os, que utilizamos, quiere testimoniar que han pasado precisamente 1979 desde el momento en que aconteci&oacute; esto. El tiempo testimonia no s&oacute;lo el pasar del mundo y el pasar del hombre en el mundo; tambi&eacute;n da testimonio del Nacimiento del Verbo Eterno de la Virgen Mar&iacute;a, del Nacimiento que, como cada nacimiento del hombre, est&aacute; determinado por el tiempo: por el a&ntilde;o, por el d&iacute;a y la hora.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, en el momento presente, durante este encuentro, nuestra atenci&oacute;n est&aacute; centrada, sobre todo, en la siguiente frase del Evangelio de Juan:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;De su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia&quot; (1, 16). &iquest;No hay aqu&iacute; tambi&eacute;n una clave para comprender el a&ntilde;o que est&aacute; para acabar? &iquest;No es necesario pensar en &eacute;l con la perspectiva de cada gracia que hemos recibido de la plenitud de Jesucristo, Dios y hombre? &iquest;No nos hemos reunido aqu&iacute; para agradecer cada una de estas gracias y al mismo tiempo todas?<\/p>\n<p align=\"left\">Ciertamente s&iacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">La gracia es una realidad interior. Es una pulsaci&oacute;n misteriosa de la vida divina en las almas humanas. Es un ritmo interior de la intimidad de Dios con nosotros, y por lo tanto tambi&eacute;n de nuestra intimidad con Dios. Es la fuente de todo verdadero bien en nuestra vida. Y es el fundamento del bien que no pasa. <i>Mediante la gracia vivimos ya en Dios<\/i>, en la unidad del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, aunque nuestra vida se desarrolle a&uacute;n en este mundo. La gracia da valor sobrenatural a cada vida, aunque esta vida sea, humanamente y seg&uacute;n los criterios de la temporalidad. muy pobre, no llamativa y dif&iacute;cil.<\/p>\n<p align=\"left\">Es necesario, pues, <i>agradecer hoy cada una de las gracias de Dios<\/i> que ha sido comunicada a cualquier hombre: no s&oacute;lo a cada uno de nosotros aqu&iacute; presentes, sino a cada uno de nuestros hermanos y hermanas en todas las partes de la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo nuestro himno de acci&oacute;n de gracias unido al &uacute;ltimo d&iacute;a del a&ntilde;o, que est&aacute; para acabar, se convertir&aacute; como en una gran s&iacute;ntesis. En esta s&iacute;ntesis estar&aacute; presente toda la Iglesia, porque ella es, como nos ense&ntilde;a el Concilio, un sacramento de la salvaci&oacute;n humana (cf. Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 1, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo, de cuya plenitud recibimos todos gracia sobre gracia, es precisamente el &quot;Cristo de la Iglesia&quot;; y la Iglesia es ese Cuerpo m&iacute;stico que reviste constantemente el Verbo Eterno nacido de la Virgen en el tiempo.<\/p>\n<p align=\"left\">Dirigiendo nuestros corazones hacia este misterio, la liturgia de hoy se convierte en fuente de la oraci&oacute;n m&aacute;s profunda de nuestro agradecimiento.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Sin embargo, la misma liturgia nos presenta ante los ojos tambi&eacute;n <i>la existencia del mal en la historia del hombre y de la humanidad<\/i>. Y si todo bien modela esta historia en la forma del Cuerpo de Cristo, el mal, en cambio, como contradicci&oacute;n del bien, toma en el lenguaje de la Carta de Juan el nombre de &quot;anti-Cristo&quot;. En este sentido el Ap&oacute;stol escribe: &quot;Muchos se han hecho anticristos, por lo cual conocemos que es la hora postrera&quot; (<i>1 Jn<\/i>2, 18).<\/p>\n<p align=\"left\">Por lo tanto, esta hora postrera del a&ntilde;o no puede pasar sin una reflexi&oacute;n sobre el tema del mal, sobre el tema del pecado, del que cada uno de nosotros se siente part&iacute;cipe, puesto que a cada uno le habla de &eacute;l la propia conciencia.<\/p>\n<p align=\"left\">La &uacute;ltima hora se une, de modo especial, con la <i>perspectiva del juicio<\/i> que vuelve a sonar en la voz de la conciencia humana, y al mismo tiempo, con la perspectiva del juicio de Dios, del Se&ntilde;or que viene a juzgar la tierra, como anuncia el salmo responsorial de la liturgia de hoy (cf. <i>Sal<\/i> 95 [96], 13). Y a&ntilde;ade: &quot;juzgar&aacute; al orbe con justicia y a los pueblos con fidelidad&quot; (<i>ib<\/i>.).<\/p>\n<p align=\"left\">La misma reflexi&oacute;n sobre el mal, para la que nos ofrece ocasi&oacute;n la &uacute;ltima hora del a&ntilde;o, nos exige sobrepasar en cierto sentido los l&iacute;mites de nuestra conciencia, y de la responsabilidad moral personal. <i>El mal que existe en el mundo<\/i>, que nos circunda y que amenaza al hombre, a las naciones, a la humanidad, <i>parece ser m&aacute;s grand<\/i>e, mucho m&aacute;s grande, que el mal de que se siente responsable personalmente cada uno de nosotros. Es como si el mal creciese seg&uacute;n la propia din&aacute;mica inmanente y superase las intenciones del hombre; como si saliese de nosotros, pero no fuera nuestro, para utilizar una vez m&aacute;s las expresiones del Ap&oacute;stol.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Acaso nuestra vida no nos manifiesta estas dimensiones del mal? &iquest;Acaso no nos ha demostrado el &uacute;ltimo a&ntilde;o un grado de amenaza tal, que, pensando en ella, el hombre se siente obligado a preguntarse si es todav&iacute;a a medida del hombre, a medida de su voluntad y de su conciencia?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; decir, por lo dem&aacute;s, de todas las manifestaciones de odio y de crueldad que se ocultan bajo el nombre del <i>terrorismo<\/i> internacional, o bajo la forma del terrorismo, de que es v&iacute;ctima Italia?<\/p>\n<p align=\"left\">Y &iquest;qu&eacute; decir de los <i>gigantescos y amenazadores arsenales militares<\/i> que, especialmente en el &uacute;ltimo per&iacute;odo de este a&ntilde;o, han reclamado la atenci&oacute;n del mundo entero y en particular de Europa, desde el Oriente hasta el Occidente?<\/p>\n<p align=\"left\">Se tendr&iacute;a gana de decir, siguiendo al Ap&oacute;stol, que ese mal que se perfila sobre el horizonte &quot;ha salido de nosotros, pero no era nuestro&quot;, no es nuestro. Y justamente. En la historia del hombre act&uacute;a no s&oacute;lo Cristo, sino tambi&eacute;n el anticristo. Sin embargo es necesario, s&iacute;, es cada vez m&aacute;s necesario que el hombre, cada uno de los hombres, que de alg&uacute;n nodo se siente responsable de esta amenaza sobrehumana que pesa sobre la humanidad, se sit&uacute;e ante el juicio de la propia conciencia; se coloque ante el juicio de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">4. En el mundo estaba el Verbo&#8230; \/ &quot;En El estaba la vida, \/ y la vida era la luz de los hombres, \/ la luz luce en las tinieblas, \/ pero las tinieblas no la abrazaron&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">Acabamos as&iacute; nuestra meditaci&oacute;n en este final del a&ntilde;o con una afirmaci&oacute;n del Evangelio de Juan. Esta lleva en s&iacute; el mensaje de Navidad; lleva consigo <i>la manifestaci&oacute;n de la esperanza<\/i>, la voz del optimismo cristiano.<\/p>\n<p align=\"left\">El Verbo est&aacute; en el mundo. La luz brilla en las tinieblas. S&oacute;lo es necesario que nosotros prestemos o&iacute;dos a esta Palabra. Es necesario que <i>nos abracemos a Cristo<\/i>, que nos adhiramos a El con toda el alma y con toda la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces podemos encaminarnos confiadamente al encuentro de todo tiempo, por muy amenazador que sea. su rostro. &quot;La gracia y la verdad que vinieron por Jesucristo&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 1, 17) no cesan de ser <i>la fuente de que el hombre prevalezca sobre el mal<\/i>. Y aun en nuestra &eacute;poca est&aacute; creciendo la cantidad de hechos \u2014de hechos concretos\u2014 que lo confirman. Hechos que tal vez nos asombran con su elocuencia. Cada a&ntilde;o termina con el esplendor de la octava de Navidad y cada a&ntilde;o nuevo comienza con este esplendor.<\/p>\n<p align=\"left\">Este es un signo evidente de la inmutable presencia de la gracia y de la verdad en nuestro tiempo humano.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ACCI&Oacute;N DE GRACIAS EN LA IGLESIA &laquo;DEL GES&Ugrave;&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Lunes 31 de diciembre de 1979 &nbsp; 1. &quot;Hijitos, esta es la hora postrera&quot;, con estas palabras comienza la primera lectura de hoy, tomada de la Carta de San Juan Ap&oacute;stol (1 Jn 2, 18). 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