{"id":39443,"date":"2016-10-05T22:50:26","date_gmt":"2016-10-06T03:50:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-1979-solemnidad-de-todos-los-santos\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:26","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:26","slug":"1-de-noviembre-de-1979-solemnidad-de-todos-los-santos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-1979-solemnidad-de-todos-los-santos\/","title":{"rendered":"1 de noviembre de 1979, Solemnidad de Todos los Santos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/> EN EL CEMENTERIO ROMANO DEL &quot;CAMPO VERANO&quot;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Solemnidad de Todos los Santos<br \/> Jueves 1 de noviembre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Todos nosotros nos hemos reunido hoy en el camposanto principal de Roma. Han venido aqu&iacute; todos aquellos para quienes <i>este cementerio tiene un valor y una elocuencia especial. <\/i>Nos<i> <\/i>habla de los muertos que viven en nosotros: en nuestra memoria, en nuestro amor, en nuestros corazones. Nos habla de nuestros padres, esto es, de los que nos dieron la vida terrena, gracias a los cuales nosotros hemos sido hechos part&iacute;cipes de la humanidad. Este cementerio nos habla tambi&eacute;n de otros muchos hombres, cuyo amor, ejemplo e influencia han dejado en nuestras almas huellas duraderas. Vivimos siempre en el &aacute;mbito de la verdad que ellos vivieron, en el &aacute;mbito de los problemas que ellos han afrontado. En cierto sentido, somos su continuidad. <i>Ellos viven en nosotros y no podemos cesar de vivir en ellos.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Al venir hoy a este camposanto queremos manifestar todo esto. De este modo el cementerio de Roma, as&iacute; corno todos los cementerios en Italia y en el mundo, se convierte en <i>lugar de una asamblea admirable; <\/i>un lugar que da testimonio de que los muertos no cesan de vivir en nosotros, que vivimos, porque nosotros, que estamos vivos, no cesamos de vivir de ellos y en ellos.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Si esta verdad sicol&oacute;gica, en alg&uacute;n modo subjetiva, no puede ser falaz, nosotros, siguiendo las palabras de la festividad lit&uacute;rgica de hoy, debemos confesar lo mismo que anuncia el Salmo responsorial con tanta sencillez y fuerza:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Del Se&ntilde;or es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes&quot; (<i>Sal <\/i>24, 1).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Es del Se&ntilde;or&#8230;!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Si el mundo, esta tierra y todo lo que contiene, y si, en suma, el hombre mismo no tienen ese Se&ntilde;or, si no le pertenecen, si no son sus criaturas&#8230;, entonces nuestro sentido de la comuni&oacute;n con los muertos, nuestro recuerdo y nuestro amor se rompen en el punto mismo en que nace. Entonces debemos abandonar aquello en lo que cada uno de nosotros se expresa tan fuertemente; debemos borrar lo que tan fuertemente decide sobre cada uno de nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, entonces se descubre \u2014como por una necesidad implacable\u2014esta segunda alternativa: s&oacute;lo la tierra, que por un cierto tiempo acepta el dominio del hombre, al final, en cambio, se demuestra su due&ntilde;a. Entonces <i>el cementerio es lugar de la derrota definitiva <\/i>del hombre. Es el lugar donde se manifiesta una victoria definitiva e irrevocable de la &quot;tierra&quot; sobre todo ser humano, aun tan rico; el lugar del dominio de la tierra sobre la que, durante la propia vida, pretend&iacute;a ser su due&ntilde;o.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas son las inexorables consecuencias l&oacute;gicas de la concepci&oacute;n del mundo que rechaza a Dios y reduce toda la realidad exclusivamente a la materia. En el momento en que el hombre hace morir a Dios en su mente y en su coraz&oacute;n, debe tener en cuenta que se ha condenado a s&iacute; mismo a una muerte irreversible, que ha aceptado el programa de la muerte del hombre. Este programa, por desgracia y frecuentemente sin una reflexi&oacute;n por nuestra parte, viene ser el programa de la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea.<\/p>\n<p align=\"left\">3.<i> <\/i>Nosotros, reunidos aqu&iacute;, hemos venido hoy a este camposanto para confesar la presencia de Dios y su se&ntilde;or&iacute;o sobre el mundo creado; para <i>confesar <\/i>su presencia salv&iacute;fica en la historia del hombre. Nosotros, como dice el Salmo, somos la generaci&oacute;n que lo busca, que busca el rostro del Dios de Jacob (cf. <i>Sal <\/i>24, 6)<i>.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, hemos venido aqu&iacute; para confesar el misterio del Cordero de Dios, en el que estamos provistos de la salvaci&oacute;n y de la vida eterna. A&uacute;n m&aacute;s, el Hijo de Dios, verdadero Dios, se hizo hombre y como hombre <i>acept&oacute; la muerte, para darnos participaci&oacute;n en la vida del mismo Dios. <\/i>De esta participaci&oacute;n nos habla hoy el Ap&oacute;stol Juan en su Carta primera: &quot;Ved qu&eacute; amor nos ha&nbsp; mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos&quot; (<i>1 Jn <\/i>3, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta conciencia nos acompa&ntilde;a hoy, al venir a rezar sobre la tumba de nuestros seres queridos y a celebrar, en medio de estas tumbas, el Sacrificio riel Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Al ofrecerlo, pensamos junto con el autor del Apocalipsis en los que &quot;lavaron sus t&uacute;nicas y las blanquearon en la sangre de Cordero&quot; (<i>Ap<\/i> 7, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">Venimos aqu&iacute; con fe. La fe levanta los sellos de estas tumbas y nos permite pensar en los que han muerto como en personas que, por obra de Cristo, viven en Dios. Con esta conciencia, con esta fe, todos nosotros, el Obispo de Roma y los p&aacute;rrocos de cada una de las parroquias romanas, celebramos aqu&iacute; hoy el Sacrificio de Cristo. Lo celebramos con la <i>esperanza de la vida eterna, <\/i> que nos ha dado Cristo. &quot;Y todo el que tiene en El esta esperanza se santifica, como santo es El&quot; (<i>1 Jn <\/i>3, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">El cristianismo es un programa lleno de vida. Ante la experiencia cotidiana de la muerte, de la que se hace part&iacute;cipe nuestra humanidad, repite incansablemente: &quot;Creo en la vida eterna&quot;. Y en esta dimensi&oacute;n de vida se encuentra la realizaci&oacute;n definitiva del hombre en Dios mismo: &quot;Sabemos que&#8230; seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es&quot; (<i>1 Jn<\/i> 3, 2).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Por esto tambi&eacute;n hoy estamos llamados a encontrarnos en torno a Cristo, cuando pronuncia su <i>serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. <\/i>El Evangelio de las ocho bienaventuranzas toca estas dos dimensiones de la vida, de las cuales una pertenece a esta tierra y es temporal, mientras que la otra comporta la esperanza de la vida eterna.<\/p>\n<p align=\"left\">Al escuchar estas palabras, se puede mirar hacia la vida eterna a partir de la temporalidad. Pero se puede tambi&eacute;n y se debe mirar la temporalidad de nuestra vida sobre la tierra, a trav&eacute;s de la perspectiva de la vida eterna. Y debemos preguntarnos tambi&eacute;n c&oacute;mo debe ser esta vida nuestra, para que la esperanza de la vida eterna pueda desarrollarse y madurar en ella. Entonces comprendemos de manera justa lo que Jes&uacute;s quiere decir cuando proclama &quot;bienaventurados&quot; a los pobres de esp&iacute;ritu, a los mansos, a los que sufren con una aflicci&oacute;n buena, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de coraz&oacute;n, a los obradores de paz y a los que son perseguidos a causa de la justicia.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo quiere que nosotros seamos tales. <i>Y como tales nos espera el Padre.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">No nos alejemos de este camposanto sin una mirada profunda sobre nuestra vida. Mir&eacute;mosla en la perspectiva de Dios vivo, en la perspectiva de la eternidad. Entonces tambi&eacute;n nuestro encuentro con los que nos han dejado dar&aacute; fruto pleno: &quot;Su esperanza est&aacute; llena de inmortalidad&quot; (<i>Sab <\/i>3, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL CEMENTERIO ROMANO DEL &quot;CAMPO VERANO&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de Todos los Santos Jueves 1 de noviembre de 1979 &nbsp; 1. Todos nosotros nos hemos reunido hoy en el camposanto principal de Roma. 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