{"id":39429,"date":"2016-10-05T22:50:06","date_gmt":"2016-10-06T03:50:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-diciembre-de-1979visita-a-la-parroquia-romana-de-los-santos-doce-apostoles\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:06","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:06","slug":"16-de-diciembre-de-1979visita-a-la-parroquia-romana-de-los-santos-doce-apostoles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-diciembre-de-1979visita-a-la-parroquia-romana-de-los-santos-doce-apostoles\/","title":{"rendered":"16 de diciembre de 1979,Visita a la parroquia romana de los Santos Doce Ap\u00f3stoles"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA<br \/>DE LOS SANTOS DOCE AP&Oacute;STOLES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>III Domingo de Adviento, 16 de diciembre de 1979<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo sea con todos vosotros&quot; (<i>Flp <\/i>1, 2).<\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras de San Pablo a los primeros cristianos de la ciudad de Filipos, dirijo mi saludo afectuoso a la la comunidad parroquial de los Doce Ap&oacute;stoles.<\/p>\n<p align=\"left\">1. Ante todo, un saludo cordial al cardenal Vicario y a los prelados que han querido participar en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica.<\/p>\n<p align=\"left\">Un saludo cordial a los miembros de la curia generalicia de los padres Franciscanos Menores Conventuales, quienes desde 1463 tienen la cura pastoral de esta insigne bas&iacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">Un fraternal saludo al p&aacute;rroco, padre Domenico Camusi, y a los religiosos que dedican sus energ&iacute;as al bien de las almas de esta zona del centro hist&oacute;rico de Roma.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo saludar, adem&aacute;s, a los numerosos religiosos que viven en el &aacute;mbito de la parroquia: los padres Servitas, los misioneros de San Vicente, los padres jesuitas de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Pontificio Instituto B&iacute;blico, que visit&eacute; ayer por la tarde; y no puedo olvidar a las religiosas: las religiosas de Mar&iacute;a Reparadora, las religiosas del Sagrado Coraz&oacute;n, las Hijas de San Pablo, las religiosas polacas que est&aacute;n al servicio del Colegio Americano.<\/p>\n<p align=\"left\">Finalmente, un saludo especial <i>a todos los fieles: <\/i>hombres, mujeres, ni&ntilde;os, ni&ntilde;as, muchachos y muchachas, j&oacute;venes, ancianos, que forman las &quot;piedras vivas&quot; (<i>1 Pe <\/i>2, 5)<i> <\/i>de esta comunidad parroquial, la cual ciertamente no es muy amplia, cuenta, en efecto, con cerca de 800 almas y con 272 familias, pero no es menos rica de vitalidad y se halla cargada de problemas de car&aacute;cter pastoral.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El tercer domingo de Adviento nos ofrece siempre <i>acentos <\/i>especiales <i>de alegr&iacute;a, <\/i>que se manifiestan como colores vivos en su forma lit&uacute;rgica. La alegr&iacute;a es ant&iacute;tesis de la tristeza y del temor. Y por esto, el profeta Sofon&iacute;as proclama, invitando a la alegr&iacute;a:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;No temas, Si&oacute;n. \/ No se caigan tus manos, \/ que est&aacute; en medio de ti Yahv&eacute; \/ como poderoso salvador; \/ se goza en ti con alegr&iacute;a, \/ te renovar&aacute; su amor, \/ exultar&aacute; sobre ti con j&uacute;bilo \/ como en los d&iacute;as de fiesta&quot; (<i>Sof <\/i>3, 16-18).<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora ya sentimos la <i>cercan&iacute;a <\/i>de la Navidad. El Adviento nos acerca a ella a trav&eacute;s de sus cuatro domingos, de los cuales hoy es el tercero.<\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo en la Carta a los Filipenses repite la misma invitaci&oacute;n a la alegr&iacute;a. Mientras el profeta ha anunciado la presencia del Se&ntilde;or en Si&oacute;n, el ap&oacute;stol anuncia su cercan&iacute;a: &quot;Alegraos siempre en el Se&ntilde;or; de nuevo os digo: alegraos. Vuestra modestia sea notoria a todos los hombres. El Se&ntilde;or est&aacute; pr&oacute;<i>ximo&quot; <\/i>(<i>Flp <\/i>4, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">3. La conciencia de la cercan&iacute;a de Dios, que viene para &quot;estar con nosotros&quot; (Emmanuel), debe reflejarse <i>en toda nuestra conducta. Y <\/i>de esto nos habla la liturgia de hoy por boca de San Juan Bautista, que predicaba junto al jord&aacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Varios hombres llegaron a &eacute;l para preguntarle: &quot;&iquest;Qu&eacute; hemos de hacer&quot;? <i>(Lc <\/i>3, 10). Las respuestas son diversas.<\/p>\n<p align=\"left\">Una para los publicanos, otra para los soldados: a los primeros los invita a la honestidad profesional, a los otros a respetar al pr&oacute;jimo en los simples problemas humanos. E invita a todos a la misma actitud, a la que hab&iacute;an invitado los Profetas en toda la tradici&oacute;n del Antiguo Testamento: a compartir todo con los otros; a ponerse a su servicio seg&uacute;n la propia abundancia; a realizar obras de caridad y de misericordia.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas respuestas de Juan junto al Jord&aacute;n las podr&iacute;amos ampliar y multiplicar, traslad&aacute;ndolas tambi&eacute;n a nuestro tiempo, a las condiciones en que viven los hombres de hoy. La sensaci&oacute;n de la cercan&iacute;a de Dios provoca siempre preguntas semejantes a las que se le propusieron a Juan junto al Jord&aacute;n: <i>&quot;&iquest;Qu&eacute; debo hacer?&quot; &quot;&iquest;Qu&eacute; debemos hacer? <\/i>La Iglesia no cesa de responder a estas preguntas. Basta leer con atenci&oacute;n los documentos del Concilio Vaticano II para constatar a cuantas preguntas del hombre actual ha dado el Concilio respuestas adecuadas. Respuestas dirigidas a todos los cristianos y a cada uno de los grupos, a la juventud, a los hombres de cultura y de ciencia, a los hombres de la econom&iacute;a y de la pol&iacute;tica, a los hombres del trabajo&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">4. Sin embargo, es necesario que esa pregunta: <i>&quot;&iquest;Qu&eacute; debemos hacer?&quot;, <\/i>se dirija no s&oacute;lo a todos, sino tambi&eacute;n <i>a cada uno. <\/i>No s&oacute;lo a cada uno de los grupos y comunidades seg&uacute;n su responsabilidad. social, sino tambi&eacute;n a lo <i>profundo de la conciencia <\/i>de cada uno de nosotros. &iquest;Qu&eacute; debo hacer? &iquest;Cu&aacute;les son mis deberes concretos? &iquest;C&oacute;mo debo servir el aut&eacute;ntico bien y evitar el mal? &iquest;C&oacute;mo debo realizar las tareas de mi vida?<\/p>\n<p align=\"left\">El Adviento nos conduce a cada uno, por decirlo as&iacute;, &quot;a la morada interna de su coraz&oacute;n&quot; para vivir all&iacute; la cercan&iacute;a de Dios, respondiendo a la pregunta que este coraz&oacute;n humano debe proponerse en el conjunto de la verdad interior.<\/p>\n<p align=\"left\">Y cuando, as&iacute; sincera y honestamente, nos planteamos esta pregunta, en la presencia de Dios, entonces se realiza siempre aquello de lo que habla Juan junto al Jord&aacute;n en su met&aacute;fora sugestiva: He aqu&iacute; el aventador para limpiar la era. El permite al agricultor recoger el grano en el granero, quemar la paja con fuego (inextinguible) (cf. <i>Lc <\/i>3,<i> <\/i>17). As&iacute; precisamente es necesario hacer m&aacute;s de una vez. Es necesario concentrarse dentro de s&iacute;, con la ayuda de esta luz, que el Esp&iacute;ritu Santo no escatimar&aacute;, <i>delinear en s&iacute; y <\/i>separar el bien <i>y el mal. <\/i>Llamar por su nombre al uno y al otro, no enga&ntilde;arse a s&iacute; mismos. Entonces esto ser&aacute; un verdadero &quot;bautismo&quot; que renovar&aacute; el alma. El que viene &quot;est&aacute; cerca&quot; (<i>Flp <\/i>4, 5),<i> <\/i>viene a bautizarnos en Esp&iacute;ritu Santo y fuego (cf.<i> Lc <\/i>3, 18).<\/p>\n<p align=\"left\">El Adviento \u2014preparaci&oacute;n a la gran solemnidad de la Encarnaci&oacute;n\u2014 debe estar unido a esta purificaci&oacute;n. Que se reanime la pr&aacute;ctica del sacramento de la penitencia. Si ha de ser aut&eacute;ntica esa alegr&iacute;a de la proximidad del Se&ntilde;or que anuncia el domingo de hoy, debemos purificar nuestros corazones. La liturgia de hoy nos indica <i>la doble fuente de la alegr&iacute;a: <\/i>la primera es la que se deriva de la realizaci&oacute;n honesta de nuestras tareas en la vida; la segunda es la que se nos da por la purificaci&oacute;n sacramental y por la absoluci&oacute;n de los pecados, que gravan sobre nuestra alma.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &quot;El Se&ntilde;or est&aacute; cerca&quot;, anuncia San Pablo en la Carta a los Filipenses. Con este hecho se vincula la invitaci&oacute;n a <i>la esperanza. <\/i>Porque, aun cuando nuestra vida puede oprimir a cada uno de nosotros con un m&uacute;ltiple peso, &quot;Dios es mi salvaci&oacute;n&quot; (<i>Is<\/i> 12, 2).<i> Si <\/i>el Se&ntilde;or se acerca a nosotros lo hace para que podamos sacar &quot;con alegr&iacute;a el agua de las fuentes de la salud&quot; (<i>Is<\/i> 12, 3)<i>, <\/i>a fin de que podamos conocer &quot;sus obras&quot;, las que ha realizado y realiza continuamente para bien del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">La primera de todas estas obras es la creaci&oacute;n, el bien natural, material y espiritual, que brota de ella. He aqu&iacute; que nos acercamos a la nueva obra espl&eacute;ndida del Dios viviente, al nuevo &quot;mirabile Dei&quot;: he aqu&iacute; que viviremos de nuevo en la liturgia de la Iglesia el misterio de la Encarnaci&oacute;n de Dios. Dios-Hijo se ha hecho hombre; el Verbo se ha hecho carne para injertar en el coraz&oacute;n del hombre la fuerza y la dignidad sobrenaturales: &quot;Dioles poder de venir a ser hijos de Dios&quot; (<i>Jn <\/i>1, 12).<\/p>\n<p align=\"left\">Y he aqu&iacute;, c&oacute;mo mirando hacia el Jord&aacute;n, que en la liturgia de cada a&ntilde;o constituye el recuerdo de este gran misterio, grita el Ap&oacute;stol: &quot;&iexcl;Por nada os <i>inquiet&eacute;is!, <\/i>sino que en todo tiempo, en la oraci&oacute;n y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompa&ntilde;adas de acci&oacute;n de gracias&quot; (<i>Flp<\/i> 4. 6).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;No os inquiet&eacute;is por nada! Nunca. &iquest;No debemos realizar nuestros deberes y nuestras tareas con tanta escrupulosidad como hemos o&iacute;do de labios de Juan Bautista? Ciertamente. La cercan&iacute;a de Dios nos pide todo esto. Pero simult&aacute;neamente la misma cercan&iacute;a de Dios, su Encarnaci&oacute;n, su voluntad salv&iacute;fica para el hombre nos exigen que no nos dejemos absorber completamente por las solicitudes temporales, que no vivamos de tal manera como si s&oacute;lo fuese importante &quot;este mundo&quot;, que no <i>perdamos la perspectiva de la eternidad. <\/i>La venida de Cristo, la Encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios, nos pide que abramos nuevamente en nuestros corazones esta perspectiva divina. Esto es precisamente el Adviento. Esto quiere decirnos el &quot;Alegraos&quot; de hoy. La perspectiva divina de la vida, que sobrepasa las fronteras de la temporalidad, es la fuente de nuestra alegr&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">6.<i> <\/i>Esta perspectiva es tambi&eacute;n la fuente <i>de la paz espiritual. <\/i>Para el hombre contempor&aacute;neo, que tiene diversos motivos para la inquietud y para el miedo, deben tener un significado especial las &uacute;ltimas palabras de 1&#8217;a segunda lectura de hoy: &quot;Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Flp <\/i>4, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; el deseo de la Iglesia para cada uno de nosotros en la cercan&iacute;a de Navidad.<\/p>\n<p align=\"left\">En nombre de la Iglesia, deseo esta &quot;paz de Dios&quot; <i>a los padres y a las madres <\/i>de la parroquia, para que, en la fidelidad plena a su misi&oacute;n conyugal, sepan ayudar. con su vida y con su ejemplo, a sus hijos a madurar y crecer en la fe cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo esta paz <i>a los j&oacute;venes y a las j&oacute;venes <\/i>de la parroquia, para que est&eacute;n siempre convencidos de que la violencia no da alegr&iacute;a, sino que siembra odio, sangre, muerte, desorden, y que la sociedad so&ntilde;ada y entrevista por ellos ser&aacute; fruto de sus sacrificios, de su compromiso. de su trabajo, en el respeto solidario hacia los dem&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo esta paz <i>a los ancianos y a los enfermos <\/i>de la parroquia, para que sean conscientes de que sus oraciones y sus sufrimientos son muy preciosos para el crecimiento de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANADE LOS SANTOS DOCE AP&Oacute;STOLES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II III Domingo de Adviento, 16 de diciembre de 1979 &nbsp; &quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo sea con todos vosotros&quot; (Flp 1, 2). 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