{"id":39445,"date":"2016-10-05T22:50:29","date_gmt":"2016-10-06T03:50:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-1979-visita-al-santuario-mariano-de-pompeya\/"},"modified":"2016-10-05T22:50:29","modified_gmt":"2016-10-06T03:50:29","slug":"21-de-octubre-de-1979-visita-al-santuario-mariano-de-pompeya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-1979-visita-al-santuario-mariano-de-pompeya\/","title":{"rendered":"21 de octubre de 1979, Visita al santuario mariano de Pompeya"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA AL SANTUARIO MARIANO DE POMPEYA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Domingo 21 de octubre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">1. &quot;Misus est Angelus&#8230;&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Fue enviado el &aacute;ngel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret&quot; (<i>Lc <\/i>1, 26).<\/p>\n<p align=\"left\">Con particular emoci&oacute;n pronunciamos estas palabras hoy, en la plaza del santuario de Pompeya, en el que est&aacute; rodeada de una singular veneraci&oacute;n la Virgen, que se llamaba Mar&iacute;a (cf. <i>Lc <\/i>1, 27) , Aquella Virgen a la que fue enviado Gabriel. Con particular emoci&oacute;n escuchamos esas palabras hoy, en este domingo de octubre, que tiene el car&aacute;cter de <i>domingo misionero. <\/i>Pues bien, las palabras del Evangelio de San Lucas hablan del comienzo de la misi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La misi&oacute;n quiere decir ser enviados estar encargados de desarrollar una funci&oacute;n determinada.<\/p>\n<p align=\"left\">Fue mandado por Dios Gabriel a la ciudad de Nazaret para anunciarle a Ella \u2014y en Ella a todo el g&eacute;nero humano\u2014 la misi&oacute;n del Verbo. S&iacute;; Dios quiere mandar a su Eterno Hijo a fin de que, haci&eacute;ndose hombre, pueda dar al hombre la vida divina, la filiaci&oacute;n divina, la gracia y la verdad.<\/p>\n<p align=\"left\">La misi&oacute;n del Hijo comienza precisamente entonces en Nazaret. cuando Mar&iacute;a escucha las palabras pronunciadas por boca de Gabriel: &quot;Has hallado gracia delante de Dios, y concebir&aacute;s en tu seno y dar&aacute;s a luz un hijo, a quien pondr&aacute;s por nombre Jes&uacute;s&quot; (<i>Lc <\/i>1,<i> <\/i>30-31).<\/p>\n<p align=\"left\">La misi&oacute;n de este Hijo, Verbo Eterno, comienza en ese momento, cuando Mar&iacute;a de Nazaret, Virgen &quot;desposada con un var&oacute;n de la casa de David, de nombre Jos&eacute;&quot; (<i>Lc <\/i>1, 7), al escuchar estas palabras de Gabriel, responde: &quot;He aqu&iacute; a la sierva del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc <\/i>1, 38). En aquel momento inicia la misi&oacute;n del Hijo sobre la tierra. El Verbo, de la misma sustancia del Padre, se hace carne en el seno de la Virgen. La Virgen misma no puede comprender c&oacute;mo ha de realizarse todo esto. Por tanto, antes de responder &quot;h&aacute;gase en m&iacute;&quot;, pregunta: &quot;&iquest;C&oacute;mo podr&aacute; ser esto, pues yo no conozco var&oacute;n?&quot; (<i>Lc<\/i> 1,<i> <\/i>34). Y recibe la respuesta determinante: &quot;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; obre ti y la virtud del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra, y por esto el hijo engendrado ser&aacute; santo, ser&aacute; llamado Hijo de Dios&#8230; porque nada hay imposible para Dios&quot; (<i>Lc <\/i>1, 35-37).<\/p>\n<p align=\"left\">En ese momento, Mar&iacute;a entiende ya todo. Y no pregunta m&aacute;s. Dice solamente: &quot;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc <\/i>1, 38). Y el Verbo se hace carne (cf. <i>Jn <\/i>1, 14).<i> <\/i>Inicia la misi&oacute;n del Hijo en el Esp&iacute;ritu Santo. <i> Inicia la misi&oacute;n del Hijo y la misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. <\/i>En esta primera etapa la misi&oacute;n se dirige a Ella sola: a la Virgen de Nazaret. Primero, desciende sobre Ella el Esp&iacute;ritu Santo. Ella, en su humana y virginal sustancia, queda fecundada con la potencia del Alt&iacute;simo.<\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a esta potencia y en virtud del Esp&iacute;ritu Santo, Ella se convierte en Madre del Hijo de Dios, aun permaneciendo Virgen. La misi&oacute;n del Hijo inicia en Ella, bajo su coraz&oacute;n. La misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, que &quot;procede del Padre y del Hijo&quot;, llega tambi&eacute;n primero a Ella, al alma que es su Esposa, la m&aacute;s pura y la m&aacute;s sensible.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Este comienzo en el tiempo, <i>este hist&oacute;rico comienzo de la misi&oacute;n del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo <\/i>debemos tenerlo presente sobre todo hoy, en el anual domingo misionero del mes de octubre. Este comienzo debe tenerlo presente toda la Iglesia, en todas partes, en todo lugar, en todos los corazones. La Iglesia es toda ella, y en todas partes, misionera, porque permanece continuamente en esa misi&oacute;n del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, que tuvo su comienzo hist&oacute;rico sobre la tierra precisamente en Nazaret, en el coraz&oacute;n de la Virgen.<\/p>\n<p align=\"left\">Al hacerse hombre en su seno, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, Dios Hijo entr&oacute; en la historia del hombre para llevar este Esp&iacute;ritu a todo hombre y a la humanidad entera. La misi&oacute;n, cuyo comienzo bajo el coraz&oacute;n de la Virgen de Nazaret estuvo impulsado por la potencia del Alt&iacute;simo, fue madurando durante todo el tiempo que estuvo oculto el Hijo de Dios, y luego a trav&eacute;s de la viva palabra de su Evangelio y a trav&eacute;s del sacrificio de la cruz y el testimonio de la resurrecci&oacute;n, <i>hasta aquel d&iacute;a en el Cen&aacute;culo; <\/i> testimonio que nos recuerda tambi&eacute;n la liturgia de hoy. Era &eacute;se el d&iacute;a en que, no s&oacute;lo Mar&iacute;a, sino toda la Iglesia, todo el Pueblo de la Nueva Alianza, recib&iacute;a el Esp&iacute;ritu Santo y, junto con El, se hizo part&iacute;cipe de la misi&oacute;n de su Se&ntilde;or resucitado y del &Uacute;nico Ungido (Mes&iacute;as). Obteniendo la participaci&oacute;n en su misi&oacute;n sacerdotal, prof&eacute;tica y real, el Pueblo de Dios \u2014es decir, la Iglesia\u2014 se hizo totalmente misionero,<\/p>\n<p align=\"left\">3. Y precisamente en este domingo, el Pueble de Dios \u2014es decir, la Iglesia\u2014 fija sus ojos con gratitud en el misterio de esta su misi&oacute;n, que tuvo comienzo primero en Nazaret y luego en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. Meditando, pues, sobre su propio car&aacute;cter misionero, el Pueblo de Dios \u2014es decir, la Iglesia\u2014se dirige, con la m&aacute;s profunda solicitud y fervor del Esp&iacute;ritu, a todas <i>las dimensiones de su misi&oacute;n contempor&aacute;nea; <\/i>a todos los lugares, a todos los continentes y a todos los pueblos, porque Cristo le dijo una vez: &quot;Id, pues; ense&ntilde;ad a todas las gentes&#8230;&quot; (<i>Mt <\/i>28,<i> <\/i>19). &quot;&#8230;predicad el Evangelio a toda criatura&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 15). Y as&iacute;, por tanto, la Iglesia, en este domingo misionero, camina sobre las huellas de sus ense&ntilde;anzas, de su misi&oacute;n, de la evangelizaci&oacute;n y de la catequesis, tanto entre las naciones y pueblos ya cristianos desde hace mucho tiempo, como tambi&eacute;n entre los j&oacute;venes y recientes, as&iacute; como<i> <\/i>entre aquellos a los que todav&iacute;a no ha llegado la gracia de la fe y de la verdad de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La Iglesia lo hace teniendo ante sus ojos todas las ense&ntilde;anzas del Vaticano II, tanto la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, como la <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>; tanto el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i>, como tambi&eacute;n el <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Decreto sobre el ecumenismo<\/a>, la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Declaraci&oacute;n sobre la libertad religiosa<\/a> y la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Declaraci&oacute;n sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas<\/a>. Todos estos espl&eacute;ndidos documentos hablan a la Iglesia de nuestro tiempo, a la Iglesia de este siglo XX que est&aacute; para terminar, le hablan sobre lo que <i> significa ser misionero y tener una misi&oacute;n que desarrollar<\/i>. Y<i> <\/i>le mandan, al igual que en una ocasi&oacute;n mand&oacute; Cristo a los Ap&oacute;stoles, que miren los campos de las almas humanas, que siempre, en cierto modo, &quot;ya est&aacute;n blanquecinos para la siega&quot; (<i>Jn <\/i>4, 35).<i> <\/i>&iquest;Est&aacute;n quiz&aacute; realmente maduros? &iquest;Est&aacute;n empezando a madurar? O, por el contrario, &iquest;aumentan en ellos las objeciones contra la palabra del Evangelio y contra el Esp&iacute;ritu que &quot;sopla donde quiere&quot;? (<i>Jn <\/i>3, 8).<\/p>\n<p>Nosotros no podemos jam&aacute;s perder la esperanza, aunque estamos atravesando per&iacute;odos de experiencias y pruebas bastante duras. No podemos olvidar que el Se&ntilde;or mismo \u2014Aquel con cuya sangre fuimos liberados (cf. <i>1 Pe <\/i>1, 19;<i> Ef <\/i>1, 7)<i>\u2014 <\/i>mira estos campos de las almas y nos dice a nosotros, sus disc&iacute;pulos: &iexcl;Rogad! &quot;Rogad, pues, al due&ntilde;o de la mies que env&iacute;e obreros a su mies&quot; (<i>Mt <\/i>9, 38).<i> <\/i>Hag&aacute;moslo, sobre todo en este domingo.<\/p>\n<p>4. <i>Mar&iacute;a <\/i>est&aacute; siempre en el mismo centro de nuestra oraci&oacute;n. Ella es la primera entre los que piden. Y es la <i>Omnipotentia supplex: <\/i>la Omnipotencia suplicante.<\/p>\n<p>As&iacute; era en su casa de Nazaret, cuando conversaba con Gabriel. La sorprendemos all&iacute; en lo profundo de su oraci&oacute;n. En lo profundo de la oraci&oacute;n le habla Dios Padre. En lo profundo de la oraci&oacute;n, el Verbo Eterno se hace su Hijo. En lo profundo de la oraci&oacute;n desciende sobre Ella el Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Y luego, Ella traslada esa profundidad de la oraci&oacute;n de Nazaret al Cen&aacute;culo de Pentecost&eacute;s, donde la acompa&ntilde;an, constantes y concordes en la oraci&oacute;n, todos los Ap&oacute;stoles: Pedro y Juan, Santiago y Andr&eacute;s, Felipe y Tom&aacute;s, Bartolom&eacute; y Mateo, Santiago de Alfeo y Sim&oacute;n el Zelote, y Judas de Santiago (cf. <i>Act <\/i>1, 13-14).<\/p>\n<p>Mar&iacute;a traslada tambi&eacute;n la misma profundidad de su oraci&oacute;n sobre este lugar privilegiado en tierra italiana, no lejos de N&aacute;poles, adonde hoy venimos en peregrinaci&oacute;n. Es el santuario del Rosario, es decir, <i>el santuario de la oraci&oacute;n mariana, <\/i>de esta oraci&oacute;n que Mar&iacute;a reza con nosotros, al igual que rezaba con los Ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo.<\/p>\n<p>5. Esta oraci&oacute;n se llama el Rosario. Y es nuestra oraci&oacute;n predilecta, que le dirigimos a Ella, a Mar&iacute;a. Ciertamente; pero no olvidemos que, al mismo tiempo, <i>el Rosario es nuestra oraci&oacute;n con Mar&iacute;a. <\/i>Es la oraci&oacute;n de Mar&iacute;a con nosotros, con los sucesores de los Ap&oacute;stoles, que han constituido el comienzo del nuevo Israel, del nuevo Pueblo de Dios. Venimos, por tanto, aqu&iacute;, para rezar con Mar&iacute;a; para meditar, junto con Ella, los misterios que Ella, como Madre, meditaba en su coraz&oacute;n (cf. <i>Lc <\/i>2, 19),<i> <\/i>y sigue meditando, sigue considerando. Porque &eacute;sos son los <i>misterios <\/i>de la vida eterna. Todos tienen su dimensi&oacute;n escatol&oacute;gica. Est&aacute;n <i>inmersos en Dios <\/i>mismo. En ese Dios que &quot;habita una luz inaccesible&quot; <i>(1 Tim <\/i>6, 16), est&aacute;n inmersos esos misterios, tan sencillos y tan <i>accesibles. Y <\/i>tan estrechamente ligados a la historia de nuestra salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Por eso, esta oraci&oacute;n de Mar&iacute;a, inmersa en la luz del mismo Dios, sigue al mismo tiempo <i>abierta siempre hacia la tierra. <\/i>Hacia todos los problemas humanos. Hacia los problemas de cada hombre y, a la vez, de todas las comunidades humanas, de las familias, de las naciones; hacia los problemas internacionales de la humanidad, como, por ejemplo los que me toc&oacute; suscitar ante la <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1979\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19791002_general-assembly-onu.html\">Asamblea de las Naciones Unidas, el 2 de octubre<\/a>. Esta oraci&oacute;n de Mar&iacute;a, este Rosario, est&aacute; abierto constantemente <i>hacia toda la misi&oacute;n de la Iglesia, <\/i>hacia sus dificultades y esperanzas, hacia las persecuciones e incomprensiones, hacia cualquier servicio que ella cumple en relaci&oacute;n con los hombres y los pueblos. Esta oraci&oacute;n de Mar&iacute;a, este Rosario es precisamente as&iacute; porque desde el principio ha estado invadida por la &quot;l&oacute;gica del coraz&oacute;n&quot;. En efecto, la madre es coraz&oacute;n. Y la oraci&oacute;n se form&oacute; en ese coraz&oacute;n mediante la experiencia m&aacute;s espl&eacute;ndida de que fue part&iacute;cipe: mediante el misterio de la Encarnaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Dios nos ha dado, desde hace mucho tiempo, un signo: &quot;He aqu&iacute; que una Virgen concebir&aacute; y dar&aacute; a luz un hijo que llamar&aacute; Emmanuel&quot; (<i>Is<\/i> 7, 14). Emmanuel, &quot;que significa Dios con nosotros&quot; (<i>Mt <\/i>1<i> <\/i>23). Con nosotros y para nosotros<i> <\/i>&quot;para reunir en uno todos los hijo: de Dios que estaban dispersos&quot; (<i>Jn <\/i>11, 52).<\/p>\n<p>6. Vengo, pues, aqu&iacute;, al santuario de Pompeya, con el esp&iacute;ritu de esta oraci&oacute;n, para vivir junto con vosotros ese signo de la profec&iacute;a de Isa&iacute;as. Y mientras participo en la oraci&oacute;n de la Madre de Dios, que es &quot;Omnipotentia supplex&quot;, deseo expresar, en uni&oacute;n de todos los peregrinos, el <i>agradecimiento por esa m&uacute;ltiple misi&oacute;n, <\/i>que &uacute;ltimamente he debido realizar entre los meses de septiembre y octubre. He hablado de ello m&aacute;s de una vez. He repetido las palabras y las ideas que Jes&uacute;s hab&iacute;a ense&ntilde;ado a los Ap&oacute;stoles:<\/p>\n<p>&quot;Cuando hiciereis estas cosas que os est&aacute;n mandadas, decid: somos siervos in&uacute;tiles. Lo que ten&iacute;amos que hacer, eso hicimos&quot; (<i>Lc <\/i>17, 10). De ah&iacute; que sienta la necesidad de expresar mi agradecimiento, con mayor motivo, aqu&iacute;, en este santuario a Mar&iacute;a y con Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Y si mi gratitud se extiende a mismo tiempo a los hombres, lo hago sobre todo porque este mi servicio de Pedro, servicio papal, ha sido muy bien <i>preparado por ellos, de rodillas; <\/i>porque le han dado un profundo car&aacute;cter de oraci&oacute;n, car&aacute;cter sacramental, eucar&iacute;stico. &iquest;Podr&iacute;a pensar, sin emoci&oacute;n, en tantos hombres, muchos de ellos j&oacute;venes, que con sacrificios y vigilias nocturnas han abierto camino al Esp&iacute;ritu que deb&iacute;a hablar? Debemos ciertamente acordarnos de esto. Porque en ello est&aacute; <i>el coraz&oacute;n mismo de este mi misterio; <\/i>lo dem&aacute;s, es solamente una manifestaci&oacute;n que humanamente se puede a veces leer con demasiada superficialidad. Cristo, en cambio nos ense&ntilde;a que el tesoro \u2014es decir el valor esencial\u2014 est&aacute; en el coraz&oacute;n (cf. <i>Lc <\/i>12, 34).<\/p>\n<p>Vengo, por tanto, aqu&iacute; para da gracias por todo esto. Y si vengo tambi&eacute;n para pedir \u2014&iexcl;cu&aacute;nto hay que pedir y que suplicar!\u2014, lo que principalmente pido es que la misi&oacute;n de la Iglesia, del Pueblo de Dios, la misi&oacute;n iniciarla en Nazaret en el Calvario, en el Cen&aacute;culo, se cumpla en nuestra &eacute;poca con toda su originaria claridad, y a la vez en consonancia con los signos d nuestro tiempo. Que, siguiendo e ejemplo de la Sierva del Se&ntilde;or, pueda yo \u2014hasta cuando Dios disponga\u2014 permanecer fiel y humilde siervo de esta misi&oacute;n de toda la Iglesia y que sienta y recuerde y repita solamente esto: que soy un siervo in&uacute;til.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA AL SANTUARIO MARIANO DE POMPEYA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Domingo 21 de octubre de 1979 &nbsp; 1. &quot;Misus est Angelus&#8230;&quot;. &quot;Fue enviado el &aacute;ngel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret&quot; (Lc 1, 26). 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