{"id":39442,"date":"2016-10-05T22:50:25","date_gmt":"2016-10-06T03:50:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-noviembre-de-1979-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-lucas\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:25","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:25","slug":"4-de-noviembre-de-1979-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-lucas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-noviembre-de-1979-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-lucas\/","title":{"rendered":"4 de noviembre de 1979, Visita a la parroquia romana de San Lucas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN LUCAS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Domingo 4 de noviembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Hermanas y hermanos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&quot;La gracia y la paz con vosotros de parte de Dios, nuestro Padre y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>Rom <\/i>1, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">1. Con estas palabras de San Pablo a los romanos, quiero presentaros hoy mi saludo cordial a todos los miembros de la parroquia de San Lucas, todav&iacute;a joven, es cierto \u2014en efecto fue constituida jur&iacute;dicamente en 1956\u2014, pero tan llena ya de dinamismo y vitalidad. En estos d&iacute;as, exactamente del 15 al 28 de octubre, el obispo auxiliar del sector, mons. Giulio Salimei, ha realizado la visita pastoral. He examinado, con &iacute;ntima satisfacci&oacute;n y leg&iacute;tima alegr&iacute;a, la relaci&oacute;n que &eacute;l ha elaborado y tambi&eacute;n la que ha preparado el p&aacute;rroco, mons. Alessandro Agostini, junto con los sacerdotes que colaboran con &eacute;l para bien vuestro. Con esta visita intento concluir y, en cierto modo, poner mi &quot;sello&quot; a la del obispo auxiliar.<\/p>\n<p align=\"left\">Ante todo un saludo al cardenal Vicario y a mons. Salimei, al p&aacute;rroco y al grupo de sacerdotes que dan sus mejores energ&iacute;as f&iacute;sicas y espirituales a esta comunidad parroquial, que presenta varios y complejos problemas, y no es el &uacute;ltimo su numerosa poblaci&oacute;n: cerca de 30.000 habitantes, con 8.000 familias.<\/p>\n<p align=\"left\">Un saludo a los sacerdotes de las parroquias vecinas, a los religiosos y religiosas que viven y trabajan en el &aacute;mbito de la parroquia: quiero recordar en este momento al centro provincial de los Peque&ntilde;os Hermanos del padre Charles de Foucauld, a las religiosas Oblatas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, que se dedican generosamente al cuidado de la parroquia; al numeroso grupo de Hermanas de la Misericordia de Verona, comprometidas en sus diversas actividades educativas, catequ&eacute;ticas y caritativas. Esta presencia es para m&iacute; expresi&oacute;n de la comunidad que es tan querida y preciosa en la vida de la Iglesia, tan &uacute;til en la existencia y en el servicio sacerdotal.<\/p>\n<p align=\"left\">Dirijo un saludo cordial a los miembros de los numerosos grupos juveniles \u2014nada menos que 17\u2014 los cuales, de diversos modos y con muchas iniciativas, intentan profundizar juntos las exigencias de la fe cristiana; un saludo afectuoso y respetuoso a los padres y madres de familia. quienes, aun en medio de tantas dificultades, quieren vivir en plenitud el misterio cristiano de su matrimonio y se comprometen, con todo esfuerzo, a educar cristianamente a sus hijos. Un saludo conmovido a nuestros hermanos enfermos, que llevan el signo del sufrimiento de Cristo y de la Iglesia; a los pobres que necesitan nuestro gesto concreto de solidaridad y de amor. Un saludo paterno a los ni&ntilde;os, nuestra aut&eacute;ntica alegr&iacute;a y nuestra esperanza serena para un ma&ntilde;ana mejor.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero quiero dirigir hoy un saludo especial a los catequistas de la parroquia, que son nada menos que 160. Debo manifestaros, j&oacute;venes, religiosas, padres, dedicados a esta obra tan meritoria, mi aplauso y el de toda la Iglesia por el compromiso generoso que demostr&aacute;is ayudando a los muchachos en su itinerario de fe. Os repito las palabras que he dirigido a los catequistas de todo el mundo en mi reciente Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html\">Catechesi tradendae<\/a>: <\/i>&quot;En nombre de toda la Iglesia quiero dar las gracias a vosotros, catequistas parroquiales&#8230; que en todo el mundo os hab&eacute;is consagrado a la educaci&oacute;n religiosa de numerosas generaciones de ni&ntilde;os. Vuestra actividad, con frecuencia humilde y oculta, mas ejercida siempre con celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar&#8230;&quot; (n&uacute;m. 66).<\/p>\n<p align=\"left\">Me hallo, pues, ante una comunidad que se ha preparado para este encuentro con el Papa con seriedad ejemplar, cuya expresi&oacute;n m&aacute;s tangible ha sido la vigilia nocturna de oraci&oacute;n. Esta es una comunidad que quiere vivir intensamente y hacer part&iacute;cipes a los dem&aacute;s de la propia fe cristiana en una articulada uni&oacute;n fraterna: la fuente de esta uni&oacute;n, comuni&oacute;n y cooperaci&oacute;n es el amor que Cristo mismo, nuestro Se&ntilde;or y Maestro, ha injertado en vuestros corazones, como resalta, de modo especial, la liturgia de la Palabra hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Cristo dice: &quot;Si alguno me ama, guardar&aacute; mi palabra, y mi Padre le amar&aacute;, y vendremos a &eacute;l&#8230;&quot; (<i>Jn <\/i>14, 23). <i>En el centro mismo <\/i>de la ense&ntilde;anza de Cristo se halla <i>el gran mandamiento del amor.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Este mandamiento ya fue inscrito en la tradici&oacute;n del Antiguo Testamento, como lo testimonia la primera lectura de hoy, tomada del libro del Deuteronomio.<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando el Se&ntilde;or Jes&uacute;s responde a la pregunta de uno de los escribas, se remonta a esta redacci&oacute;n de la Ley divina, revelada en la Antigua Alianza:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;&iquest;Cu&aacute;l es el primero de todos los mandamientos?<\/p>\n<p align=\"left\">El primero es&#8230; amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.<\/p>\n<p align=\"left\">El segundo es &eacute;ste: Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">Mayor que &eacute;stos no hay mandamiento alguno&quot; (<i>Mc<\/i> 12, 28-31).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Ese interlocutor a quien evoca San Marcos, acept&oacute; con reflexi&oacute;n la respuesta de Cristo. La acept&oacute; con aprobaci&oacute;n profunda. Es necesario que tambi&eacute;n nosotros reflexionemos brevemente sobre este &quot;mandamiento m&aacute;s grande&quot;, para poderlo aceptar de nuevo con plena aprobaci&oacute;n y con profunda convicci&oacute;n. Ante todo, Cristo difunde <i>el primado del amor en la vida y en la vocaci&oacute;n del hombre. <\/i>La vocaci&oacute;n mayor del hombre es la llamada al amor. El amor da incluso el significado definitivo a la vida humana. Es la condici&oacute;n esencial de la dignidad del hombre, la prueba de la nobleza de su alma. San Pablo dir&aacute; que es &quot;el v&iacute;nculo de la perfecci&oacute;n&quot; (<i>Col <\/i>3, 14).<i> <\/i>Es lo m&aacute;s grande en la vida del hombre, porque \u2014el verdadero amor\u2014 <i>lleva en s&iacute; la dimensi&oacute;n de la eternidad. <\/i>Es inmortal: &quot;La caridad no pasa jam&aacute;s&quot;, leemos en la Carta primera a los Corintios (<i>1 Cor <\/i>13, 8). El hombre muere por lo que se refiere al cuerpo, porque &eacute;ste es el destino de cada uno sobre la tierra, pero esta muerte no da&ntilde;a al amor que ha madurado en su vida. Ciertamente permanece, sobre todo para dar testimonio del hombre ante Dios, que es amor. Designa el puesto del hombre en el Reino de Dios; en el orden de la comuni&oacute;n de los santos. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s dice en el Evangelio de hoy a su interlocutor, viendo que comprende el primado del amor entre los mandamientos: &quot;No est&aacute;s lejos del Reino de Dios&quot; (<i>Mc <\/i>12, 34).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Son dos los mandamientos del amor, como afirma expresamente el Maestro en su respuesta, pero <i>el amor es uno solo. <\/i>Uno e id&eacute;ntico, abraza <i>a Dios y al pr&oacute;jimo.<\/i> A<i> <\/i>Dios: sobre todas las cosas, porque est&aacute; sobre todo. Al pr&oacute;jimo: con la medida del hombre y, por lo tanto, &quot;como a s&iacute; mismo&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Estos &quot;dos amores&quot; est&aacute;n tan estrechamente unidos entre s&iacute;, que el uno no puede existir sin el otro. Lo dice San Juan en otro lugar: &quot;El que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve&quot; (<i>1 Jn <\/i>4, 20). Por lo tanto, no se puede separar un amor del otro. El verdadero amor al hombre, al pr&oacute;jimo, por lo mismo que es amor verdadero, es, a la vez, amor a Dios. Esto puede sorprender a alguno. Ciertamente sorprende. Cuando el Se&ntilde;or Jes&uacute;s presenta a sus oyentes la visi&oacute;n del juicio final, referida en el Evangelio de San Mateo, dice: &quot;Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrin&eacute;, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y vinisteis a verme&quot; (<i>Mt <\/i>25, 35-36).<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces los que escuchan estas palabras se sorprenden, porque o&iacute;mos que preguntan: &quot;Se&ntilde;or, &iquest;cu&aacute;ndo <i>te <\/i>hemos hecho todo esto?&quot;. Y la respuesta es: &quot;En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno solo de mis hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os \u2014esto es, a vuestro pr&oacute;jimo, a uno de los hombres\u2014, a m&iacute; me lo hicisteis&quot; (cf. <i>Mt <\/i>25, 37. 40).<\/p>\n<p align=\"left\">5. Esta verdad es muy importante para toda nuestra vida y para nuestro comportamiento. Es particularmente importante para quienes tratan de amar a los hombres, pero &quot;no saben si aman a Dios&quot;, o, desde luego, declaran no &quot;saber&quot; amarlo. Es f&aacute;cil explicar esta dificultad, cuando se considera toda la naturaleza del hombre, toda su sicolog&iacute;a. De alg&uacute;n modo al hombre le resulta m&aacute;s f&aacute;cil amar lo que ve, que lo que no ve (cf. <i>1 Jn<\/i> 4, 20).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Sin embargo, el hombre est&aacute; llamado \u2014y est&aacute; llamado con gran firmeza, lo atestiguan las palabras del Se&ntilde;or Jes&uacute;s\u2014 a amar a Dios, al amor que est&aacute; <i>sobre todas las cosas. <\/i>Si<i> <\/i>hacemos una reflexi&oacute;n sobre este mandamiento, sobre el significado de las palabras escritas ya en el Antiguo Testamento y repetidas con tanta determinaci&oacute;n por Cristo, debemos reconocer que nos dicen mucho del hombre mismo. Descubren la m&aacute;s profunda y, a la vez, definitiva perspectiva de su ser, de su humanidad. Si Cristo asigna al hombre como un deber este amor, a saber, el amor de Dios a quien &eacute;l, el hombre, no ve, esto quiere decir que el coraz&oacute;n humano esconde en s&iacute; la capacidad de este amor, que el coraz&oacute;n humano es creado &quot;a medida de este amor&quot;. &iquest;No es acaso &eacute;sta la primera verdad sobre el hombre, es decir, que &eacute;l es la imagen y semejanza de Dios mismo? &iquest;No habla San Agust&iacute;n del coraz&oacute;n humano que est&aacute; inquieto hasta que descansa en Dios?<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, el mandamiento del amor de Dios sobre todas las cosas <i>descubre una escala de las posibilidades interiores del hombre. <\/i>Esta no es una escala abstracta. Ha sido reafirmada y encuentra constantemente confirmaci&oacute;n por parte de todos los hombres que toman en serio su fe, el hecho de ser cristianos. Sin embargo, no faltan los hombres que han confirmado heroicamente esta escala de las posibilidades interiores del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">7. En nuestra &eacute;poca nos encontramos con una cr&iacute;tica, frecuentemente radical. de la religi&oacute;n, con una cr&iacute;tica <i>de la cristiandad. <\/i>Y<i> <\/i>entonces tambi&eacute;n este &quot;mandamiento m&aacute;s grande&quot; resulta v&iacute;ctima del an&aacute;lisis destructivo. Si se libra de esta cr&iacute;tica e incluso generalmente se aprueba el amor al hombre, se rechaza, en cambio, por varios motivos, el amor de Dios. Con frecuencia esto se hace simplemente como expresi&oacute;n atea de la visi&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">En el contacto con esta cr&iacute;tica que se presenta de diversas formas, ya sea sistem&aacute;ticamente, ya de manera circulante, es necesario ponderar al menos sus consecuencias en el hombre mismo. Efectivamente, si Cristo, mediante su mandamiento m&aacute;s grande, ha descubierto la escala plena de las posibilidades interiores del hombre, entonces debemos responder dentro de nosotros mismos a la pregunta: rechazando este mandamiento &iquest;acaso no empeque&ntilde;ecemos al hombre?<\/p>\n<p align=\"left\">En este momento, es suficiente que me limite s&oacute;lo a hacer esta pregunta<\/p>\n<p align=\"left\">8. Lo que quiero desear, aprovechando el encuentro de hoy con vuestra parroquia, se expresa sobre todo en el ferviente anhelo de que el gran manda miento del Evangelio sea el <i>principio de la vida<\/i> de cada uno de vosotros y de toda vuestra comunidad. Sin embargo, precisamente este mandamiento confiere el verdadero significado a vuestra vida. Vale la pena vivir y fatigarse cada d&iacute;a en su nombre. A su luz incluso el destino m&aacute;s gravoso: el sufrimiento, la invalidez, la misma muerte adquieren un valor. C&oacute;mo nos hablan de esto de manera espl&eacute;ndida las palabras del Salmo en la liturgia de hoy: &quot;Yo te amo. Se&ntilde;or, t&uacute; eres mi fortaleza, Se&ntilde;or, mi roca, mi alc&aacute;zar, m libertador; Dios m&iacute;o, pe&ntilde;a m&iacute;a, refugio m&iacute;o&#8230;&quot; (<i>Sal<\/i> 17 [18]. 1-3).<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo, pues, que en cada uno de vosotros y en todos se realicen las palabras de Cristo: &quot;S&iacute; alguno me ama, guardar&aacute; mi palabra, y mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y en &eacute;l haremos morada (<i>Jn<\/i> 14, 23). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN LUCAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 4 de noviembre de 1979 &nbsp; Hermanas y hermanos querid&iacute;simos: &quot;La gracia y la paz con vosotros de parte de Dios, nuestro Padre y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (Rom 1, 7). 1. 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