{"id":39432,"date":"2016-10-05T22:50:10","date_gmt":"2016-10-06T03:50:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-diciembre-1979-misa-en-el-venerable-colegio-ingles-de-roma\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:10","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:10","slug":"6-de-diciembre-1979-misa-en-el-venerable-colegio-ingles-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-diciembre-1979-misa-en-el-venerable-colegio-ingles-de-roma\/","title":{"rendered":"6 de diciembre 1979, Misa en el Venerable Colegio Ingl\u00e9s de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II <br \/> EN EL VENERABLE COLEGIO INGL&Eacute;S DE ROMA<\/font><\/b><\/p>\n<p> Jueves 6 de diciembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Hermanos e hijos en Cristo Jes&uacute;s:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">He venido a celebrar con vosotros el IV centenario del Venerable Colegio Ingl&eacute;s, para conmemorar con vosotros y vuestros compatriotas en vuestra casa los cuatro siglos, durante los cuales los j&oacute;venes que se preparan al sacerdocio han vivido aqu&iacute; la fe cat&oacute;lica. Desde este hist&oacute;rico edificio de la ciudad de Roma, estos j&oacute;venes han partido, como sacerdotes, para transmitir la fe a generaciones de creyentes de Inglaterra y Gales.<\/p>\n<p align=\"left\">En el contexto sagrado de esta liturgia eucar&iacute;stica, quiero rendir homenaje a esta fe salvadora en Jesucristo y honrar a todos aquellos cuyas vidas estuvieron ancladas en esta fe, a aquellos, que manteniendo sus ojos fijos en Jes&uacute;s, el Hijo de Dios, estuvieron dispuestos a confesar su fe (cf. <i>Heb <\/i>12, 2; 4, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">La fe viva en Jesucristo ha sido la piedra angular de este Colegio y de todas sus actividades desde la &eacute;poca de su fundaci&oacute;n por obra de mi predecesor Gregorio XIII en 1579. La fe de los que fueron vuestros predecesores aqu&iacute;, contin&uacute;a inspir&aacute;ndoos con el ejemplo de sus vidas. Vuestra herencia es muy grande; un completo <i>martyrum candidatos exercitus <\/i>honra los comienzos de vuestro Colegio, y se extiende a lo largo de todo un siglo, desde los tiempos de San Ralph Sherwin en 1581 hasta San David Lewis en 1679. Estos m&aacute;rtires, como supremos testigos de la fe, os hablan hoy desde esta capilla, y desde cada uno de los rincones de esta casa. Y la misma Iglesia corrobora su testimonio y os exhorta a &quot;considerando el fin de la vida, imitad su fe&quot; <i>(Heb <\/i>13, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo, queridos hijos y hermanos, este momento de gozosa celebraci&oacute;n y conmemoraci&oacute;n solemne, se convierte en un tiempo de reflexi&oacute;n orante y en un d&iacute;a desafiante para el resto de vuestras vidas. Como vuestros predecesores, tambi&eacute;n vosotros est&aacute;is llamados a ser sacerdotes de Jesucristo, siervos de su Evangelio, y testigos ante vuestro pueblo de la fe cat&oacute;lica pura, tal como la transmitieron los Ap&oacute;stoles, la proclam&oacute; el Magisterio de la Iglesia, y la testimoniaron los m&aacute;rtires y confesores de todas las &eacute;pocas. Est&aacute;is llamados a manifestar vuestro testimonio cristiano en esta coyuntura hist&oacute;rica a trav&eacute;s de la palabra y el ejemplo. Dios os llama aqu&iacute; y ahora, en las circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo. Cristo y su Iglesia os piden, sin embargo, afrontar el reto de esta hora, no s&oacute;lo con vuestras propias posibilidades o con una mera sabidur&iacute;a humana, sino con el poder del Evangelio. Con palabras de San Pablo, deb&eacute;is empu&ntilde;ar el escudo de la fe, el yelmo de la salvaci&oacute;n y la espada del Esp&iacute;ritu, que es la Palabra c&iacute;e Dios (cf. <i>Ef<\/i> 6, 16-17). Vuestro testimonio individual y colectivo de la fe no debe ser esencialmente diferente del testimonio dado por vuestros m&aacute;rtires, un testimonio de la fe de la Iglesia universal, un testimonio que conduzca a los otros a Cristo, un testimonio que no ceda cuando, como nos dice Jes&uacute;s en el Evangelio, venga la lluvia, se desborden los torrentes, soplen los vientos, y la casa se desplome (cf. <i> Mt <\/i>7, 27)<i>.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente porque poseemos la completa armadura de Dios y estamos enraizados en la fe, nos sentimos fuertes en el Se&ntilde;or y en la fortaleza de su poder; pertrechados para proclamar todo el misterio del Evangelio y para dar testimonio, en el sucederse de esta generaci&oacute;n de la plenitud de la verdad cat&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">Este es el primer aspecto del reto que se os lanza hoy: <i>ser testigos de la fe. <\/i>Cristo os llama y os enviar&aacute; por medio de su Iglesia a una misi&oacute;n eclesial, a dar testimonio de la fe en un lugar en que quiz&aacute;s nunca hab&iacute;ais so&ntilde;ado estar, y del modo que jam&aacute;s hab&iacute;ais pensado. As&iacute; pues, deb&eacute;is aprender de la historia de vuestro Colegio y, en particular, de las vidas de vuestros m&aacute;rtires la apertura, la disponibilidad y la serenidad. Hoy en esta liturgia, Isa&iacute;as os dirige a cada uno de vosotros su prof&eacute;tica exhortaci&oacute;n: &quot;Confiad siempre en Yav&eacute;, pu&eacute;s Yav&eacute; es la Roca eterna&quot; (<i>Is<\/i> 26, 4), y yo os repito a vosotros estas palabras: Confiad en el Se&ntilde;or; confiad en el Se&ntilde;or para llevar a cabo vuestra misi&oacute;n de testigos de la fe, fe en Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Es bueno caer en la cuenta de <i>que tambi&eacute;n est&aacute;is llamados a ser testigos en esta generaci&oacute;n de la vitalidad de la juventud de la Iglesia, <\/i>a ser testigos del poder y de la eficacia de la gracia de Cristo para cautivar los corazones de los j&oacute;venes de hoy. El mundo necesita pruebas concretas de que Cristo puede atraer hacia s&iacute; mismo a esta generaci&oacute;n: Y vosotros deb&eacute;is mostrar que hab&eacute;is comprendido el sentido de la vida en el contexto del amor de Cristo y de su llamada. Est&aacute;is llamados a testimoniar que, entre las mil y una atracciones y opciones que el mundo presente ofrece, vosotros hab&eacute;is sido &quot;cautivados&quot; por Cristo, hasta el punto de abandonar lo dem&aacute;s para convertiros en sus compa&ntilde;eros y sus disc&iacute;pulos, para abrazar su misi&oacute;n y, finalmente, su cruz; y para experimentar el poder de su Resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La consideraci&oacute;n de nuestro ser testigos de la fuerza de la gracia de Cristo, nos conduce de por s&iacute; a lo que se encuentra en la c&uacute;spide de nuestro verdadero ser: <i>nuestra propia libertad. <\/i>S&oacute;lo ejerciendo esta libertad, el gran don que Dios nos ha entregado, podremos responder adecuadamente a su invitaci&oacute;n, a la llamada de su gracia, y al amor que nos ofrece. Este es el reto que se os presenta hoy a cada uno de vosotros: rendir vuestros corazones y vuestras voluntades a Cristo bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, para entregaros libre, total y perseverantemente a Cristo. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s pide la respuesta y la entrega de vuestra libertad. Las palabras del Salmo os ayudan a responder: &quot;Pronto est&aacute; mi coraz&oacute;n, oh Dios, est&aacute; mi coraz&oacute;n dispuesto&quot; (<i>Sal <\/i>57, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos e hijos: as&iacute; pues, est&aacute;is llamados a dar testimonio de vuestra fe cat&oacute;lica en toda su pureza, est&aacute;is llamados a ser testigos de la victoria del amor de Cristo, no como un poder abstracto, sino como algo que afecta a vuestras propias vidas y consagra vuestra propia libertad. Ciertamente &eacute;ste es un momento en que todos deb&eacute;is tener gran confianza. Aquel que comenz&oacute; en vosotros la obra buena \u2014aquel que comenz&oacute; una obra buena en este Colegio hace 400 a&ntilde;os\u2014 la llevar&aacute; a cabo a trav&eacute;s del poder de su Esp&iacute;ritu (cf. <i>Fil <\/i>1, 6) para gloria de su nombre, honor de su Evangelio y para bien de toda su Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Y Mar&iacute;a, la Reina de los M&aacute;rtires, la Virgen Fiel, que estuvo al lado de vuestros m&aacute;rtires y de todos vuestros predecesores, estar&aacute; con cada uno de vosotros, para que vuestro testimonio sea aut&eacute;ntico en fe y santidad. Ella os asistir&aacute; en la tarea que os corresponde corno verdaderos disc&iacute;pulos de su Hijo, miembros fieles de la Iglesia y estudiosos diligentes del Concilio Vaticano II y de todos los Concilios anteriores. De un modo especial encomiendo a su intercesi&oacute;n el testimonio que deb&eacute;is dar, en la verdad y el amor, ante vuestros hermanos anglicanos en el di&aacute;logo providencial \u2014que ha de ser sostenido por la plegaria y la penitencia\u2014 orientado a la restauraci&oacute;n de la plena unidad en Jesucristo y en su Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Y as&iacute;, anclados en la fe y comprometidos en la santidad de vida, tratad de realizar con alegre confianza una nueva etapa de vuestro Colegio. Sacrificio y generosidad, oraci&oacute;n y estudio, humildad y disciplina, ser&aacute;n tan importantes para vuestro futuro, como lo fueron para vuestro pasado. Innumerables hombres, mujeres y ni&ntilde;os mirar&aacute;n a vosotros para encontrar a Cristo. Desde lo profundo de su ser os dir&aacute;n con las palabras del Evangelio: &quot;Queremos ver a Jes&uacute;s&quot; (<i>Jn <\/i>12, 21). Como el Ap&oacute;stol Felipe debemos mostrar a Jes&uacute;s al mundo, a Jes&uacute;s y no a un sustituto, porque no hay salvaci&oacute;n en otro nombre (cf. <i>Act <\/i>4, 12). Como pod&eacute;is ver claramente, el destino de vuestra patria se halla ligado al &eacute;xito de la misi&oacute;n de esta instituci&oacute;n. La aportaci&oacute;n que deb&eacute;is dar al mundo depende de c&oacute;mo deis testimonio de la fe y del poder de la gracia de Cristo en vuestras propias vidas.<\/p>\n<p align=\"left\">Mis queridos hermanos, hijos y amigos: Este Colegio, por la gracia de Dios, es, despu&eacute;s de 400 a&ntilde;os, tan din&aacute;mico como siempre, y lo que representa es m&aacute;s relevante que nunca. Y as&iacute; seguir&aacute; siendo con tal que vosotros continu&eacute;is poniendo en pr&aacute;ctica lo que el mismo Jes&uacute;s os manifiesta cuando dice: Predicad mi Evangelio. Proclamad mi palabra. Haced presente mi sacrificio. S&iacute;, sed mis testigos. Permaneced en mi amor hoy y siempre. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II EN EL VENERABLE COLEGIO INGL&Eacute;S DE ROMA Jueves 6 de diciembre de 1979 &nbsp; Hermanos e hijos en Cristo Jes&uacute;s: He venido a celebrar con vosotros el IV centenario del Venerable Colegio Ingl&eacute;s, para conmemorar con vosotros y vuestros compatriotas en vuestra casa los cuatro siglos, durante los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-diciembre-1979-misa-en-el-venerable-colegio-ingles-de-roma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de diciembre 1979, Misa en el Venerable Colegio Ingl\u00e9s de Roma\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39432","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39432","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39432"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39432\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39432"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39432"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39432"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}