{"id":39453,"date":"2016-10-05T22:51:54","date_gmt":"2016-10-06T03:51:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-grant-park-de-chicago\/"},"modified":"2016-10-05T22:51:54","modified_gmt":"2016-10-06T03:51:54","slug":"5-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-grant-park-de-chicago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-octubre-de-1979-santa-misa-en-el-grant-park-de-chicago\/","title":{"rendered":"5 de octubre de 1979, Santa Misa en el Grant Park de Chicago"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1979\/trav_united-states-america.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA <\/font><\/b> <font color=\"#663300\"><b>EN EL &laquo;GRANT PARK&raquo; DE CHICAGO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><font color=\"#663300\"><br \/> Viernes 5 de octubre de 1979<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Hermanos y hermanas en Jesucristo:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Las lecturas de la celebraci&oacute;n de hoy nos sit&uacute;an de inmediato ante el profundo misterio de nuestra vocaci&oacute;n cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Antes de subir a los cielos. Jes&uacute;s reuni&oacute; en torno a sus disc&iacute;pulos y les explic&oacute; una vez m&aacute;s el significado de su misi&oacute;n salv&iacute;fica: &quot;As&iacute; estaba escrito (dijo): que el Mes&iacute;as padeciese y al tercer d&iacute;a resucitase de entre los muertos, y que predicase en su nombre la penitencia y la remisi&oacute;n de los pecados a todas las naciones&quot; (<i>Lc <\/i>24,<i> <\/i>46-47). Al momento de despedirse de sus Ap&oacute;stoles, les orden&oacute;, y a trav&eacute;s de ellos a toda la Iglesia, a cada uno de nosotros: ir por el mundo y predicar el mensaje de redenci&oacute;n a todas las naciones. San Pablo lo expresa en&eacute;rgicamente en su segunda Carta a los Corintios: &quot;El puso en nuestras manos la palabra de reconciliaci&oacute;n. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por medio de nosotros&quot; (<i>2 Cor <\/i>5,<i> <\/i>19-20).<\/p>\n<p align=\"left\">Una vez m&aacute;s, el Se&ntilde;or nos sit&uacute;a plenamente en el misterio de la humanidad, una humanidad que est&aacute; necesitada de salvaci&oacute;n. Y Dios ha querido que la salvaci&oacute;n de la humanidad tuviese lugar en la humanidad de Cristo, que por nosotros muri&oacute; y resucit&oacute; (cf. <i>2 Cor <\/i>5,<i> <\/i>15), y que nos confi&oacute; tambi&eacute;n su misi&oacute;n redentora. S&iacute;, somos &quot;embajadores de Cristo&quot; de verdad, y operarios de la evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">En la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>, <\/i>escrita a instancias de la III Asamblea General del S&iacute;nodo de los Obispos, mi predecesor en la Sede de San Pedro, Pablo VI, invitaba a todo el Pueblo de Dios a meditar en su deber b&aacute;sico de evangelizaci&oacute;n. Invitaba a cada uno de nosotros a examinar el modo en que pod&iacute;amos ser testigos del mensaje de redenci&oacute;n, de qu&eacute; manera pod&iacute;amos comunicar a los dem&aacute;s la Buena Nueva que hab&iacute;amos recibido de Jes&uacute;s a trav&eacute;s de su Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Existen ciertas condiciones necesarias para compartir la misi&oacute;n evangelizadora de la Iglesia. Esta tarde quisiera subrayar en particular una de estas condiciones. Me refiero a la unidad de la Iglesia, a nuestra unidad en Jesucristo. Permitidme repetir lo que Pablo VI dijo refiri&eacute;ndose a esta unidad: &quot;El testamento espiritual del Se&ntilde;or nos dice que la unidad entre sus seguidores no es solamente la prueba de que somos suyos sino tambi&eacute;n la prueba de que El es el Enviado del Padre, prueba de credibilidad de los cristianos y del mismo Cristo&#8230; S&iacute;, la suerte de la evangelizaci&oacute;n est&aacute; ciertamente vinculada al testimonio de unidad dado por la Iglesia&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>,<\/i> 77).<\/p>\n<p align=\"left\">Al mirar a los miles de personas reunidas hoy en torno a m&iacute;, estoy dispuesto a elegir este aspecto particular de la evangelizaci&oacute;n. Cuando levanto mis ojos, veo en vosotros al Pueblo de Dios, unido para cantar las alabanzas del Se&ntilde;or y para celebrar su Eucarist&iacute;a. Veo tambi&eacute;n a todo el pueblo de Am&eacute;rica, una naci&oacute;n formada por mucha gente: <i>E pluribus unum.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">3. En los dos primeros siglos de vuestra historia como naci&oacute;n, hab&eacute;is recorrido un largo camino, buscando siempre un mejor futuro, un empleo estable, una heredad. Hab&eacute;is viajado &quot;de un mar a otro mar resplandeciente&quot; en busca de vuestra identidad, descubri&eacute;ndoos mutuamente a lo largo del camino y hallando vuestro propio espacio en este inmenso territorio.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestros antecesores, provenientes de pa&iacute;ses diferentes, llegaron aqu&iacute; cruzando oc&eacute;anos y se encontraron con gente de diferentes comunidades que ya se hab&iacute;an establecido aqu&iacute;. El proceso se ha repetido en cada generaci&oacute;n: llegan nuevos grupos, cada uno con una historia diferente, con intenci&oacute;n de establecerse aqu&iacute; y de formar parte de algo nuevo. El mismo proceso se lleva a cabo cuando algunas familias se mueven de sur a norte, de este a oeste. Cada vez que vienen con su propio pasado a una nueva poblaci&oacute;n o ciudad a formar parte de una nueva comunidad. El modelo se repite continuamente: <i>E pluribus unum <\/i>(muchos forman una nueva unidad).<\/p>\n<p align=\"left\">4. S&iacute;, cada vez que esto suced&iacute;a se iba creando algo nuevo. Vosotros trajisteis con vosotros una cultura diferente y contribuisteis con vuestra propia riqueza distintiva a la marcha del conjunto: ten&iacute;ais conocimientos diferentes y los pusisteis en acci&oacute;n, complet&aacute;ndoos mutuamente, para crear industrias, agricultura y negocios; cada grupo trajo consigo diferentes valores humanos y los comparti&oacute; con los dem&aacute;s para enriquecimiento de vuestra naci&oacute;n. <i>E pluribus unum<\/i>: os<i> <\/i>convertisteis en una nueva entidad, en un nuevo pueblo, cuya aut&eacute;ntica naturaleza no puede explicarse adecuadamente como una mera superposici&oacute;n de varias comunidades.<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso, al miraros, veo a gente que ha unido sus destinos y que escribe ahora una historia com&uacute;n. A pesar de ser diferentes, hab&eacute;is llegado a aceptaros mutuamente, a veces de forma imperfecta e incluso hasta el punto de someteros unos a otros a diferentes formas de discriminaci&oacute;n; a veces s&oacute;lo despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de incomprensi&oacute;n y rechazo; pero incluso tambi&eacute;n aumentando en comprensi&oacute;n y aprecio de las diferencias mutuas. A la vez que expres&aacute;is vuestra gratitud por las numerosas bendiciones que hab&eacute;is recibido, deb&eacute;is tomar conciencia del deber que ten&eacute;is con los menos favorecidos de vuestro propio medio y del resto del mundo (un deber de compartir, de amar y de servir). Y como pueblo, reconocer a Dios como fuente de vuestras numerosas bendiciones y estar abiertos a su amor y a su ley.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es Am&eacute;rica en su ideal y su resoluci&oacute;n: &quot;una naci&oacute;n, sometida a Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos&quot;. Este es el modo en que fue concebida Am&eacute;rica; esto es lo que fue llamada a ser. Y por todo esto, damos gracias al Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Pero hay otra realidad que descubro al miraros. Es incluso m&aacute;s profunda y m&aacute;s exigente que la historia y la uni&oacute;n comunes que edificasteis a partir de la riqueza de vuestras diferentes herencias culturales y &eacute;tnicas (esas herencias que ahora, con todo derecho dese&aacute;is conocer y conservar). La historia no se agota en el progreso material, en las conquistas tecnol&oacute;gicas, o en los logros culturales solamente. Al reuniros en torno al altar del Sacrificio para partir el pan de la santa Eucarist&iacute;a con el Sucesor de Pedro, testimoni&aacute;is esa realidad m&aacute;s profunda: vuestra unidad como miembros del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo&quot; <i> (Rom <\/i>12, 5). La Iglesia est&aacute; compuesta de muchos miembros y enriquecida por la diversidad de quienes edifican la &uacute;nica comunidad de fe y bautismo, el &uacute;nico Cuerpo de Cristo. Lo que nos une y unifica es nuestra fe (la &uacute;nica fe apost&oacute;lica). Todos nosotros somos uno, porque hemos aceptado a Jesucristo como Hijo de Dios, redentor del g&eacute;nero humano, &uacute;nico mediador entre Dios y el hombre. Mediante el sacramento del bautismo hemos sido incorporados a Cristo crucificado y glorificado, y a trav&eacute;s de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo nos hemos convertido en miembros vivos de su &uacute;nico Cuerpo. Cristo nos entreg&oacute; el admirable sacramento de la Eucarist&iacute;a, mediante el cual es expresada y continuamente realizada y perfeccionada la unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">6. &quot;S&oacute;lo un Se&ntilde;or, una fe, un bautismo&quot; (<i>Ef <\/i>4, 5); as&iacute; es como estamos unidos, como Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo, en una unidad que trasciende la diversidad de nuestro origen, cultura, educaci&oacute;n y personalidad, en una unidad que no excluye una rica diversidad de ministerios y servicios. Proclamamos con San Pablo: &quot;Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma funci&oacute;n, as&iacute; nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro est&aacute; al servicio de los otros miembros&quot; <i>(Rom <\/i>12, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">Si, pues, la Iglesia, &uacute;nico Cuerpo de Cristo, debe ser un signo claramente discernible del mensaje del Evangelio, todos sus miembros deben manifestar, seg&uacute;n palabras de Pablo VI, esa &quot;armon&iacute;a y consistencia de doctrina, vida y culto que marcaron los primeros d&iacute;as de su existencia&quot; (<i>Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica sobre la Reconciliaci&oacute;n en la Iglesia, <\/i>2), cuando los cristianos &quot;eran asiduos a las ense&ntilde;anzas de los Ap&oacute;stoles, en la comuni&oacute;n, en la fracci&oacute;n del pan y en las oraciones&quot; <i>(Act <\/i>2, 42).<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestra unidad en la fe debe ser completa, para no fallar en dar testimonio del Evangelio, para no cesar de evangelizar. Por tanto, ninguna comunidad eclesial local puede separarse del tesoro de fe tal como est&aacute; proclamado por la ense&ntilde;anza oficial de la Iglesia, porque el dep&oacute;sito de fe ha sido especialmente confiado por Cristo a esa ense&ntilde;anza oficial de la Iglesia. a ese Magisterio. Confirmo, con Pablo VI, la gran verdad: &quot;El contenido de la fe, traducido en todos los lenguajes, no debe ser encentado ni mutilado; revestido de s&iacute;mbolos propios en cada pueblo&#8230; debe seguir siendo el contenido de la fe cat&oacute;lica tal cual el Magisterio eclesial lo ha recibido y<i> <\/i>lo transmite&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 65).<\/p>\n<p align=\"left\">7. Finalmente, y sobre todo, la misi&oacute;n evangelizadora, que es m&iacute;a y vuestra, debe ser llevada a cabo mediante un constante y abnegado testimonio de la unidad del amor. El amor es la fuerza que<i> <\/i>abre<i> <\/i>los.. corazones a la Palabra de Jes&uacute;s y a su redenci&oacute;n: el amor es la sola base de las relaciones humanas que respetan en todos la dignidad de los hijos de Dios creados a su imagen y salvados por la muerte y resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s; el amor es la sola fuerza motriz que nos impulsa a compartir con nuestros hermanos y hermanas todo lo que somos y tenemos.<\/p>\n<p align=\"left\">El amor es el poder que promueve el di&aacute;logo, en el que nos escuchamos mutuamente y aprendemos los unos de los otros. El amor promueve, sobre todo, el di&aacute;logo de la oraci&oacute;n, en el que escuchamos la Palabra de Dios, que est&aacute; viva en la Sagrada Escritura y viva en la vida de la Iglesia. Que el amor construya puentes entre nuestras diferencias y entre nuestras posiciones, a veces enfrentadas. Que el amor mutuo y el amor a la verdad sea la respuesta a esas polarizaciones que se crean cuando surgen grupos formados por diferentes formas de pensar en lo que se refiere a la fe o a las prioridades de la acci&oacute;n. Nadie, en la comunidad eclesial, deber&iacute;a sentirse nunca apartado o no aceptado con amor, incluso cuando surgen tensiones en el curso de los esfuerzos comunes porque el Evangelio fructifique en la sociedad que nos rodea. Nuestra unidad como cristianos, como cat&oacute;licos, debe ser siempre una unidad de amor en Jesucristo nuestro Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Dentro de unos momentos celebraremos nuestra unidad, al renovar el Sacrificio de Cristo. Cada uno traer&aacute; un don diferente, que deber&aacute; ser presentado con la ofrenda de Jes&uacute;s: entrega para mejorar la sociedad; esfuerzos para consolar a los que sufren; deseo de dar testimonio de justicia; resoluci&oacute;n a trabajar por la paz y la hermandad; alegr&iacute;a por la unidad de la familia; o sufrimiento en el cuerpo o en el alma. Diferentes dones, s&iacute;, pero todos unidos en el &uacute;nico gran don del amor de Cristo a su Padre y a nosotros (todo unido en la unidad de Cristo y su Sacrificio).<\/p>\n<p align=\"left\">Y con fuerza y poder, en la alegr&iacute;a y la paz de esta sagrada unidad, nos comprometemos nuevamente (como un solo pueblo) a cumplir el mandato de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo: Id y predicad mi Evangelio a todas las gentes. Dad testimonio de mi nombre con la palabra y el ejemplo. Y mirad, yo estar&eacute; con vosotros hasta el fin del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1979 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA MISA EN EL &laquo;GRANT PARK&raquo; DE CHICAGO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Viernes 5 de octubre de 1979 &nbsp; Hermanos y hermanas en Jesucristo: 1. Las lecturas de la celebraci&oacute;n de hoy nos sit&uacute;an de inmediato ante el profundo misterio de nuestra vocaci&oacute;n cristiana. 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