{"id":39437,"date":"2016-10-05T22:50:18","date_gmt":"2016-10-06T03:50:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1979-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-evangelista-en-spinaceto\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:18","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:18","slug":"18-de-noviembre-de-1979-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-evangelista-en-spinaceto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1979-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-evangelista-en-spinaceto\/","title":{"rendered":"18 de noviembre de 1979, Visita pastoral a la parroquia romana de San Juan Evangelista, en Spinaceto"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SAN JUAN EVANGELISTA<\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 18 de noviembre de 1979<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. He venido aqu&iacute; hoy para concluir la vista pastoral de la parroquia que el obispo auxiliar, mons. Clemente Riva, ha realizado al comienzo del pasado mes octubre.<\/p>\n<p align=\"left\">La visita a cada una de las comunidades del Pueblo de Dios pertenece a los deberes fundamentales de cada obispo. Son los deberes que nos han indicado de modo especial los Ap&oacute;stoles del Se&ntilde;or, los cuales visitaron cada una de las comunidades cristianas, especialmente las que ellos fundaron. Bajo este aspecto resulta particularmente elocuente el testimonio de San Pablo. Tambi&eacute;n San Juan, Patrono de vuestra parroquia, manifiesta de diversos modos su solicitud apost&oacute;lica por cada una de las Iglesias, tanto en sus Cartas, como de manera especial en el Apocalipsis; cuando al comienzo se dirige a las siete Iglesias de Asia: &quot;A Efeso, a Esmirna, a P&eacute;rgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea&quot; (<i>Ap <\/i>1, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">Como Obispo de Roma y junto con vosotros, hermanos en el Episcopado, cardenal Vicario, arzobispos y obispos auxiliares, deseo mantenerme fiel a esta tradici&oacute;n apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">Con ocasi&oacute;n de la visita de hoy, dirijo un saludo cordial a todos los queridos feligreses de San Juan Evangelista en Spinaceto; en particular quiero mencionar a los benem&eacute;ritos sacerdotes que se dedican a vuestra atenci&oacute;n espiritual, a las Hermanitas de la Asunci&oacute;n y a las Esclavas del Amor Misericordioso. a los miembros del consejo parroquial y a los diversos Movimientos eclesiales representados aqu&iacute;. A todos vaya mi palabra de vivo est&iacute;mulo para proseguir en el camino de un aut&eacute;ntico testimonio cristiano.<\/p>\n<p align=\"left\">2. En la liturgia de este domingo, el Se&ntilde;or nos dirige, especialmente una palabra: &quot;Velad&quot;. Cristo la ha pronunciado bastantes veces y en circunstancias diversas. Hoy la palabra &quot;velad&quot; se une a la perspectiva escatol&oacute;gica, a la perspectiva de las realidades &uacute;ltimas: &quot;velad y orad en todo tiempo, para que pod&aacute;is presentaros ante el Hijo del hombre&quot; (<i>Mt<\/i> 24, 42. 44).<\/p>\n<p align=\"left\">A este ruego corresponden ya las palabras de la primera lectura del libro del profeta Daniel. Pero sobre todo corresponden las palabras del Evangelio seg&uacute;n Marcos. Estas palabras afirman que &quot;el cielo y la tierra pasar&aacute;n&quot; (<i>Mt, <\/i>13, 31) e incluso delinean el cuadro de este pasar, refiri&eacute;ndose al fin del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta realidad se forja sobre la imagen del cosmos propia de entonces. Desde hace 2.000 a&ntilde;os nuestras ciencias naturales y cosmol&oacute;gicas van dando pasos adelante. El hombre de hoy tiene miedo a la destrucci&oacute;n de su planeta; y la vincula principalmente al conjunto de todos esos medios de destrucci&oacute;n que han producido la ciencia y la t&eacute;cnica moderna. Me permito referirme aqu&iacute; a las siguientes palabras de la Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/_INDEX.HTM\">Redemptor hominis<\/a><\/i>:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El hombre&#8230; vive cada vez m&aacute;s en el miedo. Teme que sus productos, naturalmente no todos y no la mayor parte, sino algunos y precisamente los que contienen una parte especial de su genialidad y de su iniciativa, puedan ser dirigidos de manera radical contra &eacute;l mismo; teme que puedan convertirse en medios e instrumentos de una autodestrucci&oacute;n inimaginable, frente a la cual todos los cataclismos y las cat&aacute;strofes de la historia que conocemos parecen palidecer&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PG.HTM\">Redemptor hominis<\/a> <\/i>III, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta destrucci&oacute;n, o mejor autodestrucci&oacute;n de nuestro mundo, cuyo peligro acompa&ntilde;a a la conciencia del hombre contempor&aacute;neo, se delinea al mismo tiempo como una consecuencia de la prevalencia del odio sobre el amor y sobre la justicia, esto es del mal sobre el bien en el sentido moral. En este contexto el &quot;velad&quot; de Cristo adquiere una claridad especial. Se convierte en un imperativo humano de dimensi&oacute;n nacional y universal. Sentimos un profundo deber de pensar y actuar en el esp&iacute;ritu de este imperativo, repitiendo incesantemente la invocaci&oacute;n a la justicia y la paz en el mundo de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Muchas veces se acusa al cristianismo porque, orientando al hombre a las realidades &uacute;ltimas y terrenas, desviar&iacute;a su atenci&oacute;n de las cosas temporales. Este reproche supone una comprensi&oacute;n err&oacute;nea de la exhortaci&oacute;n de Cristo a &quot;velar&quot;. El Se&ntilde;or la hace en una perspectiva escatol&oacute;gica, pero al mismo tiempo abierta a toda la plenitud de los problemas y de los deberes del hombre que vive en esta tierra. La existencia temporal engendra una serie de deberes que constituyen precisamente el contenido de ese &quot;velar&quot; seg&uacute;n el Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">El Concilio Vaticano II expresa esta idea de muchos modos (especialmente en la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>) recordando que la tarea de los cristianos, en uni&oacute;n con todos los hombres de buena voluntad, es hacer que la vida del hombre sobre la tierra se haga cada vez m&aacute;s &quot;humana&quot;: y esto en todas las esferas de la existencia terrena. Este deber de la Iglesia en toda su universalidad debe sentirse vivamente en cada una de las comunidades, en cada parroquia, como en cada part&iacute;cula o c&eacute;lula de un organismo vivo; efectivamente la Iglesia es el Cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Al mismo tiempo ese &quot;velad&quot; de Cristo, que resuena en la liturgia de hoy con este denso contenido, se dirige a cada uno de nosotros, a cada hombre. Cada uno de nosotros tiene su propia parte en la historia del mundo y en la historia de la salvaci&oacute;n, mediante la participaci&oacute;n en la vida de la propia sociedad, de la naci&oacute;n, del ambiente de la familia. Podemos y debemos ser conscientes del hecho de que estos c&iacute;rculos de relaciones, en los que cada uno existe, se ampl&iacute;an y se concentran: desde los m&aacute;s amplios, que a veces resulta dif&iacute;cil abarcar, hasta los m&aacute;s restringidos y cercanos. Pero no cabe duda de que del modo seg&uacute;n el cual cada uno de nosotros acepte ese &quot;velad&quot; evang&eacute;lico en el c&iacute;rculo m&aacute;s inmediato, dependen tambi&eacute;n los c&iacute;rculos m&aacute;s lejanos y toda la imagen de la vida de la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, mientras o&iacute;mos esta exhortaci&oacute;n hoy, aqu&iacute; reunidos con ocasi&oacute;n de la visita a la parroquia de San Juan Evangelista, piense cada uno de nosotros en su vida personal. Piense en su vida conyugal y familiar. El marido piense en su comportamiento con la mujer; la mujer en su comportamiento con el marido; los padres para con los hijos, y los hijos para con los padres. Los j&oacute;venes piensen en sus relaciones con los adultos y con toda la sociedad, que tiene derecho de ver en ellos su propio futuro mejor. Los sanos piensen en los enfermos y en los que sufren; los ricos en los necesitados. Los Pastores de almas en estos hermanos y hermanas, que constituyen &quot;el redil del Buen Pastor&quot;, etc.<\/p>\n<p align=\"left\">Este modo de pensar, que nace del contenido profundo y universal del &quot;velad&quot; de Cristo, es fuente de la verdadera vida interior. Es la prueba de la madurez de conciencia. Es la manifestaci&oacute;n de la responsabilidad para consigo y para con los otros. A trav&eacute;s de este modo de pensar y de actuar, cada uno de nosotros como cristiano participa en la misi&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">5. El obispo llega a la parroquia para hacer a todos concientes del hecho de que los bautizados participan en la misi&oacute;n de la Iglesia. M&aacute;s a&uacute;n: que participan en la obra de la salvaci&oacute;n, que realiz&oacute; Cristo de una vez para siempre, y que est&aacute; continuamente en v&iacute;a de cumplimiento, en el amor m&aacute;s grande a Dios y a los hombres. Tambi&eacute;n habla de esto el autor de la Carta a los Hebreos, afirmando que Jesucristo &quot;con una sola oblaci&oacute;n perfeccion&oacute; para siempre a los santificados&quot; (<i>Heb <\/i>10, 14). Nosotros, mediante la fe, vivimos en la perspectiva de este Sacrificio &Uacute;nico, y lo realizamos constantemente, cada uno por su cuenta y todos en comunidad, con nuestra vida, con nuestra vela.<\/p>\n<p align=\"left\">No podemos, queridos hermanos y hermanas, cerrar los ojos a las realidades &uacute;ltimas. No podemos cerrar los ojos ante el significado definitivo de nuestra existencia terrena.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El cielo y la tierra pasar&aacute;n, pero mis palabras no pasar&aacute;n&quot; (<i>Mc<\/i> 13, 31), dice el Se&ntilde;or. Debemos vivir con los ojos bien abiertos.<\/p>\n<p align=\"left\">Este abrir los ojos, favorecido por la luz de la fe, trae tambi&eacute;n la paz y la alegr&iacute;a, como testifican las palabras del salmo responsorial de la liturgia de hoy. La alegr&iacute;a se deriva del hecho que &quot;el Se&ntilde;or es el lote de mi heredad y mi copa&quot; (<i>Sal <\/i>16, 5). No vivimos en el vac&iacute;o, y no caminamos hacia el vac&iacute;o.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or es el lote de mi heredad y mi copa, \/ mi suerte est&aacute; en tu mano. \/ Tengo siempre presente al Se&ntilde;or, \/ con El a mi derecha no vacilar&eacute;. \/ Por esto se me alegra el coraz&oacute;n, \/ se gozan mis entra&ntilde;as&quot; (<i>Sal <\/i>16. <i>5. <\/i>8. 9).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Por lo tanto no tengamos miedo de aceptar esta exhortaci&oacute;n: &quot;Velad, pues, porque no sab&eacute;is cu&aacute;ndo llegar&aacute; vuestro Se&ntilde;or&quot;, velad &quot;porque a la hora que menos pens&eacute;is vendr&aacute; el Hijo del hombre&quot; (<i>Mt <\/i>24, 42. 44).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta exhortaci&oacute;n plasme nuestra vida desde sus fundamentos. Nos permita vivir en la medida plena de la dignidad del hombre, es decir, en la libertad madura. D&eacute; a la vida de cada uno de nosotros esa dimensi&oacute;n espl&eacute;ndida, cuya fuente es Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SAN JUAN EVANGELISTA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 18 de noviembre de 1979 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. He venido aqu&iacute; hoy para concluir la vista pastoral de la parroquia que el obispo auxiliar, mons. 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