{"id":39435,"date":"2016-10-05T22:50:15","date_gmt":"2016-10-06T03:50:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-1979misa-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:15","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:15","slug":"29-de-noviembre-de-1979misa-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-1979misa-en-la-catedral-del-espiritu-santo-de-estambul\/","title":{"rendered":"29 de noviembre de 1979,Misa en la Catedral del Esp\u00edritu Santo de Estambul"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_turkey.html\">VIAJE A TURQU&Iacute;A<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA CATEDRAL CAT&Oacute;LICA <br \/> DEL ESP&Iacute;RITU SANTO DE ESTAMBUL<\/font><\/b><font size=\"4\" color=\"#663300\"><i><b> <\/b> <\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Jueves <\/i><\/font><i><font color=\"#663300\">29 de noviembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Muy queridos hermanos en el Se&ntilde;or: &quot;Que la paz, la caridad y la fe en Dios Padre y en Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo est&eacute; con vosotros&quot; (cf. <i>Ef <\/i> 6, 23).<\/p>\n<p align=\"left\">Este deseo, formulado por el Ap&oacute;stol Pablo a los cristianos de Efeso, es tambi&eacute;n ahora el m&iacute;o.<\/p>\n<p align=\"left\">Me dirijo ante todo al Patriarca Ecum&eacute;nico, Su Santidad Dimitrios I, y al Patriarca armenio, Su Beatitud Shnorhk Kalustian, venerados hermanos que han querido unirse a esta celebraci&oacute;n y hacernos as&iacute; el honor a nosotros y a toda nuestra comunidad local. Les expreso mi m&aacute;s profunda gratitud.<\/p>\n<p align=\"left\">1. Os saludo cordialmente, hermanos hijos de la Iglesia cat&oacute;lica, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, fieles laicos, pertenecientes a las diversas comunidades cat&oacute;licas de la ciudad y a los distintos ritos, y saludo tambi&eacute;n, a trav&eacute;s de vosotros, a todos los cat&oacute;licos de este gran pa&iacute;s. Os agradezco vuestra calurosa y filial acogida, as&iacute; como el gozo que me proporcion&aacute;is. Querr&iacute;a igualmente manifestar mi profunda gratitud a todos los que han hecho posible este viaje, en modo particular a las autoridades de este pa&iacute;s, que con tanta cortes&iacute;a me han acogido. Mi encuentro con vosotros, hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or, me llena de inmensa alegr&iacute;a. Aprecio vuestra presencia activa en esta espl&eacute;ndida ciudad hist&oacute;rica, rica en tantos y tan admirables testimonios cristianos. &iquest;Y c&oacute;mo olvidar que los puntos esenciales de nuestra fe han encontrado su formulaci&oacute;n dogm&aacute;tica en los Concilios ecum&eacute;nicos celebrados en esta ciudad, o en las ciudades vecinas, y de las que llevan adem&aacute;s su nombre: Nicea, Constantinopla, Efeso, Calcedonia? &iquest;C&oacute;mo no evocar con emoci&oacute;n a los Padres de la Iglesia de Oriente, Pastores y Doctores, que han nacido en esta regi&oacute;n o que han ejercido en ella un apostolado incomparable, dej&aacute;ndonos luminosos escritos que son hoy alimento y punto de referencia para toda la Iglesia, tanto en Occidente como en Oriente? Pienso especialmente en San Juan Cris&oacute;stomo, obispo de Constantinopla, cuyo valor, claridad, profundidad y elocuencia han hecho de &eacute;l un modelo de Pastor y de predicador. Pienso en toda la vida contemplativa que ha florecido aqu&iacute; a lo largo de los siglos, en la escuela de los maestros espirituales, y pienso tambi&eacute;n en la fidelidad a la fe en medio de tantas pruebas. Queridos hermanos y hermanas, hoy sois herederos, de alg&uacute;n modo, de este tesoro y de estos ejemplos que deben fructificar en vuestras almas. Me siento feliz de veros profesar esta fe con convicci&oacute;n, con perseverancia, con esp&iacute;ritu de sacrificio. En diversos campos y de diferentes maneras prest&aacute;is un estimable servicio a la Iglesia y a este pa&iacute;s. Ya sea que actu&eacute;is directamente en el &aacute;mbito eclesial, o que os entregu&eacute;is a actividades culturales de car&aacute;cter m&aacute;s general, o a la educaci&oacute;n de la juventud, o a obras de caridad, trat&aacute;is de expresar vuestra fe sirviendo siempre al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. <i>G&eacute;n <\/i>1,<i> <\/i>26-27), y contribuyendo a construir la Iglesia de Dios, edificada sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles y sobre la piedra angular que es Cristo (cf. <i>Ef<\/i> 2, 20).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Hermanos y hermanas, deseo celebrar con vosotros esta santa liturgia, particularmente en esta feliz circunstancia de la fiesta del Ap&oacute;stol San Andr&eacute;s. Andr&eacute;s fue el primero en ser llamado a seguir a Jes&uacute;s. &quot;Venid y ved&quot;, hab&iacute;a dicho el Se&ntilde;or (<i>Jn<\/i> 1, 39). Y<i> <\/i>Andr&eacute;s se puso en marcha, le sigui&oacute; y se qued&oacute; con El desde aquel d&iacute;a&quot;. Y no solamente &quot;aquel d&iacute;a&quot;; le sigui&oacute; durante toda su vida; le vio hacer milagros, curar enfermos, perdonar pecados, dar vista a los ciegos, resucitar muertos; conoci&oacute; su dolorosa pasi&oacute;n y su muerte, y lo vio resucitado. Y continu&oacute; creyendo en El, hasta el testimonio final del martirio.<\/p>\n<p align=\"left\">La celebraci&oacute;n de la fiesta de un santo nos recuerda nuestra propia vocaci&oacute;n a la santidad. San Pedro, hermano de Andr&eacute;s, nos lo recuerda de forma estimulante en su Carta escrita precisamente a los cristianos de Asia Menor: &quot;Sed santos en todo vuestro proceder, porque escrito est&aacute;: &#8216;Sed santos, porque santo soy yo&#8217; &quot; (<i>1 Pe <\/i>1, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">La vocaci&oacute;n cristiana es sublime y exigente, y no podr&iacute;amos realizarla si el Esp&iacute;ritu de Dios no nos diese luz para comprender y fuerza necesaria para obrar. Pero Cristo nos ha asegurado tambi&eacute;n su asistencia: &quot;Yo estar&eacute; con vosotros siempre hasta la consumaci&oacute;n del mundo&quot; (<i>Mt <\/i>28, 20).<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, la vocaci&oacute;n cristiana es una vocaci&oacute;n a la perfecci&oacute;n, para edificar el Cuerpo de Cristo &quot;hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, cual varones perfectos, a la medida de la talla (que corresponde) a la plenitud de Cristo&quot; (<i>Ef <\/i>4, 13). Que, firmes en la fe, podamos crecer en todos los aspectos &quot;abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad&quot; (<i>Ef <\/i>4,<i> <\/i>15).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Ampliemos ahora nuestra meditaci&oacute;n al misterio de la Iglesia. San Andr&eacute;s, el primer llamado, Patr&oacute;n de la Iglesia de Constantinopla, es hermano de San Pedro, corifeo de los Ap&oacute;stoles, fundador, junto con San Pablo, de la Iglesia de Roma y su primer Obispo. Por un lado, este hecho nos recuerda un drama del cristianismo, la divisi&oacute;n entre Oriente y Occidente, pero tambi&eacute;n nos recuerda la realidad profunda de la comuni&oacute;n que existe, no obstante todas las divergencias, entre las dos Iglesias.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Qu&eacute; necesario nos es dar gracias al Se&ntilde;or por haber hecho surgir, en el curso de estos &uacute;ltimos decenios, ilustres pioneros y artesanos infatigables de la unidad, como el Patriarca Aten&aacute;goras, de venerada memoria, y mis grandes predecesores, el Papa Juan XXIII (de quien esta ciudad y esta Iglesia conservan con honor su recuerdo) y el Papa Pablo VI, que ha venido a vuestro encuentro antes que yo! Su actividad ha sido fecunda para la vida de la Iglesia y para la b&uacute;squeda de la plena unidad entre nuestras Iglesias, que se apoyan sobre la &uacute;nica piedra angular que es Cristo y se hallan edificadas sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles.<\/p>\n<p align=\"left\">Los cada vez m&aacute;s intensos contactos de estos &uacute;ltimos a&ntilde;os han hecho redescubrir la fraternidad entre nuestras dos Iglesias y la realidad de una comuni&oacute;n entre ellas, aunque no sea perfecta. El Esp&iacute;ritu de Dios nos ha hecho ver tambi&eacute;n, de manera cada vez m&aacute;s clara, la exigencia que se nos impone de realizar la plena unidad a fin de dar un testimonio m&aacute;s eficaz para nuestro tiempo.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi visita al Patriarca Ecum&eacute;nico y mi peregrinaci&oacute;n a Efeso, donde Mar&iacute;a ha sido proclamada &quot;Theotokos&quot;, Madre de Dios, tiene como finalidad (en la medida en que yo pueda y mientras el Se&ntilde;or lo permita) servir a esta santa causa. Doy gracias a la Providencia por haber guiado mis pasos hasta estos lugares.<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos en v&iacute;speras de la apertura del di&aacute;logo teol&oacute;gico entre la Iglesia cat&oacute;lica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto. Se trata de otra fase importante en el proceso hacia la unidad. Al partir de lo que tenemos en com&uacute;n, este di&aacute;logo est&aacute; llamado a identificar, afrontar y resolver todas las dificultades que todav&iacute;a nos impiden la unidad plena. Ma&ntilde;ana participar&eacute; en la celebraci&oacute;n de la fiesta de San Andr&eacute;s en la iglesia del Patriarcado Ecum&eacute;nico. No podremos concelebrar. He ah&iacute; el signo m&aacute;s doloroso de desgracia introducido en la &uacute;nica Iglesia de Cristo por la divisi&oacute;n. Pero, gracias a Dios, celebramos ya juntos, desde hace algunos a&ntilde;os, la fiesta de los protectores de nuestras Iglesias, como prenda y voluntad efectiva de la plena concelebraci&oacute;n; en Roma celebramos la fiesta de los Santos Pedro y Pablo en presencia de una Delegaci&oacute;n ortodoxa, y se celebra en el Patriarcado Ecum&eacute;nico la fiesta de San Andr&eacute;s con presencia cat&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">La comuni&oacute;n en la oraci&oacute;n nos conducir&aacute; a la plena comuni&oacute;n en la Eucarist&iacute;a. Me n atrevo a esperar que este d&iacute;a est&eacute; pr&oacute;ximo. Personalmente lo desear&iacute;a muy cercano. &iquest;No tenemos ya en com&uacute;n la misma fe eucar&iacute;stica y los verdaderos sacramentos, en virtud de la sucesi&oacute;n apost&oacute;lica? Deseemos que la comuni&oacute;n total en la fe, especialmente en el &aacute;mbito eclesiol&oacute;gico, permita pronto esta plena &quot;communicatio in sacris&quot;. Ya mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, hab&iacute;a deseado ver este d&iacute;a, al igual que el Patriarca Aten&aacute;goras I; as&iacute; se expresaba al hablar de &eacute;ste &uacute;ltimo poco despu&eacute;s de su muerte: &quot;Siempre &eacute;l resum&iacute;a sus sentimientos en una sola y suprema esperanza: la de poder &#8216;beber en el mismo c&aacute;liz con nosotros&#8217;, es decir, la de poder celebrar juntos el sacrificio eucar&iacute;stico, s&iacute;ntesis y corona de la com&uacute;n identificaci&oacute;n eclesial con Cristo. &iexcl;Tambi&eacute;n nosotros lo hemos deseado tanto! Este deseo irrealizado debe ser ahora su herencia y nuestro empe&ntilde;o&quot; <i>(&Aacute;ngelus <\/i>del 9<i> <\/i>de julio de 1972)<i>. <\/i>Por mi parte, recogiendo esta herencia, comparto ardientemente este deseo, que el tiempo y los progresos en la uni&oacute;n no hacen m&aacute;s que avivar.<\/p>\n<p align=\"left\">4. S&eacute; que tambi&eacute;n vosotros, cat&oacute;licos de esta ciudad y de toda Turqu&iacute;a, sois conscientes de la importancia que reviste la b&uacute;squeda de la plena unidad entre los cristianos. S&eacute; que or&aacute;is y que trabaj&aacute;is en este proyecto, y que ten&eacute;is contactos fraternos con la Iglesia ortodoxa y con los dem&aacute;s cristianos de vuestra ciudad y vuestro pa&iacute;s. Os estoy, por ello, profundamente agradecido.<\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; tambi&eacute;n que busc&aacute;is relaciones de amistad con los dem&aacute;s creyentes que invocan el nombre del Dios &uacute;nico, y que sois ciudadanos activos y leales de este pa&iacute;s en el que form&aacute;is una minor&iacute;a. Os animo a ello de todo coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Que Dios os bendiga! Que bendiga vuestras comunidades, vuestras familias. vuestras personas, especialmente a los que sufren; para &eacute;stos tendr&eacute; una intenci&oacute;n. particular. Y que siempre os d&eacute; lo que necesit&aacute;is para darle, en vuestra, vida, un testimonio siempre m&aacute;s fiel.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Ahora, queridos hermanos y hermanas, os invito a rezar con fervor, en este sacrificio eucar&iacute;stico, por la plena comuni&oacute;n de nuestras Iglesias. El progreso en la unidad se apoyar&aacute; en nuestros esfuerzos, en nuestros trabajos teol&oacute;gicos, en nuestras continuas gestiones, y especialmente en nuestra caridad mutua: pero, al mismo tiempo, se trata de una gracia del Se&ntilde;or. Supliqu&eacute;mosle que allane los obst&aacute;culos que han retrasado hasta el momento la marcha hacia la plena unidad. Supliqu&eacute;mosle que conceda, a cuantos colaboran en el acercamiento, su Esp&iacute;ritu Santo; que les conducir&aacute; a la verdad plena, que aumentar&aacute; su caridad, que har&aacute; que busquen impacientes la unidad. Suplicadle para que nosotros mismos, Pastores de Iglesias hermanas, seamos los mejores instrumentos de su designio; nosotros, a quienes la Providencia ha elegido, en esta hora de la historia, para regir estas Iglesias, es decir, para servirlas como lo quiere el Se&ntilde;or, y servir tambi&eacute;n a la &uacute;nica Iglesia que es su Cuerpo. En el transcurso del segundo milenio, nuestras Iglesias se hab&iacute;an mantenido inm&oacute;viles en su separaci&oacute;n. El tercer milenio del cristianismo est&aacute; ya, a las puertas. Que el alba de este nuevo milenio se encuentre con una Iglesia que ha hallado su plena unidad; para testimoniar mejor; en medio de las tensiones exacerbadas de este mundo; el amor trascendente de Dios, manifestado en su Hijo Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">S&oacute;lo Dios conoce los tiempos y los momentos. Por lo que respecta a nosotros, velemos y oremos en la esperanza, con la Virgen Mar&iacute;a, Madre de Dios, que no cesa de velar por la Iglesia de su Hijo, al igual que ha velado por los Ap&oacute;stoles. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE A TURQU&Iacute;A SANTA MISA EN LA CATEDRAL CAT&Oacute;LICA DEL ESP&Iacute;RITU SANTO DE ESTAMBUL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Jueves 29 de noviembre de 1979 &nbsp; Muy queridos hermanos en el Se&ntilde;or: &quot;Que la paz, la caridad y la fe en Dios Padre y en Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo est&eacute; con vosotros&quot; (cf. 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